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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
CUATRO GOTAS
Son cuatro gotas. Eso debió pensar el perro que sestea frente al lugar donde trabajo, un pequinés de pelo pajizo y colmillos desgastados, que miraba de reojo los grises nubarrones que surcaban el cielo.

El verano no ha dado tregua. Ni una sola gota de lluvia ha caído sobre el suelo cuarteado y polvoriento. Los viejos olmos del patio viven un otoño perpetuo, propiciado por unos escarabajos que horadan las hojas convirtiéndolas en jirones parduscos. El suelo está sembrado de ellas, son una alfombra crujiente y apolillada que llega justo a la altura del umbral de la puerta.

Pero esta mañana, en el horizonte surcado de nubes violáceas, se podía ver, muy de cuando en cuando, el destello de algún relámpago, y muy, muy lejano, se oía el rumor de la tormenta, con un ruido de engranajes que parecían despertar de una larga inactividad.

A lo lejos se escuchan las esquilas de las ovejas bajando por la ladera, acuciadas por el silbido arabesco del pastor, y por los serpenteos de un perro pastor que les mordisquea, de vez en cuando, los corvejones para que mantengan la formación.

Son cuatro gotas insignificantes; el goteo de una regadera que se derrama por los aleros del cielo, pero lo suficientemente importantes para que los que allí estábamos alzásemos la vista al cielo mendigando una tregua al astro rey, parapetado como un francotirador tras las nubes.