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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
UN PAISAJE
Las lluvias de estos días pasados han propiciado el milagro. Los esqueletos de las jaras retorcidos y secos, como brazos de un anciano enjuto, lucen ahora pequeños ramilletes de hojas tiernas.

Hay, colgado del horizonte un cielo azul limpio surcado de nubes de formas alargadas. El campo luce un verdor exultante, salpicado de encinas frondosas, acebuches de troncos en eterna pirueta.

Un mar verde de juncos se extiende más allá del lindero que marca nuestra vista, acariciándose a la mínima ráfaga de viento.

Hay un tractor que estampa su alargada rúbrica, extendiendo surcos que acaban en un punto y aparte.

En el cielo vuelan alcotanes y milanos, garcillas, cigüeñas, buitres leonados al husmo del cadáver de alguna oveja.

La gente del campo se arremolina a hora temprana en la tasca, con las manos del color de la tierra, con las uñas mal recortadas, y negras como una antigua pena, apurando el carajillo para amedrentar el frío que quedó preso en los surcos durante la noche.

Se les ve felices adentrarse por los caminos que circundan las huertas. Parecen hormigas recorriendo satisfechas los ramales de un angosto hormiguero, aunque con un ojo clavado en las nubes, por si la lluvia decide abandonar el armisticio y salir en desbandada de la trinchera.