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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
REALITY BITES
Cuadro costumbrista o contexto situacional:

Camino junto a un amigo por una de las avenidas más transitadas de esta urbe en la que nos ha tocado en suerte vivir. De repente una tipa de buen ver que acaba de salir de un portal, arroja al suelo un papel y continúa distraída su camino con paso de jaca jerezana. Pero he aquí que un hombre de cierta edad que caminaba tras la tipa, al ver el objeto arrojado por ésta, le llama la atención y le espeta: "¿Es esto suyo?" - la juncal zagala se vuelve y con voz trémula y deje estupefacto contesta: ¿perdón? y sin más preámbulos el anciano se agacha y recoge del suelo el papel que había arrojado la señorita, se dirige hacia una papelera y lo deposita en ella mientras la chica lo observa con gesto azorado.

Segunda escena: Los dos amigos caminan meditabundos con las manos tras la espalda cual alumnos aventajados de la escuela peripatética. Un nutrido grupo de alborozados gorriones se disputan unas migajas de pan en un céntrico parque, el sol de la fría mañana otoñal puja por abrirse paso entre las copas rojizas de los árboles.

- ¡Oh, qué mirífica lección de civismo hemos presenciado!. Digo emocionado a mi compadre que al igual que yo aún continúa mirando al anciano que se aleja con paso decidido.

- ¡Sí, qué vergüenza ha debido pasar la tipa! - me contesta.
- ¿Y si fueras tú el que hubiera tirado el papel, qué hubieras contestado a la pregunta del anciano?
- Le hubiera dicho: ¡Sí, es mío, pero puede quedárselo!.

Moraleja: El que esperara sacar una enseñanza de esta historia es más inocente que un Clic de Famobil, aunque admito que el rostro del anciano recordaba al de Pablo Coelho. Evidentemente no era él, pues al agacharse a recoger el papel, el olor que llegó hasta nuestros ollares distaba mucho de parecerse al del incienso.