TEORÍA PSICOTRÓPICA PARA COMBATIR EL INVIERNO
¡Odio el frío!, me exaspera, se me hiela hasta el tuétano de los huesos, que debe estar espeso como comida de gatos. Por más prendas de abrigo que me ponga, por más que parezca una cebolla, con tantas capas de ropa sigo tiritando, como un ternero recién parido. Los animales que son bestias sabias, han sabido contrarrestar las inclemencias invernales de diversas formas. Así por ejemplo, el oso pardo (Ursus arctos),
se pasa esta inhóspita estación sesteando en su cueva, tras haberse pasado el verano y parte del otoño dándose pantagruélicos banquetes, almacenando más grasa en su cuerpo que la parrilla de un Mc Donald´s.
La especie humana debería tomar ejemplo de la filosofía existencial del plantígrado. Así, podríamos celebrar por ejemplo, la Navidad en septiembre, dándonos los preceptivos atracones y acumulando más sebo en nuestro organismo que el de un velón de Semana Santa. Luego a mediados de octubre meternos en el catre y despedirnos del resto de nuestros congéneres hasta bien entrado el mes de abril.
Esta solución que puede antojarse descabellada e irrealizable debido a los numerosos compromisos laborales y sociales de cualquier ser humano, podría llevarse a cabo si solicitamos una excedencia especial de cinco meses en nuestros respectivos trabajos. Excedencia que debería estar recogida en el Estatuto de los Trabajadores como derecho inalienable del individuo al que acogerse por causa mayor. Igualmente podría recogerse en la Constitución española y la europea.
En cualquier caso el disfrute de este derecho tiene numerosas consecuencias beneficiosas, por ejemplo: gastos nulos en agua, luz, teléfono, alimentos, gas natural o butano, gasolina. Cinco meses sin oír las tonterías de los políticos, los tertulianos de radio, las pelanduscas del cátodo que exhiben impunemente su vida privada e intensa actividad sociovaginal. En fin la lista de ventajas sería interminable, pero si aún no estás convencido de los miríficos beneficios que acarrearía esta meditada solución, sigamos tomando como ejemplo a algunas especies del reino animal. ¿Alguien ha visto una mosca en pleno invierno?.
Un insecto tan abundante ( se calcula que pueden existir más de 300.000 especies de mosca), prácticamente inmune a venenos como el mercurio mezclado con aceite, el DDT, y -si almacena más grasa en su coraza quitinosa- prácticamente a cualquier pesticida, pues el veneno no penetra lo suficiente y en cinco generaciones - unos tres meses- deja de ser efectivo. Una criatura tan abundante, decía, desaparece mientras el general invierno permanece acuartelado.
Otra especie de insecto, más hacendosa y menos desagradable, como es la hormiga, que durante el resto del año desarrolla una actividad desenfrenada, impropia de un ser tan diminuto, en invierno ralentiza su metabolismo y vive del usufructo acumulado durante los meses de bonanza climatológica.
Es innegable que existen interconexiones entre algunas especies de insectos sociales y el modo de vida de la actual sociedad humana, sirven de ejemplo la referida hormiga, las termitas o en el caso de insectos voladores las abejas y avispas. El hacinamiento, la división de clases y empleos, el estrés, etc., hace miles de años que fueron inventados por los insectos y luego asimilado y plagiado por el ser humano.
Conclusión: El frío no es bueno, es nocivo y como especie debemos desarrollar mecanismos de defensa, si imitamos a los insectos en comportamientos que resultan perjudiciales para nuestra salud física y psíquica, plagiemos pues al oso en un acto tan venial como es el entregarnos al sueño que sólo reporta beneficios para nuestra salud.
Por último, para los que viven obsesionados por el culto al cuerpo, y allí donde ven que asoma un incipiente michelín esculpen a golpe de abdominal un músculo de vigor efímero, recordarles que el dormir adelgaza - según numerosos estudios científicos- además, ¿alguien ha visto a un oso pisar un gimnasio?.
se pasa esta inhóspita estación sesteando en su cueva, tras haberse pasado el verano y parte del otoño dándose pantagruélicos banquetes, almacenando más grasa en su cuerpo que la parrilla de un Mc Donald´s.La especie humana debería tomar ejemplo de la filosofía existencial del plantígrado. Así, podríamos celebrar por ejemplo, la Navidad en septiembre, dándonos los preceptivos atracones y acumulando más sebo en nuestro organismo que el de un velón de Semana Santa. Luego a mediados de octubre meternos en el catre y despedirnos del resto de nuestros congéneres hasta bien entrado el mes de abril.
Esta solución que puede antojarse descabellada e irrealizable debido a los numerosos compromisos laborales y sociales de cualquier ser humano, podría llevarse a cabo si solicitamos una excedencia especial de cinco meses en nuestros respectivos trabajos. Excedencia que debería estar recogida en el Estatuto de los Trabajadores como derecho inalienable del individuo al que acogerse por causa mayor. Igualmente podría recogerse en la Constitución española y la europea.
En cualquier caso el disfrute de este derecho tiene numerosas consecuencias beneficiosas, por ejemplo: gastos nulos en agua, luz, teléfono, alimentos, gas natural o butano, gasolina. Cinco meses sin oír las tonterías de los políticos, los tertulianos de radio, las pelanduscas del cátodo que exhiben impunemente su vida privada e intensa actividad sociovaginal. En fin la lista de ventajas sería interminable, pero si aún no estás convencido de los miríficos beneficios que acarrearía esta meditada solución, sigamos tomando como ejemplo a algunas especies del reino animal. ¿Alguien ha visto una mosca en pleno invierno?.
Un insecto tan abundante ( se calcula que pueden existir más de 300.000 especies de mosca), prácticamente inmune a venenos como el mercurio mezclado con aceite, el DDT, y -si almacena más grasa en su coraza quitinosa- prácticamente a cualquier pesticida, pues el veneno no penetra lo suficiente y en cinco generaciones - unos tres meses- deja de ser efectivo. Una criatura tan abundante, decía, desaparece mientras el general invierno permanece acuartelado.Otra especie de insecto, más hacendosa y menos desagradable, como es la hormiga, que durante el resto del año desarrolla una actividad desenfrenada, impropia de un ser tan diminuto, en invierno ralentiza su metabolismo y vive del usufructo acumulado durante los meses de bonanza climatológica.

Es innegable que existen interconexiones entre algunas especies de insectos sociales y el modo de vida de la actual sociedad humana, sirven de ejemplo la referida hormiga, las termitas o en el caso de insectos voladores las abejas y avispas. El hacinamiento, la división de clases y empleos, el estrés, etc., hace miles de años que fueron inventados por los insectos y luego asimilado y plagiado por el ser humano.
Conclusión: El frío no es bueno, es nocivo y como especie debemos desarrollar mecanismos de defensa, si imitamos a los insectos en comportamientos que resultan perjudiciales para nuestra salud física y psíquica, plagiemos pues al oso en un acto tan venial como es el entregarnos al sueño que sólo reporta beneficios para nuestra salud.
Por último, para los que viven obsesionados por el culto al cuerpo, y allí donde ven que asoma un incipiente michelín esculpen a golpe de abdominal un músculo de vigor efímero, recordarles que el dormir adelgaza - según numerosos estudios científicos- además, ¿alguien ha visto a un oso pisar un gimnasio?.
Comentario:
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Enhorabuena Capitán Cerumen, tienes una visita hasta del Japón... Grandes Nipones estos, si señó.