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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
VACACIONES INTROSPECTIVAS


Hoy cuando me levanté hacía buen día en la isla. Una ligera brisa del norte traía el olor de la sal del océano, de la savia nueva de las palmeras. Me acerqué a la playa y respiré a pleno pulmón. La mar rompía con fuerza y las gaviotas, en cortos vuelos, se zambullían cerca de la orilla. El cielo era de un azul intenso y sin apenas forzar la vista podía vislumbrar con claridad otras islas, ancladas cerca del horizonte.

Me zambullí en el agua para desentumecer los músculos. Nadé contra corriente, lejos del cerco de olas que rompían en la playa. Llegué a ese punto donde apenas se agita la marea. Floté boca arriba como un madero, apenas me mecía, era como estar flotando en medio de la nada. El agua misteriosamente era cálida. Veía pasar pequeños bancos de alevines junto a mis pies. En este estado, en la soledad absoluta del océano, mirando el raso cielo azul, creí estar fuera del mundo, allí donde las horas no pueden medirse.

Cuando volví a la orilla, había pasado tanto tiempo que temí haber dejado crecer algas en mi cuerpo. La arena se hundía blanda a mi paso. Apenas recuerdo desde cuándo estoy en esta isla, solo sé que vine huyendo del paso raudo y marcial de los días, de los trenes que dejé escapar con billetes de ida y vuelta a la nostalgia, del plan Ibarretxe y de tanto tertuliano empeñado en el heroico propósito de saber, qué tripa se le ha roto a este mundo en que vivimos.


Independízate, independízanos de tí.
 
No