LA ESPIRAL DE MI DOLOR
Hacía frío, un frío atroz, a pesar de estar a mediados del mes de mayo. Estaba desnudo bajo las sábanas, los brazos caían laxos a ambos lados de la estrecha camilla. Los ojos fijos en el techo, una luz amarilla intensa confinaba mis pupilas a un diminuto destierro. Una solución salina recorría mis venas y un líquido seroso, en otro gotero, mendigaba unas gotas de lo que intuía era un calmante.Estaba solo en aquella sala aséptica, desprovista de cuadros, de ornamentos, con una ventana por donde apenas entraba una rendija de luz. Notaba mi corazón golpeando mis costillas, lento, demasiado lento, como si lo oprimiera un peso aplastante.
Me empezaron a sudar las palmas de las manos, era un sudor frío, luego los pies. Tirité bajo las sábanas. Al cabo de un rato un quejido lastimero me sacó de la ensoñación. Tenía a un tipo a mi lado, con una especie de parche sangrante en un ojo. Imaginé aquél ojo, nadando en un coágulo, mirando ciego. El tipo pareció intuir que me había despertado y volvió la cabeza hacia mí, intento sonreír pero su boca se abrió en una mueca horrible. De repente unas manos empujaban mi camilla, me movía, los goteros oscilaban frenéticamente, avanzaba por un pasillo estrecho. Sólo podía ver desfilar las tiras de fluorescentes del techo, encendiéndose intermitentemente. Algo impactó con los pies de la camilla, involuntariamente mi cuello se contrajo, apreté la cabeza contra la almohada empapada en sudor. Fue como entrar en la luz, como si todo antes hubiese estado rodeado de sombras. Noté como me cogieron en volandas y el frío del metal de la mesa de quirófano, clavando cristales en mi médula espinal. Un rostro me miraba desde lo alto, me hablaba pero no podía oír su voz, sólo podía ver sus labios moviéndose rítmicamente. Me enseñó una jeringuilla y luego la clavó en un brazo, dejó que el émbolo descendiese despacio. Pasado un instante empecé a notar que se me dormía la mandíbula inferior. Intenté mover los dedos de mi mano derecha, pero estaban atrofiados, inertes. Mis ojos eran dos diminutas ranuras por donde se filtraba una brecha de luz intensa, cegadora. Noté el sopor mucho antes de que llegara el sueño, en el instante preciso en que una sierra eléctrica restalló en el silencio y justo antes de que un chorro de líquido caliente bañara mi muslo derecho. Luego, floté en el éter.
Comentario:
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Caro Rómulo y Pedo: celebro que de nuevo te halles entre nosotros,y espero que tu estancia en Roma haya sido digna de tu condición de embajador del Orbe Cerumítico. Aunque nos ha sorprendido que tu llegada coincidiese con la mejoría del papa,¿llevabas frenadol y termagil en cantidades industriales para el sumo pontífice?. Ya nos resultó extraño que en nuestras noches de libación conjunta llevases esa tira blanca que sobresalía por encima del abrigo, ¡cómo sospechar que era un alzacuellos!, creímos que se trataba de una de esas estrafalarias camisas que compras al peso. Con respecto a lo del corvejómetro, tendrás que esperar, puesto que la lista de peticiones es bastante extensa y hay celebridades en ella, como Paquirrín, ese prócer demanda una unidad de inmediato y como comprenderás, desgraciadamente sigue habiendo clases.
Comentario:
Solo quiero felicitarte por la internacionalizacion de tu página, no solo un japonés sino también unos mexicanos... y lo mejor de todo es que estos han entrado hasta 4 veces...
Tio, lo estas logrando.... Por cierto, ves fabricando el corvejómetro, que lo necesito....
Roma sigue en pie.
Tio, lo estas logrando.... Por cierto, ves fabricando el corvejómetro, que lo necesito....
Roma sigue en pie.