HOY ES EL DÍA DE LOS ESTIGMATIZADOS
No estaba dispuesto a pasar solo otro día de los enamorados, así que rebuscó en un cajón y encontró una vieja agenda telefónica. La abrió y para su sorpresa descubrió una ingente lista de nombres femeninos escritos con la grafía deleznable de un médico de cabecera. Entre aquella cacofonía de nombres y cifras, manchas de café y hojas que esbozaban un intento de papiroflexia rudimentaria encontró un nombre; María.A María la había conocido durante una clase de bailes regionales ( ¡sí, todos tenemos un lado oscuro!), aquella chica giraba con la liviandad de una pluma mecida por el viento de la tarde. Era metódica, ponía rostro de estatua de la escuela griega, cuando ejecutaba “el triángulo”, sobrecogía su pulcritud de movimientos. María era una chica algo espigada, tenía un rostro afable y unos ojos verdes y grandes que se empeñaba en ocultar tras unas gafas horribles de pasta negra. Tenía una boca bonita, una sonrisa franca y su voz arrastraba ya las hojas de algunos otoños.
Le sorprendió la prontitud con la que contestó a su llamada, apenas se esbozaba el segundo tono cuando ella dijo -¿sí?. Tuvo que improvisar un discurso inconexo, tomar prestados algunos chistes con cierto deje rancio, pero que arrancaron una sonrisa al otro lado del aparato. -¿Entonces, paso a recogerte a las ocho?, dijo él alargando el tono interrogador.
- Sí, a las ocho te espero, sé puntual, por favor, odio esperar.
Empezó su liturgia de acicalamiento con una entrevista personal con el Sr. Roca, luego una ducha en la que “ejecutó” algunos grandes clásicos del pop español de los ochenta, rasuró su rostro con cierta pereza, intuyendo la carnicería que se avecinaba, los papelillos blancos taponando la escabechina. Luego se peinó al agua y abrió un bote de colonia reservado para las grandes ocasiones, uno de esos que llevan el aftershave de regalo.
Condujo despacio, aún era temprano, buceó entre el dial buscando algo de buena música, Manolo García cantaba “...barras de bar, vertederos de amor”. Encendió un cigarro al pararse en un semáforo, aspiró con fuerza el humo en una bocanada ansiosa. La ciudad empezó a quedar atrás, ella vivía a las afueras, en una urbanización. La línea del horizonte sesteaba en el paisaje, encinas y pinos chaparros y un pastizal exuberante que pujaba por abrirse camino en las cunetas. El sol trazaba su línea de derrota, buscaba dormidero entre un penacho de nubes violáceas.
El corazón le latía acelerado, tenía que engrasarlo más a menudo, caprichosa víscera bendecida por el don de amar. Le sacó de su ensoñación la señal horaria de su reloj de pulsera, justo cuando giraba para enfilar una avenida adornada con setos. Ella esperaba en la puerta de su casa. El pelo brillante sobre los hombros, con algo de volumen, un top color rosa pálido con cuello palabra de honor. La rebeca plegada entre sus brazos y una falda de un tamaño meridianamente aceptable. Le sonrío y se ajustó las gafas con un movimiento nervioso. Él quiso bajarse a abrirle la puerta, pero ella se adelantó, se plisó la falda con las manos y le estampó un beso en la mejilla. ¿dónde vamos?- dijo él mientras arrancaba el coche y volvía a encender el casete. La miró mientras ella parecía pensativa – joer, se ha pasado con el maquillaje, si parece Marilyn Manson!!, ¡ese azul eléctrico de fondo de ojos no lo llevaba ni Alaska en sus buenos tiempos!. - A lo mejor te parece una tontería, pero, ¿te apetece que vayamos a comprar unos yogures de esos que se beben?, sortean un viaje, ¿sabes?, mira justo aquí al lado hay un supermercado donde los venden.
Paró frente a la puerta del súper, ella bajó y corrió emitiendo chillidos nerviosos hasta franquear la entrada. - Dios ¿qué hago aquí?, se preguntó mientras encendía otro cigarrillo. Al cabo de unos minutos ella apareció corriendo de nuevo llevaba los brazos en alto con las dos botellas de yogur oscilando sobre su cabeza.
Arrancó y preguntó de nuevo -¿dónde vamos?. – Podríamos ir al azud del río a ver los patos, ¿te apetece?. Había imaginado sitios deleznables para un primer encuentro, o demasiado sórdidos o demasiado estridentes, pero aquél se salía de caja, aunque aceptó fingiendo estar entusiasmado.
Una hilera de coches estacionados al borde del río franqueaba el paseo, era de noche y en algunos de los vehículos se estaban realizando ciertos ejercicios gimnásticos, el “empañing”, lo llaman. Ella se rió y se encogió de hombros.
Dejó el coche al borde del río, sobre un promontorio lleno de maleza. Una nube de mosquitos se levantaba sobre la hierba, flotando a la altura del salpicadero. Tuvieron que cerrar las ventanillas. Hablaron de cosas triviales, tejieron urdimbres de recuerdos comunes, pusieron rostro a viejos amigos que habitaban en un rincón de telarañas en la memoria. Luego él decidió que había llegado la hora de intimar y se dispuso a crear la atmósfera propicia, se inclinó hacia la guantera y buscó entre los clásicos, metió el casete y esperó a que empezara la música. No podía fallar era el “Still loving you” de los Scorpions. La guitarra se recreaba en un acorde preciso y precioso. Ella lo miró extrañada -¿te gusta esto??, a él se le cayó el mundo encima, una daga rastrera sesgo sus entrañas con una puñalada traidora. – Puedes poner otra cosa si quieres, casi balbució entre espasmos abdominales. Ella le tomó la palabra, hizo girar la aguja del dial, que se abrió paso entre el limbo de emisoras. Bisbal surgió de repente, hizo que se acoplaran los altavoces, aquél hombre abría sus ollares mostrando un abismo infranqueable. Ella empezó a moverse bailoteando, le miró y se echó a reír, mientras seguía el ritmo de la música chasqueando los dedos. Él decidió abrir su yogur, que ya empezaba a calentarse. Cuando tiró de la tapa una frase premonitoria le sobrecogió en el asiento – Sigue buscando- decía.
Comentario:
Buenísssimo!!! De acuerdo con wolffo, Siga buscando, hay muchos premios.¡Qué sútil forma de engañarnos cuando todos/as sabemos que no hay premio que valga!!! Lo que no me cuadra es que los acérrimos defensores del macho ibérico os pongáis tan "ñoñis" con San Valentín, pero si es una horterada de día...
Ciao corazones!
Ciao corazones!
Comentario:
Me la llevé al rio el día de aberri eguna pero tenía marido y era de Herri Batasuna...(Juaristi).
Qué potito San Valentín este año; además de los estigmas anuales me ha salido un sarpullido en el cogote que creo que es lepra...
Como colofón: mi lado oscuro son las películas de Marisol y su inseparable negrita zumbona Coco... ¡que morbazo!
Feliz San Valentontín!
Qué potito San Valentín este año; además de los estigmas anuales me ha salido un sarpullido en el cogote que creo que es lepra...
Como colofón: mi lado oscuro son las películas de Marisol y su inseparable negrita zumbona Coco... ¡que morbazo!
Feliz San Valentontín!
Comentario:
Muy buena la historia con moraleja, mi vida amorosa tambien es como la tapa de un yogur. ¿De donde has sacado la foto de cupido despues de llamar a mi puerta? ¿algun C.S.I corrupto?
un beso
un beso
Comentario:
¡Lagrimones se me caen! Mis mejillas parecen la autopista en hora punta... Necesito la chorvi-agenda de nuestro protagonista y un corvejómetro de repuesto... Por cierto si alguna inquieta dama de las que te leen quiere una cita a ciegas.... :-) que deje un mensaje, yo invito a yogur o a lo que fuera menester. :-)
Comentario:
Sí, lo mejor va a ser seguir buscando... mu bueno, Cap, mu nostálgico... y gracias por ahorrarnos los detalles sórdidos!