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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
LOS PRINCIPIOS DE UN HOMBRE SIEMPRE ACABAN EN PUNTO Y APARTE.
Harold Drexler caminaba arrastrando sus pies por un sucio callejón paralelo a la gran avenida ( la llamaban así no porque fuera grande, sino porque era la única avenida de la ciudad). Husmeó entre los cubos de basura pero no pareció agradarle el contenido, se limpió las manos en el abrigo de un color indefinido. Siguió andando con la esperanza de encontrar otros cubos rebosantes como cornucopia. Había llegado a la altura de una hilera de contenedores, eran del restaurante italiano de la avenida, cuya cocina daba al callejón. Una chimenea pegada a la pared mugrienta vomitaba un humo espeso y blanco, como si hubiera muerto un papa y hubiesen elegido sucesor.

Drexler se inclinó sobre la tapa de uno de los contenedores, la abrió y olisqueó su interior, examinó algunas bolsas pero no parecía haber nada apetecible, sólo raspas de pescado, demasiado afiladas incluso para un gato. El ulular de una sirena le asustó y estuvo a punto de dejarse caer la tapa encima, miró en dirección a la entrada del callejón, pero el ruido seguía reverberando en el aire, cada vez más distante.

Continuó manoseando las bolsas. Cerró el primero de los contenedores y pasó al siguiente. Otra vez pareció consternado, levantando la tapa sobre su cabeza, mientras con la otra mano revolvía algo en el bolsillo del abrigo. Pasó al siguiente y cuando abrió la tapa un hedor nauseabundo casi le hizo vomitar. Una masa deforme y blanca resplandecía bajo la luz mortecina de la farola. Eran tripas de cordero, desperdicios de la carnicería musulmana de la avenida. Se dispuso a dejar caer la tapa de golpe cuando vio algo que llamó su atención, era el brazo de un hombre, sobresalía de una bolsa negra enorme. Rápidamente empujó la tapa hacia atrás y casi saltó sobre la bolsa, a duras penas logró sacar parte de ella del contenedor, luego en un último esfuerzo al fin consiguió dejarla caer al suelo.

Miró nuevamente hacia la entrada del callejón, se paró a escuchar un momento, pero la noche era fría y parecía que todas las almas de la ciudad hacía rato que esperaban en el purgatorio. Una risa nerviosa asomó en su garganta, casi como un murmullo al principio, luego ganó en intensidad hasta romper en una sonora carcajada. Se asustó de su propia inconsciencia. Sacó al muerto de su sudario y lo extendió en el suelo. Era un tipo con rostro patibulario con la boca torcida hacia un extremo, tenía los labios morados. Rebuscó en los bolsillos del abrigo del muerto, encontró unas llaves, un paquete arrugado de cigarrillos, un mechero de gasolina con la mecha demasiado corta. Lo tiró todo y se maldijo. Empezó con el pantalón, encontró un reloj sin pulsera, se lo guardó en un bolsillo, una cartera imitación de piel con cien pavos en billetes viejos. -¡ Hijo de puta! – dijo furioso y le lanzó un escupitajo a la cara al muerto.

De pronto el chirrido de unos neumáticos le asustó, luego el ruido hiriente de unos frenos parando en seco. De repente vio recortada su sombra en la pared a la luz de unos faros.

- ¡Vaya, vaya!, mirad qué tenemos aquí, una rata que ha abandonado su alcantarilla.
La voz le resultó terriblemente familiar. Era Joe Fratello y su camarilla, los dueños de media ciudad.

- ¿Buscabas algo ratita?- le preguntó la misma voz con tono irónico – ¡Traedme a ese puto parásito antes de que lo mate aquí mismo!. Cuatro sombras se abalanzaron sobre Drexler, una lluvia de puñetazos le hizo retroceder. Sintió como la sangre inundaba su boca. Luego lo arrastraron a escasos centímetros de Fratello, le hicieron arrodillarse, mientras un tipo le retorcía el brazo derecho sobre la espalda.

- No me hagas repetirte la pregunta, ¿eh? - dijo encendiendo un cigarrillo – soy ¡todoooo oídos!.

Uno de los tipos que acompañaba al capo pareció sorprendido al ver el rostro de Drexler bajo la luz de la farola

- ¡Es Lou Cara cortada!, ¡sí, es ese puto chivato!- y zarandeó a Drexler violentamente – trabajaba para Toni Lucano cuando intentaron el atraco al casino, murieron todos como perros pero éste cabrón logró salir indemne y con el dinero encima. Luego se pasó a la banda de Frankie Lucciano pero les traicionó contándole a la poli dónde guardaban la droga, los acribillaron a todos menos a Leone – y volvió el rostro hacia el fiambre que yacía en el suelo.

- ¿Te gusta hacer amigos, eh?- dijo otra vez Fratello y le estampó un puñetazo en pleno rostro. -¿Sabes quién coño es ese tío, eh?, pues ese cabrón era el marido de mi hermana, ¡ojalá se pudra en el infierno!, pero no me gusta que manoseen a mis parientes y menos cuando tienen una del nueve incrustada en el cerebro. Giaccomo registra a ese idiota – señaló hacia el muerto.

El tal Giaccomo se avalanzó sobre el cadáver, rasgó sus ropas con una navaja automática, palpó el forro de la chaqueta y lo rompió con las manos, sacó una bolsa grande y blanca – ¡aquí está jefe! – y le dio la bolsa a Fratello.

-¿Era ésto lo que buscabas ratita?, ¿ querías tu parte del negocio, no?, lo que te prometió la bofia y luego te negaron, te dijeron que matarían a Leone esta noche en el callejón del vómito y que encontrarías la droga en un bolsillo. Lo que ignoras es que nos llamaron a nosotros también, dos por uno, debieron pensar, a pesar de todo tienen principios y nos les gustan los chivatos.

¡Levántate perro! – le gritó tirándole del cuello de la camisa - ¡Despídete de este puto mundo! Dijo martilleando un viejo Colt 45. El disparo restalló como un trueno, un grupo de palomas que dormitaban sobre un tejado, emprendieron el vuelo asustadas. Drexler cayó cuan largo era sobre el húmedo asfalto y un reguero de sangre asomó bajo su cabeza.

El coche salió disparado del callejón, el conductor y el copiloto de Fratello murmuraban contrariados, parecían disgustados con su jefe. En la parte trasera Luca, el hermano de Fratello le hablaba quedamente a éste.

- Debíste dejar que los chicos se divirtieran con él, necesitan desconectar de vez en cuando.
- Lo sé Luca – dijo Fratello mirando a los ojos de su hermano – lo que pasa es que me acordé de un consejo que padre me dio de pequeño.
- ¿ Y qué te dijo el viejo?
- Hijo mío – empezó Fratello con voz solemne mirando a su hermano – un hombre puede cambiar mil veces de abrigo en está vida, pero jamás debe cambiarse de chaqueta – No me gustan los traidores Luca – dijo quiñándole un ojo a su hermano.
 
Comentario:
Llegue aqui...por el ruidito de tus uñas, y me encontre este post!

es bueno seguir los impulsos, gracias por mostrarme tu espacio

la historia estrujante!!

Un beso en la punta de la nariz!
 
Comentario:
Acongojado me he quedado. Nunca llevo chaqueta, pero si algún día tengo que llevarla nunca me la cambiaré (aunque me la quite de vez en cuando para lavarla). Grazie mile Fratello.
Y gracias a usted Capitán. Me ha encantado la ambientación y el final. Me han entrado ganas de devolverle el guiño al mafioso.
 
Comentario:
Olé, como se dice aquí. Me ha gustado mucho tu relato. Tus enseñanzas y consejos son sabios. Te agradezco la supresión de referencias al sexo, ya que me incomodaría debido a mi religión.
Muchas gracias.
 
Comentario:
Y es que, no paras de sorprenderme. Ahora, novela negra y con lo que a mí me gustan. Si los disparos salían disparados (¿y como iban a salir sino, tontorrona?)que he tenido que esconderme debajo de la mesa.
Nos vemos en el callejón, ese no, que aparecen muertos por todas partes.
 
Comentario:
Esto ya es la milked milk, mon Capitain. Te dejo sólo 5 minutos y pasas del ambiente bohemio del Mercantil al thriller de novela negra más profundo.
¡Que tiemblen Raymond Chandler, Dashiell Hammet y los demás zarrapastrosos escritores que a mí me gustan! Ha llegado quien superará a Enterrador y a Sepulturero en sus correrías por Harlem.
Además, se escucha en el fétido callejón aquello de: "... en un cruce de caminos, en la noche ví brillar una perla, la esperanza viva ...".
Un abrazo libertario del magister Antonio Vega Tallo, mon general.
 
Comentario:
coño... qué hijputa el Fratello.

PLAS, PLAS PLAS, PLAS, PLAS, PLAS!!!!!

Cerrada ovación del público asistente. Los cinéfilos nos empujamos nerviosos a la salida del cine, un callejón sospechosamente parecido al que acabamos de ver en la pantalla, contentos de no estar solos allí, y no tener la -inevitable- tentación de buscar en el contenedor de basura. Me acerco a una espectadora especialmente frágil y sexy y le ofrezco mi corpachón para que se sienta segura. Le digo:
- Conozco al director, chati
- ¿De la película?
Esta tía debe ser idiota, pienso, pero le toco el culo igual.
- Claro, encanto, si quieres te hace una prueba.
- ¿Sí... harías eso por mí?

Y bueno, Captain, le he dicho que sí. Así que, en cuanto halla terminado con ella, ¿la llamarás para hecerle una prueba? Es una pésima amante, pero a lo mejor sirve como actriz.

Tú mismo.
 
Comentario:
Lo has descrito tan bien que se me han revuelto las tripas. La proxima vez pon eso de "no apto para mentes sensibles".
Buen consejo el del padre.
Un beso, soldado.
No