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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
UN VIERNES AL SOCAIRE DE MIS COMPADRES


Ya os dije una vez que soy capitán de agua dulce. Pese a ello, cuando está en puertas el fin de semana, me gusta rodearme de los antiguos camaradas que aún siguen en el oficio. Suelen ser dos, pero esta vez faltó uno, un capitán de corbeta, sabio por viejo, que hasta lo lleva en el apellido. Dijo que el viernes escollado le abrió una vía de agua y que aún andaba achicando, con el líquido elemento hasta las corvas.

El otro capitán, vino a fondear al puerto de esta ciudad sin mar, después de haber recorrido mundo. Conoció ciudades de las que habla con un nudo de bruma en los ojos y a veces se le quiebra la voz recordando a alguna hembra a la que robó un beso, a la que vio, pañuelo en mano, despidiéndolo en el espigón del puerto. Un día para su suerte o desdicha la mar brava, los vientos benignos, le hicieron ver las gaviotas que presagian la línea de costa de la ciudad que nacer le vio.

Desde entonces, y gracias a un encuentro casual, seguimos viéndonos cada vez que la semana echa el ancla en los días de asueto. Nos reunimos y ponemos a cero el contador de los naufragios. Nos enseñamos los tatuajes que nos ha dejado grabados la semana mercenaria y sentados me muestra los cartapacios en donde guarda sus mapas. Despliega lápiz, compás sobre la mesa y traza paralelas y me habla de nuevos viajes. Nos reímos cuando entran dos mujeres cañón y el acude a pecho descubierto a llenarse de metralla – yo le digo, ¡compadre conténgase! – y él me dice: ¡antes pulpo que merluza, capitán!.

Y la camarera que tiene talle de junco y balconada rebosante, nos sonríe al percatarse de su fatuo propósito, y llena de cerveza, turbia como mi alma, nuestras jarras y se marcha cimbreándose como brizna de hierba doblada por la galerna.

Luego, tras largo rato de palique, de mentar compadres que ahora viven lejos, pero que sabemos cercanos por llevarlos siempre en la memoria, de hablarme de las mujeres que se plantaron en su vida como escollos, y que salvó con la destreza del que lleva años de gaviero, y suelta trapo sabiendo que es el último clavo al que aferrarse, nos dejamos llevar por la corriente de las olas, flotando en la cresta de espuma de otras cervezas.

Yo lo escucho con la atención que merecen los sabios, los hombres de mundo, y él me dice que me lee, que le gusta lo que escribo, y en los labios de un camarada, con el amargor de la cerveza reverberando en la tráquea, las mentiras vienen ungidas en vaselina y hasta saben a verdad. Para mí es un placer que busque en mis vacuos escritos la línea escarpada de costa de la semana. Mi madre, que es sabia, un día me dijo: – los tontos que te intuyan – y eso intento. Pese a ser un zote, procuro rodearme de tipos como estos dos capitanes capaces de llenar con su sapiencia los folios en blanco que acumulo en mi cabeza.

Pero a pesar de todo, la alegría de verlo de nuevo entre nosotros, presume él que será corta, dice que en cuanto pueda clava el trinquete en un alisio y nos condena a ver su popa. Hasta que ese infausto día llegue y nos deje en tierra con un nudo marinero en la garganta, el capitán de corbeta y yo disfrutamos con él de las noches tabernarias y salimos abrazados de las tascas oyendo como nos maldicen las fulanas despechadas. Después de todo, aun lejos del rumor de las olas, la casaca, gracias a ellos, me sigue oliendo a salitre.
 
Comentario:
Leer algunas de sus frases también supone un viaje. Un viaje surcando sus frases, con la brisa de sus historias en el rostro y el calor de los camaradas bajo la casaca. Un viaje navegando sus palabras. Y se hace tan fácil el viaje...

Gracias por ese trozo de fotografía, capitán, soy un despiste.
 
Comentario:
¡Dios! Capitán, eres un genio. Te superas cada día. Esto que has escrito es una verdadera prosa poética, con imágenes y descripciones maravillosas. Envidio a esos capitanes que comparten palique y cervezas contigo.
Hasta aqui me llegó la espuma de las olas.
Con el viento de Levante, te mando un beso.
 
Comentario:
Aunque seas marinero de agua dulce, en tus palabras se puede oler el mar. Me gusta nadar en ellas.
Un beso dulce al punto de sal
 
Comentario:
Hi captain:

Geniales los dos últimos derroches de arte, porque no se puede llamar de otra forma. Voy leyendo, intentando entenderte y pienso, qué habrá dentro de esa mente para enhebrar las palabras con tal facilidad y escribir historias fantásticas sobre lo cotidiano?
Te admiro y tmb, es humano, te envidio.
Bs. Lady.
 
Comentario:
Gracias Capitan. A tu lado no soy más que un aprendiz de grumete. Me alegra compartir contigo y con el viejo y sabio marinero las noches verbeneras de nuestro puerto seco de mar. Hasta que zarpemos hacia nuevos destinos, disfrutaré de nuestra singladura por los puertos mercantes. Kösönöm.
 
Comentario:
¡Ah, Capitán! ¡Cuán venturosos son los crepúsculos que se suceden leyéndote-escuchándote en tu navío por encima del fragor de la galerna!
Cómo he echado en falta tu bravura con ocasión de mis últimos encuentros con malhadados "corsaires" en otros marinos confines.
Oye, canalla, ¿a tí te interesa la sin par Justine Z. por la tersura de su piel, por su cuerpo cimbreante, o por mi comparación con la cerveza negra, tunante?
A pesar de que sigues siendo un lujazo para todos nosotros y de que, personalmente, la envidia me corroe cuando te leo (sobre todo en estos tres últimos post), recibe un abrazo libertario de nuevo, y te informo que el fastuoso Antonio Vega acaba de sacar nuevo CD.
Suerte y otea con ventura el horizonte.
 
Comentario:
Ay, amigo mío...
esa forma tuya de hilar metáforas, símiles y palabros, cómo la envidio. Tío, es que da auténtido placer leerte. ¿Sabes lo que me pasa, a veces, al lerrte? Que tengo que hacerlo dos veces. Porque, al poco de empezar, cuando se intuye que el post va a ser de categoría, me dejo llevar por la música y olvido la letra. Dejo que suenen en mi cerebro una palabra tras otra y procuro adivinar cuál es el secreto de la mágica cadencia. Luego digo, qué bonito... ¿pero de qué estaba hablando? y entonces lo leo ya para enterarme de qué va la flauta. Pero, como músico que aún soy... a mí lo que me priva es la música. Me da igual de lo que hables, Captain, yo sólo quiero escucharte.
Un abrazo,
No