UN TANGO CON ESQUINA
Hay una esquina, cerca de donde trabajo, a la que nunca le han presentado al sol. Se asoma a la avenida con la cautela del que teme ser atropellado. Frente a ella hay un edificio que vomita gente, como un infierno pintado por el Bosco. Pero todos los viandantes, en su mayoría hombres, evitan pasar por esa esquina, buscan alternativas, circunnavegan para salvar el escollo, incluso vuelven sobre sus pasos.
Algunas veces cuando me asomo al ventanal que está junto al viejo archivador, miro en esa dirección pero no veo pasar gente, sólo una figura sentada en una diminuta silla de playa. Es un tipo grueso con una gorra algo gastada, toca un acordeón enorme, tiene un rostro noble, barba de tres días. Sonríe a pesar de que la gente rehuye la acera. Todo esto observo desde esa atalaya improvisada, mientras en la acera de enfrente el mercurio desciende por los rápidos de la larga avenida. Cuatro grados y bajando y un aire frío que te atraviesa y te prensa el corazón.
Cuando salgo, con las solapas del abrigo hasta las cejas, con los periódicos bajo el brazo y me despido en la calle de mi jefe, mis pies, indefectiblemente, me llevan hacia ese rincón . Cruzo el paso de peatones y me adentro en el paseo que discurre por el centro de la avenida, junto al puesto de castañas y las pérgolas de las que cuelgan los brazos helados de un árbol que reza porque llegue la primavera. Y oigo sobre mi cabeza el murmullo de los gorriones, discutiendo por llevarse el mejor trozo de rama donde pasar la noche.
Luego vuelvo a cruzar el siguiente paso de cebra y finalmente llego a la esquina, me sorprende su amplitud, sus soportales donde aún permanecen encendidas las luces de algunos comercios. Finalmente llego hasta el tipo. Mentiría si digo que siempre lo hago, que siempre paso por allí, pero esa noche había que echarle un pulso al General invierno y no se me ocurrió mejor manera que rascarme el bolsillo y ayudar a aquél hombre empeñado en desafiarlo. Deposité la moneda en la escudilla y él me respondió con una leve inclinación de cabeza, me dispuse a cruzar a la otra acera, pero a mi espalda, empezó a sonar un tango, bellísimo, por un momento creí estar en un arrabal bonaerense con una gachí colgada a mi cuello, mirándome a los ojos y buscándome el alma – viejo esta noche sos mío, ¿viste?- me habló al oído. Y vi en sus labios dibujarse una sonrisa de triunfo, de mujer fatal. Entonces me fijé que todos los hombres con los que me cruzaba me miraban compasivos y al ver al tipo del acordeón agachaban la cabeza y apretaban el paso esquivándolo. No sé por qué, pero creo que ellos también tuvieron su ración de tango.
Algunas veces cuando me asomo al ventanal que está junto al viejo archivador, miro en esa dirección pero no veo pasar gente, sólo una figura sentada en una diminuta silla de playa. Es un tipo grueso con una gorra algo gastada, toca un acordeón enorme, tiene un rostro noble, barba de tres días. Sonríe a pesar de que la gente rehuye la acera. Todo esto observo desde esa atalaya improvisada, mientras en la acera de enfrente el mercurio desciende por los rápidos de la larga avenida. Cuatro grados y bajando y un aire frío que te atraviesa y te prensa el corazón.
Cuando salgo, con las solapas del abrigo hasta las cejas, con los periódicos bajo el brazo y me despido en la calle de mi jefe, mis pies, indefectiblemente, me llevan hacia ese rincón . Cruzo el paso de peatones y me adentro en el paseo que discurre por el centro de la avenida, junto al puesto de castañas y las pérgolas de las que cuelgan los brazos helados de un árbol que reza porque llegue la primavera. Y oigo sobre mi cabeza el murmullo de los gorriones, discutiendo por llevarse el mejor trozo de rama donde pasar la noche.
Luego vuelvo a cruzar el siguiente paso de cebra y finalmente llego a la esquina, me sorprende su amplitud, sus soportales donde aún permanecen encendidas las luces de algunos comercios. Finalmente llego hasta el tipo. Mentiría si digo que siempre lo hago, que siempre paso por allí, pero esa noche había que echarle un pulso al General invierno y no se me ocurrió mejor manera que rascarme el bolsillo y ayudar a aquél hombre empeñado en desafiarlo. Deposité la moneda en la escudilla y él me respondió con una leve inclinación de cabeza, me dispuse a cruzar a la otra acera, pero a mi espalda, empezó a sonar un tango, bellísimo, por un momento creí estar en un arrabal bonaerense con una gachí colgada a mi cuello, mirándome a los ojos y buscándome el alma – viejo esta noche sos mío, ¿viste?- me habló al oído. Y vi en sus labios dibujarse una sonrisa de triunfo, de mujer fatal. Entonces me fijé que todos los hombres con los que me cruzaba me miraban compasivos y al ver al tipo del acordeón agachaban la cabeza y apretaban el paso esquivándolo. No sé por qué, pero creo que ellos también tuvieron su ración de tango.
Comentario:
No había leído este post, pero de todo de acuerdo contigo en que hay ciertas esquinas donde el aire no corre, el aire es local, sólo de ese trozo de acera, y al pasar por encima de ella suena un tango que levanta una voz y te dice al oído "viejo, de aquí no sale uno como entró, ¿viste?". Es cierto, esos rincones urbanos existen, como este post, y al abandonarlo me fijo en las caras y en las letras de los que escriben, y sé entonces que ellos (también Wolffo, que hoy recomienda esta pieza) tuvieron su ración de Capitán.
Eso se agradece.
Un abrazo.
Eso se agradece.
Un abrazo.
Comentario:
Quirido capitán: no se puede añadir más elogios a los que ya te han puesto. Me lo imagino inclinado sobre el papel... veo la pluma tremar sobre el folio... creando a la luz de un viejo flexo. Fantástico.
Comentario:
Eres un tío grande, qué coño.
Comentario:
¡Joder! Capi, cada post supera al anterior. Si es que me quedo sin palabras, como una gilipolla. Venir aqui es uno de los mejores momentos del día.
Un beso, a ritmo de tango ¿viste?
Un beso, a ritmo de tango ¿viste?
Comentario:
Dear Cap,
qué escena más cinematográfica. Qué delicia. Elprincipio y el final de una de esas películas en las que todo lo que pasa enmedio está sólo para justificar ese principio (el prota mira desde la ofi mientras salen los créditos) y ese final con todos los ejecutas de la city sintiendo el mismo pinchazo en el alma con la primera frase de acordeón del tango.
Cabrón.
qué escena más cinematográfica. Qué delicia. Elprincipio y el final de una de esas películas en las que todo lo que pasa enmedio está sólo para justificar ese principio (el prota mira desde la ofi mientras salen los créditos) y ese final con todos los ejecutas de la city sintiendo el mismo pinchazo en el alma con la primera frase de acordeón del tango.
Cabrón.
Comentario:
Parece que es usted de los que saben descubrir seres mágicos en las esquinas. Debe ser su alma marinera la que le impulsa a la aventura, a pesar del peligro que conllevan los cantos de sirena a ritmo de tango.
Saludos.
Saludos.
Comentario:
Hoy mis aplausos son para tus palabras y para tus actos.
Mi abuelo tocaba el acordeon para mi los sabados. Cuando murio prometi que siempre que vea a alguien tocarla le dare todas las monedas que lleve. Y hasta el momento he sido fiel a esa promesa.
Que suene el tango y nos empape el alma!
Un beso, mi capitan.
Mi abuelo tocaba el acordeon para mi los sabados. Cuando murio prometi que siempre que vea a alguien tocarla le dare todas las monedas que lleve. Y hasta el momento he sido fiel a esa promesa.
Que suene el tango y nos empape el alma!
Un beso, mi capitan.
Comentario:
Por Dios, mon Capitain, hoy no voy a usar jerga marinera rimbombate para incordiar con el comentario.
¡Joder, qué hermoso pedazo de post! Si llega a ser el doble de largo, acabo llorando a moco tendido, pero de felicidad.
Mirá que podés ser animal, gallego.
Un abrazo con manotazos cariñosos en todo lo alto, maestro.
¡Joder, qué hermoso pedazo de post! Si llega a ser el doble de largo, acabo llorando a moco tendido, pero de felicidad.
Mirá que podés ser animal, gallego.
Un abrazo con manotazos cariñosos en todo lo alto, maestro.
Comentario:
Capitan...al leerle pude tambien sentir las notas del tango...y la complicidad en los ojos del hombre de la esquina...magia en la descripcion de sus palabras!
Un beso en la punta de la nariz!
Un beso en la punta de la nariz!