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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
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Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
ARDE LA NOCHE
El jueves se arrojó a los brazos de una noche de rock ´n´ roll. Conducía hacia el centro de la urbe, sorteando mariposas con bolsos de charol por la carretera de circunvalación. Poco tráfico, sólo unos cuantos vehículos dejando estelas amarillas a su paso. En la radio del coche suena el “Last Goodbye” del disco “Grace” de Jeff Buckley, un tipo que cantaba desgarrando el corazón. Lástima que su estrella decidiera apagarse antes de tiempo, una tarde mientras nadaba con un amigo en el río Mississippi , moría ahogado a la edad de 30 años, uno de los talentos más prometedores de la música de los noventa.

Hubo un tiempo oscuro en que esa canción (Last Goodbye), ese disco (Grace –1994) no paró de sonar en mi equipo de música, necesitaba escuchar aquella voz a ratos hipnótica, a ratos desgarrada desgranando aquel puñado de canciones que no te dejaban indiferente.
Pero esa noche eran otras leyendas las que guiaban mis pasos hacia ese lugar que frecuento y del que ya os hablé. Fue ese ángel amigo, ese que siempre sabe aconsejarme y del que me dejo llevar, quien me invitó a acompañarle en aquel viaje a las entrañas del viejo rock ´n´roll. No supe decir no; es más, no sé decirle no. Además esa noche iba escoltado por un ramillete de hermosas flores y no estaban dispuestas a que faltara el capullo.

Son las once en punto cuando cruzamos la puerta y nos recibe un humo denso, un escenario escueto al que no se le había escatimado ni un solo centímetro.
Sobre el teclado Yamaha, que bien podría haber sido un Hammond, una botella de Jack Daniel´s se recorta a la luz de los focos. Un breve introito, una salutación con la boca escorada lanzando el humo de un cigarrillo al micrófono – ¡¡Esta noche vamos a arder como el puto edificio Windsor de Madrid!! y no es una pose, suena tan real que nos quedamos con ganas de oler el humo del incendio. Johnny Cifuentes acomete el teclado arrancándole unas notas de puro blues y en el aire se percibe el humo al baño maría de un par de petas. Ronda de cervezas, Paulaner bien frías sobre la parca mesa justo enfrente del escenario.

Señores, señoras Burning desgrana su nuevo repertorio a un público entregado. Surgieron de Elipa (barrio madrileño) un lejano 1974, se llamaron Burning porque el día que se pusieron el nombre, mientras daban una vuelta por Madrid en un seiscientos, casi se quedan pajaritos por el calor que pasaron. Estos tipos celebran 30 años dándole al rock.
Son momias desenterradas de montañas de humo y alcohol, cicatrices indelebles de aquella herida luminosa que fue “la movida”. Muchos de aquellos abanderados del rock pagaron el peaje de su sumisión a las drogas. La noche cayó por las venas de tantos antihéroes enganchados a su heroína, insectos que quedaron atrapados en el ámbar de unos ojos que se alejaban a caballo.

Ellos también pagaron ese carísimo peaje (Toño –1987, Pepe Risi –1997, ¡el mismo día y mes ambos!!) por viajar por autopistas azules, pero supieron sobreponerse. Ese jueves noche, aunque la formación se ha renovado, se llenó de espectros arrancando acordes a una Fender Stratocaster, cabalgando en la escala de un bajo omnipresente. Vimos a Kacho Casal arrancarle astillas a sus baquetas al ritmo de alguno de los himnos de la banda. Sonaron, para catarsis de los acérrimos ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?, “Mueve tus caderas”, “Una noche sin ti”.

Cuando nos dirigíamos a la calle, atravesamos el estrecho pasillo de la puerta, entre el olor del cuero de las zamarras, del humo de los cigarrillos, del sudor y los petas, de las pavesas de habernos quemado al fuego lento de una noche de rock ‘n’ roll.
Mientras bajábamos la calle silenciosa, nos mirábamos sonrientes, habíamos borrado otra muesca de la culata del herrumbroso revólver de las noches en blanco.

De camino a casa Alphaville acometían el estribillo de “Forever Young”, ¡cómo pasa el tiempo!, pero los años no se pesan en la báscula del espíritu, al menos este jueves noche.
 
Comentario:
Buenas encanto!! Me encanta que te encantaran...
 
Comentario:
Resulta que el capitán también navega a ritmo de rock'n'roll. Con tanto frenesí en cubierta, ¿crujirá la madera de los mástiles con cada acorde de guitarra?. Debe ser una sonora y alegre travesía.

Gracias por el poema, Capitán.
 
Comentario:
Gracias por devolver Burning a mi imaginación. Siempre que alguien te hace recordar un grupo como ese, sabes que su sonido va a permanecer otra temporada más en tu cerebro.
Joder, Burning, casi ná.
Sones libertarios p'al alma, Capitain, ... y alguna Paulaner p'al cuerpo.
 
Comentario:
Cada vez me gusta mas lo que cuentas de ese local,la proxima vez que vaya a Madrid me paso seguro. Lastima que no toquen los Burning, me gusta tanto esa cancion.
Mujer fatal, siempre con problemas...
Un beso
 
Comentario:
Hostia, los Burning...
Ah, no, sin vivir en Madrid no lo entenderás... que empezaron diciendo. Que peaso de banda, tú, No es Extraño que nos dé un zarpazo el corazón cada vez que los recordamos. En fin, Capi, Mueve tus caderas que la vida, esto, es un atraco... y a nosostros no nos van a quitar la cartera a estas alturas, ¿verdad? Y oye, lo que importa es lo que importa, nos dejamos de bobadas, como siempre. Un abrazo, no fumes en la cama, y disfrutalo.
 
Comentario:
Muy buena crónica del Jueves noche, dignas de las páginas musicales del suplemento cultural del ABC. Pero... ¿para cuándo nos las completarás con los crónicas sociales propias del "Qué me dices?", La revista "AR", o la versión digital del "Tomate"? Tuyos siempre, Ana Rosa (y su negro).
 
Comentario:
¡Ay!Capitán, me haces volar contigo a ese Mercantil Café-Concierto, y oler el humo del tabaco y sudar a ritmo de rock'n'roll. Me voy a dormir aporreando una guitarra imaginaria.
Besos en concierto... de rock.
No