UN TIPO SOEZ.
Lunes por la mañana, reunión de profesores en la sala de profesores (valga la repugnancia). Caretos con ángulos obtusos, ojeras trazando semicircunferencias bajo los párpados de besugo desprendiendo el tufo del fin de semana que ha muerto. En un rincón, el director, un tipo calvo cuya barriga amenaza con machacarle los pies, empeñándose en desafiar la ley de la gravedad de su semblante. Es más feo que pegarle a un padre con un calcetín sucio en el hocico, pero como es el puto amo, todos le respetan. Todos menos Juantxo que como siempre ha llegado tarde. Todavía no había cruzado la puerta de la sala y ya sabían que estaba de camino por el rebufo que van dejando sus alerones. Eso cuando no abre la boca, porque cuando te echa el aliento mañanero es capaz de plantar un pino en el mismo desierto del Sahara.
Cuando Juantxo llega a estas reuniones siempre se pone al lado de su palmero Luisito. Así le llaman, es más inocente que el guionista de los Lunnis. Tiene gafas y creo que tras ellas hay unos ojos. Fuma compulsivamente porque es muy nervioso, no tiembla, se expande, cada vez que se le da una voz más alta de lo normal. Como digo, los dos se sientan juntos y se escarban sus respectivos bajos mientras el director se entrega a una oratoria infumable. Sestean, se meten los dedos en los ollares con el tesón del gemólogo que espera hallar una piedra preciosa, en vez de lo de siempre.
- Míralo – dijo Juantxo a Luisito señalando con un movimiento de cabeza al director- Este tío te digo yo que llora de emoción viendo el anuncio de espárragos carretilla, sólo que a él le gustaría que el espárrago tuviera venas.
Una risa de hiena taimada afloró de la tráquea de Luisito, que casi se ahoga con el humo. ¡jo tío, eres la leche!.
- Mira como lo mira la pava de la sita de lengua – hay que quitarle las babas con un punzón, mira que es fea la pobre, su marido está abonado a las pesadillas, sólo tiene que volverse en la cama y verle el careto, ¡imposible conciliar el sueño!, ja, ja, ja.
Luisito volvió a reírse de las gracietas de su compañero, como buen palmero, tras un comentario del maestro, tenía que quitarle el polvo de los hombros.
El director miró en la dirección donde estaban los dos y dijo: - Martínez ( por Luisito), ¿le hace gracia lo que digo?, quizás luego le pase lo de siempre y venga con las orejas gachas a preguntarme sobre lo que acabo de contar. – La vergüenza le enfundó a Luisito un fular rojo bermellón en el rostro.
Luego el director siguió con la charla y mientras Luisito se recuperaba de la certera mojada, el que reía ahora por lo bajini era el cabronazo de Juantxo. Luisito le dirigió una mirada torva con olor a pólvora, aunque mojada.
¿No te conté lo que me pasó el viernes en clase, no? – dijo Juantxo a su amigo aún llevándose la mano a la boca para tapar la sonrisa – estábamos en clase de ciencias naturales, tocaba el tema de la reproducción humana y cuando iba a empezar a exponerlo, va y me dice el “tontoelculo” del Valentín – profe, mi padre me ha contado que se necesita una semilla... – le corté en redondo y le digo: ¡mira niño, para semillas las que se fuma tu padre, dile que pase al empirismo y te enseñe las revistas que tiene guardadas tras la cisterna del retrete!.
- ¡joer que bestia eres!,- lo miró sorprendido Luisito, y paró en seco un esbozo de sonrisa, cuando vio que el director de nuevo miraba en su dirección.
- Bueno señores, termina la reunión.- Dijo el director mientras sonaba de fondo el timbre que señalaba el comienzo de las clases. Juantxo fue el primero en levantarse de golpe, se ajustó al cuello una horrible pajarita roja de lazos barrocos y se dispuso a cruzar el primero la puerta. Creía que detrás suya iba el palmero, por eso se echó el calzón a un lado con un dedo y se peyó largamente.
- ¡Te lo has comío entero compadre!, dijo mofándose, pero cuando se dio la vuelta encontró el rostro de la profesora de lengua en vez del de su compañero.
- ¡Nunca he visto una mierda tan grande envuelta en papel de regalo! – le espetó la sita mirando el adefesio de pajarita que Juantxo llevaba colgado. Esta vez fue él, el que se enfundó el fular bermellón en el careto, y la risa hiriente de Luisito le acompañó por las escaleras, mientras rumiaba una maldición gitana para la sita de lengua.
Cuando Juantxo llega a estas reuniones siempre se pone al lado de su palmero Luisito. Así le llaman, es más inocente que el guionista de los Lunnis. Tiene gafas y creo que tras ellas hay unos ojos. Fuma compulsivamente porque es muy nervioso, no tiembla, se expande, cada vez que se le da una voz más alta de lo normal. Como digo, los dos se sientan juntos y se escarban sus respectivos bajos mientras el director se entrega a una oratoria infumable. Sestean, se meten los dedos en los ollares con el tesón del gemólogo que espera hallar una piedra preciosa, en vez de lo de siempre.
- Míralo – dijo Juantxo a Luisito señalando con un movimiento de cabeza al director- Este tío te digo yo que llora de emoción viendo el anuncio de espárragos carretilla, sólo que a él le gustaría que el espárrago tuviera venas.
Una risa de hiena taimada afloró de la tráquea de Luisito, que casi se ahoga con el humo. ¡jo tío, eres la leche!.
- Mira como lo mira la pava de la sita de lengua – hay que quitarle las babas con un punzón, mira que es fea la pobre, su marido está abonado a las pesadillas, sólo tiene que volverse en la cama y verle el careto, ¡imposible conciliar el sueño!, ja, ja, ja.
Luisito volvió a reírse de las gracietas de su compañero, como buen palmero, tras un comentario del maestro, tenía que quitarle el polvo de los hombros.
El director miró en la dirección donde estaban los dos y dijo: - Martínez ( por Luisito), ¿le hace gracia lo que digo?, quizás luego le pase lo de siempre y venga con las orejas gachas a preguntarme sobre lo que acabo de contar. – La vergüenza le enfundó a Luisito un fular rojo bermellón en el rostro.
Luego el director siguió con la charla y mientras Luisito se recuperaba de la certera mojada, el que reía ahora por lo bajini era el cabronazo de Juantxo. Luisito le dirigió una mirada torva con olor a pólvora, aunque mojada.
¿No te conté lo que me pasó el viernes en clase, no? – dijo Juantxo a su amigo aún llevándose la mano a la boca para tapar la sonrisa – estábamos en clase de ciencias naturales, tocaba el tema de la reproducción humana y cuando iba a empezar a exponerlo, va y me dice el “tontoelculo” del Valentín – profe, mi padre me ha contado que se necesita una semilla... – le corté en redondo y le digo: ¡mira niño, para semillas las que se fuma tu padre, dile que pase al empirismo y te enseñe las revistas que tiene guardadas tras la cisterna del retrete!.
- ¡joer que bestia eres!,- lo miró sorprendido Luisito, y paró en seco un esbozo de sonrisa, cuando vio que el director de nuevo miraba en su dirección.
- Bueno señores, termina la reunión.- Dijo el director mientras sonaba de fondo el timbre que señalaba el comienzo de las clases. Juantxo fue el primero en levantarse de golpe, se ajustó al cuello una horrible pajarita roja de lazos barrocos y se dispuso a cruzar el primero la puerta. Creía que detrás suya iba el palmero, por eso se echó el calzón a un lado con un dedo y se peyó largamente.
- ¡Te lo has comío entero compadre!, dijo mofándose, pero cuando se dio la vuelta encontró el rostro de la profesora de lengua en vez del de su compañero.
- ¡Nunca he visto una mierda tan grande envuelta en papel de regalo! – le espetó la sita mirando el adefesio de pajarita que Juantxo llevaba colgado. Esta vez fue él, el que se enfundó el fular bermellón en el careto, y la risa hiriente de Luisito le acompañó por las escaleras, mientras rumiaba una maldición gitana para la sita de lengua.
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Genial Capitán, tu dominio del 'tempo' nos hace navegar por tus post's deseando llegar a puerto, y siempre al arribar nos espera una grata sorpresa.
Un abrazo desde mi convento.
Un abrazo desde mi convento.
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¿Te he dicho que me sorprendes? Seguro que sí, pero te lo vuelvo a decir y no me cansó. Cuando vengo, nunca jamás sé lo que voy a encontrarme. Genial, Capi, Genial.
Un beso.
Un beso.
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Sorprendente, dominas cualquier estilo, lo mismo fríes una corbata que planchas un huevo... sencillamente genial. bs.
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Vaya post, Capitán, perfecto.
Y vaya profesores con los que hay que lidiar. Y ese Juantxo, ¿de verdad es educador? ¿Así está la cosa en los colegios?
Mucha suerte con tales elementos.
Y vaya profesores con los que hay que lidiar. Y ese Juantxo, ¿de verdad es educador? ¿Así está la cosa en los colegios?
Mucha suerte con tales elementos.
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Tus enseñanzas son grandes. No paro de reírme y de aprender cada día cosas nuevas.
Tu talento no tiene precio, quirido amigo.
Saludos agradecidos.
إبن الفاري
Tu talento no tiene precio, quirido amigo.
Saludos agradecidos.
إبن الفاري
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Has conseguido ruborizar a una señorita. NO, no era yo, era una que leia por encima de mi hombro. Eso le pasa por cotilla. ¿Quien qiere ser una señorita? y perderse cosas como estas, prefiero ser Lola y perderme en ellas. Eres genial Cap. Si alguna vez necesitas grumetes, ya sabes donde estoy.
Un beso
Un beso
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Captain...
procelosos mundos los de la enseñanza. Sabes, yo siempre quise ser profesor. Pero la enorme timidez que adorna me lo desaconsejó enseguida. Y creo que mi salud mental salió ganando. Por cierto, ¿tú desasnas?
procelosos mundos los de la enseñanza. Sabes, yo siempre quise ser profesor. Pero la enorme timidez que adorna me lo desaconsejó enseguida. Y creo que mi salud mental salió ganando. Por cierto, ¿tú desasnas?
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Querido Capitain, voy a proponerte para el Nobel de las Palabras, porque tienes la bendita capacidad de hacer lo que te da la gana con ellas.
Y encima lo haces cojonudamente bien, y me divierto. Y no te tengo envidia, porque estás en otra Galaxia.
Espero tu siguiente post con fruición. Me lo ha mandado el Doctor, ya sabes, para seguir deliciosamente vivo.
Un abrazo es poco. Más abrazos libertarios.
Y encima lo haces cojonudamente bien, y me divierto. Y no te tengo envidia, porque estás en otra Galaxia.
Espero tu siguiente post con fruición. Me lo ha mandado el Doctor, ya sabes, para seguir deliciosamente vivo.
Un abrazo es poco. Más abrazos libertarios.
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¡Fantástico! Me has dejado sin palabras, pero con el rostro lleno de lágrimas, que salen a borbotones. Sigue así.