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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
EL BLUES DEL BAR DE JOSU Y UN POEMA

Hace algunos años, cada viernes por la noche, nos reuníamos para tomar unas virolas* en el bar de Josu. Ni siquiera se llama así, su nombre real es José, Josu es un mote arrancado al amargor de unos cuantos botellines y al aceite abundante de sus sempiternas patatas. Patatas con carne, patatas bravas, patatas con chistorra, patatas y chorizo frito, patatas y patatas, siempre patatas, como si acabara de salir de la hambruna, que a mediados del siglo XIX, asoló Irlanda por la mala cosecha de este tubérculo.

Josu es un tipo con cara vulgar, no así su hija que está como un queso y que fue icono referencial de la Orden en su etapa pubescente. A veces nos delataban esos silencios cuando “la niña” entraba contoneándose para plantarle un beso a su padre en la mejilla, mientras entre los parroquianos se oían murmullos y algunos apuraban rápidos la copa de vino, como si acabaran de llevarse a la boca la guindilla de los callos CON PATATAS que tenían como tapa.

Josu, digo, es un camarero de la vieja escuela. En su tasca no se hablaba de mujeres (aunque conociendo a la suya, era perfectamente comprensible), ni de política, ni de fútbol. Te servía una cerveza con la misma asepsia con que un cirujano se lava las manos antes de una intervención. Los ojos perdidos en algún punto imaginario y en la boca llevaba pintado un cheque, impreso en números rojos, mostrando la cifra total de sus sonrisas. Tiene la testa coronada de una amplia tonsura que amenazaba con extenderse circunnavegando por su cráneo morueco de arco de medio punto. No hablaba mucho, es de los que levanta altares al silencio, pero de vez en cuando dejaba caer una frase legendaria que nos hacía desternillarnos de risa, sentados en la mesa del fondo, siempre al fondo, junto a la mesa de billar.

Una de estas frases que sirvió de chanza durante algún tiempo fue la que le espetó a uno de sus parroquianos más ilustres “El Txapela”.

El Txapela iba siempre acompañado de su palmero. Un tipo taciturno que se reía con risa de cojinete oxidado de las gracietas de su mentor y se aprovechaba del mecenazgo etílico con el que éste le obsequiaba. A cambio, claro, de aplaudir las gracias que eran dardos envenados, impactando en la línea de flotación de Josu, que aguantaba estoico el chaparrón, pese a que por dentro una enredadera de ortigas se abrazara a la cucaña engrasada que tiene por columna vertebral.

Pero aquél día algo debió crepitar en su cerebro, alguna metamorfosis kafkiana obró el milagro de hacerle dar una voz que acalló por un momento a los presentes: - ¡Tú eres de los que tira el brazo y esconde la piedra!. Casi le gritó a la cara al Txapela, con la vena del cuello como la de la frente de Maria Patiño.

Y la risa estruendosa de David arrancó las telarañas de las esquinas y yo estuve a punto de abrasarme los ojos con el cigarro, conteniendo el vaso, al tiempo que un reguero de cerveza me caía por la barbilla.

Cuadro de costumbres, ese mesón donde nos dábamos cita. Había superhéroes de barrio acodados en la barra de zinc, esperando la llamada de algún alma indefensa que les pagara otro botellín por sus paupérrimos servicios.

El “JR” otro de los fijos, con pinta de capo venido a menos y una cara que no se lleva ni en los mangos de los paraguas, siempre avinagrado, exigiendo, los domingos por la tarde, algo caliente que llevarse al gaznate aun a sabiendas de que la cocina estaba cerrada. “Er guiki” se prodigó poco, era escandaloso y se plantaba “a puerta gayola” cada vez que el Madrid horadaba la portería contraria. Su leyenda aún perdura revoloteando como polvo en el aire. El “poeta” eternamente sentado en la misma mesa, con una sempiterna copa de coñac, un vaso de agua y un ducados consumiéndose en su acostumbrado silencio, mientras garabateaba con grafía de médico de cabecera algunas frases o números ( nunca lo supimos) en una servilleta.

El boticario acodado en perfecto ángulo de 90 º sobre la barra, sentado en un taburete, fija la vista en la tele encendida, mientras se autorecetaba jarabe escocés, como linimento para el alma. Y entre el murmullo de la clientela, la melodía cantarina de la tragaperras animando a los presentes a jugarse el cambio, y el ruido de las bebidas que salían a trompicones de un atasco de cuello de botella, la mesa era un cementerio de botellines vacíos, de cadavéricas colillas con cuellos truncados pidiendo auxilio, desde el fondo del cenicero, con señales de humo.

- ¡José, ponnos otra ronda!. Y Josu circunspecto miraba hacia el fondo, contaba mentalmente y mientras ponía en fila india los botellines sobre la barra, gritaba a la cocina ¡ponme pa´ cinco!, racionando las tapas según los presentes.

Hace años que ya no nos reunimos en el bar de Josu que ahora luce nueva cartelería, mobiliario, salón comedor y se anuncia como mesón asador a los nuevos clientes. El Txapela hace tiempo que da la brasa a San Pedro, imagino que lanzándole pullas ardorosas y, aprovechando un descuido, mangándole las llaves de entrada al cielo. A su palmero ya no se le ve por el barrio, habrá encontrado otro hombro al que sacar brillo y un bolsillo generoso dispuesto a pagar su sombra. Al “JR” ni se le ve ni puñetera falta que hace desde que le tocaron los millones en la lotería. Pero el cabrón, antes de desaparecer, se llevó la cesta de Navidad que era una pura cornucopia, provocando entre la clientela fija un cisma con ruido de sables.

Hay tipos que pese a tener vinagre en las venas y ser aborrecidos por el común de los mortales, tienen una flor asomándole de las posaderas.

Donde manda patrón no manda marinero y Josu, como dueño que es del bar, se deja ver por las mañanas únicamente y las tardes y noches las deja a sus subordinados. Ahora ya no veo su tonsura reluciente dorándose al sol del mediodía en la terraza de su casa enorme. La vendió a una constructora, hizo el negocio del siglo e imagino que su cuenta corriente habrá recibido un sustancial refuerzo. Lo que sigue en rojo sanguíneo es la cifra de sus sonrisas.

... y el poema.



¡Otra cerveza José!.
Se me escapan las ideas.
No logro recomponer
los versos que se pelean.

¡Pon otra caña José!
y otro plato de patatas,
que el aceite manche el papel,
que se llene de tu salsa.

Bebo un trago de cerveza
y ya me afloran las ideas
ahora se pelean todas,
por ver quién sale primera.

En el efímero beso de un verso,
bañado de blanca espuma
una musa de rostro perverso,
hizo tremolar la pluma,
como pendón del perdón,
ondeando en el viento.


(*) Virola: S. F. En jerga cerumítica: Caña, tubo o botellín de cerveza.

Feliz fin de semana a todos.
 
Comentario:
Ven pronto! se te echa de menos por estos lares. Tengo ganas de ver tu pluma en el horizonte.
Un beso
 
Comentario:
mas besitos salados de CHOI y buen comienzo de semana!!
 
Comentario:
Veo por los comentarios que has vuelto, bienvenido ;).
Una lectura muy amena

Corto pero intenso

 
Comentario:
Ya veo que has regresado...espero que ya estés mejor y que hayas pasado esa etapa dificil.

Un saludo

La dama de Shalott
 
Comentario:
Yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuu....!

¡Captain de nuevo entre nosotros!

Qué fantático, Cap, este blues de bar de barrio. Sencillamente fabuloso. El de mis amigos y yo mismo se llamaba el Laredo, aunque nos referíamos a él como "donde el Morta", en alusión al Mortadelo, un camarero del que puedes imaginar su aspecto.

Me encanta verte de nuevo, Cap, estás en plena forma. ¿Cómo va lo de tu amigo?
 
Comentario:
Esto está muy bien. Una vez intentamos escribir algo sensible sobre un bar y su parroquia. Con descripciones y eso. Pero al final acabaron asesinándose unos a otros con una motosierra. Donde no hay celebro, no hay. Slaudos desde la cueva.
 
Comentario:
Se puede mirar a Josu mientras sirve una caña, se pueden oler las patatas, se escucha como El poeta arrastra la silla para sentarse y se siente uno en medio de ese bar, mirando con sus ojos.
 
Comentario:
Estimado Capitán:

Por un momento he sido teletrasportado en tiempo y espacio a ahora famoso bar Josu. Los personajes que describe bien podrían tener un estatus de universales, porque siempre habrá alguien de razgos semejantes en la vida de uno.

Un abrazo
 
Comentario:
jejje me parecia estar tomando unas tapitas!! ha sido genial!!
Besitos salados de CHOI
 
Comentario:
Tus historias tienen la magia de transportarme allí donde tú quieres: ver con tus ojos, y oir esos gritos y esas risas. Es todo un lujo tenerte aqui. Buen fin de semana.
Un beso.
 
Comentario:
Tabernaria redacción la de hoy capitán, las virolas de tu juventud no logran nublar la mente y tu pluma sigue creando maravillas para el deleite de nosotros tus lectores. Recibe un conventual abrazo.
 
Comentario:
¡Qué gusto, Diossss! Siempre he adorado esos bares-leyenda, Capitán.
Y más cuando el sabor de sus tapas se ve acrecentado por los aceites balsámicos de tus letras.
Leer las historias de esos figones y de los personajes que los pueblan, con sus vidas palpitando sobre el mostrador, son un lujo de los que existen pocos en esta vida.
¡Si hasta parecen humanos, joder!
Un abrazo agradecido, mon Capitain. Y que sea con olor a Absolut ;-DDD.
 
Comentario:
Escribes genial.
 
Comentario:
ya tenia ganas de leer uno de tus post, lleno de personajes apodados por su historia.
Espero que todo haya ido bien y tu barco arribara a buen puerto.
Un besazo
No