CAROD DE MIS ENTRETELAS
Señor Rovira: Desde esta tribuna abierta me declaro su sincero admirador. Ya me caía usted bien anteriormente, en concreto desde que un día leí en el suplemento dominical del diario que compro habitualmente que usted le daba al Bitter Kas, ese elixir de color sanguíneo al que la quina le concede el privilegio de tener el amargor más dulce que llevarse pueda uno al gaznate.
Me cae usted simpático Sr. Rovira, lo reitero, porque usted vive instalado en los reinos de taifas. Piensa usted que este país nuestro y, por más que le pese, suyo es una amalgama de terruños que aspiran a la secesión, a morder la teta de esa madre patria que a veces es surtidor opíparo y otras, su producción láctea no da ni para un cortado. Considera usted que esta España nuestra es una camisa blanca sin almidonar afeada por lamparones de coágulos producto de la vampírica succión a la que el Estado somete a su amada Cataluña.
Desde hace tiempo ocupa usted un puesto bufonesco en ese gobierno tripartito que rige los destinos de su amada tierra. Pasó usted de ser Conseller en Cap ( o como se diga) a ser defenestrado en plaza pública, le cortaron la cabeza antes de dejarle siquiera ceñirse la corona a la testa. Y todo por el grotesco episodio de su entrevista con la cúpula Etarra, para asegurarse de que Cataluña no se viera salpicada por la sangre de inocentes.
Ha formado usted un binomio sin parangón con el Sr. President Maragall. La bis cómica de la que hacen gala ambos me arranca a menudo carcajadas. Ustedes quieren una Cataluña moderna, industrial, próspera y para conseguirlo en vez de poner la vista en el futuro, se retrotraen a las catacumbas de la España franquista y propalan enconados discursos propios de un cateto con boina enroscada hasta las cejas.
Confieso que me recordaban usted y el ínclito Sr. President a unos personajes de dibujos animados, creo que eran de Hanna y Barbera “Maguila el Gorila” se llamaban. Usted Sr. Carod tiene el mismo careto que el señor Peebles, el dueño de la tienda de animales en la que vivía Maguila gorila y el Sr. Maragall, más que a Maguila podría parecerse al fenecido Copito de Nieve, que al fin al cabo era de la tierra.
El caso es que cuando creía que el amplio catálogo de patochadas de ambos estaba cerrado, me sorprendo leyendo en “El Mundo” que ambos han viajado a Tierra Santa y allí ante una nutrida concurrencia formada por periodistas y curiosos a usted Sr. Rovira no se le ocurre otra cosa que ceñirse en la testa una corona de espinas.
La conferencia episcopal, siempre tan susceptible, ha puesto el grito en el cielo, se ha rasgado públicamente las vestiduras ante este gesto que según su criterio es un insulto a todos los cristianos y una burla hacia los símbolos religiosos.

¡No da usted una Sr. Rovira!, mire que se lo dice un ateo hasta la médula, pero plantarse en Jerusalén en plan Saladino y calzarse la testa con una tiara de espinas clama al cielo. Quizás tenga usted complejo de Ecce Homo, quizás se sienta usted subyugado por el ciclismo de montaña y le guste alcanzar la cima nevada de un coloso de primera categoría. Pero se me antoja que el único monte que usted coronaría en primer lugar, cubriéndose de gloria, sería el Gólgota. No sé por qué, pero me parece a mi que usted cambiaría la corona de laurel y el unísono beso de las dos turgentes doncellas en el rostro del vencedor, por esa otra tiara de espinas, prefiriendo el beso frío de una lanza esgrimida por un Longinos, nacionalista español, que le atravesara el costado y derramara su sangre de mártir en pro de la secesión de Cataluña.
¡Siga haciéndonos reír Sr. Rovira se lo suplico!.
Me cae usted simpático Sr. Rovira, lo reitero, porque usted vive instalado en los reinos de taifas. Piensa usted que este país nuestro y, por más que le pese, suyo es una amalgama de terruños que aspiran a la secesión, a morder la teta de esa madre patria que a veces es surtidor opíparo y otras, su producción láctea no da ni para un cortado. Considera usted que esta España nuestra es una camisa blanca sin almidonar afeada por lamparones de coágulos producto de la vampírica succión a la que el Estado somete a su amada Cataluña.
Desde hace tiempo ocupa usted un puesto bufonesco en ese gobierno tripartito que rige los destinos de su amada tierra. Pasó usted de ser Conseller en Cap ( o como se diga) a ser defenestrado en plaza pública, le cortaron la cabeza antes de dejarle siquiera ceñirse la corona a la testa. Y todo por el grotesco episodio de su entrevista con la cúpula Etarra, para asegurarse de que Cataluña no se viera salpicada por la sangre de inocentes.
Ha formado usted un binomio sin parangón con el Sr. President Maragall. La bis cómica de la que hacen gala ambos me arranca a menudo carcajadas. Ustedes quieren una Cataluña moderna, industrial, próspera y para conseguirlo en vez de poner la vista en el futuro, se retrotraen a las catacumbas de la España franquista y propalan enconados discursos propios de un cateto con boina enroscada hasta las cejas.
El caso es que cuando creía que el amplio catálogo de patochadas de ambos estaba cerrado, me sorprendo leyendo en “El Mundo” que ambos han viajado a Tierra Santa y allí ante una nutrida concurrencia formada por periodistas y curiosos a usted Sr. Rovira no se le ocurre otra cosa que ceñirse en la testa una corona de espinas.
La conferencia episcopal, siempre tan susceptible, ha puesto el grito en el cielo, se ha rasgado públicamente las vestiduras ante este gesto que según su criterio es un insulto a todos los cristianos y una burla hacia los símbolos religiosos.

¡No da usted una Sr. Rovira!, mire que se lo dice un ateo hasta la médula, pero plantarse en Jerusalén en plan Saladino y calzarse la testa con una tiara de espinas clama al cielo. Quizás tenga usted complejo de Ecce Homo, quizás se sienta usted subyugado por el ciclismo de montaña y le guste alcanzar la cima nevada de un coloso de primera categoría. Pero se me antoja que el único monte que usted coronaría en primer lugar, cubriéndose de gloria, sería el Gólgota. No sé por qué, pero me parece a mi que usted cambiaría la corona de laurel y el unísono beso de las dos turgentes doncellas en el rostro del vencedor, por esa otra tiara de espinas, prefiriendo el beso frío de una lanza esgrimida por un Longinos, nacionalista español, que le atravesara el costado y derramara su sangre de mártir en pro de la secesión de Cataluña.
¡Siga haciéndonos reír Sr. Rovira se lo suplico!.
Comentario:
Capitán, la falta de respeto a Copito de nieve no se la perdono, lo siento. Indignada estoy.
Comentario:
Aunque discrepo con algunas lineas y comentarios, me ha parecido divertido. Lo de la corona me parece solo una anacdota, hay cosas peores, solo son dos turistas divirtiendose.
Un besazo
Un besazo
Comentario:
Son escoria. Al destierro con ellos.
PD: Chewacca trabaja conchabado con unos sherpas haciendo de Yeti.... Agaaghhhh
PD: Chewacca trabaja conchabado con unos sherpas haciendo de Yeti.... Agaaghhhh
Comentario:
Eres el más grande... A ver si quedamos algun sabado para tomar unas copichuelas y arreglar el país... que seguro que lo hacemos mejor que estos dos... o por lo menos más divertido.
Saludos.
Saludos.
Comentario:
Buenísimo el parecido con el Sr. Peebles. La desgracia es que ese impresentable tenga cogido por los cataplines a zeta-peta y sea el que odene el ritmo de este país.
Un abrazo monacal y libertario.
Un abrazo monacal y libertario.
Comentario:
Bueno, pues tras leer los comentarios (todos), tengo que decir que lo siento, pero yo sí que me reí, me hizo gracia de la auténtica, la risa que te sale sin querer, sin ironía por mi parte. Me hago cargo de todo, no lo estoy defendiedno ni mucho menos, pero cuando vi la imagen... no lo pude evitar, casi me da un mal, y que conste que no pongo aquí el consabido "jajaja" por no herir sensibilidades que una, aunque bruta, es respetuosa, siempre dentro de lo remediable.
Hala, ya podéis lapidarme, pero tenía que decirlo.
Además, si no me equivoco la controvertida corona estaba allí a modo de souvenir turístico... ¿eso no insulta a tan sensibles almas? A mi me resulta más frívolo y más retorcido que la patochada de este par, que reconozco que lo es, pero al menos con eso me da la risa, con lo otro se me ponen los pelos como escarpias.
Un abrazo
Hala, ya podéis lapidarme, pero tenía que decirlo.
Además, si no me equivoco la controvertida corona estaba allí a modo de souvenir turístico... ¿eso no insulta a tan sensibles almas? A mi me resulta más frívolo y más retorcido que la patochada de este par, que reconozco que lo es, pero al menos con eso me da la risa, con lo otro se me ponen los pelos como escarpias.
Un abrazo
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Lo jodido del asunto, risas aparte, es que todo lo que cuentas ha sucedido: es cierto. Y, además de cuatro broncas y alguna aparición en programillas de TV humorísticos al uso, no va a pasar nada, mon Capitain.
Y eso me duele, porque empiezo a no saber si es que este tío peca de falta de profesionalidad o es que me está vacilando a mí y a toda España.
Un abrazo decepcionadamente lúcico y por supuesto libertario, querido Cap.
Y eso me duele, porque empiezo a no saber si es que este tío peca de falta de profesionalidad o es que me está vacilando a mí y a toda España.
Un abrazo decepcionadamente lúcico y por supuesto libertario, querido Cap.
Comentario:
Buenísimo Capitán, me encanta echarme unas risas ante de irme a dormir (además de otras cosas). Eres un fenómeno y oye tienes razón con lo del parecido, no me había dado cuenta.
Un beso liberal y liberado.
Un beso liberal y liberado.
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Di que sí, desde luego, que personajes!!!!, jajaja.Es buenísimo, te lo dice otra atea, besis
Comentario:
Este pedacito de mierda con bigote, que suscita una extraña unanimidad en la España de hoy (¿hay alguien que no piense que es idiota?) manda hoy en el cotarro. No el catalán, sino en el cotarro general. En España.
Y lo del Sr. Peebles es acojonantemente cierto.
Un abrazo, Capitán. Seguimos a sus órdenes.
Y lo del Sr. Peebles es acojonantemente cierto.
Un abrazo, Capitán. Seguimos a sus órdenes.
Comentario:
Un par de impresentables, ciertamente. Vergüenza ajena y casi propia.