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LA COTUBÍA Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.
Acerca de
Sobre tu nave - un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar-, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Rafael Alberti


Sindicación
 
DOS CARTAS QUE SE PERDIERON EN EL TIEMPO (Carta 1ª)
(Ficción)

Hace unos días, en un periódico de tirada nacional se publicó una curiosa noticia. En la oficina de correos de un pueblo perdido en algún lugar del sur de España se procedió a la apertura de unas cartas que contaban con más de cincuenta años de antigüedad. Dichas cartas fueron devueltas a la oficina postal por estar equivocada la dirección de la destinataria. No pudieron entregarse a quien las escribió por no llevar el pertinente remite.
Resultaron ser dos cartas de amor. Me tomo la licencia de publicarlas en esta bitácora y las dejo a modo de despedida, volveré cuando agosto se haya agostado en el calendario. Buen verano a todos ( en genérico, no todos y todas que diría Ibarretxe).


......... a veintitrés de julio de 1954

Mi Preciosa Princesa:

¡ Cuán complejas son las cuitas que estos días se vierten sobre mi corazón!. Pasados los idus de julio, cuando está tan próximo mi aniversario, no me parece que sea verano, que sobre las laderas cercanas a la Alcazaba se agoste el pasto y se oiga entre las ramas de los árboles de la calle el canto monótono de la chicharra.

A mis ojos, estos días se visten con el blanco manto del más crudo invierno y los vidrios de mi ventana son azotados por el granizo y el aguacero. Un viento huracanado barre las descarnadas copas de los árboles y muestra los esqueletos de los paraguas que se pliegan ante su furia.

Anida en mi una vieja melancolía. Se sentó a mi vera en cuanto te marchaste, posó sus viejas manos - surcadas de venas que se dibujaban en relieve- sobre las mías. Me miró con ojos de profunda tristeza, en los que se perlaban lágrimas de una pena antigua. Inmediatamente rechacé su presencia, retiré mis manos de las suyas. Me levanté con furia y recorrí la habitación mientras ella torcía el gesto y se giraba para verme. - ¡No quiero que estés aquí!, ¿No ves que lo estás llenando todo con tu hedor a viejas humedades?- le grité con desprecio.

Aún así, fue imposible persuadirla de que se marchase. Traía consigo una vetusta maleta y un hatillo de cartas arrugadas y llenas de manchas. Me dijo que son las cartas que nunca escribí, pero que ella las conserva, atadas con un cordelillo, por si el destino le presta mi mano involuntariamente. De su bolsillo corre el gasto de ponerles el franqueo y el tedioso trabajo de escribir, en cada una de ellas, el nombre y la dirección del remitente, pues yo jamás reconoceré como mías esas cartas.

Es curioso pero nuestra convivencia estos días está siendo pacífica. De vez en cuando alzo la vista del libro que tengo entre manos y la veo allí parada mirándome, mascullando algo entre dientes y dándole vueltas a algo en su mano derecha, mientras parece que sus cansados huesos sienten el mordisco inmisericorde del duro respaldo de la silla.

Cuando me ve coger unos folios para escribirte, muestra cierto disgusto, se levanta trabajosamente y viene a espiarme por encima del hombro. Yo la ignoro, continúo sumido en mis pensamientos, escribiéndote como ahora lo hago. Luego tras farfullar algo en voz baja torna a sentarse nuevamente. Sé que no le gusta que te escriba, no quiere que vivas en mi corazón, ella lo quiere para sí, desea que salga de él tu recuerdo, convertir mi paraíso en un páramo.

Para su desgracia y para mi dicha, cada día que pasa su silueta se hace menos visible. La negra y gruesa pincelada que la dibujaba el día que apareció, es ahora un trazo fino que exhibe una escala de grises herrumbrosos. Sus manos se han vuelto niebla, ya no puede, si quiera acariciar lo que hasta hace nada se empeñaba en dar vueltas en su mano. Aunque conserva lo que quiera que sea en su puño cerrado. Ella parece darse cuenta de que se ha vuelto un fantasma, de que su cuerpo antaño claramente perceptible es ahora el remedo de un feo holograma. No puede si quiera levantarse de la silla, pese a que se ha vuelto liviana, la atan a ella cadenas invisibles y ya no acude a espiarme cuando te escribo.
Cada vez que leía un – Te amo -, un – amor mío-, un – te quiero -, mil veces repetidos, era como si aplicaran sobre ella un difumino y su lóbrego color se aguaba en la acuarela de tu recuerdo.

Ahora que tu vuelta está próxima, ha cambiado el viento, que estos días apenas flotaba pesadamente volviendo la atmósfera enrarecida. Hoy al abrir la ventana, el ábrego trajo una brisa fresca. Respiré a pleno pulmón y creí percibir el olor suave de la mar, de la brea que aísla el armazón de las barcazas. Está escrito en el aire, tu regreso es inminente. Otra vez ha vuelto el sol a columpiarse en el horizonte y un cielo azul y limpio se extiende más allá de los confines que puedan ver mis ojos.

Después de todo, he sentido pena. Le he dado a la vieja un bastón de caña para cuando decida marcharse. Hoy particularmente está triste, me ha visto sonreír, bajar a la calle a comprar unas carpetas en donde he ordenado cronológicamente tus amables misivas. He contado cuarenta y cuatro cartas. Cartas que van desde el formalismo de un “Hola amigo”, hasta la emoción de un “Buenos días mi amor”. Creo que éste hecho, el que yo inventariara tus cartas, la ha trastocado finalmente. Hoy al fin, su torpe mano dejó ver lo que durante estos días estuvo acariciando. Fue en un descuido, algo cayó al suelo y no pudo recogerlo porque al doblarse se oyó un ruido de hojas secas que se desmenuzan. Recogí el objeto, lo tuve en mi mano, era un pañuelo blanco de un tejido parecido al raso, cuando lo abrí vi, para mi sorpresa, que tenía tu nombre grabado en letras doradas.
– Lo guardaba para tus lágrimas.- Me dijo la vieja con una mueca en la boca que pretendía vestirse de sonrisa. – No me hará falta – le respondí – un pañuelo sin lágrimas no es más que un desierto, yo guardo las mías para las manos que más amo en este mundo.

Te quiero Princesa millones de besos y abrazos.



 
Comentario:
Que bonito, un paseillo mañanero por tu web deja buen sabor de boca. Gracias
 
Comentario:
Necesito alimento, Capitain. No seas vago y escribe algo, aunque sea pequeño, ¿vale?
Un abrazo esperanzado, compañero.
 
Comentario:
Se te echa muchísimo de menos.
Muchísimo.

 
Comentario:
En mi caso la princesa volvió pero el corazón del muchacho se había ya vuelto páramo. Pero la princesa era de corazón duro y de cabeza clara y no se dejó llevar por el aire cortante del desierto. A ella le espera una suave brisa que acaricia el alma en algun lugar no muy lejano (o eso espero xDDDD)
 
Comentario:
¿no vuelves?
 
Comentario:
Veo que debes andar de vacaciones por el blog. Lo de escribir de cojones, lo suscribo yo también.

Claro que ante tanto amor, uno como que se siente una entrometida aquí leyendo....Besos miles gran escritor.
 
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PRECIOSAS.
Solo deseo que la princesa haya recibido al menos alguna carta parecida del mismo autor antes. Cada una es una joya para recordar y resguardar del tiempo.
Saludos
 
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Pues ya dejé mi comentario en la segunda, pero me repito (como el ajo): fantásticas.
Feliz verano.
 
Comentario:
Escribes de cojones, Capitán. Me ha faltado muy poco para usar el pañuelo, pero he sabido que, si lo hacía, estaría llamando a la vieja que anidó en tu casa una temporada.
He preferido dejarla ocupada en otros menesteres, que yo, con vivir mi vida, ya tengo suficiente.
Un fuerte abrazo, hasta que decidas colgar otra hermosa joya como esta bi-creación tuya, mon Cap.
Y, como siempre, gracias ;-).
 
Comentario:
Felices vacaciones, Capitán, feliz singladura, que los vientos te traigan con bien de vuelta. Preciosos relatos y triste destino, en la oficina de Correos...
Lo del test del blog, con lo que he leído de que violo el no se qué de los Británicos, me doy por satisfecha, jajajajajajaja
Lo dicho, hasta la vuelta, mal estudiante? no me lo puedo de creer... ;DDDD
 
Comentario:
Un relato con suave sabor, para hacer mas llevadera tu vuelta por estos lares.
Queria mandarte un correo para desearte unas vacaciones perfectas, pero he perdido tu direccion, asi que lo dicho, buenas vacaciones.
Un besazo, Capitan.
 
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