<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/rss20.xml"><title><![CDATA[LA COTUBÍA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hourly]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[1]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_99.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_98.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_97.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_96.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_95.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_94.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_93.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_92.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_91.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_90.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_99.htm"><title><![CDATA[REALITY BITES]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_99.htm]]></link><description><![CDATA[<b>Cuadro costumbrista o contexto situacional: </b><br/><br/>Camino junto a un amigo por una de las avenidas más transitadas de esta urbe en la que nos ha tocado en suerte vivir. De repente una tipa de buen ver que acaba de salir de un portal, arroja al suelo un papel y continúa distraída su camino con paso de jaca jerezana. Pero he aquí que un hombre de cierta edad que caminaba tras la tipa, al ver el objeto arrojado por ésta, le llama la atención y le espeta: "¿Es esto suyo?" - la juncal zagala se vuelve y con voz trémula y deje estupefacto contesta: ¿perdón? y sin más preámbulos el anciano se agacha y recoge del suelo el papel que había arrojado la señorita, se dirige hacia una papelera y lo deposita en ella mientras la chica lo observa con gesto azorado.<br/><br/>Segunda escena: Los dos amigos caminan meditabundos con las manos tras la espalda cual alumnos aventajados de la escuela peripatética. Un nutrido grupo de alborozados gorriones se disputan unas migajas de pan en un céntrico parque, el sol de la fría mañana otoñal puja por abrirse paso entre las copas rojizas de los árboles.<br/><br/>&#9;- ¡Oh, qué mirífica lección de civismo hemos presenciado!. Digo emocionado  a mi compadre que al igual que yo aún continúa mirando al anciano que se aleja con paso decidido.<br/><br/>-&#9;¡Sí, qué vergüenza ha debido pasar la tipa! - me contesta.<br/>-&#9;¿Y si fueras tú el que hubiera tirado el papel, qué hubieras contestado a la pregunta del anciano?<br/>-&#9;Le hubiera dicho: ¡Sí, es mío, pero puede quedárselo!.<br/><br/>Moraleja: El que esperara sacar una enseñanza de esta historia es más inocente que un Clic de Famobil, aunque admito que el rostro del  anciano recordaba al de Pablo Coelho. Evidentemente no era él, pues al agacharse a recoger el papel, el olor que llegó hasta nuestros ollares distaba mucho de parecerse al del incienso.   <br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_98.htm"><title><![CDATA[Rewind and Forward]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_98.htm]]></link><description><![CDATA[<center> <img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/thump_458558casettegif.gif" alt="" border="0" width="166" height="101"/> </center><br/><br/><b>Rewind</b><br/><br/>Aún recuerdo la lejana primavera de 1982 en la que hice mi <i>Primera Comunión</i> (y la última). Nunca olvidaré el peinado de <b>Yanomami</b> (tribu indígena americana que vive en las selvas del norte de Brasil y el sur de Venezuela) con que quedé inmortalizado en una fotografía de ínfima calidad, con las manos juntas, estrechando un diminuto crucifijo dorado en el que presumo había un Cristo con gesto ojiplático, sorprendido de mi peluca a lo <i>Beatle </i> y mi cara de no haber roto un plato en la vida. Tampoco olvidaré la rebeca azul marino que cubría mi entonces enjuto torso y mi abigarrada lectura, ya en la ceremonia, pidiendo por los pobres del mundo mundial, con voz firme, mientras otros niños peroraban en falsete como el mejor de los <b>Bee-Gees</b>.<br/><br/>Sin embargo, con el paso del tiempo, uno sólo recuerda de esa fecha <b>LOS REGALOS!!</b> que recibió en aquél acontecimiento iniciático. En mi caso, un peluco <b>Citizen Quartz </b> de esfera blanca en acero inoxidable, una diminuta máquina de escribir de la mítica marca <b>Underwood,</b> y sobre todo un magnífico <b>Walkman</b> de marca desconocida, con más metal encima que un <i>Cyborg</i> y <b>CON DOBLE SALIDA DE AURICULARES!!!.</b><br/><br/>Aquél invento luciférico me abrió las puertas del parnaso musical, que en aquella edad de límpida pureza, era un verdadero páramo.  Insaciable caníbal fagocitaba casetes de “ferro” comprados en bazares de nombres con reminiscencias africanas, y reproducía con un sonido “cristalino” mis primeros <b>Max Mix </b>navideños (quién no recuerda aquellas recopilaciones junto a las de Bolero Mix con aquellas portadas dignas de un día del orgullo gay), el <b>Boom 1,2,3, </b> etc… sempiterno recopilatorio de infames tonadas mezcladas en un botijo 4 pistas.<br/><br/>Recuerdo que los botones estaban durísimos y que al presionar el play sonaba un chasquido de Mágnum 7 que ponía en funcionamiento los cabezales. Algunas veces me quedé dormido escuchando música y cuando se terminaba la cara A y saltaba el dichoso botón me despertaba sobresaltado y medio infartado, contrariado de tener que cambiar la cinta en medio de la oscuridad y acertar a colocar el casete entre la maraña de pequeños pinchos que lo mantenían empalado al aparato.<br/><br/>Luego evolucioné o involucioné (según se mire) musicalmente hablando y alimenté su apetito voraz e insaciable con ínfimas cintas de marcas impronunciables, que a la mínima se enrollaban como algas lastimeras, formando una maraña inmunda, imposible de desenroscar sin tener que recurrir a la tijera y al tesafilm. Aquellas autopsias sirvieron para alargar la vida de esas cintas, confiriéndoles innumerables espacios en blanco o pasajes psicofónicos capaces de desvelarte en medio de la noche.<br/><br/>En aquél marcapasos de casetes infartados empecé a horadar mis tímpanos con la voz chillona de Rob Halford y los <b>Judas Priest</b>, con la de Bruce Dickinson y los épicos<b> Iron Maiden</b>, con el soft-rock de <b>Magnum</b> y sus tonadas inspiradas en mundos mágicos de unicornios, espadas y reinos perdidos. Con los cansinos Anthrax y los angelinos Suicidal Tendencies mezclando rap y metal más espeso que el chapapote.<br/><br/><b>Forward</b><br/><br/>Estos días atrás, mientras hacía limpieza en la habitación, rescaté del polvo del olvido aquel aparato pleistocénico que dormía el sueño de los justos, en una caja de zapatos junto a otras reliquias faraónicas. Aquella mole de frío metal pesado y descascarillado parecía pedir a gritos unas pilas resucitadoras, ignorante de que el tiempo ha pasado y hay otro corazón de frío litio que hace las delicias de mis pabellones auditivos, con un sonido cristalino, carente de sus arrítmicos latidos, pero desprovisto de alma con cara A y cara B.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_97.htm"><title><![CDATA[El otoño frente al espejo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_97.htm]]></link><description><![CDATA[Se desnudó tan despacio que le pareció que había transcurrido un siglo cuando se colocó frente al espejo.<br/>Afuera oscurecía, unas láminas de oro líquido se derramaban entre nubes púrpuras.<br/>La ciudad parecía prepararse para irse a la cama, y el ruido del tránsito era semejante al murmullo que desprende la radio, cuando la aguja nada en los confines del dial.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/espejo.jpg" alt="" border="0" hspace="4" align="right"  width="335" height="358"/><br/>Hacía tanto tiempo que no se desnudaba ante el espejo que le asombraron los cambios que se habían producido en su anatomía. Su piel era blanca, casi transparente, dejando a la vista un delta de vénulas verdosas buscando la desembocadura de sus muslos, de sus antebrazos, de sus talones casi violáceos.<br/><br/>El pelo le había crecido en exceso y se arremolina sobre sus hombros rígidos, enjutos, dibujando la percha de sus clavículas. Sus senos sin embargo parecían resistirse al paso del tiempo, apenas un asomo de descuelgue, con ojos negros vigilantes. Su vientre era liso, con la impronta de una vieja cicatriz blanquecina semejante a un ciempiés que se hubiera quedado preso en ámbar.<br/><br/>Se oyó el ruido de la puerta cuando se encontraba a medio viaje, un tintineo de llaves sobre el vidrio de un cenicero, luego un bostezo y unos pasos que se aproximaban.<br/><br/>Ni siquiera hizo ademán de cubrirse con el batín de raso, permaneció así, de pie, girada hacia la puerta cuando el entró. No dijo nada, ninguno de ellos parecía querer romper la música del silencio. Él le acarició el pelo y apoyó suavemente su mano en su hombro, luego la atrajo hasta él, rodeándola por la cintura y se dejaron caer en la cama que crujió con una protesta de muelles asmáticos. Sus cuerpos giraron buscando acomodo el uno en el otro; manos exploradoras atisbando horizontes inexplorados –una quimera cuando sus dedos eran doctorados en geografía; se retorcieron.<br/><br/>El aire se volvió denso y una pátina de sudor afloró en sus cuerpos. Corrían los últimos días de septiembre y el verano no era más que un puñado de fotos nadando en el éter de una pantalla de ordenador.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_96.htm"><title><![CDATA[Paisajes de la memoria]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_96.htm]]></link><description><![CDATA[Terminó  el verano y es hora de sacar del zurrón algunos paisajes que pululan en la memoria, no vaya a ser que el hastío nos haga olvidar el estío, ¿no?.<br/><br/><i>Fotos realizadas por el autor del Blog con móvil Nokia N70 y cámara digital Kodak EasyShare CX7525<br/></i><br/><br/><b><i>Puerto de O Grove</i></b><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/Puerto_de_O_Grove.jpg" alt="" border="0" width="450" height="300"/><br/><br/><b><i>Plaza del Obradoiro</i></b><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/Plaza_del_Obradoiro.jpg" alt="" border="0" width="450" height="300"/><br/><i><br/><b>Rosa de los vientos, a los pies del faro de Hércules</b></i><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/Rosa_de_Los_Vientos_en_A_Coruna.jpg" alt="" border="0" width="450" height="300"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_95.htm"><title><![CDATA[MENS SANA IN CORPORE SEPULTO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_95.htm]]></link><description><![CDATA[Heme aquí, rebozada en el olvido, como mota de polvo que busca un haz de luz para despegarse del sueño.<br/> Las telarañas se han convertido en un telón espeso que se empeña en no dejar que empiece la función, en un hilo con el que remendar los rotos del silencio.<br/><br/>La vida de una bitácora es de un <i>laconismo lacerante</i>. Al principio, mi propietario se empeñaba en desgranar los ingredientes, en vigilar el fuego, en cocinar recetas con el aroma de guisos antiguos. <br/><br/>Fueron tiempos felices, de hojas preñadas de historias y la llegada del otoño - cuando todas las hojas se vuelven blancas- era sólo un eco, a miles de kilómetros, el sonido fugaz de la quilla de un barco rompiendo el oleaje.<br/><br/>Aquel extraño maridaje se ha vuelto mordaza y ha hecho del silencio adalid de vieja milicia, pertrechado tras armas herrumbrosas. <br/><br/>Una bandera blanca ondea en el pabellón de este bergantín goleta que una vez fue redil de galeote.<br/><br/>Quizás  sea ese el problema; el anhelo egoísta e irrefrenable que al fin barrunta  mi suerte. Ignoré los salientes de roca, navegué por aguas mansas unas veces y otras, prendí de mis mástiles el fuego de San Telmo, rúbrica de atroces tempestades, y estuve a un palmo de irme a pique<br/><br/>Una mañana de verano me trajo el sol del invierno. Yazco desde entonces acodada en el rincón de la memoria, abocada a echar mano de enmohecidas provisiones, a beber del agua turbia del recuerdo y a añorar los tiempos compartidos con el Capitán que ahora navega en pos de nuevos vientos y recela de la galerna de nuestra amistad.<br/><br/>Aquí sigo, no me resigno a mi sino cruel, ni a coger el hatillo y partir dejando buen puerto.  Aunque luzca descarnada calavera, aún conservo en el gaznate el regüeldo de mejores pitanzas.<br/><br/>Aquí sigo, aquí seguiré.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_94.htm"><title><![CDATA[Canela y limón]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_94.htm]]></link><description><![CDATA[Corrían los años ochenta y una nueva hornada de trovadores revitalizaba y mineralizaba  la música patria, que hasta entonces vivía de los réditos de ciertos iconos totémicos. Lo llamaron "La Movida" y la villa sin playa de Madrid fue el espigón donde vino a romper "la nueva ola".<br/><br/>&#9;Otro tsunami más castizo, estaba teniendo lugar en silencio. Alejado de los nuevos cenáculos de moda donde se daban cita la flor y caspa de la vida vampírica, entre el neón parpadeante de las gasolineras, en los expositores giratorios, sobados por camioneros, nacía una estrella refulgente "El Fary".<br/><br/>&#9;Espeleólogo que rescató la copla "atapuerqueña" lanzándole cabos hechos con Casio PT-1, el Fary aparecía en escena arrasando como un vendabal, haciendo sombra al tupé quitinoso del hasta entonces rey de la canción popular; el indespeinable Manolo Escobar.<br/><br/>&#9;La primera vez que creo haber escuchado al Fary fue en un viajecillo por el norte de Cáceres, en el 127 amarillo de mi abuelo. En el radiocasete Punto Azul sonaba "Canela y Limón". Me hicieron gracia los gorgoritos de ese tipo que figuraba en la portada descolorida, que parecía un híbrido de Jackie Chan (eso lo supe después) y Juanito Valderrama.<br/><br/>&#9;Los años siguientes fueron testigos de la tiranía tonadillera del Fary, con himnos generacionales como "el toro guapo" o "paloma que pierde el vuelo" que sonaban en los chiringuitos playeros, entre plato de paella y jarra de sangría, haciendo bailar como repionas a las hordas de alemanas de la tercera edad.<br/><br/>&#9;La música del Fary era una radiografía en color sepia de la España cañí, la de las muñecas flamencas y los toritos entronizados sobre paños de ganchillo, encima de las Telefunken en blanco y negro. La España de los bodorrios, con gambas con dos autopsias, en merenderos que tenían colgadas fotos de toreros y cuadros-espejo de la Coca Cola. La del Seat 850, los bañadores meyba escuetos y paqueteros que lucían los otrora numerosos machos ibéricos.<br/><br/>&#9;Se ha ido el Fary y se va una parte de esas imágenes que quedaron en el recuerdo.<br/>&#9;¿Alguien se ha preguntado alguna vez por qué los números de los taxímetros son rojos?, porque al final del viaje, siempre nos vamos sin pagar. El cielo debe estar lleno de facturas de taxi.<br/><br/>&#9;Descansa en paz, ¡fenómeno!.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/2986374fary3.jpg" alt="" align="center"  border="0" width="400" height="633"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_93.htm"><title><![CDATA[SOBRE ALIENÍGENAS Y ALIENADOS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_93.htm]]></link><description><![CDATA[Barruntar la hipótesis de que estamos solos en el universo, se me antoja algo aventurado, pero imaginar a seres verdes diminutos correteando impunemente en cueros por las cunetas de nuestra piel de toro, me parece cuanto menos disparatado.<br/><br/>&#9;Es posible, que haya otros planetas en los que existan otras formas de vida que no tienen necesariamente que parecerse a nosotros. Quizás pequeñas amebas, paramecios u otros anélidos, fluctuando en un sabroso caldo, buceando despreocupados sin saber quién es <i>Karmele Marchante</i> o el nuevo efebo testosterónico que apaga el furor uterino de la <i>Obregón</i>.  Preparándose para que una conjunción de factores, más o menos fortuitos, les sean propicios para evolucionar hacia organismos más complejos.<br/><br/>&#9;Pero de ahí a que haya ejemplares fisiológicamente parecidos a los humanos, que lleven piercings en el ombligo u osculten su cavidad nasal, mientras esperan pacientemente que se ponga en verde un semáforo en plena <i>Vía Láctea</i>, hay un trecho.<br/><br/>&#9;Sin embargo, no voy a hablar de alienígenas sino más bien de <b>alienados</b>. De una rara especie en vías de extinción: "<i>El investigador Paranormal</i>".<br/><br/><b>El investigador paranormal:</b><br/><br/>   Para un observador poco avezado, el investigador paranormal puede parecerse sospechosamente a un <i>ornitólogo</i>. Suelen ir ataviados con chalecos de múltiples bolsillos donde ubicar su instrumental de trabajo, (igual que el gremio anteriormente referido). Pantalón desmontable igualmente provisto de una cantidad de bolsillos, cremalleras, aberturas, imposibles de inventariar. De hecho la única diferencia que generalmente existe entre un ornitólogo y un investigador reside en una prenda tan proletaria y vulgar como <b>la camiseta</b>. <br/><br/>Mientras los primeros llevan dibujos de, por ejemplo, cogutas albinas en actitud concupiscente y el nombre de alguna asociación ecologista, por ejemplo: “<i>Asociación de amigos del gran simio de escroto plateado</i>”, el investigador paranormal lleva serigrafiada la silueta de un alienígena o de un platillo volante acompañado de alguna leyenda del tipo “<i>Asociación ufológica de Minglanilla de la Calzada; 24/11/05 alerta ovni; como siempre, no vimos ná, sigue buscando</i>”.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/extraterrestres.jpg" alt="" border="0" hspace="4" align="right"  width="335" height="358"/><br/>&#9;Otra coincidencia entre estos gremios es su natural querencia hacia los “<i>cuadernos de campo</i>”, los unos para dejar constancia de, por ejemplo, el número de garcillas bueyeras que nidifican sobre la copa de un sauce llorón. Los otros para dar fe de sus encuentros con diminutos alienígenas domingueros que, por ejemplo, pudieran estar haciendo una paella o bebiendo sangría, como templarios, a la sombra de una frondosa encina mientras escuchan “<i>Carrusel deportivo</i>” y juegan una partidita a las siete y media apostándose sus pistolas desintegradoras.<br/><b></b><br/>&#9;Para un ser humano convencional, el cuento de caperucita puede resultar de una idiotez infantiloide. Por el contrario, para un investigador paranormal puede ser la plasmación palmaria de que la transmutación  de los cuerpos es un hecho impepinable, creyendo a pies juntillas que el lobo del cuento era una “entidad” capaz de adoptar la fisonomía de otra especie engañando así a la inocente zagala encarnada.<br/><br/>&#9;También para un ser humano equipado con un cerebro de serie meridianamente lubricado, un “fantasma” no es más que la descripción literal del vecino que estrena coche esperando dejar atrás al cobrador del frac o del presuntuoso y efervescente mancebo que presume entre sus amistades de tener un currículo copulatorio  comparable al de un chimpancé de zoológico.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/iker.jpg" alt="" border="0" hspace="4" align="left" width="335" height="485"/><br/>&#9;Sin embargo, para un investigador paranormal, un fantasma es un ente que no tenía calderilla con que pagar a Caronte y, por ende, ha quedado atrapado en nuestro mundo y pena eternamente en busca de algún alma cándida que le ayude a expiar sus pecados. <br/>&#9;<br/>&#9;Para el común de los mortales una psicofonía es el ruido que produce la escucha de, por ejemplo, el “Powerslave” de los <b>Iron Maiden</b> grabado en un casete de ferro II marca Sanyo sonando en un radiocasete comprado en el bazar Marrakech.<br/><br/>&#9;Para un investigador paranormal, una psicofonía es el compendio de improperios, amenazas portuarias y quejidos quejumbrosos que exhalan los muertos para acongojar (suavizando el término) a los que estamos vivos y recordarnos lo malo que es haberse muerto sabiendo que ha entrado en la partición de tu herencia, ese hijo tuyo que te dejó abandonado en una gasolinera durante unas vacaciones de verano.<br/><br/>&#9;Dejando el tema de estos investigadores y volviendo al hilo conductor con el que empezaba esta diatriba, no niego que alguna vez me interesaron estos temas, pero que uno, cuando se hace mayor, se da cuenta que siempre hablan de los mismos asuntos, sobados hasta límites insospechados y que la credibilidad de todos estos personajes, es equiparable a la declaración de inocencia que tan fervientemente defienden los imputados del caso “Malaya”.<br/><br/>&#9;Por último, todos estos temas transitan por la delgada línea que separa la pseudociencia del  burdo y manido sensacionalismo, haciéndose, a veces, tan angosta la senda que, a menudo, una y otra cosa caminan de la mano fundiéndose un fraternal abrazo.<br/><br/>&#9;Sin embargo, yo sigo creyendo que hay fenómenos que la ciencia aún no ha logrado explicar, espacios <i>in albis</i> a los que no se les ha podido encontrar explicación.<br/><br/>&#9;Hay uno de ellos que me atormenta estos días, al que doy vueltas y vueltas y aún no he logrado dar respuesta que sacie mi curiosidad insana, mis ansias de conocer. No me importa saber si existe vida en otros planetas, si hay vida más allá de la vida, si existe vida inteligente en La Tierra, o son reales el Yeti o el monstruo del Lago Ness, pero por Dios!!, que alguien me explique <b>COMO DIABLOS PUEDE  IKER JIMÉNEZ MANTENER EN PIE ESE FLEQUILLO ALOPÉCICO. ¡¡</b> Mi reino, mi puñetero reino entrego a quien sepa la respuesta!!.<br/>&#9;<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_92.htm"><title><![CDATA[UN PAISAJE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_92.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/campo.jpg_thumb.jpg" alt="" border="0" width="320" height="240" align="left" hspace="4"/>Las lluvias de estos días pasados han propiciado el milagro. Los esqueletos de las jaras retorcidos y secos, como brazos de un anciano enjuto, lucen ahora pequeños ramilletes de hojas tiernas. <br/><br/>Hay, colgado del horizonte un cielo azul limpio surcado de nubes de formas alargadas. El campo luce un verdor exultante, salpicado de encinas frondosas, acebuches de troncos en eterna pirueta. <br/><br/>&#9;Un mar verde de juncos se extiende más allá del lindero que marca nuestra vista, acariciándose a la mínima ráfaga de viento. <br/><br/>&#9;Hay un tractor que estampa su alargada rúbrica, extendiendo surcos que acaban en un punto y aparte.<br/><br/>&#9;En el cielo vuelan alcotanes y milanos, garcillas, cigüeñas, buitres leonados al husmo del cadáver de alguna oveja.<br/><br/>&#9;La gente del campo se arremolina a hora temprana en la tasca, con las manos del color de la tierra, con las uñas mal recortadas, y negras como una antigua pena, apurando el carajillo para amedrentar el frío que quedó preso en los surcos durante la noche. <br/><br/>Se les ve felices adentrarse por los caminos que circundan las huertas. Parecen hormigas recorriendo satisfechas los ramales de un angosto hormiguero, aunque con un ojo clavado en las nubes, por si  la lluvia decide abandonar el armisticio y salir en desbandada de  la trinchera.<br/><br/>&#9;&#9;<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_91.htm"><title><![CDATA[BYE BYE ALELUYAH!!!]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_91.htm]]></link><description><![CDATA[Soy, lo reconozco, uno de esos buitres execrables que trazan círculos concéntricos en las alturas, atraídos por el olor a cadaverina que exhala el televisor al emitirse "Ellas y el sexo débil". <br/><br/>Una de esas alimañas que ríen, con aullidos de hiena taimada, enseñando el colmillo, ávido de carroña catódica, y que contemplan, henchidas de gozo, como ese gran depredador llamado "share" destroza a dentelladas la nueva inmundicia hecha serie de la polipatética bióloga.<br/><br/>No voy a pronunciarme sobre el personaje, más conocido por episodios de "empañing" con nocturnidad y alevosía en urbanizaciones de lujo y por sus archiconocidos posados veraniegos (sin los cuales resulta imposible imaginarse  la época estival), que por su bagaje como actriz en producciones patrias perfectamente olvidables.<br/><br/>Sin embargo, una actuación de la Obregón no se borrará jamás de mis purulentas pupilas, aconteció en el  Equipo A, aquella serie de culto precursora del fenómeno "tunning". Ana hacía de "hispana" (cómo no!) y compartía escena con Anibal, ese prócer con albinismo escrotal y sempiterno puro ensalivado entre los labios. Impagable la escena; los disparos de Anita cerrando los ojos.<br/><br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/pVF-wLza0Es"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/pVF-wLza0Es" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><br/><br/>Creo que mi animadversión hacia esta fémina está intrínsecamente relacionada con su aparición en esta serie bonancible donde las haya. Bueno eso y las retransmisiones a dúo con Ramontxu, capa toledana incluida, en algún final de año. Imposible no atragantarse con las uvas ante el esperpento de tanto chillido y aspaviento.<br/><br/>No veo prácticamente la televisión, algo me llevo a mis cansados ojos buceando en la fosa séptica de la parrilla. Poco o nada puede salvarse. Reconozco que hay series foráneas que alguna vez me engancharon, pero que me han dejado de interesar por lo reiterado del argumento y por tanta sucesión de hemoglobina y vísceras expuestas en impolutas mesas de autopsia. No es muy aconsejable ver estos sórdidos y reiterativos espectáculos cuando uno se lleva a la boca, por ejemplo, un filete de hígado poco hecho.<br/><br/>Decíamos en los ochenta que la tele era un "pozo ciego", una ciénaga con fuegos fatuos a modo de concursos que buscaban la coletilla fácil y el humor blanco como la caspa. Pero ahora, echando la vista atrás, aún a riesgo de convertirnos en estatua de sal, solemos mirar con cierto deje de nostalgia aquellos años.<br/><br/>Y si algún crédulo creyó intuir  el advenimiento de una televisión mejor con la llegada de las cadenas digitales, habrá dejado el suelo sembrado con sus dientes, pues el invento, anunciado a bombo y platillo, no deja de ser un reducto de series que no triunfaron, una balsa de aceite herrumbroso donde nadan los refritos que nadie se atreve a reponer.<br/><br/>Me alegra que “Ellas y el Sexo débil” tenga los días contados y que pronto no sea más que la mancha  de una deyección columbina en la solapa de un par de miles ingenuos espectadores. Le auguro a la serie de la Obregón un funeral del calibre de los que se celebran en Nueva Orleans con fanfarria de trombones y trompetas y orondas plañideras de pega lanzando gritos "anaobregonianos" lamentando la corta existencia que tuvo la criatura. Tras el cortejo, muy al fondo, algunos bailaremos abrazados, entrechocando nuestros vasos de bourbon y repitiendo como una eterna letanía “Bye bye Aleluyah”.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_90.htm"><title><![CDATA[CUATRO GOTAS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_90.htm]]></link><description><![CDATA[Son cuatro gotas. Eso debió pensar el perro que sestea frente al lugar donde trabajo, un pequinés de pelo pajizo y colmillos desgastados, que miraba de reojo los grises nubarrones que surcaban el cielo. <br/><br/>El verano no ha dado tregua. Ni una sola gota de lluvia ha caído sobre el suelo cuarteado y polvoriento. Los viejos olmos del patio viven un otoño perpetuo, propiciado por unos escarabajos que horadan las hojas convirtiéndolas en jirones parduscos. El suelo está sembrado de ellas, son una alfombra crujiente y apolillada que llega justo a la altura del umbral de la puerta.<br/><br/>Pero esta mañana, en el horizonte surcado de nubes violáceas, se podía ver, muy de cuando en cuando, el destello de algún relámpago, y muy, muy lejano, se oía el rumor de la tormenta, con un ruido de engranajes que parecían despertar de una larga inactividad.<br/><br/>A lo lejos se escuchan las esquilas de las ovejas bajando por la ladera, acuciadas por el silbido arabesco del pastor, y por los serpenteos de un perro pastor que les mordisquea, de vez en cuando, los corvejones para que mantengan la formación.<br/><br/>Son cuatro gotas insignificantes; el goteo de una regadera que se derrama por los aleros del cielo, pero lo suficientemente importantes para que los que allí estábamos alzásemos la vista al cielo mendigando una tregua al astro rey, parapetado como un francotirador tras las nubes.<br/>]]></description></item></rdf:RDF>
