<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/rss20.xml"><title><![CDATA[LA COTUBÍA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Una muestra de lo que puede hacerse gracias a la criogenización cerebral.]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hourly]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[1]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_95.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_94.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_93.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_92.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_91.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_90.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_89.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_88.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_85.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_83.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_95.htm"><title><![CDATA[MENS SANA IN CORPORE SEPULTO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_95.htm]]></link><description><![CDATA[Heme aquí, rebozada en el olvido, como mota de polvo que busca un haz de luz para despegarse del sueño.<br/> Las telarañas se han convertido en un telón espeso que se empeña en no dejar que empiece la función, en un hilo con el que remendar los rotos del silencio.<br/><br/>La vida de una bitácora es de un <i>laconismo lacerante</i>. Al principio, mi propietario se empeñaba en desgranar los ingredientes, en vigilar el fuego, en cocinar recetas con el aroma de guisos antiguos. <br/><br/>Fueron tiempos felices, de hojas preñadas de historias y la llegada del otoño - cuando todas las hojas se vuelven blancas- era sólo un eco, a miles de kilómetros, el sonido fugaz de la quilla de un barco rompiendo el oleaje.<br/><br/>Aquel extraño maridaje se ha vuelto mordaza y ha hecho del silencio adalid de vieja milicia, pertrechado tras armas herrumbrosas. <br/><br/>Una bandera blanca ondea en el pabellón de este bergantín goleta que una vez fue redil de galeote.<br/><br/>Quizás  sea ese el problema; el anhelo egoísta e irrefrenable que al fin barrunta  mi suerte. Ignoré los salientes de roca, navegué por aguas mansas unas veces y otras, prendí de mis mástiles el fuego de San Telmo, rúbrica de atroces tempestades, y estuve a un palmo de irme a pique<br/><br/>Una mañana de verano me trajo el sol del invierno. Yazco desde entonces acodada en el rincón de la memoria, abocada a echar mano de enmohecidas provisiones, a beber del agua turbia del recuerdo y a añorar los tiempos compartidos con el Capitán que ahora navega en pos de nuevos vientos y recela de la galerna de nuestra amistad.<br/><br/>Aquí sigo, no me resigno a mi sino cruel, ni a coger el hatillo y partir dejando buen puerto.  Aunque luzca descarnada calavera, aún conservo en el gaznate el regüeldo de mejores pitanzas.<br/><br/>Aquí sigo, aquí seguiré.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_94.htm"><title><![CDATA[Canela y limón]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_94.htm]]></link><description><![CDATA[Corrían los años ochenta y una nueva hornada de trovadores revitalizaba y mineralizaba  la música patria, que hasta entonces vivía de los réditos de ciertos iconos totémicos. Lo llamaron "La Movida" y la villa sin playa de Madrid fue el espigón donde vino a romper "la nueva ola".<br/><br/>&#9;Otro tsunami más castizo, estaba teniendo lugar en silencio. Alejado de los nuevos cenáculos de moda donde se daban cita la flor y caspa de la vida vampírica, entre el neón parpadeante de las gasolineras, en los expositores giratorios, sobados por camioneros, nacía una estrella refulgente "El Fary".<br/><br/>&#9;Espeleólogo que rescató la copla "atapuerqueña" lanzándole cabos hechos con Casio PT-1, el Fary aparecía en escena arrasando como un vendabal, haciendo sombra al tupé quitinoso del hasta entonces rey de la canción popular; el indespeinable Manolo Escobar.<br/><br/>&#9;La primera vez que creo haber escuchado al Fary fue en un viajecillo por el norte de Cáceres, en el 127 amarillo de mi abuelo. En el radiocasete Punto Azul sonaba "Canela y Limón". Me hicieron gracia los gorgoritos de ese tipo que figuraba en la portada descolorida, que parecía un híbrido de Jackie Chan (eso lo supe después) y Juanito Valderrama.<br/><br/>&#9;Los años siguientes fueron testigos de la tiranía tonadillera del Fary, con himnos generacionales como "el toro guapo" o "paloma que pierde el vuelo" que sonaban en los chiringuitos playeros, entre plato de paella y jarra de sangría, haciendo bailar como repionas a las hordas de alemanas de la tercera edad.<br/><br/>&#9;La música del Fary era una radiografía en color sepia de la España cañí, la de las muñecas flamencas y los toritos entronizados sobre paños de ganchillo, encima de las Telefunken en blanco y negro. La España de los bodorrios, con gambas con dos autopsias, en merenderos que tenían colgadas fotos de toreros y cuadros-espejo de la Coca Cola. La del Seat 850, los bañadores meyba escuetos y paqueteros que lucían los otrora numerosos machos ibéricos.<br/><br/>&#9;Se ha ido el Fary y se va una parte de esas imágenes que quedaron en el recuerdo.<br/>&#9;¿Alguien se ha preguntado alguna vez por qué los números de los taxímetros son rojos?, porque al final del viaje, siempre nos vamos sin pagar. El cielo debe estar lleno de facturas de taxi.<br/><br/>&#9;Descansa en paz, ¡fenómeno!.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/2986374fary3.jpg" alt="" align="center"  border="0" width="400" height="633"/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_93.htm"><title><![CDATA[SOBRE ALIENÍGENAS Y ALIENADOS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_93.htm]]></link><description><![CDATA[Barruntar la hipótesis de que estamos solos en el universo, se me antoja algo aventurado, pero imaginar a seres verdes diminutos correteando impunemente en cueros por las cunetas de nuestra piel de toro, me parece cuanto menos disparatado.<br/><br/>&#9;Es posible, que haya otros planetas en los que existan otras formas de vida que no tienen necesariamente que parecerse a nosotros. Quizás pequeñas amebas, paramecios u otros anélidos, fluctuando en un sabroso caldo, buceando despreocupados sin saber quién es <i>Karmele Marchante</i> o el nuevo efebo testosterónico que apaga el furor uterino de la <i>Obregón</i>.  Preparándose para que una conjunción de factores, más o menos fortuitos, les sean propicios para evolucionar hacia organismos más complejos.<br/><br/>&#9;Pero de ahí a que haya ejemplares fisiológicamente parecidos a los humanos, que lleven piercings en el ombligo u osculten su cavidad nasal, mientras esperan pacientemente que se ponga en verde un semáforo en plena <i>Vía Láctea</i>, hay un trecho.<br/><br/>&#9;Sin embargo, no voy a hablar de alienígenas sino más bien de <b>alienados</b>. De una rara especie en vías de extinción: "<i>El investigador Paranormal</i>".<br/><br/><b>El investigador paranormal:</b><br/><br/>   Para un observador poco avezado, el investigador paranormal puede parecerse sospechosamente a un <i>ornitólogo</i>. Suelen ir ataviados con chalecos de múltiples bolsillos donde ubicar su instrumental de trabajo, (igual que el gremio anteriormente referido). Pantalón desmontable igualmente provisto de una cantidad de bolsillos, cremalleras, aberturas, imposibles de inventariar. De hecho la única diferencia que generalmente existe entre un ornitólogo y un investigador reside en una prenda tan proletaria y vulgar como <b>la camiseta</b>. <br/><br/>Mientras los primeros llevan dibujos de, por ejemplo, cogutas albinas en actitud concupiscente y el nombre de alguna asociación ecologista, por ejemplo: “<i>Asociación de amigos del gran simio de escroto plateado</i>”, el investigador paranormal lleva serigrafiada la silueta de un alienígena o de un platillo volante acompañado de alguna leyenda del tipo “<i>Asociación ufológica de Minglanilla de la Calzada; 24/11/05 alerta ovni; como siempre, no vimos ná, sigue buscando</i>”.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/extraterrestres.jpg" alt="" border="0" hspace="4" align="right"  width="335" height="358"/><br/>&#9;Otra coincidencia entre estos gremios es su natural querencia hacia los “<i>cuadernos de campo</i>”, los unos para dejar constancia de, por ejemplo, el número de garcillas bueyeras que nidifican sobre la copa de un sauce llorón. Los otros para dar fe de sus encuentros con diminutos alienígenas domingueros que, por ejemplo, pudieran estar haciendo una paella o bebiendo sangría, como templarios, a la sombra de una frondosa encina mientras escuchan “<i>Carrusel deportivo</i>” y juegan una partidita a las siete y media apostándose sus pistolas desintegradoras.<br/><b></b><br/>&#9;Para un ser humano convencional, el cuento de caperucita puede resultar de una idiotez infantiloide. Por el contrario, para un investigador paranormal puede ser la plasmación palmaria de que la transmutación  de los cuerpos es un hecho impepinable, creyendo a pies juntillas que el lobo del cuento era una “entidad” capaz de adoptar la fisonomía de otra especie engañando así a la inocente zagala encarnada.<br/><br/>&#9;También para un ser humano equipado con un cerebro de serie meridianamente lubricado, un “fantasma” no es más que la descripción literal del vecino que estrena coche esperando dejar atrás al cobrador del frac o del presuntuoso y efervescente mancebo que presume entre sus amistades de tener un currículo copulatorio  comparable al de un chimpancé de zoológico.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/iker.jpg" alt="" border="0" hspace="4" align="left" width="335" height="485"/><br/>&#9;Sin embargo, para un investigador paranormal, un fantasma es un ente que no tenía calderilla con que pagar a Caronte y, por ende, ha quedado atrapado en nuestro mundo y pena eternamente en busca de algún alma cándida que le ayude a expiar sus pecados. <br/>&#9;<br/>&#9;Para el común de los mortales una psicofonía es el ruido que produce la escucha de, por ejemplo, el “Powerslave” de los <b>Iron Maiden</b> grabado en un casete de ferro II marca Sanyo sonando en un radiocasete comprado en el bazar Marrakech.<br/><br/>&#9;Para un investigador paranormal, una psicofonía es el compendio de improperios, amenazas portuarias y quejidos quejumbrosos que exhalan los muertos para acongojar (suavizando el término) a los que estamos vivos y recordarnos lo malo que es haberse muerto sabiendo que ha entrado en la partición de tu herencia, ese hijo tuyo que te dejó abandonado en una gasolinera durante unas vacaciones de verano.<br/><br/>&#9;Dejando el tema de estos investigadores y volviendo al hilo conductor con el que empezaba esta diatriba, no niego que alguna vez me interesaron estos temas, pero que uno, cuando se hace mayor, se da cuenta que siempre hablan de los mismos asuntos, sobados hasta límites insospechados y que la credibilidad de todos estos personajes, es equiparable a la declaración de inocencia que tan fervientemente defienden los imputados del caso “Malaya”.<br/><br/>&#9;Por último, todos estos temas transitan por la delgada línea que separa la pseudociencia del  burdo y manido sensacionalismo, haciéndose, a veces, tan angosta la senda que, a menudo, una y otra cosa caminan de la mano fundiéndose un fraternal abrazo.<br/><br/>&#9;Sin embargo, yo sigo creyendo que hay fenómenos que la ciencia aún no ha logrado explicar, espacios <i>in albis</i> a los que no se les ha podido encontrar explicación.<br/><br/>&#9;Hay uno de ellos que me atormenta estos días, al que doy vueltas y vueltas y aún no he logrado dar respuesta que sacie mi curiosidad insana, mis ansias de conocer. No me importa saber si existe vida en otros planetas, si hay vida más allá de la vida, si existe vida inteligente en La Tierra, o son reales el Yeti o el monstruo del Lago Ness, pero por Dios!!, que alguien me explique <b>COMO DIABLOS PUEDE  IKER JIMÉNEZ MANTENER EN PIE ESE FLEQUILLO ALOPÉCICO. ¡¡</b> Mi reino, mi puñetero reino entrego a quien sepa la respuesta!!.<br/>&#9;<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_92.htm"><title><![CDATA[UN PAISAJE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_92.htm]]></link><description><![CDATA[<img src="http://blogs.ya.com/lacotubia/http://blogs.ya.com/lacotubia/files/campo.jpg_thumb.jpg" alt="" border="0" width="320" height="240" align="left" hspace="4"/>Las lluvias de estos días pasados han propiciado el milagro. Los esqueletos de las jaras retorcidos y secos, como brazos de un anciano enjuto, lucen ahora pequeños ramilletes de hojas tiernas. <br/><br/>Hay, colgado del horizonte un cielo azul limpio surcado de nubes de formas alargadas. El campo luce un verdor exultante, salpicado de encinas frondosas, acebuches de troncos en eterna pirueta. <br/><br/>&#9;Un mar verde de juncos se extiende más allá del lindero que marca nuestra vista, acariciándose a la mínima ráfaga de viento. <br/><br/>&#9;Hay un tractor que estampa su alargada rúbrica, extendiendo surcos que acaban en un punto y aparte.<br/><br/>&#9;En el cielo vuelan alcotanes y milanos, garcillas, cigüeñas, buitres leonados al husmo del cadáver de alguna oveja.<br/><br/>&#9;La gente del campo se arremolina a hora temprana en la tasca, con las manos del color de la tierra, con las uñas mal recortadas, y negras como una antigua pena, apurando el carajillo para amedrentar el frío que quedó preso en los surcos durante la noche. <br/><br/>Se les ve felices adentrarse por los caminos que circundan las huertas. Parecen hormigas recorriendo satisfechas los ramales de un angosto hormiguero, aunque con un ojo clavado en las nubes, por si  la lluvia decide abandonar el armisticio y salir en desbandada de  la trinchera.<br/><br/>&#9;&#9;<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_91.htm"><title><![CDATA[BYE BYE ALELUYAH!!!]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_91.htm]]></link><description><![CDATA[Soy, lo reconozco, uno de esos buitres execrables que trazan círculos concéntricos en las alturas, atraídos por el olor a cadaverina que exhala el televisor al emitirse "Ellas y el sexo débil". <br/><br/>Una de esas alimañas que ríen, con aullidos de hiena taimada, enseñando el colmillo, ávido de carroña catódica, y que contemplan, henchidas de gozo, como ese gran depredador llamado "share" destroza a dentelladas la nueva inmundicia hecha serie de la polipatética bióloga.<br/><br/>No voy a pronunciarme sobre el personaje, más conocido por episodios de "empañing" con nocturnidad y alevosía en urbanizaciones de lujo y por sus archiconocidos posados veraniegos (sin los cuales resulta imposible imaginarse  la época estival), que por su bagaje como actriz en producciones patrias perfectamente olvidables.<br/><br/>Sin embargo, una actuación de la Obregón no se borrará jamás de mis purulentas pupilas, aconteció en el  Equipo A, aquella serie de culto precursora del fenómeno "tunning". Ana hacía de "hispana" (cómo no!) y compartía escena con Anibal, ese prócer con albinismo escrotal y sempiterno puro ensalivado entre los labios. Impagable la escena; los disparos de Anita cerrando los ojos.<br/><br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/pVF-wLza0Es"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/pVF-wLza0Es" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object><br/><br/>Creo que mi animadversión hacia esta fémina está intrínsecamente relacionada con su aparición en esta serie bonancible donde las haya. Bueno eso y las retransmisiones a dúo con Ramontxu, capa toledana incluida, en algún final de año. Imposible no atragantarse con las uvas ante el esperpento de tanto chillido y aspaviento.<br/><br/>No veo prácticamente la televisión, algo me llevo a mis cansados ojos buceando en la fosa séptica de la parrilla. Poco o nada puede salvarse. Reconozco que hay series foráneas que alguna vez me engancharon, pero que me han dejado de interesar por lo reiterado del argumento y por tanta sucesión de hemoglobina y vísceras expuestas en impolutas mesas de autopsia. No es muy aconsejable ver estos sórdidos y reiterativos espectáculos cuando uno se lleva a la boca, por ejemplo, un filete de hígado poco hecho.<br/><br/>Decíamos en los ochenta que la tele era un "pozo ciego", una ciénaga con fuegos fatuos a modo de concursos que buscaban la coletilla fácil y el humor blanco como la caspa. Pero ahora, echando la vista atrás, aún a riesgo de convertirnos en estatua de sal, solemos mirar con cierto deje de nostalgia aquellos años.<br/><br/>Y si algún crédulo creyó intuir  el advenimiento de una televisión mejor con la llegada de las cadenas digitales, habrá dejado el suelo sembrado con sus dientes, pues el invento, anunciado a bombo y platillo, no deja de ser un reducto de series que no triunfaron, una balsa de aceite herrumbroso donde nadan los refritos que nadie se atreve a reponer.<br/><br/>Me alegra que “Ellas y el Sexo débil” tenga los días contados y que pronto no sea más que la mancha  de una deyección columbina en la solapa de un par de miles ingenuos espectadores. Le auguro a la serie de la Obregón un funeral del calibre de los que se celebran en Nueva Orleans con fanfarria de trombones y trompetas y orondas plañideras de pega lanzando gritos "anaobregonianos" lamentando la corta existencia que tuvo la criatura. Tras el cortejo, muy al fondo, algunos bailaremos abrazados, entrechocando nuestros vasos de bourbon y repitiendo como una eterna letanía “Bye bye Aleluyah”.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_90.htm"><title><![CDATA[CUATRO GOTAS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_90.htm]]></link><description><![CDATA[Son cuatro gotas. Eso debió pensar el perro que sestea frente al lugar donde trabajo, un pequinés de pelo pajizo y colmillos desgastados, que miraba de reojo los grises nubarrones que surcaban el cielo. <br/><br/>El verano no ha dado tregua. Ni una sola gota de lluvia ha caído sobre el suelo cuarteado y polvoriento. Los viejos olmos del patio viven un otoño perpetuo, propiciado por unos escarabajos que horadan las hojas convirtiéndolas en jirones parduscos. El suelo está sembrado de ellas, son una alfombra crujiente y apolillada que llega justo a la altura del umbral de la puerta.<br/><br/>Pero esta mañana, en el horizonte surcado de nubes violáceas, se podía ver, muy de cuando en cuando, el destello de algún relámpago, y muy, muy lejano, se oía el rumor de la tormenta, con un ruido de engranajes que parecían despertar de una larga inactividad.<br/><br/>A lo lejos se escuchan las esquilas de las ovejas bajando por la ladera, acuciadas por el silbido arabesco del pastor, y por los serpenteos de un perro pastor que les mordisquea, de vez en cuando, los corvejones para que mantengan la formación.<br/><br/>Son cuatro gotas insignificantes; el goteo de una regadera que se derrama por los aleros del cielo, pero lo suficientemente importantes para que los que allí estábamos alzásemos la vista al cielo mendigando una tregua al astro rey, parapetado como un francotirador tras las nubes.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_89.htm"><title><![CDATA[CADA MAÑANA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_89.htm]]></link><description><![CDATA[Cada mañana, nada más llegar al pueblo, nos paramos en la “avenida principal”. Allí han brotado como hongos un puñado de bares de carretera, con mostradores de zinc, taburetes sin respaldo imitación de madera y ventiladores aspaventeros que al ponerse en marcha dejan en el aire un tufo a fritanga.<br/><br/>&#9;“<i>El Sevilla</i>” está sentado en un rincón de la barra, con los pies colgando de un taburete alto, ojeando la gachí ligera de ropa que aparece en la contraportada del As. Cuando nos ve llegar, nos da jovialmente los buenos días y se dirige, diligente,  a la cafetera, con un paño colgando de uno de sus hombros.<br/><br/>&#9;La cafetera, estación de cafés expresos, lanza bocanadas de vapor furioso, derramando en las tazas un líquido del color de la brea, tan denso que podría masticarse o tapar un bache del asfalto si derramáramos en él el contenido de la taza.<br/><br/>&#9;Siempre estamos los mismos; nosotros los forasteros y los parroquianos de siempre. Si miras a través de la gruesa cristalera, en vez de un bar parece que estuvieras en una pescadería con tanto besugo queriendo espabilarse de la merluza que pescaron de madrugada, a esas horas en que se arroja el anzuelo, sobre un tapete verde, -con baraja más sobada que el pasamanos de un prostíbulo-  y vuelve más descarnado de lo que se fue si cabe.<br/><br/>&#9;Siempre los mismos; acodados en las mesas de publicidad de coca cola, con la mirada perdida trazando secantes en el plano de la nada. Es como si siempre hubiesen estado allí. Como si “<i>El Sevilla</i>” descorriera las persianas metálicas a primera hora de la mañana y ellos ya estuviesen dentro, formando parte del mobiliario, del paisanaje recortado por las siluetas de botellas polvorientas de anisete. <br/><br/>&#9;Escenas de un Macondo metido con calzador entre la llanura extremeña.  Al que se llega por una carretera que atraviesa dehesas de encinas, campos de cabellos pajizos en los que asoma alguna calva. Mientras el sol bajo de la mañana se derrama sobre los tejados y traza sombras en el suelo con escuadra y cartabón.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_88.htm"><title><![CDATA[¡ NUNCA MÁS!]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_88.htm]]></link><description><![CDATA[<object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/rnyW3cMVmBA"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/rnyW3cMVmBA" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"></embed></object>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_85.htm"><title><![CDATA[SOBRE LANCES FOLLETINESCOS]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_85.htm]]></link><description><![CDATA[Bajan revueltas, de un tiempo a esta parte, las procelosas aguas por las que navega el mundo literario. Hace algo más de un mes, Arturo Pérez Reverte, en su parcela reservada “Patente de Corso”, en el Semanal del grupo “El Correo”, publicaba un incendiario artículo en el que arremetía contra Francisco Umbral por un comentario que éste había realizado sobre su persona, en la entrega del polémico premio Planeta de este año. Umbral propalaba que la novela ganadora, escrita por <b>María  de la Pau Janer</b>, "<i>es la novela sin estilo, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le critica por ello</i>".<br/> <br/>&#9;Reverte, emulando a ese hijo literario suyo que la he dado fama mundial y que no es otro que el Capitán Alatriste, no ha tardado en reaccionar y ha metido mano a la vizcaína, dispuesto a reducir a jirones el apolillado coleto de Umbral. No tiene desperdicio la perla que don Arturo ha sacado de las profundidades de esos mares por los que navega, y en el artículo que dedica a su colega de armas, se incluyen frases cargadas de -como a él mismo le gusta decir- “posta lobera” que a buen seguro habrán hecho mella en la enjuta anatomía de don Francisco.<br/><br/>&#9;Es ampliamente conocido el torvo carácter umbraliano, que como el de su fenecido amigo Cela, busca llamar la atención por la herrumbrosa vía del escándalo y lo que resulta curioso es que en el personaje, hasta tiene su gracia y hay una nutrida cohorte de palmeros que esperan el exabrupto del genio para plegarse en genuflexiones loándolo hasta la náusea. <br/><br/>Reconocido - aunque en contadas ocasiones-  mentor de entre otros Manuel de Prada (de quien se deshizo en elogios al publicar éste su primera novela y de quien reniega en la actualidad tras mantener con él una agria polémica) Umbral, raramente ha amparado bajo  su rala sombra de mecenazgo a los nuevos "novilleros" literatos. Más que apoderado ha oficiado de avieso picador. Más que aplausos, se ha prodigado en hincar la puya hasta el hueso. <br/>Así es Umbral, un caprichoso carpintero con el don de transmutar el altar en cadalso cuando, por extrañas cuitas del destino, el personaje al que encumbró deja de caerle en gracia.<br/><br/>&#9;Recuerdo que no ha mucho, en el periódico Hoy, apareció otro artículo que hablaba de Umbral. El que lo escribió, creo recordar, era un periodista extremeño que había viajado a Madrid por razones de trabajo y que acudió a una comida a la que también estaba invitado Umbral. Inevitablemente surgen corrillos de comensales y Umbral al enterarse de la procedencia del periodista, espetó a los allí concurridos con esa voz cavernosa y carente de emoción alguna: “<i>Extremadura es como Marte pero con cabras</i>”, lo que provocó la risa de los allí reunidos, incluida la del periodista extremeño, lo que soliviantó aún más al escritor,  que únicamente busca la respuesta airada del que ha sido asaeteado por sus dialécticos dardos.  <br/><br/>&#9;En cuanto al artículo de don Arturo, miembro de la Real Academia de la Lengua y escribiente que goza del beneplácito de público y buena parte de la crítica, creo que le sobra pólvora, mala ostia e incluso navajeo portuario a la hora de acusar a Umbral de bajeza moral, como cuando le espeta: “<i>... O a insultar y señalar con el dedo a antiguas amantes y a mujeres que le negaron sus favores; aunque esto lo hace sólo cuando no pueden defenderse y sus maridos están muertos o en la cárcel</i>".<br/><br/>&#9;Reverte peca de anacrónico, como su taciturno Alatriste, arrojando en este lance quevediano ( que parece más propio de una noctámbula refriega de burdel, de un fatuo bodevil de tres al cuarto) su guante al gongorino rostro de Umbral. Y todo don Arturo porque le han mentado el estilo.<br/>&#9;Dice Reverte que da por zanjado el asunto, pero en el fondo, se le revuelven las tripas al ver que Umbral disimula la afrenta pagándole con la más cara y gravosa de las monedas; el silencio.&#9;<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/lacotubia/c_83.htm"><title><![CDATA[REFLEXIONES A SOTTO VOCE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacotubia/c_83.htm]]></link><description><![CDATA[Dentro de poco, "<i>La Cotubía</i>" habrá cumplido un año de existencia en la red. El fenómeno bloggístico - si se me permite el término - , ha alcanzado su momento de mayor esplendor, pese a quien pese. Hoy por hoy, son millones las bitácoras que pueblan este, a veces, denostado y etéreo mundo digital. Han sido analizadas meticulosamente como cualquier nuevo fenómeno de comunicación que salta a la palestra y a veces se han cuestionado muchas de ellas atibuyéndoles una mera labor propagandística o un simple ejercicio de soberano narcisismo que busca glosar las miserias existenciales de sus autores. También hay quienes las censuran con el argumento de que no "aportan nada nuevo" y cuestionan su escasa labor divulgativa.<br/><br/>&#9;Me cuesta creer que tan peregrinas afirmaciones tengan algún resquicio de verosimilitud con la realidad que se oculta detrás de este fenómeno. Que se busquen enrevesadas ecuaciones matemáticas y sesudos y petulantes razonamientos para explicar la eclosión de tanto diario de abordo, cuando, sinceramente creo, la explicación es mucho más mundana, terrenal.<br/><br/>&#9;Al final, lo que queda detrás y cada uno de los blogs que pueblan la red son las historias que cada uno de sus dueños están dispuestos a contar y, sobre todo, a compartir. Y lo mejor de todo es que la ralea de esas historias resulta sumamente clarificadora respecto a la naturaleza, ideas y proselitismos varios que condicionan o conforman la personalidad de quien las escribe.<br/>&#9;Nada que objetar por tanto, libres somos de autoexcluirnos del derecho de pernada por transitar en según que feudos. Cada uno, a estas alturas es lo suficientemente consciente de las compañías que frecuenta y por las que siente una cierta concomitancia en cuanto a pensamiento, y de las que solo buscan el usufructo del más vil de los vasallajes; el servilismo.<br/><br/>&#9;Tras esta macarrónica exposición de criterios sólo me resta decir al respecto que quien esto escribe no persigue fines moralizantes, ni se cree el ombligo del mundo, que sólo ha pretendido y pretende - aunque cada vez en menor medida debido a mis variadas ocupaciones - divertir e intentar divertir con sus historias. Que no persigue oscuros propósitos ni pretende granjearse acólitos partidarios del  "te comento si me comentas".<br/>&#9;En este aspecto, creo que he tenido una inmensa suerte y quienes por aquí han pasado han dicho cuanto les viniera en gana cuando les venía en gana y aunque personalmente nunca les conozca los considero amigos en "<b>la causa</b>".<br/><br/>&#9;<b><i>Sólo me resta desearos a todos unas muy felices fiestas, que el nuevo año que ya se dibuja en lontananza sea pródigo en toda clase de parabienes y que intentemos ser meridianamente felices, por lo menos en la medida que merezcamos serlo.</i></b><br/>&#9;Nos seguiremos leyendo, seguiremos escriendo - en mayor o menor medida- esparciendo al aire  semillas de palabras que buscan acomodo en el surco que existe en cada frase.<br/><br/>"<i>Feliz el que alejado de negocios, paternos campos con sus bueyes ara y a la usura no rinde vasallaje.</i>"<br/><br/>------ El Último de la Fila --------<br/>&#9;<br/><b>Post Coitum:</b> <i>¡ Sí, ya sé!, me reprocharéis que no hay segunda parte de la historia navideña y es cierto, pero ya dice el dicho - valga la repugnancia- que "segundas partes nunca fueron buenas", además esperaba escribir la otra parte de la historia tumbado en una hamaca, con un diminuto tití haciéndome cosquillas en el columbino  buche,  en alguna isla remota a la que hubiera llegado tras haber ganado el gordo de la lotería de este año. Habrá que buscar una solución al respecto, por lo pronto, el año que viene prometo jugar a la lotería.</i>]]></description></item></rdf:RDF>
