¿Seguro que el deporte es salud?
Dicen que el deporte es salud... pero yo no lo tengo nada claro. Bueno sí... quizá me esté dando salud mental. Me siento más fuerte. Más centrada.
Dicen que el deporte te cambia el cuerpo. Pues sí, yo doy fe. El mio ha cambiado de color... ¡a morado!
Desde que he vuelto a hacer deporte se me ha quedado un dedo amoratado, encogido e inflamado. Toma cambio para 4-6 meses.
Pero no es sólo eso...ayer experimenté una nueva transformación. ¿A quién se le ocurre ir a darse de hostias con una camiseta de tirante finito? Pues creo que sólo a mi... así voy... Jooo es que en clase pasamos mucho calor.
Llevo la espalda llena de marcas rojas; en el hombro izquiedo es como si un gato se me hubiése colgado y resbalado, dejando a su paso cuatro marcas rojas de unos milímetros de anchura.
Me debí rozar el codo con alguna de las esquinas de una colchoneta, y lo llevo despellejado. Es raro, llevo un quemazo similar al de los ciclistas.
Después dije...mmm mi rodilla izquierda se resiente... voy a remangarme los pantalones.... joer no sabía que cabían tres moraduras en una sóla rodilla. No me he querido mirar más... supongo que cuando me vuelva a duchar esta tarde, podré hacer un nuevo inventario de golpes.
¡Por llevar... llevo hasta una uña clavada en el canalillo!
Pero bueno, todo eso, yendo vestida no se nota... bueno sí... se nota que ando como si me hubiésen dado una paliza, porque me duele toooodo el cuerpo. Coño... ¿como si me la hubiésen dado?... ¡es que me la dieron!
Pero ese no es el mejor cambio no... ayer probé el sabor de mi propia sangre. Un codazo en la boca... y labio partido por dentro. Me lo dió la profesora, que es como rambo pero en chica... bufff me dejó más contenta...
Mi primer impulso fue contarme los dientes... vale... estaban todos... menos mal... pero no me atrevía ni a mirarme al espejo.
Cuando fui al baño a limpiarme la sangre, vi mi nueva cara deportiva. Estoy mona sí... no necesito silicona en el labio inferior. Lo malo es que no me ha quedado muy simétrico que digamos, pero oye a Esther Cañadas tampoco y sigue trabajando como modelo.
Creo que es el momento de ponerme un pendiente en la boca, si total ya llevo el agujero a medio hacer... no puede doler.
He descubierto el poder del hielo. Te pones un cubito de hielo... y labio anestesiao. Ya lo de hacer como en las pelis y ponerme un filete de carne... como que no...que me daba un asquillo que no veas.
Así que nada, voy a tener que vivir con un trozo de hielo pegado a mi cara para que baje la inflamación. Que la gente te mira raro si te ven llena de golpes. ¡Mi vecino debió pensar que me habían pegado una paliza, hay que ver cómo me miraba!
Mis compis esta mañana han preguntado si había tenido un accidente con el coche o si me había estampado contra una puerta. Cuando les he enseñado algunas de mis heridas de guerra...iban cambiando la cara. ¡Me han dicho que soy muuuuy burra!
En estos casos, lo que queda bien es decir... no si la otra quedó peor... pero que va... ¡que peleé con rambo! no le debí de hacer na de na. Cuando me inmovilizaba y me decía...venga... sal... y yo le decía... joder que no puedo ya ni con mi alma... la cabrona me estragulaba y me decía... tú verás si sales o no... no me quedaba otra que luchar.
Eso sí... Antoñita me jaleaba... venga Yomismaaaa que tú puedesssss... ¡¡¡¡sube el culo!!!!... no si yo lo intentaba... pero joer... las pocas fuerzas que me quedaban las usaba en liberarme el cuello y girar el cuerpo para intentar quitármela de encima, pero ya no me quedaba fuerza para más.
Es lo que tiene "salir del armario" en clase... que como una vez ya te han pegado, la profesora se lo toma como algo personal, y te quiere convertir en otra rambo para que si lo vuelve a intentar, sea él el que termine morado.
Hacerse amiguita de la profesora y decirle que te gusta luchar tiene sus pros y sus contras... al final de clase siempre terminamos Antoñita la Fantástica y yo, con la profa dándonos palos y practicando más llaves.
Por cierto... ni entre las dos podemos con ella, y eso que dice que somos las más fuertes.
En fin, que si con una venda en la mano se liga mogollón porque todo el mundo te pregunta qué te ha pasado, y cuando dices que ha sido cogiendo un rebote te miran flipaos... no quiero ni pensar lo que puede ser cuando me pregunten qué me ha pasado en la boca y diga... nada me la han partido en una pelea.
Lo mejor o lo peor, no lo tengo muy claro, es que estoy orgullosa de mis heridas de guerra.
He descubierto que me gusta pelear. Que no pasa nada. Que a las mujeres, desde pequeñas nos han dicho que pegarse es cosa de chicos y por eso tenemos tanto miedo, que como sucedió en mi caso, nos bloquea.
He perdido el miedo a los golpes. El dolor de los golpes, en unos días se pasa, o en unas semanas. Lo peor, es no defenderte. Es lo que te deja secuelas: el quedarte bloqueada y ponerte a llorar.
Como dijo Antoñita, si le hubiésen preguntado si alguien se quedaría bloqueada en un caso así, jamás hubiése dicho mi nombre. Les decía al resto que ellas no me conocían, pero que aunque allí esté de risas y tal... tengo mucho carácter y he puesto en su sitio a más de un tio en momentos en los que ellas se acojonaban.
He descubierto que cuando conté mi experiencia en clase y lo hice llorando... no fue de miedo... fue de rabia por que un tio me hubiése pegado. ¡Joder, que soy muy grande y fuerte! no sé si hubiése podido con él, pero marcado seguro que lo hubiése dejado. También fue porque hasta ese momento, me sentía como si nadie me entendiese. De hecho, cuando lo conté, la lumbreras de turno dijo... ¿que te pegaron a ti? ¡con lo grande que eres y la fuerza que tienes! Me sentía avergonzada. ¡Joder que la agredida fui yo! no tengo que avergonzarme. Eso se terminó.
Con lo que difrutan los tios así es con el miedo. Si te defiendes, se acojonan porque son unos cobardes. Son tan limitados, que ni se les pasa por la imaginación que vayas a defenderte.
I. me convenció de que cuando lo volví a ver un año después y estuve cuatro días vomitando, no fue por miedo, fue por asco. Por el asco que me daba semejante energúmeno.
Ya entro a saco a pelear. Ya no tengo miedo a salir a la calle y encontrarme al hijo de puta que me pegó.
Merece la pena el cambio de color, ¿no?
Dicen que el deporte te cambia el cuerpo. Pues sí, yo doy fe. El mio ha cambiado de color... ¡a morado!
Desde que he vuelto a hacer deporte se me ha quedado un dedo amoratado, encogido e inflamado. Toma cambio para 4-6 meses.
Pero no es sólo eso...ayer experimenté una nueva transformación. ¿A quién se le ocurre ir a darse de hostias con una camiseta de tirante finito? Pues creo que sólo a mi... así voy... Jooo es que en clase pasamos mucho calor.
Llevo la espalda llena de marcas rojas; en el hombro izquiedo es como si un gato se me hubiése colgado y resbalado, dejando a su paso cuatro marcas rojas de unos milímetros de anchura.
Me debí rozar el codo con alguna de las esquinas de una colchoneta, y lo llevo despellejado. Es raro, llevo un quemazo similar al de los ciclistas.
Después dije...mmm mi rodilla izquierda se resiente... voy a remangarme los pantalones.... joer no sabía que cabían tres moraduras en una sóla rodilla. No me he querido mirar más... supongo que cuando me vuelva a duchar esta tarde, podré hacer un nuevo inventario de golpes.
¡Por llevar... llevo hasta una uña clavada en el canalillo!
Pero bueno, todo eso, yendo vestida no se nota... bueno sí... se nota que ando como si me hubiésen dado una paliza, porque me duele toooodo el cuerpo. Coño... ¿como si me la hubiésen dado?... ¡es que me la dieron!
Pero ese no es el mejor cambio no... ayer probé el sabor de mi propia sangre. Un codazo en la boca... y labio partido por dentro. Me lo dió la profesora, que es como rambo pero en chica... bufff me dejó más contenta...
Mi primer impulso fue contarme los dientes... vale... estaban todos... menos mal... pero no me atrevía ni a mirarme al espejo.
Cuando fui al baño a limpiarme la sangre, vi mi nueva cara deportiva. Estoy mona sí... no necesito silicona en el labio inferior. Lo malo es que no me ha quedado muy simétrico que digamos, pero oye a Esther Cañadas tampoco y sigue trabajando como modelo.
Creo que es el momento de ponerme un pendiente en la boca, si total ya llevo el agujero a medio hacer... no puede doler.
He descubierto el poder del hielo. Te pones un cubito de hielo... y labio anestesiao. Ya lo de hacer como en las pelis y ponerme un filete de carne... como que no...que me daba un asquillo que no veas.
Así que nada, voy a tener que vivir con un trozo de hielo pegado a mi cara para que baje la inflamación. Que la gente te mira raro si te ven llena de golpes. ¡Mi vecino debió pensar que me habían pegado una paliza, hay que ver cómo me miraba!
Mis compis esta mañana han preguntado si había tenido un accidente con el coche o si me había estampado contra una puerta. Cuando les he enseñado algunas de mis heridas de guerra...iban cambiando la cara. ¡Me han dicho que soy muuuuy burra!
En estos casos, lo que queda bien es decir... no si la otra quedó peor... pero que va... ¡que peleé con rambo! no le debí de hacer na de na. Cuando me inmovilizaba y me decía...venga... sal... y yo le decía... joder que no puedo ya ni con mi alma... la cabrona me estragulaba y me decía... tú verás si sales o no... no me quedaba otra que luchar.
Eso sí... Antoñita me jaleaba... venga Yomismaaaa que tú puedesssss... ¡¡¡¡sube el culo!!!!... no si yo lo intentaba... pero joer... las pocas fuerzas que me quedaban las usaba en liberarme el cuello y girar el cuerpo para intentar quitármela de encima, pero ya no me quedaba fuerza para más.
Es lo que tiene "salir del armario" en clase... que como una vez ya te han pegado, la profesora se lo toma como algo personal, y te quiere convertir en otra rambo para que si lo vuelve a intentar, sea él el que termine morado.
Hacerse amiguita de la profesora y decirle que te gusta luchar tiene sus pros y sus contras... al final de clase siempre terminamos Antoñita la Fantástica y yo, con la profa dándonos palos y practicando más llaves.
Por cierto... ni entre las dos podemos con ella, y eso que dice que somos las más fuertes.
En fin, que si con una venda en la mano se liga mogollón porque todo el mundo te pregunta qué te ha pasado, y cuando dices que ha sido cogiendo un rebote te miran flipaos... no quiero ni pensar lo que puede ser cuando me pregunten qué me ha pasado en la boca y diga... nada me la han partido en una pelea.
Lo mejor o lo peor, no lo tengo muy claro, es que estoy orgullosa de mis heridas de guerra.
He descubierto que me gusta pelear. Que no pasa nada. Que a las mujeres, desde pequeñas nos han dicho que pegarse es cosa de chicos y por eso tenemos tanto miedo, que como sucedió en mi caso, nos bloquea.
He perdido el miedo a los golpes. El dolor de los golpes, en unos días se pasa, o en unas semanas. Lo peor, es no defenderte. Es lo que te deja secuelas: el quedarte bloqueada y ponerte a llorar.
Como dijo Antoñita, si le hubiésen preguntado si alguien se quedaría bloqueada en un caso así, jamás hubiése dicho mi nombre. Les decía al resto que ellas no me conocían, pero que aunque allí esté de risas y tal... tengo mucho carácter y he puesto en su sitio a más de un tio en momentos en los que ellas se acojonaban.
He descubierto que cuando conté mi experiencia en clase y lo hice llorando... no fue de miedo... fue de rabia por que un tio me hubiése pegado. ¡Joder, que soy muy grande y fuerte! no sé si hubiése podido con él, pero marcado seguro que lo hubiése dejado. También fue porque hasta ese momento, me sentía como si nadie me entendiese. De hecho, cuando lo conté, la lumbreras de turno dijo... ¿que te pegaron a ti? ¡con lo grande que eres y la fuerza que tienes! Me sentía avergonzada. ¡Joder que la agredida fui yo! no tengo que avergonzarme. Eso se terminó.
Con lo que difrutan los tios así es con el miedo. Si te defiendes, se acojonan porque son unos cobardes. Son tan limitados, que ni se les pasa por la imaginación que vayas a defenderte.
I. me convenció de que cuando lo volví a ver un año después y estuve cuatro días vomitando, no fue por miedo, fue por asco. Por el asco que me daba semejante energúmeno.
Ya entro a saco a pelear. Ya no tengo miedo a salir a la calle y encontrarme al hijo de puta que me pegó.
Merece la pena el cambio de color, ¿no?
Comentario:
Como tú bien dices es cuestión de educación. A mi también me educaron como "niña", pero crecí con mis primos y andábamos todo el día jugando, cómo no a indios y a vaqueros... y al final siempre acabábamos a cazos. Así que algo "rarilla" sí que soy, pero no puedo evitar meterme en todas las peleas de los bares(no para pelear, sino para separar a los borrachos) es que es alucinante, la gente se queda embobada mirando y nadie hace nada... y más de una vez me he llevado un codazo en la boca (con el labio por supuesto partido) pero... no se puede tener todo ;)
Por cierto, me encantas! :)
Por cierto, me encantas! :)
Comentario:
No sé si merece la pena, pero si a mi me dan una ostia, probablemente soy de los que la devuelven, indiferentemente de quien me la de, que se le va ha hacer, espero no encontrarme nunca en el caso.





