San Valentín o el día de los tocapelotas
Hoy es San Valentín. He intentado hacer como con las Navidades, pasar del tema, pero no ha podido ser.
De hecho me he levantado por la mañana de muy mal genio, recordando que el año pasado estuve toda la mañana esperando mi felicitación y que la recibí a las cinco de la tarde con una pésima excusa por la demora.
Ahora ya sé que había otra excusa mucho más fuerte que la que me puso... es lo que tiene tener dos novias... que las mañanas eran para una y las tardes para la otra. A mi me tocaron las tardes.
A las nueve de la mañana en la oficina, ha venido la lumbreras de turno y se le ha ocurrido felicitarme a pesar de conocer parte de la situación. ¿Por qué me felicitas? Yo pensaba que se felicitaba a los enamorados y no a los empanados. Este es mi caso. Esa es la palabra... empanada perdida.
Enamorada de un recuerdo, aunque yo más bien diría empanada.
Enamorada de un imposible. Más bien diría tonta perdida por algo que no puede ni debe ser.
Y empanada por la aparición del "hombre perfecto" del que creo que no estoy enamorada, pero me gustaría estarlo. Porque simplemente parece perfecto.
El "hombre perfecto" me ha invitado a cenar. De hecho se ha tomado la tarde libre en el trabajo (ventajas de ser el jefe) para pasarla conmigo porque dice que hoy es un día especial.
Tiene razón. Sí, para mi es especial porque el Zaragoza le va a meter un 1-3 a los merengones. (Me temo que no debería escribir ésto, por si acaso...)
Más chula que un ocho le he dicho... ahh ¿pero que tú celebras San Valentín? eso es un invento del Corte Inglés, así que yo me niego rotundamente y bla bla bla bla...
Pero va a ser que no cuela... el "hombre perfecto" me tiene calada. No se traga eso de que soy una machota y puedo con todo.
Sabe que detrás de esta fachada de chica dura y autosuficiente hay una blandengue de mucho cuidado. Joder no pensaba que se me notase tanto. Tendré que tomar clases de interpretación.
En fin, que tanto despotricar contra el día dichoso... seguro que si alguien me regala una rosa me derrito.
Es cierto, soy una blandengue... Y QUÉ!!!
De hecho me he levantado por la mañana de muy mal genio, recordando que el año pasado estuve toda la mañana esperando mi felicitación y que la recibí a las cinco de la tarde con una pésima excusa por la demora.
Ahora ya sé que había otra excusa mucho más fuerte que la que me puso... es lo que tiene tener dos novias... que las mañanas eran para una y las tardes para la otra. A mi me tocaron las tardes.
A las nueve de la mañana en la oficina, ha venido la lumbreras de turno y se le ha ocurrido felicitarme a pesar de conocer parte de la situación. ¿Por qué me felicitas? Yo pensaba que se felicitaba a los enamorados y no a los empanados. Este es mi caso. Esa es la palabra... empanada perdida.
Enamorada de un recuerdo, aunque yo más bien diría empanada.
Enamorada de un imposible. Más bien diría tonta perdida por algo que no puede ni debe ser.
Y empanada por la aparición del "hombre perfecto" del que creo que no estoy enamorada, pero me gustaría estarlo. Porque simplemente parece perfecto.
El "hombre perfecto" me ha invitado a cenar. De hecho se ha tomado la tarde libre en el trabajo (ventajas de ser el jefe) para pasarla conmigo porque dice que hoy es un día especial.
Tiene razón. Sí, para mi es especial porque el Zaragoza le va a meter un 1-3 a los merengones. (Me temo que no debería escribir ésto, por si acaso...)
Más chula que un ocho le he dicho... ahh ¿pero que tú celebras San Valentín? eso es un invento del Corte Inglés, así que yo me niego rotundamente y bla bla bla bla...
Pero va a ser que no cuela... el "hombre perfecto" me tiene calada. No se traga eso de que soy una machota y puedo con todo.
Sabe que detrás de esta fachada de chica dura y autosuficiente hay una blandengue de mucho cuidado. Joder no pensaba que se me notase tanto. Tendré que tomar clases de interpretación.
En fin, que tanto despotricar contra el día dichoso... seguro que si alguien me regala una rosa me derrito.
Es cierto, soy una blandengue... Y QUÉ!!!





