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CARPE DIEM
RETALES DE MI VIDA: Con tibias gotas de sensualidad y una pizca de belleza erótica.
Acerca de
O mor henion i dhu: Ely siriar, el sila Ai! Aniron Undomiel
Sindicación
 
En los ojos del cielo
Ella mira absorta a los ojos del cielo..

Cada día, ella se siente más completa, más plena consigo misma. Y pese a que sus jornadas laborales son cada vez más intensas y casi no le dejan tiempo ni para respirar, siente la suave brisa de su sonrisa en su rostro. Sonríe. Sonríe más al saberse segura de si misma. Consciente del mundo que la rodea, que la envuelve. Nota el sabor de la amistad día a día.
Cálida, repleta de un mundo que la abraza, sin pausa.
Le agrada, esa complicidad visceral, que la une tanto a muchacho de ojos azules, como a amigo cantante. Esa complicidad inherente a los viejos amigos, a esos que se conocen desde años y se permiten guiños dados al aire.
Ella se reafirma en su posición de saberse amiga de sus amigos. Amigos.
En un día como el de hoy que la sombra alargada de amigo cantante ha estado presente.
Su sombra, su paráfrasis de momentos eróticos. De siluetas contorneándose bajo la tenue luz, de miradas atónitas, de respiraciones agitadas que rompen el silencio con sus voces. Voces de momentos eternos. De llantos de suspiros. Suspiros que delatan el éxtasis de su recuerdo.
El grito callado del orgasmo contenido. El orgasmo que contiene el grito del cielo. Álgido,
Pleno. Extasiado.

Momentos que se han destilado y fundido entre sus dedos. Mientras ella, se reafirma en su posición .La que le otorga. El saberse ella. Ella. Si. Sin sentir la necesidad que meses la ahogaba. Sin sentir el desconcierto. Sabiendo más de si misma.

Así se encuentra hoy. Álgida. Firme. Plena.

Ya no se confunde con la noche.
Ni con su sombra, ni con la luna marchita de miradas tristes.

Afronta el otoño con una seguridad que palpita entre los poros de su piel.

Y así…sigue mirando a los ojos del cielo, mientras su interior evoca versos callados.
 
Horizontes II

Veo la hojarasca de tu trémulo horizonte.
me enredo en él cual serpiente enajenada.
Y mientras tus ojos callan de madrugada.
Mis manos se atreven a tocar el cielo de tu guía.

Estas ahí en el horizonte.

Dibujando soles con las manos.
Trazando líneas equidistantes entre tu cuerpo y el mío.

Una turgente línea nos separa.
La de tu pecho ardiente soñando la noche de mi palpitar sereno.

Tu erección callada engaña a la noche.
Mirando al infinito, descubres el fino llanto de una espina clavada.
Se ahonda, intentando ingerir el calor de tu alma.
Te asfixia, casi te ahoga, mordiendo con avidez tu aplomo varonil.

Y estalla, cumpliendo así mi virginal deseo.
El de tenerte, el de poseer hasta el más recóndito de tus huesos, de tu carne.

Estás ahí….

En ese horizonte que habla desde lejos.Cuerpo a Cuerpo.


Estás…






 
Horizontes...
Desconcertada. Sin saber verdaderamente lo que siente. Entre sonrisas, e imágenes brillantes de un lago escondido en el cielo. Imágenes de sombras, de verdes estelas confundiéndose con una pasión desmedida. Presencias evocadoras de un mundo que se vislumbra ante ella, naciente, como la vida que renace ante una nueva estación. Un Otoño que amanece en su alma, sin que casi ella se de cuenta.
Y mientras sigue sonriendo, segura de si misma - o no- siente ese nuevo amanecer en su espíritu. El que le arroja la posibilidad que ocurra algo nuevo, desconcertante que vuelva a llenar la imagen de su espejo de tinta de pasión.
Tal vez ella, no lo sepa, o tal vez se lo niegue a si misma, pero desde que no escucha el aleteo de la mariposa, siente un pequeño agujero en el alma.
Es pequeño si, y se llena con multitud de aves que vuelan a su alrededor, pero existe.
Y ella lo sabe, lo sabe muy bien aunque a veces se engañe.
Aunque a veces reniegue de ello y se sobreponga como siempre con su aparente y fría seguridad. Ella lo siente. Muy intensamente. Intensidad de un ahora. De un ya, de un momento único.
Y tras un largo fin de semana, en el que ella ha tenido tiempo de descansar y de sentir la suavidad del otoño en su vientre. Ahora continúa observando una dualidad de rostros subyacentes en su espíritu.

Y en fondo sigue desconcertada. Aunque aviste nuevos horizontes....

 
Sonrisa Marfil
Ella hoy sonríe. No es con esa sonrisa, que se escapa del viento, casi como un suspiro lejano. No.
Hoy ella sonríe a borbotones. Como si una miel se hubiera instalado en sus labios y no dejara de saborearla pidiendo más y más. Llenando el aroma de alquimia de magia y vida. Serpenteando al frío matutino que ya empieza a instalarse, poco a poco. Alumbrando lo que será un otoño cuajado de hojas de naciente sol rojizo.
Rojo intenso, puro, clavado como el que se vislumbra bajo la dirección de Zhang Yimou en parte de su filmografía.

Hoy ese rojo pasión se ha instalado en su corazón. Emite sonoros silencios que emergen del anonimato, cabalgando sobre si, tejiendo remolinos de agua visceral entre sus venas.
Hoy ella casi, puede sentir como laten. Intensas. Llameantes. Tic-tic-tic. Palpitan casi de forma concupiscente. Como si desearan hacer el amor unas con otras. Sintiendo como se rasgan la piel, casi hiriéndose, casi provocando que una gota de sangre salga a la superficie. Roja. Intensa. Olor a sangre y a deseo.

Hoy ella se siente penetrantemente viva.
La penetra su seguridad, provocándole infinitos orgasmos de conocimiento y certeza..
Ella es más que nunca “Ella”, esa que creía que había desfallecido ante el poder de la sombra de la noche.

Hoy sonríe, desgranando los minutos que acunan los eternos silencios.

Desnuda del viento, del aire perfumado
Y de la alquimia del deseo.
Sus ojos claman de verde éxtasis.
Sonríe a la metálica escalera de su piel.
Asciende por ella contemplando la magia.
Magia de su trémulo pecho inclinado, ante él.
Ante el espejo que le devuelve su silueta.
Espejo que la mira, la observa, callado
Fingiendo una erección inminente.
Devorando las horas de su silencio,
Mientras ella lo mira, plácida, sonriente.
Segura de si y de su poder....


 
Temblaba

Tus manos eran frías pero firmes.
Tejías nudos de hojarasca en mi cuerpo.
Me llamabas, agitando la esquina de tu piel
bajo el rincón de mi humedad helada.

Temblaba.

Tus dedos escalaban sobre el cristal,
ascendían livianos, ligeros, mudos
al encontrar el tibio regazo de sueños,
bajo la esquina de llameantes ojos eléctricos.

Temblaba.

Tus brazos dibujaban sobre montañas
de senos, verdes prados, blancas azucenas.
Rojo intenso, leve roce de tu aliento,
bajo la crisálida de mis gritos acelerados.

Temblaba.
Si temblaba.

Mordía tu respiración hasta saciarme.
Bebía la sed de tu interior a golpes de centellas.
Amarillos resplandores llorando de puro atardecer
bajo dos cuerpos que sonreían al éxtasis de sus pliegues.

Temblaba.

Llovían líquidos metales

Y temblaba Dios cuanto temblaba..





 
Crisálidas de Viento
Ella sentía el suave viento en su mejilla caliente. Temblaba.
Últimamente era algo que le ocurría con bastante frecuencia. Casi sin darse su piel se erizaba. Rápidos pensamientos surcaban su mente algo colapsada ya, por una realidad laboral que empezaba a ser demasiado pesada para ella. Una realidad que aguijoneaba su interior y que le provocaba cierta desgana. Cada vez sentía más la necesidad de sentirse libre. De volar liviana cual mariposa arrastrada por el viento. Necesitaba sentir su mundo propio sin dar explicaciones a mandos intermedios que provienen del mundo de lo superfluo, donde la simple y llana apariencia, se convierte en lo único importante.

Pensaba ella -mientras sus ojos se posaban en el oscurecer y en el brillo de una luna que comenzaba a surgir de su oscura habitación- en algo que llevaba instalado todo el día en su corazón. Era algo cercano que atormentaba sus sentidos y que a la vez la acariciaba. Algo pesado y a la vez ligero. Tenue y sutil. Cálido y dócil.
Ella temía la respuesta a sus preguntas interiores. Pero las conocía. Pese a estar en paz consigo misma, notaba que faltaba una nota en su pentagrama. Una nota que le había producido tanto dolor que ya casi ni se acordaba. Una nota que sonaba en su interior. Cantaba y danzaba. Y que brillaba con una luz propia intensa, radiante. Lo sabía. Ella deseaba sentir la intensidad del amor en su interior, del deseo, de la pasión embriagadora.
Aunque despertaba deseos, y lo sabía. No le bastaba. Necesitaba el aguijón de sentirse enamorada. Aguijón pétreo que no sentía desde hace prácticamente un año, cuando la sombra de ex_nube se deshizo entre sus manos.
Y hoy ahora, mientras sus ojos casi se cerraban por el cansancio. Oliendo a suave e intenso Sándalo. Con el aroma clavado en sus sienes, en su mente en su cuerpo. Sentía de nuevo la aguja del deseo en su interior. Recuerdos de amigo cantante, venían a su mente. De lo vivido con él hace unos meses. El olor de su cuerpo entre sus dedos. Sus caricias intensas. Su calido gemido susurrante. El intercambio de fluidos resbaladizos. ..
Esa noche, en la que ella estuvo entre sus brazos. Abrazada a él. Un cálido y fuerte abrazo que llenaba su piel. Y que la hacia sentir segura, plena.
Instantes, que ella ahora recordaba con un fino deseo, casi pueril y enfermizo.
Sentía, como sus fuerzas la abandonaban y sus ojos se rendían al sueño y a la extenuación.
Un leve recuerdo. Ligero. Inconstante. Trémulo. Todo a su alrededor la hacia recordar la plenitud de sensaciones vividas antaño.
Por eso ahora.. ella se sentía algo vacía, como si de su interior hubieran arrancado algo..
Su corazón tenía un hueco y ella anhelaba fuertemente llenarlo.


Ella escribía en esta noche de arquetipos de crisálidas de viento…..
 
Pasión
En un día como hoy de espectros laborales, de confusiones estereotipadas.
De concepciones clásicas de jefes y empleados. Donde queda marcado el territorio lineal que esta sociedad nos otorga. Hoy, en este instante de noche callada, a la luz del pachuli y del incienso de opio. Aromas mezclados, ingiero nubes de cristal. Puedo casi alcanzarlo. Toco el infinito. Lo rozo. Al igual que a la luna. Y me quemo en ella. Ardo. Me fundo en la pasión que ahora estoy dispuesta a regalar. Mi volcán interno clama porque lo acunes en tu pecho.
Si, clama por ti. Tu que quizás lees mis líneas. Letras escritas en un momento que no tiene fin.
Veo tu imagen. Como se ve el lejano horizonte tras un largo y continuado orgasmo.
¿ Estás ahí?. La copa se ha desbordado, resbala, liquida, sinuosa. Recorriendo horizontes de esperma. Aguijoneando cada pliegue de piel escondida.
¿ Sigues Ahí?. Dime que si. Di que vas a morder la manzana de mi cuerpo. Que vas a retorcer mi alma hasta hacerla jirones. ¿ Lo sientes?. El aroma es intenso, tanto que se introduce en mi piel, como tú lo harías.
Déjame mirarte a los ojos. Déjame que sienta la pasión que ahora quiero vivir contigo. Esa donde la cordura se pierde.
Donde no queda nada. Ni el cálido viento. Ni la noche.
Solos tú y yo.
Y la pasión…………..

 
Riesgos

Durante instantes me mirabas
Lo supe..
El deseo latía en tus sienes.
Se retorcía en tu interior cual animal herido.
Galopando por cada centímetro de tu dorada piel.
Mis dedos acariciaban el borde sinuoso de una copa de vino.
Se posaban tersos, finos, delicados.
Sintiendo el fino cristal.
Lo acariciaba segura de mi misma.
De tu creciente y punzante deseo hacia mi.
Insinuaba mis curvas.
Creciendo el latir de mis senos.
Acompasados.
Turgentes.
Tersos. Duros.
Conocedora como nunca de tu deseo enfermizo
Jugaba con su fuerza entre mis manos.
Lo notaba.
Podía sentirlo.
Intensidad de instantes.
Como el aroma que deja un buen perfume en el aire.
Lo sentía.
Fuerte. Intenso.
Tu me seguías mirando.
Tus ojos clavados en mi.
En mi escote. En mis senos.
Te morías por acariciarlos.
Lo sabía.
Tu tensión era tan intensa que rallaba en dolor.
Clamabas al cielo por tocarme.

¿Puedes sentirlo ahora?
¿Puedes sentir el mismo deseo que te atrapa?
Mírate. Dime si no lo sientes. Si ahora en este instante
de fino tiempo no vuelves a desearme?.
Se que si. Y sonrío. Sonrío.

Veo de nuevo la mueca de deseo en tus ojos...
En tus gestos..
En tus palabras..
En tus letras...

En lo que por unas horas nos unió en un viaje de tiempo.
¿ Deseas volver a repetirlo?.

Estoy dispuesta a arriesgar. Ahora más que nunca.
Creo que ya no tengo miedo.