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CARPE DIEM
RETALES DE MI VIDA: Con tibias gotas de sensualidad y una pizca de belleza erótica.
Acerca de
O mor henion i dhu: Ely siriar, el sila Ai! Aniron Undomiel
Sindicación
 
Y unas notas sonando...
Notas de piano. Notas que se desvanecen en esta, su noche quebrada.
Ella atenta, seguía el compás de cada nota, danzando sus dedos, bailando con cada instante. Dedos que intentaban dibujar el contorno de sus ojos. Casi adormecidos por el cansancio de un día agotador.

Beethoven desgranaba sus notas, en una pieza que a ella siempre le pareció que poseía magia en estado puro. Simple y pura belleza. Triste y a la vez cálida. Triste y a la vez intensa. Sonora. Sinuosamente hermosa. “Claro de Luna” lanzaba sus notas al viento y ella intentaba alcanzarlas como si una de esas burbujas de jabón se tratara. Esas que vuelan livianas y que al intentar atraparlas se desvanecen. Tal vez ella se sintiera así en ese instante. Liviana y a la vez mecida por el desvanecimiento de un día con tintes algo melancólicos y frenéticos a la vez.

Pensaba ella, en sus lágrimas de la noche anterior, en la amargura que de nuevo había inundado su corazón. Resurgía, cual Ave fénix de sus cenizas, tal vez con una cicatriz más en su corazón. Tal vez , sintiendo el golpe de su alma herida y ese fino regusto a algo que ella no sabía como definir. Cercano a la melancolía, a la añoranza. A la nostalgia de los pequeños instantes de felicidad.
Miraba en su interior, casi confusa, repleta de deseos, de sentimientos, de sensaciones. Añoraba palabras pronunciadas al arrullo de la noche. Añoraba la cálida luz de la luna, besando la estrellas. Estremecida, aún bajo el auspicio de notas de piano, sentía las leves caricias de un ángel que susurraba en su interior. Un alma cálida que de forma sorda y callada se estaba adentrando en corazón.
Y mientras revoloteaban como mariposas a su alrededor las alas del deseo. De lo prohibido, del placer que sabía que podía encontrar si quisiera.
Ahora, en este instante podía estar atrapada junto a viejo amigo en el pozo de los deseos. Bebiendo flujos de vida, auspiciados por gemidos de noche.
Ella sabía que en este minuto podía poseer y ser poseída por el mandato del deseo. Del puro y simple goce de la vida.
Y bajo los auspicios de esos deseos, intensos, fuertes, que removían su interior, humedeciendo su sexo y estremeciendo su piel…. las notas seguían su curso…
Notas de un piano, sonando en la inmensidad de una noche solitaria….Tal vez sintiendo el revoloteo y el fino tacto de un ángel sobre su piel.

 
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Un atento saludo
 
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