Llueve.
Llueve desde hace días. No deja de llover.
El cielo se ilumina de gotas de lluvia.
Caen desde el cielo a borbotones.
Como cataratas de tiempo.
Y sin embargo en la piel de ella hay un sol ardiente.
Que resplandece. Ilumina cada poro.
Cada centímetro atraviesa su interior.
La penetra furtivamente.
No hay ensoñaciones.
Ni lunas viscerales de sueños.
Llueve. No deja de llover.
El sonido repiquetea en el alfeizar de su ventana.
Ella- sonríe de forma acelerada-
El – continúa insistiendo el devenir de su locura.-
Ella y el se mueven absortos en la oscuridad.
Ella y el gimen de locura en la callada noche de Barcelona.
El tiempo los une unas horas.
Hora de simple éxtasis. Sin más . Ni compromisos ni explicaciones.
Llueve. No deja de llover.
Ella mira y mira a su alrededor.
Y simplemente sabe que hay un mundo fuera.
Y va a explorarlo. Sin medir los riesgos.
Sin fantasmas. Se ha cansado de ellos.
Demasiado tiempo viajando juntos.
Llueve. No deja de llover.
Y ella sonríe y
sobre todo vive….





