Blogs.ya.com Quitar publicidad
Delicias de chocolate y caramelo
De copas de champaigne, prostitutas y otros menesteres de la vida.
Acerca de
Entre moteles baratos y coches de lujo, entre gatos y perros, de la Luna al suelo. De esto y otros asuntos mundanos de la vida de esta que escribe por afición, un arte que ni es su campo ni pretende que lo sea.
 
La última carta
Me voy.
Dejo atrás todo. Necesito huir de la realidad que tanto me ha dañado, del mundo que tanto me ha hecho sufrir. Este lugar, que hoy dejo, ha sido el escenario en el que tantas y tantas lágrimas mías han sido las protagonistas, siempre con un hilo argumental diferente. Unas veces muertes, otras veces fracasos, en otras ocasiones sucesos casi fantásticos de lo extrañamente desgraciados que eran.
Nací y crecí aquí, ataviado con una máscara que no permitía ver más allá del exterior, un exterior reluciente y lujoso, alegremente feliz. Muchas veces me he comparado con una manzana, por fuera jugosa y brillante, por dentro podrida y llena de gusanos, bien lo sabes preciosa mía.
Es el momento de que deje atrás todos los malos recuerdos, de que os deje a todos. Dejo cosas preciosas, como tú, pero también dejo cosas por las que no merece la pena vivir, por las que no merece la pena ni siquiera preocuparse.
Mañana comenzaré a escribir mi nueva historia, con un principio maravilloso y que tendrá un final digno de un buen cuento de hadas que se precie de llamarse así. Si alguna vez te viste salpicada por mi amargura y mi sufrimiento, te pido que me perdones pues no era mi intención. Si a partir de hoy te hago sufrir por mi determinación, no me culpes, por favor. Lo necesito como quien necesita respirar para vivir. Lo sé, no pienso en lo que tú puedas necesitar, pero no puedo ocultar el hecho de que soy egoísta por naturaleza.
A veces me he planteado cómo sería la vida si todo fuera perfecto. Quizá me he acostumbrado demasiado a ser un desgraciado, pero siempre llegaba a la conclusión de que sería aburrido. Así pues, no busco una nueva historia perfecta, busco una nueva historia sin penas.
Todos estos años a mi lado has sido mi luz, mi aliento, también mi paño de lágrimas y contra quien descargaba toda mi ira. Lo has sido todo para mí, pero no puedo seguir dependiendo de nadie. Tengo que hacer las cosas por mí mismo.
Lo siento si te defraudo, si piensas que tiro la toalla, sólo puedo decirte que razón no te falta para pensar así y que es cierto que abandono.


– “Pues sí, lo pienso, eres un cobarde” – arrugaba el papel mientras lo leía. Se me partía el corazón a cada palabra. De algún modo entiendo su decisión, pero, ¿por qué no puedo yo ser partícipe de su nueva vida que tan brillantemente él pintaba? Ni siquiera me dio un último beso, ni siquiera dijo adiós en persona. El humo que ahora baja por mi garganta sabe distinto sin su presencia a mi lado, aunque aún queda ese pequeño regusto a él teniendo su carta cerca, escrita de su puño y letra.

No espero que entiendas por qué no quiero que vengas conmigo, pero créeme si te digo que es mejor así, lo hago por tu bien. Confía en mí una última vez, de eso depende mi esperanza.

Parece que me lea el pensamiento. ¿Le creo? No puedo, me sigue pareciendo un egoísta. Por mi bien no me dejaría, no se marcharía agachando la cabeza sin mirar atrás. Si lo hiciera por eso, daría media vuelta, me cogería y me llevaría consigo. Me diría “te quiero, te quiero más que a mi propia vida, tú has sido mi todo y no puedo comenzar de nuevo sin ti”. Me lo debe.

Es difícil renunciar a lo más importante de tu vida, pero he decidido ponerlo todo en orden, deber ser así.
Te contaré un secreto , pero no se lo digas a nadie. Todos estos años has vivido en una telaraña de mentiras creada por mí. El sufrimiento que tú conocías no eran más que historias tejidas cuidadosamente para ser un mártir.
Te engañé , no te amaba, no tenía una vida dramática. Jugué contigo y con todos a los que hice creer una realidad paralela sobre mí. Mi único sufrimiento vino al final de estos días, cuando me di cuenta de que engañaba a la persona más especial del mundo, cuando por fin pude ver que, aunque no te amaba, sí te quería, porque pusiste en mí más esfuerzo del que jamás mereceré.
Eres pura, Estela. No vuelvas a dejarte engañar por ningún impresentable.
Adiós.


Y, con un nudo en la garganta y los ojos humedecidos, estas fueron las últimas noticias que recibí del único hombre al que amé de verdad y por quien dejé mi vida. Las últimas noticias de la persona por quien lo di absolutamente todo y que ahora ya ni siquiera me creía que él hubiera escrito aquella carta de despedida. Al final resultó que la única verdad es que sí lo hacía por mi bien.

 
Cosechadora de poemas
Su piel de porcelana era su mejor arma, y sus ojos esmeralda, su mejor red. La gata que ya no era gata sino una mujer magullada y avejentada, nadaba entre montones de hojas de papel. Aún sonreía, yaciendo entre las poesías, cuando recordaba el principio de todo.

Todo empezó con un baile, un tango con la luna de la gata taciturna. Entre callejones y callejuelas, se deslizaba por las sombras, ocultándose cuando podría ser preciso, mostrándose en la luz cuando definitivamente no lo era.

"Se vende barata...", decían por ahí.

Y así, la gata a cuatro patas arrodillada ante un Cristo y una Virgen, distando mucho de ser Cristo quien la empujaba por detrás y dejando bien claro que ella no era en absoluto virgen, sonreía pensando: "Hoy leeré a Bécquer, o a Neruda, o a Machado, o a Darío...". A continuación quedaba tendida en la cama, y sobre su cuerpo marchito de gata que ya no era gata, caía la poesía como moneda de pago. El cliente salía y se decía: "Es la puta más barata de cuantas he conocido...".

Y otra noche más, volvía a convertirse en felina, y de nuevo otra noche, bailaba con la luna y se deslizaba cual serpiente, siempre con aire gatuno. Pero esa noche era diferente, ya no quería poesía de grandes autores, ya no quería ni a Baudelaire ni a las demás fábricas de belleza escrita, esa noche quería poesía de cosecha propia. Y así elegiría a sus clientes.

Olisqueaba cada pedazo de papel con aires de gata remilgada, y entre los aspirantes a saborear su carne a cambio de un poema que deshiciera a la felina en espasmos de felicidad, buscaba y rebuscaba aquel que era del todo conmovedor, o evocador, o excitante, o quizá triste, según le venía en gana.

Otra vez arrodillada, y otra vez su cuerpo marchito y, sobre él, la poesía reclamada. De nuevo el hombre marchaba, con mueca triunfante y casi de timador, y pensaba: "Es la puta más barata de cuantas he conocido...". Pero la gata taciturna, ya quitado su disfraz, ya cumplida su misión de cosechadora de poemas, se decía para sí: "¡Qué caro me vendo!".

Y ahora la gata que ya no era gata sino mujer maltratada, se retorcía gozosa entre las miles de poesías cultivadas a lo largo de los años. Y aún, que de vez en cuando vestía su disfraz de felina taciturna, recordaba aquellas palabras gloriosas: "¡Vendo mi cuerpo por poesía, el precio más alto de cuantos se puedan pagar!".

 
Amor lacónico, sexo conciso
Mientras nos fundimos y mezclamos, mientras nos anudamos y enlazamos, salvajes, furiosos, mientas se empapan de sudor nuestros cuerpos tibios...
Yo te beso, tú me muerdes.
Yo te lamo, tú me arañas.
¿Te acaricio? Y tú me azotas.
Si te abrazo me estrangulas.
Tú haces sexo, y yo te quiero.
-"Me pones a mil, nena, mucho..."-dijiste jadeante como un animal, absorto en tu propio placer y en las delicias de la carne, y cuando estabas al borde del clímax, gimiendo y gritando con ferocidad, me acerqué a tu oido y susurré suavemente:-"Querría follarte pero sólo me sale hacerte el amor."

...Un drabble...

 
Au revoir, mon chérie, mon amour
Tú sigues siendo el mismo y yo también, pero ya no somos los de siempre.
Nuestros caminos se cruzaron, nos vimos reflejados, tú fuiste mi espejo y yo tu agua clara.
Tú eras yo y yo era tú. Fuimos una sola persona.
Nos trenzamos y tejimos infinitas veces, nos confundimos entre la multitud.
Ahora ya no estás, ya no estoy, ya no estamos.
Ni tú eres mi espejo ni yo tu agua clara.
Ya no eres yo, ya no soy tú.
No sé quién eres, no me conoces.
-"¿Nos conocemos?"-preguntaste.
-"No, debo haberme confundido."-respondí.
Y lo vi.
No cambiaste un ápice.
"Au revoir, mon chérie, para siempre...", pensé.
Y lo viste.
No cambié en absoluto.
"Au revoir, mon amour, definitivo...", te dijiste.
Tú sigues siendo el mismo y yo también, pero ya no somos los de siempre.