La última carta
Me voy.
Dejo atrás todo. Necesito huir de la realidad que tanto me ha dañado, del mundo que tanto me ha hecho sufrir. Este lugar, que hoy dejo, ha sido el escenario en el que tantas y tantas lágrimas mías han sido las protagonistas, siempre con un hilo argumental diferente. Unas veces muertes, otras veces fracasos, en otras ocasiones sucesos casi fantásticos de lo extrañamente desgraciados que eran.
Nací y crecí aquí, ataviado con una máscara que no permitía ver más allá del exterior, un exterior reluciente y lujoso, alegremente feliz. Muchas veces me he comparado con una manzana, por fuera jugosa y brillante, por dentro podrida y llena de gusanos, bien lo sabes preciosa mía.
Es el momento de que deje atrás todos los malos recuerdos, de que os deje a todos. Dejo cosas preciosas, como tú, pero también dejo cosas por las que no merece la pena vivir, por las que no merece la pena ni siquiera preocuparse.
Mañana comenzaré a escribir mi nueva historia, con un principio maravilloso y que tendrá un final digno de un buen cuento de hadas que se precie de llamarse así. Si alguna vez te viste salpicada por mi amargura y mi sufrimiento, te pido que me perdones pues no era mi intención. Si a partir de hoy te hago sufrir por mi determinación, no me culpes, por favor. Lo necesito como quien necesita respirar para vivir. Lo sé, no pienso en lo que tú puedas necesitar, pero no puedo ocultar el hecho de que soy egoísta por naturaleza.
A veces me he planteado cómo sería la vida si todo fuera perfecto. Quizá me he acostumbrado demasiado a ser un desgraciado, pero siempre llegaba a la conclusión de que sería aburrido. Así pues, no busco una nueva historia perfecta, busco una nueva historia sin penas.
Todos estos años a mi lado has sido mi luz, mi aliento, también mi paño de lágrimas y contra quien descargaba toda mi ira. Lo has sido todo para mí, pero no puedo seguir dependiendo de nadie. Tengo que hacer las cosas por mí mismo.
Lo siento si te defraudo, si piensas que tiro la toalla, sólo puedo decirte que razón no te falta para pensar así y que es cierto que abandono.
– “Pues sí, lo pienso, eres un cobarde” – arrugaba el papel mientras lo leía. Se me partía el corazón a cada palabra. De algún modo entiendo su decisión, pero, ¿por qué no puedo yo ser partícipe de su nueva vida que tan brillantemente él pintaba? Ni siquiera me dio un último beso, ni siquiera dijo adiós en persona. El humo que ahora baja por mi garganta sabe distinto sin su presencia a mi lado, aunque aún queda ese pequeño regusto a él teniendo su carta cerca, escrita de su puño y letra.
No espero que entiendas por qué no quiero que vengas conmigo, pero créeme si te digo que es mejor así, lo hago por tu bien. Confía en mí una última vez, de eso depende mi esperanza.
Parece que me lea el pensamiento. ¿Le creo? No puedo, me sigue pareciendo un egoísta. Por mi bien no me dejaría, no se marcharía agachando la cabeza sin mirar atrás. Si lo hiciera por eso, daría media vuelta, me cogería y me llevaría consigo. Me diría “te quiero, te quiero más que a mi propia vida, tú has sido mi todo y no puedo comenzar de nuevo sin ti”. Me lo debe.
Es difícil renunciar a lo más importante de tu vida, pero he decidido ponerlo todo en orden, deber ser así.
Te contaré un secreto , pero no se lo digas a nadie. Todos estos años has vivido en una telaraña de mentiras creada por mí. El sufrimiento que tú conocías no eran más que historias tejidas cuidadosamente para ser un mártir.
Te engañé , no te amaba, no tenía una vida dramática. Jugué contigo y con todos a los que hice creer una realidad paralela sobre mí. Mi único sufrimiento vino al final de estos días, cuando me di cuenta de que engañaba a la persona más especial del mundo, cuando por fin pude ver que, aunque no te amaba, sí te quería, porque pusiste en mí más esfuerzo del que jamás mereceré.
Eres pura, Estela. No vuelvas a dejarte engañar por ningún impresentable.
Adiós.
Y, con un nudo en la garganta y los ojos humedecidos, estas fueron las últimas noticias que recibí del único hombre al que amé de verdad y por quien dejé mi vida. Las últimas noticias de la persona por quien lo di absolutamente todo y que ahora ya ni siquiera me creía que él hubiera escrito aquella carta de despedida. Al final resultó que la única verdad es que sí lo hacía por mi bien.

Dejo atrás todo. Necesito huir de la realidad que tanto me ha dañado, del mundo que tanto me ha hecho sufrir. Este lugar, que hoy dejo, ha sido el escenario en el que tantas y tantas lágrimas mías han sido las protagonistas, siempre con un hilo argumental diferente. Unas veces muertes, otras veces fracasos, en otras ocasiones sucesos casi fantásticos de lo extrañamente desgraciados que eran.
Nací y crecí aquí, ataviado con una máscara que no permitía ver más allá del exterior, un exterior reluciente y lujoso, alegremente feliz. Muchas veces me he comparado con una manzana, por fuera jugosa y brillante, por dentro podrida y llena de gusanos, bien lo sabes preciosa mía.
Es el momento de que deje atrás todos los malos recuerdos, de que os deje a todos. Dejo cosas preciosas, como tú, pero también dejo cosas por las que no merece la pena vivir, por las que no merece la pena ni siquiera preocuparse.
Mañana comenzaré a escribir mi nueva historia, con un principio maravilloso y que tendrá un final digno de un buen cuento de hadas que se precie de llamarse así. Si alguna vez te viste salpicada por mi amargura y mi sufrimiento, te pido que me perdones pues no era mi intención. Si a partir de hoy te hago sufrir por mi determinación, no me culpes, por favor. Lo necesito como quien necesita respirar para vivir. Lo sé, no pienso en lo que tú puedas necesitar, pero no puedo ocultar el hecho de que soy egoísta por naturaleza.
A veces me he planteado cómo sería la vida si todo fuera perfecto. Quizá me he acostumbrado demasiado a ser un desgraciado, pero siempre llegaba a la conclusión de que sería aburrido. Así pues, no busco una nueva historia perfecta, busco una nueva historia sin penas.
Todos estos años a mi lado has sido mi luz, mi aliento, también mi paño de lágrimas y contra quien descargaba toda mi ira. Lo has sido todo para mí, pero no puedo seguir dependiendo de nadie. Tengo que hacer las cosas por mí mismo.
Lo siento si te defraudo, si piensas que tiro la toalla, sólo puedo decirte que razón no te falta para pensar así y que es cierto que abandono.
– “Pues sí, lo pienso, eres un cobarde” – arrugaba el papel mientras lo leía. Se me partía el corazón a cada palabra. De algún modo entiendo su decisión, pero, ¿por qué no puedo yo ser partícipe de su nueva vida que tan brillantemente él pintaba? Ni siquiera me dio un último beso, ni siquiera dijo adiós en persona. El humo que ahora baja por mi garganta sabe distinto sin su presencia a mi lado, aunque aún queda ese pequeño regusto a él teniendo su carta cerca, escrita de su puño y letra.
No espero que entiendas por qué no quiero que vengas conmigo, pero créeme si te digo que es mejor así, lo hago por tu bien. Confía en mí una última vez, de eso depende mi esperanza.
Parece que me lea el pensamiento. ¿Le creo? No puedo, me sigue pareciendo un egoísta. Por mi bien no me dejaría, no se marcharía agachando la cabeza sin mirar atrás. Si lo hiciera por eso, daría media vuelta, me cogería y me llevaría consigo. Me diría “te quiero, te quiero más que a mi propia vida, tú has sido mi todo y no puedo comenzar de nuevo sin ti”. Me lo debe.
Es difícil renunciar a lo más importante de tu vida, pero he decidido ponerlo todo en orden, deber ser así.
Te contaré un secreto , pero no se lo digas a nadie. Todos estos años has vivido en una telaraña de mentiras creada por mí. El sufrimiento que tú conocías no eran más que historias tejidas cuidadosamente para ser un mártir.
Te engañé , no te amaba, no tenía una vida dramática. Jugué contigo y con todos a los que hice creer una realidad paralela sobre mí. Mi único sufrimiento vino al final de estos días, cuando me di cuenta de que engañaba a la persona más especial del mundo, cuando por fin pude ver que, aunque no te amaba, sí te quería, porque pusiste en mí más esfuerzo del que jamás mereceré.
Eres pura, Estela. No vuelvas a dejarte engañar por ningún impresentable.
Adiós.
Y, con un nudo en la garganta y los ojos humedecidos, estas fueron las últimas noticias que recibí del único hombre al que amé de verdad y por quien dejé mi vida. Las últimas noticias de la persona por quien lo di absolutamente todo y que ahora ya ni siquiera me creía que él hubiera escrito aquella carta de despedida. Al final resultó que la única verdad es que sí lo hacía por mi bien.






