El misterio de las piernas verdes
Era una oscura noche de invierno... jajaja, no, no, que es broma, que la historia no va de eso, si es algo mucho más normal... Bueno, normal, lo que se dice normal no es, al menos yo juro por Dios que no había visto caso parecido.
Esta mañana me planto en el mercadillo y me compro unos vaqueros. Hasta ahí todo normal (bueno, que me cuesten 20€ y que encima tengan un gujero en el bolsillo no es normal, pero tampoco nos vamos a poner tiquismiquis).
Llego a mi casa y me los enfundo (literal, porque parecía Laurita Salchichera): "Uy, sí, qué monos me quedan por aquí, mira que culito me hace, de aquí me queda sueltecito", esas cosas que una se dice para animarse aunque no sean verdad.
Total que me voy por ahí a darme una vuelta y a lucir mi nueva adquisición. Todo fantástico hasta que llego a casa y me los quito pa ponerme cómoda (porque yo no soy como el George Clooney, que por mucho que lo dijera el anuncio nadie se cree que un traje de Emidio Tucci sea cómodo pa ir pasando la aspiradora, amos hombre).
He aquí cuando se produce el apocalípsis: "¡Ahhhhhh, Mamáaaaaaaa, tengo las piernas verdes, rápido, llama al médico, que esto va a ser grave, algo de la circulación seguro! Ainssss, por qué no te hice caso antes y me pondría a hacer deporte" Total que entre lagrimón y lagrimón se acerca mi Madre (muy tranquila por cierto, que ya le vale) y me mira y me dice: "Pues yo no te veo nada raro".
Os juro que no le dí un sopapo por respeto, o sea, mis piernas verdes cual Flubber cualquiera y ella me dice que no ve nada raro. "¿Cuántos dedos tengo aquí Mamá?", le he tenido que decir, porque así las cosas yo ya dudaba que viera algo la pobre. Pero nada, me ha torcido la boca muy enfadada ella y me ha dejado con mi problema de piernas verdes.
Y los lagrimones que caían ya por mi cara pensando que me estaba transformando en un ser extraterrestre, que era algún tipo de virus alienígena (así como el aviar éste pero de más lejos, de allá por la galaxia de dónde nos vino el Superman) que había estado latente y que ahora empezaba a desarrollarse en mí.
Ya resignada a mi nuevo destino de ente kriptoniano me meto en la ducha y ¡zás! allá que con el primer regaderazo se cae todo. "Mamá, que para que te quedes tranquila lo de las piernas verdes y el peligro de colapso de todas la venas y arterias de mi cuerpo, que no, que era una falsa alarma. ¡Que es que el puto pantalón destiñe!"
Ea, un misterio menos del que se tienen que encargar Mulder y Scully. Reiros, reiros, pero no sabéis el susto que me he llevao, no lo sabéis, ains...
Esta mañana me planto en el mercadillo y me compro unos vaqueros. Hasta ahí todo normal (bueno, que me cuesten 20€ y que encima tengan un gujero en el bolsillo no es normal, pero tampoco nos vamos a poner tiquismiquis).
Llego a mi casa y me los enfundo (literal, porque parecía Laurita Salchichera): "Uy, sí, qué monos me quedan por aquí, mira que culito me hace, de aquí me queda sueltecito", esas cosas que una se dice para animarse aunque no sean verdad.
Total que me voy por ahí a darme una vuelta y a lucir mi nueva adquisición. Todo fantástico hasta que llego a casa y me los quito pa ponerme cómoda (porque yo no soy como el George Clooney, que por mucho que lo dijera el anuncio nadie se cree que un traje de Emidio Tucci sea cómodo pa ir pasando la aspiradora, amos hombre).
Os juro que no le dí un sopapo por respeto, o sea, mis piernas verdes cual Flubber cualquiera y ella me dice que no ve nada raro. "¿Cuántos dedos tengo aquí Mamá?", le he tenido que decir, porque así las cosas yo ya dudaba que viera algo la pobre. Pero nada, me ha torcido la boca muy enfadada ella y me ha dejado con mi problema de piernas verdes.
Y los lagrimones que caían ya por mi cara pensando que me estaba transformando en un ser extraterrestre, que era algún tipo de virus alienígena (así como el aviar éste pero de más lejos, de allá por la galaxia de dónde nos vino el Superman) que había estado latente y que ahora empezaba a desarrollarse en mí.
Ya resignada a mi nuevo destino de ente kriptoniano me meto en la ducha y ¡zás! allá que con el primer regaderazo se cae todo. "Mamá, que para que te quedes tranquila lo de las piernas verdes y el peligro de colapso de todas la venas y arterias de mi cuerpo, que no, que era una falsa alarma. ¡Que es que el puto pantalón destiñe!"
Ea, un misterio menos del que se tienen que encargar Mulder y Scully. Reiros, reiros, pero no sabéis el susto que me he llevao, no lo sabéis, ains...
La Pérdida
Estoy de luto. El blog está de luto. Mi corazón está de luto. He perdido a mi ángel...
Keiko quiere superarlo, quiere volver a la normalidad, llenándose el corazón de antiguos recuerdos, aquellos que eran felices, aquellos que no provocan llanto...
Keiko quiere volver a leer a sus amigos, volver a escribir a sus amigos, volver a escribir en el blog...
Pero Keiko está de luto, por eso el blog se ha oscurecido, igual que mi corazón, para recordarme que tengo derecho a sufrir la pérdida de mi ángel, que tengo derecho a no estar contenta, que tengo derecho a echarle tanto de menos que me duele el pecho con sólo recordarlo...
Keiko quiere superar el dolor y Keiko va a conseguirlo...

Keiko quiere superarlo, quiere volver a la normalidad, llenándose el corazón de antiguos recuerdos, aquellos que eran felices, aquellos que no provocan llanto...
Keiko quiere volver a leer a sus amigos, volver a escribir a sus amigos, volver a escribir en el blog...
Pero Keiko está de luto, por eso el blog se ha oscurecido, igual que mi corazón, para recordarme que tengo derecho a sufrir la pérdida de mi ángel, que tengo derecho a no estar contenta, que tengo derecho a echarle tanto de menos que me duele el pecho con sólo recordarlo...
Keiko quiere superar el dolor y Keiko va a conseguirlo...
Te quiero MI ÁNGEL.

Qué porquería de mujer moderna
Hoy me planto yo por primera vez en el Bauhaus (que es un sitio de estos de bricolaje a lo bestia, como el Akí) porque me había dicho mi madre que allí vendían un taladro percutor por sólo 12€, y que lo mismo atornillaba y todo.
Y como tenemos por ahí la otra estantería de pino (la otra que no es la que da nombre a este blog pero que es prima hermana) todavía en su envoltorio, porque después de las dos ampollas que me salieron en la mano de atornillar a mano 5 baldas a 4 tornillos porculeros cada uno (no hombre, no te pongas a multiplicar, que la cantidad es lo de menos) pues no me quedaron ganas de más, como vosotros podréis comprender. Total que a mamá se le ocurrió que sería buena idea comprarse el dichoso taladro y dejar de tener ahí la pobre estantería plastificada.
Bueno pues eso, que nos plantamos en el Bauhaus. Qué cosa más inmensa Dios mío, miedo me ha dado nada más pasar las puertas de cristal. En eso mi madre, que es mu espabilá cuando quiere me grita: "¡Taladros, taladros!". Y yo con el miedo de la inmensidad de aquel sitio aún recorriendo mis entrañas me pongo a pensar que los taladros han cobrado vida y han decidido atacar a los clientes. Que por poco me tiro al suelo al grito de "¡Sálvese quién pueda!", vamos.
Pero nada, nada, todo era un susto. Mamá señalaba un pasillo (el primero, menos mal) lleno de taladros pa gustos y colores. "129, 235, 140... Mamá, ¿no decías tú que eran 12 €? Pues en lo que hemos tardado de la casa aquí les ha crecido una cifra más a cada uno". "Que no nena, que te digo yo que son 12€" y cuando ella lo dice lo dice, no quiere decir que sea verdad, o que lleve ella la razón, pero de allí no se va una hasta que no encuentre lo que sea a 12€, menuda es ella.
Pues lo encuentra oye. Pero he aquí el problema. El cartel de arriba que anuncia: "Taladro a batería: 12€" y la máquina de abajo que pone "Atornillador a batería: 12€" y entonces a mamá y a mí se nos frunce el ceño. Y he aquí damas y caballeros donde vengo yo a darme cuenta, después de 26 años presumiento ante el mundo entero que soy la versión femenina de McGiver, (que lo mismo te arreglo una persiana que una lavadora), de que no tengo ni puñetera idea de si un taladro es siempre a la vez atornillador y un atornillador siempre a la vez un taladro, si no tienen nada que ver, si las brocas son de un número determinado, si hay modo alguno de saber cuál es ese número, si las de atornillar hay que comprarlas por otro lado...
Total, que pasa por mi lado un muchacho de estos que trabaja en el Bauhaus, y leo que en su camiseta por detrás pone "Yo le ayudo" y ahí ya me ha dado la neura. Tan feminista yo, que estudié dos años de electricidad (lo justo pa saber cómo se cambia una bombilla) en una clase en la que yo era el único ente femenino, que tenía que defender mis derechos de mujer independiente y lista a más no poder. ¿Y va a poder conmigo un taladro-atornillador y las brocas que les parió? Ah no hija no. Así que muy digna yo agarro a mi madre del brazo y nos vamos las dos cual Ángeles de Charlie al estilo barriada y que se metan sus taladros de 12€ por donde les quepa.
Eso sí, yo me he marchado con una mirada de esas de "Volveré". Pero antes me voy a ver si encuentro a una mujer o a un hombre que me explique esto de los taladros, que la próxima vez que vaya al Bauhaus voy a triunfar como el de en medio de los Chichos. A mí me van a quitar estos el título de McGiver, já, já, já, que lo intenten...
Y como tenemos por ahí la otra estantería de pino (la otra que no es la que da nombre a este blog pero que es prima hermana) todavía en su envoltorio, porque después de las dos ampollas que me salieron en la mano de atornillar a mano 5 baldas a 4 tornillos porculeros cada uno (no hombre, no te pongas a multiplicar, que la cantidad es lo de menos) pues no me quedaron ganas de más, como vosotros podréis comprender. Total que a mamá se le ocurrió que sería buena idea comprarse el dichoso taladro y dejar de tener ahí la pobre estantería plastificada.
Bueno pues eso, que nos plantamos en el Bauhaus. Qué cosa más inmensa Dios mío, miedo me ha dado nada más pasar las puertas de cristal. En eso mi madre, que es mu espabilá cuando quiere me grita: "¡Taladros, taladros!". Y yo con el miedo de la inmensidad de aquel sitio aún recorriendo mis entrañas me pongo a pensar que los taladros han cobrado vida y han decidido atacar a los clientes. Que por poco me tiro al suelo al grito de "¡Sálvese quién pueda!", vamos.

Pero nada, nada, todo era un susto. Mamá señalaba un pasillo (el primero, menos mal) lleno de taladros pa gustos y colores. "129, 235, 140... Mamá, ¿no decías tú que eran 12 €? Pues en lo que hemos tardado de la casa aquí les ha crecido una cifra más a cada uno". "Que no nena, que te digo yo que son 12€" y cuando ella lo dice lo dice, no quiere decir que sea verdad, o que lleve ella la razón, pero de allí no se va una hasta que no encuentre lo que sea a 12€, menuda es ella.
Pues lo encuentra oye. Pero he aquí el problema. El cartel de arriba que anuncia: "Taladro a batería: 12€" y la máquina de abajo que pone "Atornillador a batería: 12€" y entonces a mamá y a mí se nos frunce el ceño. Y he aquí damas y caballeros donde vengo yo a darme cuenta, después de 26 años presumiento ante el mundo entero que soy la versión femenina de McGiver, (que lo mismo te arreglo una persiana que una lavadora), de que no tengo ni puñetera idea de si un taladro es siempre a la vez atornillador y un atornillador siempre a la vez un taladro, si no tienen nada que ver, si las brocas son de un número determinado, si hay modo alguno de saber cuál es ese número, si las de atornillar hay que comprarlas por otro lado...
Total, que pasa por mi lado un muchacho de estos que trabaja en el Bauhaus, y leo que en su camiseta por detrás pone "Yo le ayudo" y ahí ya me ha dado la neura. Tan feminista yo, que estudié dos años de electricidad (lo justo pa saber cómo se cambia una bombilla) en una clase en la que yo era el único ente femenino, que tenía que defender mis derechos de mujer independiente y lista a más no poder. ¿Y va a poder conmigo un taladro-atornillador y las brocas que les parió? Ah no hija no. Así que muy digna yo agarro a mi madre del brazo y nos vamos las dos cual Ángeles de Charlie al estilo barriada y que se metan sus taladros de 12€ por donde les quepa.
Eso sí, yo me he marchado con una mirada de esas de "Volveré". Pero antes me voy a ver si encuentro a una mujer o a un hombre que me explique esto de los taladros, que la próxima vez que vaya al Bauhaus voy a triunfar como el de en medio de los Chichos. A mí me van a quitar estos el título de McGiver, já, já, já, que lo intenten...
El Stress
Y lo pongo así en inglés porque acaba con dos eses y me suena más a retintín, que es lo que tiene el estrés, mucho retintín, mucho "mira mira como te agobio y te doy por saco". Y es que en realidad este post tenía que llamarse así: "El Stress y Mi Clavícula: Yo los crío y ellos se juntan pa darme por saco", pero era muy largo.
Que el estrés lo pasamos todos de un modo u otro lo sé yo, pero también sé yo que no es lo mismo el que pasa el asesor inmobiliario que el que pasa el broker en pleno berrido bursátil. Pues mi caso ni el uno ni el otro, algo intermedio. Que sí, que mi trabajo es estresante a más no poder, tienes un tiempo determinado para facturar a el ciento y la madre
de personas que si no pierden un vuelo que luego tienes que embarcar en un tiempo determinado también y cruzando los dedos para no equivocarte, ni meter la pata, ni que se joroben las máquinas (que esto último pasa mucho más de lo que una quisiera).
Pero es que luego llego a casa y sigo con estrés. Que si tengo que hacer esto, que si tengo que hacer aquello, que me dejé lo de más allá sin hacer el otro día, que a ver si termino lo de más acá de una vez. Total, que no hay descanso, y como no hay descanso mental mi cuerpo se toma el privilegio de provocármelo por cojones (con perdón, pero es que lo hace así, con todas las letras). Así que de la noche a la mañana la clavícula se sale así para fuera tipo alien, empieza a quemarme del hombro para abajo y tarán, brazo derecho inutilizado. Lo que significa que yo también me quedo mitad inutilizada, mitad cabreada, mitad dolorosa toda yo de mi desgracia en mí misma.
Suerte que ya le voy cogiendo el truquillo al asunto y cada vez me dura menos la crisis (esa palabreja que dice mi madre que significa crecimiento en algún idioma tipo chino o japonés o alguno de esos de sabiduría ancestral y que menos mal que no es un crecimiento literal o tendría ya el brazo tipo boomer). Así que unas cuantas respiraciones, un mirar para el armario de ropa amontonada, darme la vuelta e irme a la playita a disfrutar del mar y del ruido de las olas, un pasar de lo que grita aquel pasajero o insulta aquel otro y un sentarme a la bartola y repetirme a mí misma que las cargas no existen y que soy totalmente libre para hacer lo que me plazca así sea no hacer nada en absoluto. Y oye, mano de santo, clavícula de vuelta a sus orígenes, brazo a temperatura normal y yo a la carga de nuevo pero pendiente de eso del relax para que no vuelva a pasar.
Así que aquí me tenéis, con ganas de retomar lo que dejé, sobre todo de visitar esos blogs que tanto me gustan y reirme y comentar a tutiplén. Por cierto de nada, curioso lo de esta palabra, que creía yo que venía del francés, algo así como la versión cañí de un "tout et plain" o algo de eso, pero no, según la RAE viene del latín tous plenus, de viciar esa frase. Que nos gusta a nosotros eso de viciar, ains...
Que el estrés lo pasamos todos de un modo u otro lo sé yo, pero también sé yo que no es lo mismo el que pasa el asesor inmobiliario que el que pasa el broker en pleno berrido bursátil. Pues mi caso ni el uno ni el otro, algo intermedio. Que sí, que mi trabajo es estresante a más no poder, tienes un tiempo determinado para facturar a el ciento y la madre
de personas que si no pierden un vuelo que luego tienes que embarcar en un tiempo determinado también y cruzando los dedos para no equivocarte, ni meter la pata, ni que se joroben las máquinas (que esto último pasa mucho más de lo que una quisiera).Pero es que luego llego a casa y sigo con estrés. Que si tengo que hacer esto, que si tengo que hacer aquello, que me dejé lo de más allá sin hacer el otro día, que a ver si termino lo de más acá de una vez. Total, que no hay descanso, y como no hay descanso mental mi cuerpo se toma el privilegio de provocármelo por cojones (con perdón, pero es que lo hace así, con todas las letras). Así que de la noche a la mañana la clavícula se sale así para fuera tipo alien, empieza a quemarme del hombro para abajo y tarán, brazo derecho inutilizado. Lo que significa que yo también me quedo mitad inutilizada, mitad cabreada, mitad dolorosa toda yo de mi desgracia en mí misma.
Suerte que ya le voy cogiendo el truquillo al asunto y cada vez me dura menos la crisis (esa palabreja que dice mi madre que significa crecimiento en algún idioma tipo chino o japonés o alguno de esos de sabiduría ancestral y que menos mal que no es un crecimiento literal o tendría ya el brazo tipo boomer). Así que unas cuantas respiraciones, un mirar para el armario de ropa amontonada, darme la vuelta e irme a la playita a disfrutar del mar y del ruido de las olas, un pasar de lo que grita aquel pasajero o insulta aquel otro y un sentarme a la bartola y repetirme a mí misma que las cargas no existen y que soy totalmente libre para hacer lo que me plazca así sea no hacer nada en absoluto. Y oye, mano de santo, clavícula de vuelta a sus orígenes, brazo a temperatura normal y yo a la carga de nuevo pero pendiente de eso del relax para que no vuelva a pasar.
Así que aquí me tenéis, con ganas de retomar lo que dejé, sobre todo de visitar esos blogs que tanto me gustan y reirme y comentar a tutiplén. Por cierto de nada, curioso lo de esta palabra, que creía yo que venía del francés, algo así como la versión cañí de un "tout et plain" o algo de eso, pero no, según la RAE viene del latín tous plenus, de viciar esa frase. Que nos gusta a nosotros eso de viciar, ains...