Si yo fuera...
[Antes de empezar mis 'Si yo fuera' animada por mi AlMa, os explico que no he actualizado desde... bueno, ahora no me acuerdo pero digo yo que eso es lo de menos. A lo que iba, que he estado ocupada creando un LiveJounal (lo mismito que un blog pero así en plan pijo-americano, vamos eso creo) en este caso animada, retada y casi empujada por mi sista Gala titulado Bichito (sí, dejo el link por si queréis pasaros, ya sé que se nota pero ¿desde cuándo oculto yo mi publicidad? jajaja) y no, no es que ahora me vaya a poner a escribir allí (sobre todo porque he decidido escribirlo en inglés, que ya tengo yo mérito ya) sino que yo ante el reto de un lienzo vacío pues allá que no me puedo contener y necesito ponerme a crear que si fondos por aquí, que si banners por allá, que si el color de esta tabla no va conmigo, que si esos links no me gustan que queden subrayados... Total que llevo tres días diseño que va diseño que viene y (atención que ya por fín llegamos al final de esta explicación que nadie me ha pedido) esa es la razón por la que no he actualizado en estos días. (Nop, lo siento, yo no sé resumir ¡creía que ya os habíais dado cuenta!). Y ahora ya, sin más dilación (lo juro, lo juro, lo perjuro) ahí os dejo con mi lista. Besiiiiiiiiiiiiiiiiitos.]
Si yo fuera un / una... Sería...
• Momento del día -> La hora del desayuno
• Planeta -> Kripton
• Animal -> Un Osito Panda
• Mes -> Mayo
• Día -> Domingo
• Líquido -> El agua
• Comida -> Tofu a la pimienta verde con cous-cous
• Asignatura -> Las Matemáticas
• Parte del cuerpo -> Las manos
• Número -> El 47 (¡Viva Rambaldi!)
• Mueble -> La cama
• Color -> El amarillo
• Ciudad -> Alguna que no he conocido todavía
• Dolor -> El de mandíbulas de tanto reirse
• Idioma -> El Italiano
• Canción -> Ese hombre (parte 1 y 2) de Pimpinela y Dyango
• Flor -> El Jazmín
• Verbo -> Uno compuesto: ser feliz
• Prenda -> Una camiseta de manga corta
• País -> Alguno que no he conocido todavía
• Deporte -> La natación
• Baile -> La salsa
• Dibujo animado -> Homer Simpson
• Mar ->El Mediterráneo
• Estación -> La primavera
• Objeto -> Una postal
• Fruta -> Una sandía
• Instrumento musical -> Mi voz
• Lugar -> Mi casa en el campo (aún no existe pero existirá)
Si yo fuera un / una... Sería...
• Momento del día -> La hora del desayuno
• Planeta -> Kripton
• Animal -> Un Osito Panda
• Mes -> Mayo
• Día -> Domingo
• Líquido -> El agua
• Comida -> Tofu a la pimienta verde con cous-cous
• Asignatura -> Las Matemáticas
• Parte del cuerpo -> Las manos
• Número -> El 47 (¡Viva Rambaldi!)
• Mueble -> La cama
• Color -> El amarillo
• Ciudad -> Alguna que no he conocido todavía
• Dolor -> El de mandíbulas de tanto reirse
• Idioma -> El Italiano
• Canción -> Ese hombre (parte 1 y 2) de Pimpinela y Dyango
• Flor -> El Jazmín
• Verbo -> Uno compuesto: ser feliz
• Prenda -> Una camiseta de manga corta
• País -> Alguno que no he conocido todavía
• Deporte -> La natación
• Baile -> La salsa
• Dibujo animado -> Homer Simpson
• Mar ->El Mediterráneo
• Estación -> La primavera
• Objeto -> Una postal
• Fruta -> Una sandía
• Instrumento musical -> Mi voz
• Lugar -> Mi casa en el campo (aún no existe pero existirá)
EL HOMBRE EXCEDENTE (Título © de mi Greli)
Bueno, pues como lo prometido es deuda y yo ya tengo bastante con la luz, el agua, el teléfono y la contribución, pa una que es gratis aquí me dispongo a pagarla... (Aviso que la historia es larga de narices y que nadie está obligada a leerla, que luego no quiero yo reclamaciones, jejeje)
Lo malo de que tu turno en embarque empiece a la mitad de un vuelo es exactamente eso, que te has perdido la mitad del vuelo. Y en otras ocasiones ese hecho no tendría la menor importancia, pero tratándose de un Barcelona retrasado más de tres horas por motivos técnicos pues como que la cosa sí que adquiere su trascendencia.
Allí que llego yo a la puerta, la B15 para más señas. Un Barcelona en remoto (eso significa que los pasajeros han de ir en autobús para coger el avión porque está aparcado en pista... lo sé, me ha quedado muy profesional la explicación...). Mis tres compis que me explican que salen de su turno, o sea, que me quedo sola. Pero que no hay ningún problema, sólo faltan dos pasajeros y la confirmación de la supervisora de un pasajero de clase preferente al que se le va a meter en este vuelo porque el suyo sale con mucho retraso.
Llaman por teléfono, mi compi atiende justo antes de marcharse, le dan la confirmación y allá que el señor Capellán (que así se llamaba el caballero business, no se me olvidará en la vida) tiene permiso para subir al avión. Y allá que el hombre pues que pasa por la puerta y se va caminito al autobús camino de su señor avión. Me quedo más solita que la una a la espera de los dos pasajeros que me faltan. Aparecen dos supervisoras (porque, por cierto, en los Barcelonas y Madriles pues siempre debe haber un supervisor por si se presentan problemas [nótese el énfasis de la palabra debe]) que al verme allí me sueltan: "Ay, pero si es Laurita, entonces no pasa nada, la podemos dejar sola. Nos vamos para el núcleo."
Y yo allí que por un lado como que me siento halagada y por otro... por otro estoy más sola que la una en un Barcelona, ¡leñes! Llamo por megafonía a los dos periquitos que me faltan, que manda cojones que llevan 5 maletas y una conexión a Roma. Allá que pasan por delante dos pardillos muy tranquilos ellos y yo que ya tengo vista de lince pa estas cosas que les grito: "¿¡Barcelona!?" Y ellos con toda la tranquilidad de su alma asienten con la cabeza y allá que yo ya como una energúmena: "¡Que les llevamos llamando 10 minutos! ¡¿No entienden que el avión se va sin ustedes?! ¡Que tienen que estar en la puerta a la hora indicada!" Los dos me miran como si la historia no fuera con ellos y yo que voy avisando a coordinación de que mando los dos últimos que faltaban, eso justo antes de darme cuenta de que debo acompañarles yo hasta el autobús (dos plantas más abajo) porque estando más sola que la una como estoy pues como que o lo hago yo o no lo hace nadie, claro.
En eso aparece Paco (sí, el supervisor que cuenta historias de la mili) que me quiere decir no se qué. Y yo con mi impertinencia de siempre: "¡Ahora no Paco que tengo que llevar a estos señores al autobús, que se me va el avión de hora!". Menos mal que Paco es un cielo y él que me entiende me contesta: "Sí, venga, venga, no te preocupes, yo te vigilo tus cosas mientras, aquí te espero."
Y allí que la Laura y todas sus carnes se baja los dos pisos de rampa corriendo con los dos periquitos detrás, allá que le digo al del autobús que se los lleve, que ya están todos. Y allá que la Laura y sus carnes vuelven a subir los dos pisos de rampa corriendo. Allí me esperaba Paco, con un montón de papeles y un walkie-talkie. Que también se terminaba su turno y me lo dejaba todo para que cuando terminara el vuelo lo llevara al núcleo. "Pos vale Paco, déjalo por ahí todo". Me siento en la silla y doy un suspiro pa recuperar el aliento por fín.
Dos segundos después llaman por el zapatófono (un interfono del año catapún que bien podría ser de una de las primeras películas de James Bond, digo yo que será por eso su nombre). Y allá que una voz me suelta un: "¿Embarque?". Y yo, pues como que no me llamo embarque, pero vamos, que digo yo que se referiría a mí... total, no había otra.
- Dime
- Que la azafata ha contado y dice que tenemos un pasajero de más, que me sobra uno.
Y ahí que se me encienden las luces esas naranjas de alarma con su ¡nino, nino, nino!, tan propio y característico. Primero fué el pánico, luego la sorpresa y por último la lógica (¿habéis visto qué bien me calmo? jajaja).
- Amos a ver, ¿cómo que te sobra uno? ¿Habéis contado al preferente al que se ha aceptado del otro vuelo?
Y ahí que llegó el Apocalipsis:
- ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que se ha aceptado a un preferente?! ¡No puede ser! ¡Que la capacidad del avión está reducida a 136 pasajeros por causas técnicas! ¡Que os hemos avisado! Que si habéis aceptado a uno más son 137 ("Qué bien sumas", me dieron ganas de decirle, pero no era el momento.) y el avión no despega si no hay 136, ¡ni uno más!
Total, que allí que le explico que yo he llegado al vuelo a la mitad, que a mí nadie me ha avisado de nada pero que yo he escuchado cómo aceptaban el preferente, mis supervisores y coordinación. Y allí que como respuesta recibo un "Vale, vale" y me cuelgan.
Rauda y veloz llamo al núcleo y les explico la situación. Obviamente las supervisoras eran las mismas que hacía dos minutos habían pasado por mi puerta, total, que ellas tampoco tenían ni idea de nada. Pero que oyes, que si sobraba el señor Capellán pues allá que "Anda Laura llégate al avión y te lo traes, que no creo yo que te ponga problemas". Nooooooooo, ¿problemas? ¿qué dices? ¿un business? quita, quita...
Vuelve a sonar el zapatófono y su "¿Embarque?" y mi "Dime". "¿A qué puerta te mandamos el autobús para que vengas al avión a por el pasajero?" Uy, ¿pero puedo escoger?... Total que con mi lógica aplastante le digo que obviamente la B15 que es en la que estoy. Miro a mi alrededor, los papeles del vuelo, los de Paco y el walkie siguen por ahí desparramados y yo que tengo que largarme a un avión a hacer de Relaciones Públicas (sin ser mi ocupación ni mucho menos recibir el menor suplemento por ello). Así que hago zafarrancho y menos el walkie y mi bolso lo achucho todo en el primer cajón que me encuentro. Y allá que la Laura y sus carnes vuelven a bajar corriendo las dos plantas a la espera del autobús.
Y el autobús que no llega... y que no llega... y que no llega... y yo que empiezo a perder la paciencia (y los nervios, que ya me quedaban bien pocos). Me doy cuenta de que llevo un walkie así que para tranquilizarme me digo a mí misma que el walkie es como una radio y ya que vamos a esperar pos que podemos entretenernos. Así que lo enciendo y allá que escucho:
- ...Más problemas en el Barcelona. Hay un pasajero que dice que está harto y que se baja... No, no, son dos... sí, dos pasajeros, que dicen que se quieren bajar del avión...
Y ya que me caía por la frente un goterón de esos de los dibujitos chinos. Y en eso que aparece una furgoneta con dos que me miran con cara de lástima. Para frente a mí y el conductor me hace un gesto con la mano para que me suba. Y yo que ya lo mismo me da ocho que ochenta allá que me subo (total, estaría bueno que me secuestraran en la pista del aeropuerto).
- ¿Eres la que va pa el Barcelona?
- Yo misma.
- Angelito mía, anda que no tienen poca vergüenza esta gente, mandar a una eventual a comerse los marrones.
Y yo ahí que iba a gritar un "¡Tiene usted más razón que un Santo!", pero que me contengo por prudencia y porque tenía tres pasajeros esperándome para los que necesitaba guardarme todas mis energías.
Allá que llego al monstruo ése (el avión, es que me dan miedo, ¿no lo había dicho?) y una comitiva compuesta por un azafato, una azafata, un comandante, una coordinadora y dos pasajeros muy mosqueados que esperan a ver quién es la que llega. Jajajaja, anda que la cara que se les quedó cuando me vieron a mí. Fíjate si les resulté poco importante que siguieron a lo suyo como si no hubiera llegado nadie (cosa que yo les agradecí, por supuesto).
Resumiendo lo que aconteció en el avión (si es que eso se puede a estas alturas), el pasajero número 1 no llevaba maletas y al comandante le parecía estupendo que se quisiera bajar por propia voluntad ya que así se resolvía el problema del business excedente. En cambio el pasajero número 2 tenía una maleta en conexión a Roma (otro para Roma) y en caso de que se bajara habría que perder el tiempo en buscarla y tal y tal... Mientras más pasajeros querían bajarse animados por (y discúlpenme por la sinceridad) el gilipollas del azafato que andaba por ahí diciendo que sí, que todos iban a perder la conexión y que sí, que lo mejor que podían hacer era bajarse. Y ahí fué donde llegó mi primera intervención como Relaciones Públicas (o Chaquetas Rojas, que es así como les llamamos, por si la foto no lo deja claro),
dentro de aquel monstruo de avión lleno de gente que me miraba como si yo fuera famosa o algo. Les expliqué que si perdían la conexión ya lo tendrían previsto en Barcelona donde se lo solucionarían exactamente del mismo modo en que se lo pudiéramos solucionar nosotros en Málaga. Y la gente me creyó (me ha sonado a lo de "Y vió Dios que era bueno", jajaja) (ojo, que me creyeron porque era verdad, que otra cosa no pero que de mentirosa ni las pestañas).
Claro, con mi primera intervención allá que azafatos, coordinadores y comandantes ya me preguntaron quién era yo. Allá que me dieron ganas de decirles "Absolutamente nadie" pero como que me atuve a la verdad y contesté que era de embarque. Y allá que me soltaron toda clase de improperios del tipo de "No sabéis hacer nada bien" "Nos habéis mandado a nosotros el marrón y os habéis lavado las manos" "Es que el modo en que trabajáis es Tercermundista" y bla, bla, bla que yo miraba a las montañas y uy mira qué bonitas esas nubes...
Cuando el comandante se cansó de que le ignorara me dijo que su problema era el pasajero número dos y su maleta en conexión. Que a él ya le daba igual si el hombre se bajaba o no pero que tenía que decidirse porque él quería irse ya. Y allá que llegó mi segunda intervención como Relaciones Públicas. Allá que fuí a hablar con el pasajero nº 2 y allá que el hombre me explicó que el no quería una solución en Barcelona porque podía volar cualquier otro día del año, que lo suyo era por placer y que prefería bajarse y que le devolvieran el dinero. "Pues véngase conmigo", fué mi respuesta y claro, con mi poder de convocatoria allá que el hombre se vino detrás mía muy obediente él. Dieron órdenes de buscarle la maleta y yo pregunté (casi suplicando): "¿Me los puedo llevar ya?" La respuesta fué un sí rotundo y allá que yo me monté en el autobús con los dos señores. Llegando a la puerta B15 (y su rampa de dos pisos que me tocaba subir otra vez) me topé de frente a una de las supervisoras, que por lo visto el comandante del Barcelona había pedido que fuera al avión alguien que tuviera mando.
- Pues no sé Manoli, pero que yo sepa ya estaba todo solucionado.
Manoli llama por teléfono y pregunta. Que no, que no tiene que ir, que la chica a la que habían mandado (séase yo) es muy apañada y lo ha solucionado todo estupendamente. Y ahí ya que ni me sentí halagada ni nada, que ya hasta me sonó a coña, que estaba yo ya muy hartita de diplomacias y comandantes y la madre que los parió.
Despacito, despacito me fuí camino de la oficina de Relaciones Públicas escoltada por mis fieles pasajeros 1 y 2. Y allá que los solté, y allá que los dos me sonrieron felices, "Muchas gracias señorita, ha sido usted muy amable." y yo que devuelvo la sonrisa y que me marcho deprisita, deprisita no me fueran a pillar para cualquier otro asunto diplomático, que ya no me fiaba yo ni de mi mare.
Cuando llegué al núcleo allí me esperaban las dos supervisoras con un "Ay mi Laurita, pobrecita mía lo que la hemos hecho pasar". Y después de pedirme que les contara todo lo que había pasado en aquel avión y partirse de risa con cada cosa que salía por mi boca, las dos estuvieron de acuerdo que la culpa era de mi mal karma, que si algo así tiene que pasar en el aeropuerto hay un 99,9% de probabilidades de que me toque a mí... Y vió Laura que era cierto.
Con respecto al señor Capellán, el señor excedente, allá que se quedó en el avión, nadie le dijo que se bajara porque ya no hacía falta. Recuerdo que yo le miré, allí sentadito en su confortable asiento, y él me miró y se le escapó una media-carcajada, porque él sabía que era el hombre excedente y que todo ese follón estaba causado por su persona. Pero a él plín, que digo yo que dormirá en Pikolín...
Lo malo de que tu turno en embarque empiece a la mitad de un vuelo es exactamente eso, que te has perdido la mitad del vuelo. Y en otras ocasiones ese hecho no tendría la menor importancia, pero tratándose de un Barcelona retrasado más de tres horas por motivos técnicos pues como que la cosa sí que adquiere su trascendencia.
Allí que llego yo a la puerta, la B15 para más señas. Un Barcelona en remoto (eso significa que los pasajeros han de ir en autobús para coger el avión porque está aparcado en pista... lo sé, me ha quedado muy profesional la explicación...). Mis tres compis que me explican que salen de su turno, o sea, que me quedo sola. Pero que no hay ningún problema, sólo faltan dos pasajeros y la confirmación de la supervisora de un pasajero de clase preferente al que se le va a meter en este vuelo porque el suyo sale con mucho retraso.
Llaman por teléfono, mi compi atiende justo antes de marcharse, le dan la confirmación y allá que el señor Capellán (que así se llamaba el caballero business, no se me olvidará en la vida) tiene permiso para subir al avión. Y allá que el hombre pues que pasa por la puerta y se va caminito al autobús camino de su señor avión. Me quedo más solita que la una a la espera de los dos pasajeros que me faltan. Aparecen dos supervisoras (porque, por cierto, en los Barcelonas y Madriles pues siempre debe haber un supervisor por si se presentan problemas [nótese el énfasis de la palabra debe]) que al verme allí me sueltan: "Ay, pero si es Laurita, entonces no pasa nada, la podemos dejar sola. Nos vamos para el núcleo."Y yo allí que por un lado como que me siento halagada y por otro... por otro estoy más sola que la una en un Barcelona, ¡leñes! Llamo por megafonía a los dos periquitos que me faltan, que manda cojones que llevan 5 maletas y una conexión a Roma. Allá que pasan por delante dos pardillos muy tranquilos ellos y yo que ya tengo vista de lince pa estas cosas que les grito: "¿¡Barcelona!?" Y ellos con toda la tranquilidad de su alma asienten con la cabeza y allá que yo ya como una energúmena: "¡Que les llevamos llamando 10 minutos! ¡¿No entienden que el avión se va sin ustedes?! ¡Que tienen que estar en la puerta a la hora indicada!" Los dos me miran como si la historia no fuera con ellos y yo que voy avisando a coordinación de que mando los dos últimos que faltaban, eso justo antes de darme cuenta de que debo acompañarles yo hasta el autobús (dos plantas más abajo) porque estando más sola que la una como estoy pues como que o lo hago yo o no lo hace nadie, claro.
En eso aparece Paco (sí, el supervisor que cuenta historias de la mili) que me quiere decir no se qué. Y yo con mi impertinencia de siempre: "¡Ahora no Paco que tengo que llevar a estos señores al autobús, que se me va el avión de hora!". Menos mal que Paco es un cielo y él que me entiende me contesta: "Sí, venga, venga, no te preocupes, yo te vigilo tus cosas mientras, aquí te espero."
Y allí que la Laura y todas sus carnes se baja los dos pisos de rampa corriendo con los dos periquitos detrás, allá que le digo al del autobús que se los lleve, que ya están todos. Y allá que la Laura y sus carnes vuelven a subir los dos pisos de rampa corriendo. Allí me esperaba Paco, con un montón de papeles y un walkie-talkie. Que también se terminaba su turno y me lo dejaba todo para que cuando terminara el vuelo lo llevara al núcleo. "Pos vale Paco, déjalo por ahí todo". Me siento en la silla y doy un suspiro pa recuperar el aliento por fín.Dos segundos después llaman por el zapatófono (un interfono del año catapún que bien podría ser de una de las primeras películas de James Bond, digo yo que será por eso su nombre). Y allá que una voz me suelta un: "¿Embarque?". Y yo, pues como que no me llamo embarque, pero vamos, que digo yo que se referiría a mí... total, no había otra.
- Dime
- Que la azafata ha contado y dice que tenemos un pasajero de más, que me sobra uno.
Y ahí que se me encienden las luces esas naranjas de alarma con su ¡nino, nino, nino!, tan propio y característico. Primero fué el pánico, luego la sorpresa y por último la lógica (¿habéis visto qué bien me calmo? jajaja). - Amos a ver, ¿cómo que te sobra uno? ¿Habéis contado al preferente al que se ha aceptado del otro vuelo?
Y ahí que llegó el Apocalipsis:
- ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que se ha aceptado a un preferente?! ¡No puede ser! ¡Que la capacidad del avión está reducida a 136 pasajeros por causas técnicas! ¡Que os hemos avisado! Que si habéis aceptado a uno más son 137 ("Qué bien sumas", me dieron ganas de decirle, pero no era el momento.) y el avión no despega si no hay 136, ¡ni uno más!
Total, que allí que le explico que yo he llegado al vuelo a la mitad, que a mí nadie me ha avisado de nada pero que yo he escuchado cómo aceptaban el preferente, mis supervisores y coordinación. Y allí que como respuesta recibo un "Vale, vale" y me cuelgan.
Rauda y veloz llamo al núcleo y les explico la situación. Obviamente las supervisoras eran las mismas que hacía dos minutos habían pasado por mi puerta, total, que ellas tampoco tenían ni idea de nada. Pero que oyes, que si sobraba el señor Capellán pues allá que "Anda Laura llégate al avión y te lo traes, que no creo yo que te ponga problemas". Nooooooooo, ¿problemas? ¿qué dices? ¿un business? quita, quita...
Vuelve a sonar el zapatófono y su "¿Embarque?" y mi "Dime". "¿A qué puerta te mandamos el autobús para que vengas al avión a por el pasajero?" Uy, ¿pero puedo escoger?... Total que con mi lógica aplastante le digo que obviamente la B15 que es en la que estoy. Miro a mi alrededor, los papeles del vuelo, los de Paco y el walkie siguen por ahí desparramados y yo que tengo que largarme a un avión a hacer de Relaciones Públicas (sin ser mi ocupación ni mucho menos recibir el menor suplemento por ello). Así que hago zafarrancho y menos el walkie y mi bolso lo achucho todo en el primer cajón que me encuentro. Y allá que la Laura y sus carnes vuelven a bajar corriendo las dos plantas a la espera del autobús.
Y el autobús que no llega... y que no llega... y que no llega... y yo que empiezo a perder la paciencia (y los nervios, que ya me quedaban bien pocos). Me doy cuenta de que llevo un walkie así que para tranquilizarme me digo a mí misma que el walkie es como una radio y ya que vamos a esperar pos que podemos entretenernos. Así que lo enciendo y allá que escucho:
- ...Más problemas en el Barcelona. Hay un pasajero que dice que está harto y que se baja... No, no, son dos... sí, dos pasajeros, que dicen que se quieren bajar del avión...
Y ya que me caía por la frente un goterón de esos de los dibujitos chinos. Y en eso que aparece una furgoneta con dos que me miran con cara de lástima. Para frente a mí y el conductor me hace un gesto con la mano para que me suba. Y yo que ya lo mismo me da ocho que ochenta allá que me subo (total, estaría bueno que me secuestraran en la pista del aeropuerto).- ¿Eres la que va pa el Barcelona?
- Yo misma.
- Angelito mía, anda que no tienen poca vergüenza esta gente, mandar a una eventual a comerse los marrones.
Y yo ahí que iba a gritar un "¡Tiene usted más razón que un Santo!", pero que me contengo por prudencia y porque tenía tres pasajeros esperándome para los que necesitaba guardarme todas mis energías.
Allá que llego al monstruo ése (el avión, es que me dan miedo, ¿no lo había dicho?) y una comitiva compuesta por un azafato, una azafata, un comandante, una coordinadora y dos pasajeros muy mosqueados que esperan a ver quién es la que llega. Jajajaja, anda que la cara que se les quedó cuando me vieron a mí. Fíjate si les resulté poco importante que siguieron a lo suyo como si no hubiera llegado nadie (cosa que yo les agradecí, por supuesto).
Resumiendo lo que aconteció en el avión (si es que eso se puede a estas alturas), el pasajero número 1 no llevaba maletas y al comandante le parecía estupendo que se quisiera bajar por propia voluntad ya que así se resolvía el problema del business excedente. En cambio el pasajero número 2 tenía una maleta en conexión a Roma (otro para Roma) y en caso de que se bajara habría que perder el tiempo en buscarla y tal y tal... Mientras más pasajeros querían bajarse animados por (y discúlpenme por la sinceridad) el gilipollas del azafato que andaba por ahí diciendo que sí, que todos iban a perder la conexión y que sí, que lo mejor que podían hacer era bajarse. Y ahí fué donde llegó mi primera intervención como Relaciones Públicas (o Chaquetas Rojas, que es así como les llamamos, por si la foto no lo deja claro),
dentro de aquel monstruo de avión lleno de gente que me miraba como si yo fuera famosa o algo. Les expliqué que si perdían la conexión ya lo tendrían previsto en Barcelona donde se lo solucionarían exactamente del mismo modo en que se lo pudiéramos solucionar nosotros en Málaga. Y la gente me creyó (me ha sonado a lo de "Y vió Dios que era bueno", jajaja) (ojo, que me creyeron porque era verdad, que otra cosa no pero que de mentirosa ni las pestañas).Claro, con mi primera intervención allá que azafatos, coordinadores y comandantes ya me preguntaron quién era yo. Allá que me dieron ganas de decirles "Absolutamente nadie" pero como que me atuve a la verdad y contesté que era de embarque. Y allá que me soltaron toda clase de improperios del tipo de "No sabéis hacer nada bien" "Nos habéis mandado a nosotros el marrón y os habéis lavado las manos" "Es que el modo en que trabajáis es Tercermundista" y bla, bla, bla que yo miraba a las montañas y uy mira qué bonitas esas nubes...
Cuando el comandante se cansó de que le ignorara me dijo que su problema era el pasajero número dos y su maleta en conexión. Que a él ya le daba igual si el hombre se bajaba o no pero que tenía que decidirse porque él quería irse ya. Y allá que llegó mi segunda intervención como Relaciones Públicas. Allá que fuí a hablar con el pasajero nº 2 y allá que el hombre me explicó que el no quería una solución en Barcelona porque podía volar cualquier otro día del año, que lo suyo era por placer y que prefería bajarse y que le devolvieran el dinero. "Pues véngase conmigo", fué mi respuesta y claro, con mi poder de convocatoria allá que el hombre se vino detrás mía muy obediente él. Dieron órdenes de buscarle la maleta y yo pregunté (casi suplicando): "¿Me los puedo llevar ya?" La respuesta fué un sí rotundo y allá que yo me monté en el autobús con los dos señores. Llegando a la puerta B15 (y su rampa de dos pisos que me tocaba subir otra vez) me topé de frente a una de las supervisoras, que por lo visto el comandante del Barcelona había pedido que fuera al avión alguien que tuviera mando.
- Pues no sé Manoli, pero que yo sepa ya estaba todo solucionado.
Manoli llama por teléfono y pregunta. Que no, que no tiene que ir, que la chica a la que habían mandado (séase yo) es muy apañada y lo ha solucionado todo estupendamente. Y ahí ya que ni me sentí halagada ni nada, que ya hasta me sonó a coña, que estaba yo ya muy hartita de diplomacias y comandantes y la madre que los parió.
Despacito, despacito me fuí camino de la oficina de Relaciones Públicas escoltada por mis fieles pasajeros 1 y 2. Y allá que los solté, y allá que los dos me sonrieron felices, "Muchas gracias señorita, ha sido usted muy amable." y yo que devuelvo la sonrisa y que me marcho deprisita, deprisita no me fueran a pillar para cualquier otro asunto diplomático, que ya no me fiaba yo ni de mi mare.
Cuando llegué al núcleo allí me esperaban las dos supervisoras con un "Ay mi Laurita, pobrecita mía lo que la hemos hecho pasar". Y después de pedirme que les contara todo lo que había pasado en aquel avión y partirse de risa con cada cosa que salía por mi boca, las dos estuvieron de acuerdo que la culpa era de mi mal karma, que si algo así tiene que pasar en el aeropuerto hay un 99,9% de probabilidades de que me toque a mí... Y vió Laura que era cierto.
Con respecto al señor Capellán, el señor excedente, allá que se quedó en el avión, nadie le dijo que se bajara porque ya no hacía falta. Recuerdo que yo le miré, allí sentadito en su confortable asiento, y él me miró y se le escapó una media-carcajada, porque él sabía que era el hombre excedente y que todo ese follón estaba causado por su persona. Pero a él plín, que digo yo que dormirá en Pikolín...Estoy de vuelta
Y de emocionada que estoy ahora me encuentro en uno de esos raros momentos que no sé ni qué decir... jajaja, y os lo habréis creído y todo, jajajaja...
Pues eso, que después de las pechás de trabajar que me he dado (clavícula jodida incluída, que ya le vale ocurrírsele a ella salirse justo dos semanas antes de mis vacaciones forzosas) ya estoy libre como el sol cuando amanece y como el mar.
- NO echaré de menos las interminables colas en facturación de los fines de semana y de todos los medio-días, con su overbooking en el Londres incluído.
- NO echaré de menos el despotismo de los ejecutivos en business a los que "never in his life" les pidieron pesarle el equipaje de mano o a los que "señorita que poca amabilidad tiene usted por no quedarse con esta maletita mientras yo me doy una vuelta por el duty free y que juro y perjuro que ni lleva bomba ni nada".
- NO echaré de menos esas obras en el aeropuerto cuya única vía de entrada y salida se colapsaba tanto que tardabas media hora en recorrer tres metros.
- NO echaré de menos esos gritos de mis supervisores de "Laura, vete pa la puerta 15 que ya está la L" "¿Has cerrado ya el vuelo? ¿No? No importa, cierra todo y vete corriendo a la 46 que ya lo están pidiendo" o aquel tan maravilloso de "Laura, en el Barcelona sobra un pasajero en business, vete para el avión y te lo traes como sea" (Esa estuvo bien, jajaja, ya os la contaré).
- SÍ echaré de menos las bromas con mis compis mientras traducíamos todos y cada uno de los apellidos de los ingleses en el embarque de la Monarch, o mientras nos trabábamos dando la megafonía (intenta decir rápido please board first gold and silver vantage card holders y ya me dirás tú).
- SÍ echaré de menos las historias de mi Paco en el núcleo (mi supervisor, que lo jubilan ya en verano así que no lo veré por allí cuando yo vuelva, jop...) que nos contaba cómo enamoró a su mujer allá cuando estaba en la mili.
- SÍ echaré de menos los vuelos de los italianos con sus "¡Arribo, arribo!" "¡Laura brava!" "Finestrino o corridorio" (lo escribo tal como lo digo, lo siento, que yo de italiano eso y poco más). También la cara de los alemanes cuando tras decirles aquello de "Fensta o Gang" (Ventana o Pasillo) me soltaban una parrafada y yo corriendo con mi "Sorry, I don't speak german, I only can say Fensta o Gang" y allá que se partían de risa a mi costa.
Bueno, ya está, mi post dedicado al aeropuerto, que al final me estoy dando estrés a mí misma. Volveré (¿eso es una amenaza?). Que a mí me pasan cosas cada dos por tres y cada dos por tres me apetece contarlas. ¡OS ECHABA DE MENOS!
Pues eso, que después de las pechás de trabajar que me he dado (clavícula jodida incluída, que ya le vale ocurrírsele a ella salirse justo dos semanas antes de mis vacaciones forzosas) ya estoy libre como el sol cuando amanece y como el mar.
- NO echaré de menos las interminables colas en facturación de los fines de semana y de todos los medio-días, con su overbooking en el Londres incluído.
- NO echaré de menos el despotismo de los ejecutivos en business a los que "never in his life" les pidieron pesarle el equipaje de mano o a los que "señorita que poca amabilidad tiene usted por no quedarse con esta maletita mientras yo me doy una vuelta por el duty free y que juro y perjuro que ni lleva bomba ni nada".

- NO echaré de menos esas obras en el aeropuerto cuya única vía de entrada y salida se colapsaba tanto que tardabas media hora en recorrer tres metros.
- NO echaré de menos esos gritos de mis supervisores de "Laura, vete pa la puerta 15 que ya está la L" "¿Has cerrado ya el vuelo? ¿No? No importa, cierra todo y vete corriendo a la 46 que ya lo están pidiendo" o aquel tan maravilloso de "Laura, en el Barcelona sobra un pasajero en business, vete para el avión y te lo traes como sea" (Esa estuvo bien, jajaja, ya os la contaré).
- SÍ echaré de menos las bromas con mis compis mientras traducíamos todos y cada uno de los apellidos de los ingleses en el embarque de la Monarch, o mientras nos trabábamos dando la megafonía (intenta decir rápido please board first gold and silver vantage card holders y ya me dirás tú).
- SÍ echaré de menos las historias de mi Paco en el núcleo (mi supervisor, que lo jubilan ya en verano así que no lo veré por allí cuando yo vuelva, jop...) que nos contaba cómo enamoró a su mujer allá cuando estaba en la mili.
- SÍ echaré de menos los vuelos de los italianos con sus "¡Arribo, arribo!" "¡Laura brava!" "Finestrino o corridorio" (lo escribo tal como lo digo, lo siento, que yo de italiano eso y poco más). También la cara de los alemanes cuando tras decirles aquello de "Fensta o Gang" (Ventana o Pasillo) me soltaban una parrafada y yo corriendo con mi "Sorry, I don't speak german, I only can say Fensta o Gang" y allá que se partían de risa a mi costa.
Bueno, ya está, mi post dedicado al aeropuerto, que al final me estoy dando estrés a mí misma. Volveré (¿eso es una amenaza?). Que a mí me pasan cosas cada dos por tres y cada dos por tres me apetece contarlas. ¡OS ECHABA DE MENOS!