Tantas cosas que contar
Llevo ya un rato frente a la pantalla del ordenador intentando pensar cómo hacer para contar todo lo que no quiero contar, todas esas cosas malas que me han ido pasando, sobre todo la más dolorosa, la pérdida de mi Roque. Hasta he pensado que no debía contarlo porque al fin y al cabo es algo que sólo a mi madre y a mí nos afecta y que los demás no tienen por qué entender. Pero luego sé que se queda como algo que algún día tendré que mencionar, algo que alguien preguntará, y prefiero que quede aquí, prefiero que me duela ahora que estoy tan acostumbrada al dolor que luego, que sé, o que al menos espero, que el dolor se habrá mitigado y que los recuerdos que me queden de mis niños serán felices, no recuerdos de enfermedad y pérdida.
¿Cómo estoy? Destrozada, neurótica, amargada, perdida... Pero bueno, alguna parte de mí, alguna hay que aún es positiva, que aún cree que saldrá de esto, que algún día será feliz, encontrará su misión en la vida y será feliz cumpliéndola. A ella me aferro, con todas mis fuerzas. Quiero seguir, avanzar.
Mi proyecto es cambiar, o al menos intentar cosas nuevas. La primera que intenté me salió mal. Intenté relacionarme y me apunté a un curso de patinaje en línea. Suena patético pero la verdad es que me pasé patinando hora y media y justo cuando me detuve, no se sabe cómo, me caí de culo y me escayolaron ambas manos. Ya estoy recuperada. Luego me llamaron del trabajo. Mi prima, que también trabaja allí, me había advertido que este año estaban tardando más en llamar a la gente, dos meses por lo menos, y yo que ya ni paro que tenía ni nada. Pero dos días después me llamaron, empiezo a trabajar la semana que viene, un mes antes de tiempo. Eso es algo bueno, se supone, porque la verdad ahora mismo me cuesta distinguir lo bueno de lo malo. He hecho cosas en mi vida que creía que eran buenas para mí y han terminado destrozándome. Lo del patinaje ha sido una de ellas, pero desde luego no la más importante. Puestos a hacerme más daño me coloqué los tacones del nuevo uniforme para ir dándoles de sí. A cambio me han quedado dos enormes y dolorosas ampollas en los tobillos.
Lo sé, parece que todo me sale mal, que el mundo se derrumba, y sin embargo sigo teniendo fuerzas para decir que eso no soy yo, que Laura es una niña de suerte, que no sé en qué momento se torció tanto todo pero que sé que voy a encontrar el modo de enderezarlo. No sé qué sentido tiene la vida y ni siquiera si merece la pena vivirla, sólo sé que yo quiero estar aquí, que yo quiero algo más, algo que aún no he descubierto, algo que está ahí para mí. No pretendo fingir estar contenta, ni tampoco estar triste, no pretendo fingir nunca más mi estado de ánimo. ¿Hoy estoy eufórica? Genial, te llenaré la cabeza de mariposas de colores y brillante luz de sol. ¿Hoy estoy hecha un asco? Lo siento, te llenaré la cabeza de todo lo negro que tengo dentro con la esperanza de que una vez que salga fuera de mí no vuelva a entrar. Lo bueno que tiene esto del blog es que no estás obligado a seguirlo, no es como una conversación en la que serías descortés si te marchas en mitad cuando la cosa no te interesa. Aquí das la vuelta y nadie se entera. Yo quiero llegar a ser descortés. Quiero llegar a no preocuparme por lo que los demás opinen de mí, como casi todos queremos. Da igual, yo me entiendo.
Sólo quería decir que he vuelto. Que quiero expresarme, que quiero que la vida continúe aunque no sea la misma vida ni la misma Laura, que la otra Laura se murió el mismo día que se murieron mis niños. Que la gente no lo entiende porque no hablo de hijos, de humanos, sino de perros. Pero que a mí no me importa lo que la gente no entienda, que mi corazón está roto en mil pedazos, que no hay varita mágica que lo reconstruya, que nadie sabe de mi dolor ni del amor que pude llegar a sentir por mis niños. Que no quiero comprensión, que sólo quiero que deje de doler y que la vida vuelva a ser un sitio en el que quiera brincar y saltar de alegría. Y voy a hacer todo lo que pueda por conseguirlo, no me importan las escayolas o las ampollas. No voy a pensar en el camino o en sus dificultades, sólo voy a dar un paso, a ver qué me encuentro... Mil besitos.
¿Cómo estoy? Destrozada, neurótica, amargada, perdida... Pero bueno, alguna parte de mí, alguna hay que aún es positiva, que aún cree que saldrá de esto, que algún día será feliz, encontrará su misión en la vida y será feliz cumpliéndola. A ella me aferro, con todas mis fuerzas. Quiero seguir, avanzar.
Mi proyecto es cambiar, o al menos intentar cosas nuevas. La primera que intenté me salió mal. Intenté relacionarme y me apunté a un curso de patinaje en línea. Suena patético pero la verdad es que me pasé patinando hora y media y justo cuando me detuve, no se sabe cómo, me caí de culo y me escayolaron ambas manos. Ya estoy recuperada. Luego me llamaron del trabajo. Mi prima, que también trabaja allí, me había advertido que este año estaban tardando más en llamar a la gente, dos meses por lo menos, y yo que ya ni paro que tenía ni nada. Pero dos días después me llamaron, empiezo a trabajar la semana que viene, un mes antes de tiempo. Eso es algo bueno, se supone, porque la verdad ahora mismo me cuesta distinguir lo bueno de lo malo. He hecho cosas en mi vida que creía que eran buenas para mí y han terminado destrozándome. Lo del patinaje ha sido una de ellas, pero desde luego no la más importante. Puestos a hacerme más daño me coloqué los tacones del nuevo uniforme para ir dándoles de sí. A cambio me han quedado dos enormes y dolorosas ampollas en los tobillos.
Lo sé, parece que todo me sale mal, que el mundo se derrumba, y sin embargo sigo teniendo fuerzas para decir que eso no soy yo, que Laura es una niña de suerte, que no sé en qué momento se torció tanto todo pero que sé que voy a encontrar el modo de enderezarlo. No sé qué sentido tiene la vida y ni siquiera si merece la pena vivirla, sólo sé que yo quiero estar aquí, que yo quiero algo más, algo que aún no he descubierto, algo que está ahí para mí. No pretendo fingir estar contenta, ni tampoco estar triste, no pretendo fingir nunca más mi estado de ánimo. ¿Hoy estoy eufórica? Genial, te llenaré la cabeza de mariposas de colores y brillante luz de sol. ¿Hoy estoy hecha un asco? Lo siento, te llenaré la cabeza de todo lo negro que tengo dentro con la esperanza de que una vez que salga fuera de mí no vuelva a entrar. Lo bueno que tiene esto del blog es que no estás obligado a seguirlo, no es como una conversación en la que serías descortés si te marchas en mitad cuando la cosa no te interesa. Aquí das la vuelta y nadie se entera. Yo quiero llegar a ser descortés. Quiero llegar a no preocuparme por lo que los demás opinen de mí, como casi todos queremos. Da igual, yo me entiendo.
Sólo quería decir que he vuelto. Que quiero expresarme, que quiero que la vida continúe aunque no sea la misma vida ni la misma Laura, que la otra Laura se murió el mismo día que se murieron mis niños. Que la gente no lo entiende porque no hablo de hijos, de humanos, sino de perros. Pero que a mí no me importa lo que la gente no entienda, que mi corazón está roto en mil pedazos, que no hay varita mágica que lo reconstruya, que nadie sabe de mi dolor ni del amor que pude llegar a sentir por mis niños. Que no quiero comprensión, que sólo quiero que deje de doler y que la vida vuelva a ser un sitio en el que quiera brincar y saltar de alegría. Y voy a hacer todo lo que pueda por conseguirlo, no me importan las escayolas o las ampollas. No voy a pensar en el camino o en sus dificultades, sólo voy a dar un paso, a ver qué me encuentro... Mil besitos.