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ORIGEN DE UNA FLOR
Pasado y presente.
Acerca de
Mujer de treinta y uno para dos. Soltera. Con un trabajo que me encanta pero que fuera de él no puedo comentar. Con una vida privada que es un verdadero caos y de la que en el trabajo no debo hablar. Viajo mucho, por asuntos laborales, conozco mucha gente, pero no puedo intimar con ellos. Carne de psiquiatra. Llevo un tatuaje en mi hombro derecho, una flor de lis, que me recuerda diariamente aquello que no debo olvidar y lo que nunca me he atrevido a revelar. Me confieso culpable por callar. Sola siempre rodeada de gente. Así que esta es mi ruta de escape, mi catarsis.
Sindicación
 
NOMINA
Acabo de mirar mi cuenta corriente: ME HAN PAGADO LA EXTRA. Me encanta el verano.



PD: Lo siento, tenía que decírselo a alguien.
 
VEREDICTO: CULPABLE.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, tal vez era lo que estaba necesitando.
No se puede sentir con la cabeza ni razonar con el alma y ahí está mi conflicto, se que lo que paso no fue por mi culpa, pero no puedo dejar de sentirme culpable.

Puede, que tal vez, después de que terminéis de leer estas líneas, no penséis lo mismo.

Yo empecé a recordar cuando tenía 19 años, la mente humana es increíble, es asombroso como podemos bloquear todo lo que nos hace daño.
Un día paseando por mi ciudad me encontré con la mujer de este individuo, y la saludé, estuvimos hablando, ella parecía muy feliz, y no pudo evitar hacerme partícipe de la razón de este estado de ánimo: estaba embarazada, y yo era la primera persona en saberlo.
Algo dentro de mí saltó, como una bomba, me invadió la angustia, no podía respirar y sentía un miedo atroz, comencé a recordar, primero fueron sensaciones, después visiones...



¿Y si tenía una hija?
¿Y si le hacía lo mismo que a mí?

Pasó el tiempo y nació la niña C., estuve meses luchando conmigo misma, era como deshojar una flor, dependiendo del momento del día decidía: lo contaré... no... No voy a decir nada... sería un monstruo si hace lo mismo con ella... y si lo cuento ¿quién me va ha creer?.. Y lo que es peor, si me creen ¿que pasará después?...

Al final opté por la opción de callar intentando convencerme de que si yo había salido adelante, ella también podría hacerlo.
¿Realmente estoy bien?

No tuve valor, soy culpable y con razón. Soy culpable por callar. No se cómo ha sido la infancia de esta niña, prefiero no saberlo.

En lo que se refiere al sexo hay ciertas cosas para todo el mundo normales que yo no puedo hacer. Muchas veces mientras hago el amor no somos sólo dos, se cruzan en mi mente imágenes del pasado... acabo odiando al hombre con el que estoy como si fuera él.

Y de nuevo sola.
 
MYLADY DE WINTER.
La idea del tatuaje surgió hace ya 7 años cuando viendo una película antigua de las que ponían en la primera cadena los domingos por la tarde, me sentí identificada con uno de los personajes. La película era Los Tres Mosqueteros y el personaje Mylady de Winter, que siendo acusada de adúltera la condenan a ser azotada y a marcar su piel a fuego con una Flor de Lis en el hombro.



Aún así el personaje tiene mucha fuerza. Utiliza sus armas para sobrevivir, y esconde entre suntuosos vestidos el estigma de su brazo.
Yo también fui marcada, y de la misma forma escondo entre la apariencia de una mujer de hoy, fuerte y decidida, el dolor y la impotencia de lo que ocurrió.

A veces tengo que hacer verdaderos esfuerzos y juegos de malabares para mantenerme serena en muchas situaciones a las que soy muy vulnerable. Aquí va, es difícil decirlo y difícil escribirlo: fui víctima de abusos sexuales hasta que tuve 8 años, no se cómo comenzó y la mitad de las situaciones están muy borrosas. Lo que recuerdo con gran nitidez es esa sensación de asco, blando, caliente y pegajoso… de saber que lo que está pasando no está bien, de sentirme sucia porque él se iba inmediatamente y comenzaba su ritual de lavarse y frotarse (no se si tal vez la culpa…).

Nunca pude contárselo a mi madre (que fue viuda desde que nací hasta que se caso por segunda vez 8 años después) y no es que me faltaran ganas… aunque siempre la situación era muy rara. No es fácil mantener la boca callada cuando en el telediario aparecen estas noticias y tu madre comenta: “Dios mío, que clase de padres tienen esas criaturas… esas cosas se saben, deberían matarlos a todos”. Y suponed que entonces me levanto del sofá y grito: “Padres como tú, que nunca supiste nada, que siempre fui una niña triste y tú no me protegiste”. Para qué, el daño ya esta hecho, el dolor ya ha pasado, tengo que aprender a vivir con ello.

He ido varias veces al psiquiatra porque a veces me deprimo y no soy capaz de salir hacia delante, sobre todo cuando empiezo una relación estable.

Aunque tal vez suene raro, el trabajo me ayuda, soy la única responsable de todo lo que hago, a veces incluso me paso, me llaman adicta, pero a mi alma le sienta bien esta medicina, el que me valoren por lo que hago y no me juzguen por lo que soy, también culpable, por callar.

Tal vez si… tal vez si… alguna vez… hubiera… señalado al hijo de puta que me…
 
SON COSAS QUE PASAN III.

Hace una semana me tocaba montar guardia en la enfermería, en sábado.
Normalmente me llaman antes para avisar pero esta vez debieron olvidarse de mí.
Yo lo siento por el chico que tuve que relevar, si empezamos nuestro turno a las 9 de la mañana él esperó hasta las 10 para llamarme:
- Hola buenos días, M.: ¿ha pasado algo?
- ¿Dónde estás?
- En casa, ¿por?
- ¿Sabes que hoy tenías guardia?
- Joder, ostias, me cagüen la…, lo siento, ¡ahora voy!
- ¿Cuánto tardas?
- Dame media hora y estoy.
- OK.
Mierda, decepción por partida doble: 1) guardia el sábado (con una resaca del quince); y 2) ¡seré tonta¡, pensé que tal vez me llamaba para salir…
Ducha a todo correr (tengo que quitarme este olor a alcohol de garrafón), una jarra de café frío (no hay tiempo para hacer más y tengo el microwave jodido), prepara la bolsa con todo: ordenador portátil, algo para estudiar, neceser, muda, ¡COMIDA¡
Hoy tocaba compra de víveres y no tengo nada en la despensa. Abro la nevera y pillo lo primero que hay: yogures desnatados y un melón, le añado un litro de puré en tetra-brick y una lata de espárragos.
Me presento en la guardia hora y media tarde con la cabeza empapada, ojeras y una bolsa de deporte que no soy capaz de trasportar.
Me disculpo y, para intentar que no piense en mí como la tía que llegó tarde, le cuento lo del murciélago mientras saco todo y lo coloco en la cocina. ¡Seré gilipollas!, ahora soy la tía que llegó tarde y cuenta historias rarísimas con un melón en la mano: SER O NO SER…



Aunque lo peor vino el día después, las tiendas cerradas y con diarrea (lógico con semejante dieta…). Y como los médicos somos los peores pacientes (no suelo tener medicamentos en casa), me pasé todo el domingo a dieta absoluta (a la fuerza ahorcan) dándole al “pause” del DVD y corriendo al baño.

PD: Lo siento, no tengo una foto mejor, es para despejar dudas sobre la naturaleza del objeto de mis cábalas... y de paso presumir un poco (ésta la hice en Omán).
 
SON COSAS QUE PASAN II.
Hace dos noches dejé las ventanas del salón abiertas, hace mucho calor y me cuesta dormir, de esta forma se refresca un poco el pisito.
Sobre la puerta tengo unas campanitas que suenan cuando llegas a casa. Aproximadamente a las dos o tres de la madrugada oigo: clín, clín, clín, y salgo de la cama aterrorizada pensando que tal vez había entrado alguien (¡¿ mi ex…?!, imposible: cambié la cerradura), me asomo: no hay nadie, intento tranquilizarme: ¿habrá sido un sueño?... y dormirme de nuevo.

Cinco minutos después…: clín, clín, clín; pego un bote, está claro: no estoy soñando, y de nuevo me asomo: DIOS MÍO, UN MURCIELAGO DANDO VUELTAS POR MI SALÓN, cada vez que se acercaba a la puerta rozaba las campanillas y las hacía sonar. Así que arrastrándome por mi alfombra quemada llego hasta las ventanas y las abro todavía un poco más con la esperanza de que el bicho haya cogido la indirecta y se largue con viento fresco.



Corro hacia mi habitación y me encierro hasta las 7 AM. Suena el despertador y mi invitado todavía no se ha ido !vaya cuadro¡: en camisón con todas las luces encendidas y blandiendo un trapo de cocina intentando dirigir al monstruo hacia el amanecer…

NO VUELVO A DORMIR CON LAS VENTANAS ABIERTAS NUNCA MÁS.
 
MI HABITAT, MI ESPACIO, MI MUNDO.
Vivo en un estudio: sala-cocina, una habitación y baño (con bañera, por supuesto), de 50 metros cuadrados. Mis padres querían que me comprara algo más grande pero sufro de “horror vacuii”.

Durante 6 meses estuve viviendo de alquiler en un apartamento de dos habitaciones y 80 metros cuadrados, era agotador intentar ocupar todo el espacio.


Cuando intenté explicárselo a mi madre puso esa cara que dice: “Dios mío: tengo una hija que está como una puñetera cabra”, así que cambié mi versión por la de: “prefiero tener una casita pequeña con buenos muebles a una más grande y que papá tenga que venir a montar las estanterías”. Ahora las dos contentas: yo con todo el espacio completamente lleno y mi madre ya puede decir eso de: “Pues mi hija mayor que vive en Cádiz, cerca de la playa, ya se ha comprado un pisito, es pequeño… ¡pero con unos muebles!” mientras entorna los ojos presumiendo ante sus amigas.
 
SON COSAS QUE PASAN.
No es que todo me salga mal siempre, es que últimamente tropiezo cada dos por tres: me quedo fumando medio tumbada viendo la tele y se me cae la colilla en el escote, al levantarme del sofá sacudo la camiseta y aterriza en el suelo: ahora tengo una quemadura en el pecho y otra en mi alfombra persa, una lástima.

La alfombra la compré en Dubai (EAU.) en uno de mis viajes, para subirla hasta casa tuve que arrastrarla por todo el pasillo, se rompió el asa de la bolsa y me caí delante de los vecinos, creo que desde entonces sospechan que pertenezco a la mafia o algo así.
Lo de la alfombra ya no tiene remedio, sólo espero que no me quede cicatriz en las…
 
ODIO LOS LUNES, O NO?
Por fín es lunes. Sé que suena extraño, pero ante todo el fin de este blog es no faltar a la verdad (o por lo menos a mi verdad). Soy una adicta al trabajo que ya ha superado la tortura del fin de semana. Ya me he aconstrubrado a poner mala cara los lunes para que los compañeros no me miren como un bicho raro. Cuando llega el viernes y se supone que todo el mundo está encantado haciendo planes para el sábado y/o el domingo, mi cara es todo un poema, pero he aprendido que si digo que es porque estoy cansada de toda la semana trabajando, hasta te invitan a hacer un break y tomar un café de máquina.
 
Las 100 mejores frases de….
Hace pocos días el American Film Institute ha publicado las 100 mejores frases de cine.

Resulta cuanto menos curioso que la primera de ellas sea la que Clark Gable le dice a Vivien Leight a la pregunta desesperada de ella “¿y que voy ha hacer yo?”. Y aunque la mala o mojigata traducción de la época la dejó en “Francamente, cariño, me importa un pimiento”, que es como traducir “fuck” por “repámpanos”, no deja de sorprenderme que sea la frase con la que se termina una relación (y una película de tres horas y media) la más aplaudida.

Si el ranking se hubiera hecho sobre las frases que normalmente utilizamos para dar por finalizada una relación sin lugar a dudas “the winner is”: “no eres tú, soy yo...”

Nada que ver con la verdad, es la mentira piadosa más famosa del universo.

Siempre tiene que ver contigo, una relación es cosa de dos, y las rupturas también lo son. Y aunque esta frase duele, la más dañina de todas es la de: “Tenemos que hablar”, sobre todo si le añadimos que no es el momento adecuado y tengas que esperar a que se den las condiciones ideales para que te abandonen, y eso puede ocurrir esta tarde, mañana por la mañana… la espera es angustiosa. Para cuando llega el momento estás agotada, sin fuerzas para pedir una explicación, porque cualquiera que te den ya la has barajado 100 veces en las últimas 48 horas, lo mejor es no preguntar, quedarse con la que menos hiera tu orgullo o mejor: échale la culpa a él, créete lo de que realmente el problema es él.

Pero de entre todas ellas la que despierta en ti unas ganas horribles de darle un puñetazo, o mejor una bofetada con la mano bien abierta, es la de: “Podemos seguir siendo amigos”. ¡Cómo que podemos seguir siendo amigos! Cuando existe o ha existido sexo entre dos personas o cuando se ha comenzado una relación con planes de futuro, ¡no se puede volver a ser amigos¡ , ya has dado el paso, ya has traspasado la frontera de la amistad para pasar al terreno de la intimidad. Y aunque la intimidad no se prolongue en el tiempo lo que si permanece es la actitud, la de no decir la verdad de todo lo que pasa por tu cabeza, la de no comentar tus dudas y tus miserias. No seréis amigos nunca y lo sabrás después de 1 o 2 años en los que tras aceptar su oferta de amistad haces todo lo que puedes y más para que no desaparezca de tu vida, pero pasado ese tiempo él ya no se siente culpable, está saliendo con otra y tú no le has recuperado y encima eres dos años más vieja.
Así que cuando os dejen, rompan con vosotras u os abandonen, hacer vuestra la frase de Rhett Butler y demostrar que os importa una mierda, y aunque no sea el principio de una hermosa amistad, después de todo mañana será otro día, le dejarás con la boca abierta y será él quien en ese momento se sienta rechazado, y con un “hasta la vista, baby” gira sobre tus tacones y mira hacia delante porque la fuerza está contigo, está entro de ti y ese imbécil no ha sabido apreciarlo.
 
EL ORIGEN
Todavía recuerdo con mucha nitidez mi primera clase de informática en el colegio. Estaba en 7º de EGB y alucinaba con la pantalla abombada del ordenador de un fondo negro brillante con una punta de flecha verde alienígena, que en un alarde de originalidad llamábamos "turtle". Debajo escribíamos, ante la atenta mirada de la profesora, una serie de fórmulas con paréntesis que se trasformaban en dibujos del mismo color que la tortuga cuando pulsabamos "enter".

Siempre se me dió bien, siempre fuí una niña inteligente (o eso decían los adultos que me querían), el ejemplo que todos los padres de mis amigos o primos ponían a sus hijos cuando éstos no hacían lo que se esperaba de ellos. Perfecta en todo lo que hacía y decía, mimada por todos y objeto de lástima, siempre hacía lo que se esperaba de mí, siempre comía todo lo que me ponían en el plato, siempre sola. Una pobre niña dulce sin padre.

Hoy sigo un ejemplo, una mujer de treinta años, licenciada superior, profesional liberal y con piso propio. Pero la realidad siempre es diferente: este año he cambiado una boda por una orden de alejamiento de 200 metros pendiente de juicio. Y, de nuevo, sola.

Y aquí, delante de mi ordenador de pantalla plana, aunque lo desee con todas mis fuerzas no aparece ninguna tortuga verde en un fondo negro, no hay ninguna fórmula mágica, la tecla "supr" no existe en la vida.