CENA EXÓTICA
Este año tuve que viajar a Argelia por cuestiones de trabajo.
Era la única mujer del grupo.
Actualmente Argelia, nos lo explicó el embajador español allí, está en un período posguerra civil; es, en cierto modo, peligroso.
A todos nos invitaron a una recepción. Nos llevaron en autobús y fuimos escoltados por dos yeep blindados, tenían debajo de cada ventanilla un agujero para poder sacar los cañones del arma.
La recepción, a la que acudimos representantes de diferentes países, consistía en una cena tipo buffet, todo muy exótico. Mientras nos servían unas bebidas se me acercó un argelino, creo que era el secretario de alguien importante, me explicó cómo iba ha desarrollarse todo, y me dio unos consejos: que no cometiera mucho del “autoservicio” que después sacarían postres típicos y tenía que quedarme sitio para probarlos, pero el plato fuerte sería una sorpresa.
Y así fue, los pastelillos aunque muy dulces, estaban exquisitos.
El plato sorpresa se sirvió en la terraza, era cabrito asado, entero, los colocaron encima de las mesas de la terraza en la bandeja del horno, fue visto y no visto, todos se lanzaron encima como lobos cogiendo trozos a puñados con la mano, tanto era así que no se veía la fuente de tanta gente que estaba metiendo su zarpa allí.
Se me acercó el secretario y con gestos me llevó hasta una de las mesas para que comiera, no quería meter mi mano: podía quedarme sin ella, pero otro hombre de detrás de la mesa arrancó un trozo del lomo y me lo tendió, todo el mundo dejó de comer y me miró, menos mal que no me atraganté… estaba bueno pero eché de menos las sillas, los platos y los cubiertos.
Tras la opípara cena se dio paso a los bailes regionales mientras tomábamos té, dos horas de música chillona, velos, campanillas y sonidos guturales… una tortura.
Al final el Jefazo de los argelinos repartió unos obsequios a los Jefes de cada país, después de que pasaran todos el secretario me señaló y me llevó, delante de la prensa y de todos los invitados, hasta su Jefe que me entregó una rosa, nunca en la vida me he sentido tan observada.

Se que mi trabajo no es muy común y menos que lo haga una mujer, pero tan malo es la discriminación positiva como la negativa.
¿Cuándo se darán cuenta los hombres que no conseguiremos la igualdad hasta que dejen de vernos primero como mujeres y no como superiores o compañeros de trabajo?
Mi Jefe encantado, había conseguido que los españoles no pasaran desapercibidos.
Era la única mujer del grupo.
Actualmente Argelia, nos lo explicó el embajador español allí, está en un período posguerra civil; es, en cierto modo, peligroso.
A todos nos invitaron a una recepción. Nos llevaron en autobús y fuimos escoltados por dos yeep blindados, tenían debajo de cada ventanilla un agujero para poder sacar los cañones del arma.
La recepción, a la que acudimos representantes de diferentes países, consistía en una cena tipo buffet, todo muy exótico. Mientras nos servían unas bebidas se me acercó un argelino, creo que era el secretario de alguien importante, me explicó cómo iba ha desarrollarse todo, y me dio unos consejos: que no cometiera mucho del “autoservicio” que después sacarían postres típicos y tenía que quedarme sitio para probarlos, pero el plato fuerte sería una sorpresa.
Y así fue, los pastelillos aunque muy dulces, estaban exquisitos.
El plato sorpresa se sirvió en la terraza, era cabrito asado, entero, los colocaron encima de las mesas de la terraza en la bandeja del horno, fue visto y no visto, todos se lanzaron encima como lobos cogiendo trozos a puñados con la mano, tanto era así que no se veía la fuente de tanta gente que estaba metiendo su zarpa allí.
Se me acercó el secretario y con gestos me llevó hasta una de las mesas para que comiera, no quería meter mi mano: podía quedarme sin ella, pero otro hombre de detrás de la mesa arrancó un trozo del lomo y me lo tendió, todo el mundo dejó de comer y me miró, menos mal que no me atraganté… estaba bueno pero eché de menos las sillas, los platos y los cubiertos.
Tras la opípara cena se dio paso a los bailes regionales mientras tomábamos té, dos horas de música chillona, velos, campanillas y sonidos guturales… una tortura.
Al final el Jefazo de los argelinos repartió unos obsequios a los Jefes de cada país, después de que pasaran todos el secretario me señaló y me llevó, delante de la prensa y de todos los invitados, hasta su Jefe que me entregó una rosa, nunca en la vida me he sentido tan observada.

Se que mi trabajo no es muy común y menos que lo haga una mujer, pero tan malo es la discriminación positiva como la negativa.
¿Cuándo se darán cuenta los hombres que no conseguiremos la igualdad hasta que dejen de vernos primero como mujeres y no como superiores o compañeros de trabajo?
Mi Jefe encantado, había conseguido que los españoles no pasaran desapercibidos.
Comentario:
Hola amiga flor, me ha dado mucho gusto leerte, el que compartas parte de tu vida me enriquece. Me gusta saber de mujeres que ponen en alto nuestro sexo, es un orgullo ver cómo vamos ganando más espacios gobernados por caballeros. Felicidades por haber sido la única mujer representando a tu país. Arriba las mujeres!!!!
Comentario:
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Ya hija, a ver si nos quitamos de encima el sanbenito de floreros.....
Besos de la familia
Besos de la familia





