Después de la tormenta llega la calma.
Cierto es, sí…
Después de estos casi 2,5 meses de constantes turbulencias en mi vida, ahora que supuestamente está todo en calma, es cuando peor me siento…
¿Será porque no “siento”?.
Me explico:
En esa época de la vida citada antes, tienes la posibilidad de experimentar, sufrir, pelearte, reconciliarte, comerte la cabeza, divertirte, aburrirte, proponer, que te porpongan…, en fín…, “sientes”. Y ese sentimiento es el que, al fin y al cabo, te hace sentir vivo.
Hay gente que en vez de “vivir” como tal la vida, “pasa” por ella.
Yo no soy así, necesito “sentir”. Y ahora, en esta época de mi vida, “paso” por ella. Desgraciadamente, en contra de mi voluntad.
Es como si me dejara llevar por su movimiento porque todo lo contrario sería luchar contracorriente, lo que produciría una fuerte frustración y posible pérdida de fuerzas en vano para seguir adelante.
Siento que no siento nada.
Que no hay nada por lo que merezca la pena sentir.
Incluso me cuestiono si, aún en el caso de que quisiera recuperarlo, sería bueno para mí.
Es en estos momentos de mi vida cuando más me aferro al pasado. A los momentos en que sentía, tanto para bien como para mal.
Y miro al futuro con recelo y nerviosismo.
¿Realmente sería capaz de mirar hacia otro lado si me ofrecieran ver lo que pasaría dentro de un tiempo?.
Probablemente no.
Porque en el fondo, deseo volver a tener todos esos sentimientos y que me hagan sentir viva.
En su vertiente positiva como negativa.
Después de estos casi 2,5 meses de constantes turbulencias en mi vida, ahora que supuestamente está todo en calma, es cuando peor me siento…
¿Será porque no “siento”?.
Me explico:
En esa época de la vida citada antes, tienes la posibilidad de experimentar, sufrir, pelearte, reconciliarte, comerte la cabeza, divertirte, aburrirte, proponer, que te porpongan…, en fín…, “sientes”. Y ese sentimiento es el que, al fin y al cabo, te hace sentir vivo.
Hay gente que en vez de “vivir” como tal la vida, “pasa” por ella.
Yo no soy así, necesito “sentir”. Y ahora, en esta época de mi vida, “paso” por ella. Desgraciadamente, en contra de mi voluntad.
Es como si me dejara llevar por su movimiento porque todo lo contrario sería luchar contracorriente, lo que produciría una fuerte frustración y posible pérdida de fuerzas en vano para seguir adelante.
Siento que no siento nada.
Que no hay nada por lo que merezca la pena sentir.
Incluso me cuestiono si, aún en el caso de que quisiera recuperarlo, sería bueno para mí.
Es en estos momentos de mi vida cuando más me aferro al pasado. A los momentos en que sentía, tanto para bien como para mal.
Y miro al futuro con recelo y nerviosismo.
¿Realmente sería capaz de mirar hacia otro lado si me ofrecieran ver lo que pasaría dentro de un tiempo?.
Probablemente no.
Porque en el fondo, deseo volver a tener todos esos sentimientos y que me hagan sentir viva.
En su vertiente positiva como negativa.
Miedo.
...sí..., tengo miedo...
Miedo a no querer avanzar..., a que no quieras avanzar.
Miedo a que te acomodes..., a poder vivir así..., que no pidas más de lo que tienes..., y busques en mí lo que en tu vida no tienes..., a que completes así tu vida...
Mientras la mía sigue incompleta...
A no poder elegir..., a no querer elegir...
Miedo a perder la memoria..., a que desaparezcan todos nuestros momentos..., a "perdernos" a nosotros..., a quedarnos atrapados en el tiempo...
A veces pienso que tenemos un futuro juntos..., que llegará el día en que estemos juntos...
Otros...., otros pienso que es inútil, que seguiremos así mucho tiempo...
Sí, tengo miedo...
Miedo a desesperar..., a buscar lo que necesito..., a encontrar lo que anhelo...
Miedo a perder tu olor..., tu tacto..., tu sabor...
Miedo a perderte..., otra vez....
Y tú me preguntas... "¿me necesitas?"...
Eres parte de mí..., de mi vida..., de mi tiempo..., de mi sentir...
Sin tí me siento vacía..., sola..., triste..., marchita..., sin ilusión..., perdida...
Alimento mi esperanza cada día con una mirada..., un gesto..., un abrazo..., un beso...
Cada día me alimento de tí...
Dime..., si me quitan mi alimento...
¿Cómo podría sobrevivir?.
Miedo a no querer avanzar..., a que no quieras avanzar.
Miedo a que te acomodes..., a poder vivir así..., que no pidas más de lo que tienes..., y busques en mí lo que en tu vida no tienes..., a que completes así tu vida...
Mientras la mía sigue incompleta...
A no poder elegir..., a no querer elegir...
Miedo a perder la memoria..., a que desaparezcan todos nuestros momentos..., a "perdernos" a nosotros..., a quedarnos atrapados en el tiempo...
A veces pienso que tenemos un futuro juntos..., que llegará el día en que estemos juntos...
Otros...., otros pienso que es inútil, que seguiremos así mucho tiempo...
Sí, tengo miedo...
Miedo a desesperar..., a buscar lo que necesito..., a encontrar lo que anhelo...
Miedo a perder tu olor..., tu tacto..., tu sabor...
Miedo a perderte..., otra vez....
Y tú me preguntas... "¿me necesitas?"...
Eres parte de mí..., de mi vida..., de mi tiempo..., de mi sentir...
Sin tí me siento vacía..., sola..., triste..., marchita..., sin ilusión..., perdida...
Alimento mi esperanza cada día con una mirada..., un gesto..., un abrazo..., un beso...
Cada día me alimento de tí...
Dime..., si me quitan mi alimento...
¿Cómo podría sobrevivir?.
Se me resiste.
Por qué "coños" tiene que haber días como éste...
Nada, que me ha dado por llorar. Seráposible...
Pero no en plan "mevoyalbañoquesemecaelalagrimilla", nononono...
En plan "comonollegonidecoñaaquímismoquepachulayo"...
En fín, hoy ha sido uno de esos días en los que me he ido hundiendo progresivamente en la miseria y, claro, como el trabajo tampoco es que ayude, pues ala, cada dos por tres con la cara hinchada cual pez globo.
Que viene el mensajero..., a llorar...
Que te invitan a café..., a llorar...
Es un marrón, porque claro, la gente te ve y se preocupa por tí. Y te pregunta....
Lo cual es peor en estos casos..., así que con tu cara que ni las cataratas del Niágara, dices lo típico: "nada"...
Hacía tiempo que no me pasaba algo así..., bueno, últimamente ha sido algo frecuente. No mucho, pero ha ocurrido más de lo esperado.
Si ya lo decía yo: "estoy aprovechando la felicidad que tengo ahora que luego vendrán tiempos peores".
Y no me equivocaba.
Siempre suelo intentar controlar todo en mi vida: mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi pareja, mi casa, todo en general y nada en particular.
Pero el llanto es algo que siempre se me ha resistido. Vamos, que cuando dice "allá voy" es que ya te puedes ir preparando que va para largo.
Retomando el tema de los tiempos peores, es cierto. Mi vida hace unos meses dió un giro inesperado, y creo que después de semejante triplecontirabuzón, todavía estoy intentando estabilizarme de una puñetera vez.
Y eso claro, no es algo que pase de la noche a la mañana.
Tarda...
Y tiene sus etapas...
Y ésta por la que estoy pasando es una de ellas sin la cual, la siguiente no sucedería.
En situaciones así es bonito ver el aprecio y el cariño que la gente te demuestra.
Te sientes apreciado, y eso, aunque no consuela, sí que reconforta...
...y mucho...
Nada, que me ha dado por llorar. Seráposible...
Pero no en plan "mevoyalbañoquesemecaelalagrimilla", nononono...
En plan "comonollegonidecoñaaquímismoquepachulayo"...
En fín, hoy ha sido uno de esos días en los que me he ido hundiendo progresivamente en la miseria y, claro, como el trabajo tampoco es que ayude, pues ala, cada dos por tres con la cara hinchada cual pez globo.
Que viene el mensajero..., a llorar...
Que te invitan a café..., a llorar...
Es un marrón, porque claro, la gente te ve y se preocupa por tí. Y te pregunta....
Lo cual es peor en estos casos..., así que con tu cara que ni las cataratas del Niágara, dices lo típico: "nada"...
Hacía tiempo que no me pasaba algo así..., bueno, últimamente ha sido algo frecuente. No mucho, pero ha ocurrido más de lo esperado.
Si ya lo decía yo: "estoy aprovechando la felicidad que tengo ahora que luego vendrán tiempos peores".
Y no me equivocaba.
Siempre suelo intentar controlar todo en mi vida: mi familia, mi trabajo, mis amigos, mi pareja, mi casa, todo en general y nada en particular.
Pero el llanto es algo que siempre se me ha resistido. Vamos, que cuando dice "allá voy" es que ya te puedes ir preparando que va para largo.
Retomando el tema de los tiempos peores, es cierto. Mi vida hace unos meses dió un giro inesperado, y creo que después de semejante triplecontirabuzón, todavía estoy intentando estabilizarme de una puñetera vez.
Y eso claro, no es algo que pase de la noche a la mañana.
Tarda...
Y tiene sus etapas...
Y ésta por la que estoy pasando es una de ellas sin la cual, la siguiente no sucedería.
En situaciones así es bonito ver el aprecio y el cariño que la gente te demuestra.
Te sientes apreciado, y eso, aunque no consuela, sí que reconforta...
...y mucho...
La Palabra
"Esta camiseta es tuya"..
"¿En serio.., estás seguro?"..
"Claro, la trajiste tú y además dos: una para cada uno". Se me graba una sonrisa deslumbrante en la cara, casi de nostalgia.
"No me acordaba de eso".
Esa camiseta simbolizaba uno de los días que mejor me lo había pasado últimamente.
Simbolizaba una noche de risas y pasión, de placer y emoción..., de locura...
Y cómo no..., de alcohol y sexo...
Después de haber echado unas risas durante la cena, nos fuimos a tomar unas copas, y allí fue donde me regalaron las camisetas.
Unos bailes precedieron aquellas horas de conversación, y más risas.
Cuando mi compañero salió para llevar a otro compañero al hotel, me quedé a solas con otro que había venido desde Sevilla en viaje de formación de equipos nuevos.
Así que estuve bailando con él, mientras me piropeaba sin cesar.
Es lo que tienen los andaluces: que son aduladores natos.
Llegó de nuevo mi compañero y nos fuimos los tres a otro sitio, esta
vez por Torre Europa. Hasta que llegó la hora de recogerse.
Llevamos a este tercero al hotel, y mi compañero me llevó hasta donde estaba mi coche.
Sin embargo, aparcó el suyo en un sitio "tranquilo" donde buscar un rato de intimidad.
Nos fuimos a la parte de atrás de su coche; nos besamos..., tocamos..., le desabroché el pantalón y se lo bajé. Cogí su mano y se la dirigí a mi pelo para que agarrara mi melena y dirigiera mi cabeza hacia su polla.
Se la chupé.
Yo estaba muy mojada, así que me puse encima de él y estuvimos follando en esa postura todo el rato.
Diosss..., qué placer sentía en cada movimiento, cómo la sentía dentro de mí, me llenaba y hacía que me corriera una y otra vez...
En aquel momento yo sólo podía pronunciar una palabra...
"¿En serio.., estás seguro?"..
"Claro, la trajiste tú y además dos: una para cada uno". Se me graba una sonrisa deslumbrante en la cara, casi de nostalgia.
"No me acordaba de eso".
Esa camiseta simbolizaba uno de los días que mejor me lo había pasado últimamente.
Simbolizaba una noche de risas y pasión, de placer y emoción..., de locura...
Y cómo no..., de alcohol y sexo...
Después de haber echado unas risas durante la cena, nos fuimos a tomar unas copas, y allí fue donde me regalaron las camisetas.
Unos bailes precedieron aquellas horas de conversación, y más risas.
Cuando mi compañero salió para llevar a otro compañero al hotel, me quedé a solas con otro que había venido desde Sevilla en viaje de formación de equipos nuevos.
Así que estuve bailando con él, mientras me piropeaba sin cesar.
Es lo que tienen los andaluces: que son aduladores natos.
Llegó de nuevo mi compañero y nos fuimos los tres a otro sitio, esta
vez por Torre Europa. Hasta que llegó la hora de recogerse.
Llevamos a este tercero al hotel, y mi compañero me llevó hasta donde estaba mi coche.
Sin embargo, aparcó el suyo en un sitio "tranquilo" donde buscar un rato de intimidad.
Nos fuimos a la parte de atrás de su coche; nos besamos..., tocamos..., le desabroché el pantalón y se lo bajé. Cogí su mano y se la dirigí a mi pelo para que agarrara mi melena y dirigiera mi cabeza hacia su polla.
Se la chupé.
Yo estaba muy mojada, así que me puse encima de él y estuvimos follando en esa postura todo el rato.
Diosss..., qué placer sentía en cada movimiento, cómo la sentía dentro de mí, me llenaba y hacía que me corriera una y otra vez...
En aquel momento yo sólo podía pronunciar una palabra...
Fotos.
Ojalá pudiera hacer un álbum de fotos con todas las imágenes que tengo de mi compañero almacenadas en mi cabeza.
Tengo imágenes suyas desde aquellos días en que le veía pasar desde otro departamento diferente al que estoy ahora.
Su semblante era bastante serio y distante.
Aunque le veía por la oficina (bastante poco, la verdad), nunca llegué a propiciar ningún contacto más allá de un simple saludo.
Después vino mi cambio de departamento. En este caso estaba todo el día en frente suya, y le observaba más detenidamente.
Le miraba y me gustaba lo que veía...
Le veía trabajar con el ordenador, hablar por el móbil, hablar con otros compañeros..., y empezó a pasearse por delante de mi mesa...
De esta forma llegamos a mantener un contacto más cercano.
Como si de un muñeco se tratara, la imagen de él proyectada en mi mente empezó a transformarse; ya no era la misma persona seria y distante. Ahora era más cercano, afable, sociable e incluso, bromista.
Recuerdo perfectamente el día que empezó a mostrarse más natural conmigo: fue el día que una compañera nos dejaba por cambio de residencia, y aparecía en mi vida una de las personas que en tan poco tiempo ha llenado una parte vacía de mí...
Quién me iba a decir que ese día sería el comienzo de una nueva etapa en mi vida.
A partir de ahí más imágenes para el recuerdo...
Echando la vista atrás, me he dado cuenta que aquellas imágenes en las que le veo reir a carcajadas, mirarme con ternura, sonreirme, son las que ocupan un 90% en mi cabeza.
El otro 10% está ocupado por aquellas en las que tiene la mirada triste con media sonrisa.
Estas últimas son de las que, poco a poco, y día a día me voy despojando para seguir recopilando aquellas en las que le veo (siento) tan feliz conmigo.
Tengo imágenes suyas desde aquellos días en que le veía pasar desde otro departamento diferente al que estoy ahora.
Su semblante era bastante serio y distante.
Aunque le veía por la oficina (bastante poco, la verdad), nunca llegué a propiciar ningún contacto más allá de un simple saludo.
Después vino mi cambio de departamento. En este caso estaba todo el día en frente suya, y le observaba más detenidamente.
Le miraba y me gustaba lo que veía...
Le veía trabajar con el ordenador, hablar por el móbil, hablar con otros compañeros..., y empezó a pasearse por delante de mi mesa...
De esta forma llegamos a mantener un contacto más cercano.
Como si de un muñeco se tratara, la imagen de él proyectada en mi mente empezó a transformarse; ya no era la misma persona seria y distante. Ahora era más cercano, afable, sociable e incluso, bromista.
Recuerdo perfectamente el día que empezó a mostrarse más natural conmigo: fue el día que una compañera nos dejaba por cambio de residencia, y aparecía en mi vida una de las personas que en tan poco tiempo ha llenado una parte vacía de mí...
Quién me iba a decir que ese día sería el comienzo de una nueva etapa en mi vida.
A partir de ahí más imágenes para el recuerdo...
Echando la vista atrás, me he dado cuenta que aquellas imágenes en las que le veo reir a carcajadas, mirarme con ternura, sonreirme, son las que ocupan un 90% en mi cabeza.
El otro 10% está ocupado por aquellas en las que tiene la mirada triste con media sonrisa.
Estas últimas son de las que, poco a poco, y día a día me voy despojando para seguir recopilando aquellas en las que le veo (siento) tan feliz conmigo.