¿HAY ALGÚN MASAJISTA EN LA SALA?
Repito por si alguien no me ha oído: “¿HAY ALGÚN MASAJISTA EN LA SALA?”
Je, je, je…, seguramente os estaréis preguntando qué coño hago yo pidiendo un masajista…., un lunes…, después del fin de semana…
Qué mal pensados, leñe…
Me voy a remontar al día de los enamorados. Sí, sí, ese día tan querido y odiado a la vez por el mundo mundial.
A mí la verdad es que núnca me ha hecho especial “tilín” este día, puesto que cuando quiero tener un detalle con mi pareja, lo tengo y listo. No espero a alguna fecha en especial.
Pero él sí, a él le gusta celebrarlo. Así que como tampoco me cuesta nada, pues venga, celebración y regalito al canto…
Ese día, como teníamos que hacer algunas cosillas por el centro de Madrid, pues para ir más ligeritos y rapiditos, decidimos ir en moto…
Las gestiones en concreto era ir a una tienda de patines que se encuentra por Pta. de Toledo, ya que mi regalo era eso: unos patines en línea para el nene.
El dependiente nos sacó varios, hasta que al final se decidió por los que más le gustaban.
Una vez hecho esto, mi nene dijo: “Vale, pues ahora vamos a mirar unos para ti …”
Al dependiente se le salieron los ojos de las órbitas y estoy convencida que se le pusieron los pelos como escarpias al ver que iba a tener doblete esa tarde.
A mí en ese momento, me hizo una ilusión tremenda porque yo ya le había dicho que quería comprarme unos nuevos, ya que los que tengo se remontan a la edad de piedra…
Sin embargo, en ese momento se me pasó por la cabeza aquel pequeño detalle en el que seguramente no había caído mi pareja (o eso, o es que directamente le dio igual): cómo se supone que ibamos a transportar 2 pares de patines en una moto!!!!
Mis experiencias con las motos han sido desde traumáticas hasta escandalosas…
Recuerdo aquella vez que me tocó ( y el que diga que el paquete es el que más tranquilo va, se va fuera….) ir con un neumático alrededor de mi cuello, es decir, apoyado en la nuca y agarrado a él con mis brazos para poder agarrarme a mi pareja y que en un arranque no fuera depedida contra el capó de un coche…
Lo mejor de todo era las caras de la gente de los coches por los que pasabamos al lado, miraban dos veces porque no se creían lo que vían sus ojos, jejejeje, un espectáculo…
Me temía que esta vez iba a ser más o menos igual…., dando la nota.
Así que bueno, elegí los patines que más me gustaron, y el hombre, al escuchar nuestra conversación de la moto (él: "llevamos los patines en las cajas, nop?".... Yo: "pero cómo los vamos a llevar en las cajas con lo que abulta eso!!!"... Él: "hombre tanto no abultan"... Yo: "no, claro, si los llevas en la cabeza tipo tinaja, pues no..."), pues nos regaló unas mochilas donde se transportarían más cómodamente.
Una vez habíamos pagado, nos dispusimos a montar.
Así que mi pareja se montó y esperó a que yo lo hiciera. Pero claro, en ese momento, y al ir tan cargada, mi peso aumentó de tal manera que tuve que intentarlo unas 5 veces!!!!, jejejeje…vaya tela. Me sentía como una maruja que intentaba montar en un caballo, como en los vídeos de primera…
Al final lo conseguí, iba con una de las mochilas “cogida” entre el cuerpo de mi pareja y yo, y la otra encima y con el asa enganchada a mi nuca…., qué familiar me resultaba aquello…Ya veis cuánta razón tengo cuando digo que la historia se me repite, pero es que hasta en estos pequeños detalles!!!!, jejejeje…
Al final llegamos bien, claro.
Y este finde los hemos estrenado. Sábado y Domingo, ea…
Yo ya tengo bastante experiencia y puedo presumir de que no me caigo con facilidad, es más, puedo jurar que si alguna vez he caído siempre ha sido por la acción patosa de la otra persona.
Pero este finde fue diferente, lo he pasado bomba viendo constantemente a mi pareja cómo se caía y levantaba, la cara de miedo cuando cogía algo de velocidad, jejejeje, de risa...
Soy mala, sí...., pero hasta cierto punto, porque yo intentaba enseñarle todo lo que yo había aprendido sola…, aunque núnca aprendí a caer… Y me llegó la hora, lógicamente.
Nada ni nadie es invencible…
Mi golpe fue seco, me caí cuando estaba parada, con tal mala suerte que los patines se fueron hacia atrás, clavando mis rodillas en el suelo y mis manos apoyadas para evitar que diera con los morros en el asfalto.
Cuando mi cuerpo aterrizó, noté un chasquido…., crack!!!!..., justo en la zona de los lumbares…, y me quedé en el suelo por unos segundos entre confundida y dolida…
Miré a mi pareja, el cual seguía su ruta mirandome, el pobre lo único que hacía era aspavientos porque todavía no sabe frenar y se veía incapaz de dar la vuelta y ayudarme.
Conseguí incorporarme y seguir.
Sin embargo, cuando llegué a casa por la tarde, me dí una ducha de agua bien caliente (el día había sido bastante fresco), y al rato empecé a cojear.
El dolor me recorre desde la parte superior del glúteo hasta la rodilla…
Cuando voy por los pasillo de la oficina y paso por delante de algún despacho no hago otra cosa que oír: “no, puedo…, no, puedo…”, “sietecaballovienedebonanzaaaa…”, “al ataqueeerrr…”
Qué graciosos todossssss…., mamones...
A lo que yo les respondo: “mecagontotumuelas!!!!”.
Por lo bajini, claro está…., jejejeje….
Je, je, je…, seguramente os estaréis preguntando qué coño hago yo pidiendo un masajista…., un lunes…, después del fin de semana…
Qué mal pensados, leñe…
Me voy a remontar al día de los enamorados. Sí, sí, ese día tan querido y odiado a la vez por el mundo mundial.
A mí la verdad es que núnca me ha hecho especial “tilín” este día, puesto que cuando quiero tener un detalle con mi pareja, lo tengo y listo. No espero a alguna fecha en especial.
Pero él sí, a él le gusta celebrarlo. Así que como tampoco me cuesta nada, pues venga, celebración y regalito al canto…
Ese día, como teníamos que hacer algunas cosillas por el centro de Madrid, pues para ir más ligeritos y rapiditos, decidimos ir en moto…
Las gestiones en concreto era ir a una tienda de patines que se encuentra por Pta. de Toledo, ya que mi regalo era eso: unos patines en línea para el nene.
El dependiente nos sacó varios, hasta que al final se decidió por los que más le gustaban.
Una vez hecho esto, mi nene dijo: “Vale, pues ahora vamos a mirar unos para ti …”
Al dependiente se le salieron los ojos de las órbitas y estoy convencida que se le pusieron los pelos como escarpias al ver que iba a tener doblete esa tarde.
A mí en ese momento, me hizo una ilusión tremenda porque yo ya le había dicho que quería comprarme unos nuevos, ya que los que tengo se remontan a la edad de piedra…
Sin embargo, en ese momento se me pasó por la cabeza aquel pequeño detalle en el que seguramente no había caído mi pareja (o eso, o es que directamente le dio igual): cómo se supone que ibamos a transportar 2 pares de patines en una moto!!!!
Mis experiencias con las motos han sido desde traumáticas hasta escandalosas…
Recuerdo aquella vez que me tocó ( y el que diga que el paquete es el que más tranquilo va, se va fuera….) ir con un neumático alrededor de mi cuello, es decir, apoyado en la nuca y agarrado a él con mis brazos para poder agarrarme a mi pareja y que en un arranque no fuera depedida contra el capó de un coche…
Lo mejor de todo era las caras de la gente de los coches por los que pasabamos al lado, miraban dos veces porque no se creían lo que vían sus ojos, jejejeje, un espectáculo…
Me temía que esta vez iba a ser más o menos igual…., dando la nota.
Así que bueno, elegí los patines que más me gustaron, y el hombre, al escuchar nuestra conversación de la moto (él: "llevamos los patines en las cajas, nop?".... Yo: "pero cómo los vamos a llevar en las cajas con lo que abulta eso!!!"... Él: "hombre tanto no abultan"... Yo: "no, claro, si los llevas en la cabeza tipo tinaja, pues no..."), pues nos regaló unas mochilas donde se transportarían más cómodamente.
Una vez habíamos pagado, nos dispusimos a montar.
Así que mi pareja se montó y esperó a que yo lo hiciera. Pero claro, en ese momento, y al ir tan cargada, mi peso aumentó de tal manera que tuve que intentarlo unas 5 veces!!!!, jejejeje…vaya tela. Me sentía como una maruja que intentaba montar en un caballo, como en los vídeos de primera…
Al final lo conseguí, iba con una de las mochilas “cogida” entre el cuerpo de mi pareja y yo, y la otra encima y con el asa enganchada a mi nuca…., qué familiar me resultaba aquello…Ya veis cuánta razón tengo cuando digo que la historia se me repite, pero es que hasta en estos pequeños detalles!!!!, jejejeje…
Al final llegamos bien, claro.
Y este finde los hemos estrenado. Sábado y Domingo, ea…
Yo ya tengo bastante experiencia y puedo presumir de que no me caigo con facilidad, es más, puedo jurar que si alguna vez he caído siempre ha sido por la acción patosa de la otra persona.
Pero este finde fue diferente, lo he pasado bomba viendo constantemente a mi pareja cómo se caía y levantaba, la cara de miedo cuando cogía algo de velocidad, jejejeje, de risa...
Soy mala, sí...., pero hasta cierto punto, porque yo intentaba enseñarle todo lo que yo había aprendido sola…, aunque núnca aprendí a caer… Y me llegó la hora, lógicamente.
Nada ni nadie es invencible…
Mi golpe fue seco, me caí cuando estaba parada, con tal mala suerte que los patines se fueron hacia atrás, clavando mis rodillas en el suelo y mis manos apoyadas para evitar que diera con los morros en el asfalto.
Cuando mi cuerpo aterrizó, noté un chasquido…., crack!!!!..., justo en la zona de los lumbares…, y me quedé en el suelo por unos segundos entre confundida y dolida…
Miré a mi pareja, el cual seguía su ruta mirandome, el pobre lo único que hacía era aspavientos porque todavía no sabe frenar y se veía incapaz de dar la vuelta y ayudarme.
Conseguí incorporarme y seguir.
Sin embargo, cuando llegué a casa por la tarde, me dí una ducha de agua bien caliente (el día había sido bastante fresco), y al rato empecé a cojear.
El dolor me recorre desde la parte superior del glúteo hasta la rodilla…
Cuando voy por los pasillo de la oficina y paso por delante de algún despacho no hago otra cosa que oír: “no, puedo…, no, puedo…”, “sietecaballovienedebonanzaaaa…”, “al ataqueeerrr…”
Qué graciosos todossssss…., mamones...
A lo que yo les respondo: “mecagontotumuelas!!!!”.
Por lo bajini, claro está…., jejejeje….
Atracción Fatal.
Desde que empecé a salir con mi primer novio, allá por los 17 abriles de la menda, anualmente no fallo a mi cita con el ginecólogo.
Ginecóloga en este caso.
Ayer tuve cita, así que me fui antes del trabajo para poder llegar a tiempo, ya que la consulta está en una de las calles más problemáticas del metropolitano Madrid.
Total que cogí mi coche y allá que me dirigí. Sin atascos, con mi musiquita, en mi cochecito leré…., más feliz que una lombriz pensando que hoy llegaría antes a casita.
Cuando me estoy aproximando a mi destino (o al menos así lo creía), encontré un parking que me vino de fábula para dejar el coche y no adentrarme más en la urbe.
Meto el coche en el parking, encuentro sitio a la primera y en el primer piso (juer, qué tarde más buena), sin tener que esperar cola, ni nada…
Como llegué con media hora de antelación, pues pensé que hasta podría darme una vuelta y mirar algún que otro escaparate. Pero no, primero tengo que mirar a qué altura está la clínica. Meto la mano en el bolso, saco el papel y verifico que está a la altura del número 153. Perfecto, vamos a ver a qué altura me encuentro yo……
No puede ser…., espera que no me he puesto las gafas…..
NO, NO PUEDE SER!!!!
Sí, sí que podía ser sí…, estaba ni más mi menos que a la altura del número 388 !!!!!!!!
Madre mía!..., miré el reloj y pensé que no me daría tiempo a llegar!
Así que aunque la madre naturaleza no me ha dotado de una gran altura y piernas largas para dar zancadas importantes, sí que la falta de centímetros tiene otra ventaja: la rapidez para esquivar a la gente…, vamos que cualquier calle concurrida se puede convertir en una carrera de obstáculos, jejejeje….
Así que al final llegué con 10 min. de retraso (alguna que otra vieja con su paso penitente se me resistió por el camino).
Cuando por fín me tocó el turno, entro y le digo que me voy a hacer la revisión anual. “Bien, pues desvístete de cintura para abajo y túmbate en la camilla.”
Ale, postura más deshonrosa no la he visto yo en mi vida, parece que estás pidiendo a gritos: “señores, aquí estoy yo para que examinen ustedes hasta la glotis si hace falta…"
Ella llega, se sienta a la altura de tu horizontal y entre tus piernas te dice que te eches más hacia ella, lo haces, “no, no, más aún..”, te echas más para abajo, echas una mirada no sea que le des con todo tu c(píiiiiiiip)o en toda la boca, jajajajajaja, parecería un morreo en toda regla (por diossssss qué cosa más obscena!!!!, jajajaja).
Bien, terminada esa prueba que paso de describir porque es un poquito desagradable, pasamos a la ecografía, sí, sí, como lo que hacen con las embarazadas pero en este caso desde dentro. Para ello utilizan un aparatejo que es lo más parecido a un consolador, al que claro, por razones de higiene, pues visten con preservativo. Y ala, adentro….
Una violación consentida en toda regla,
Ya sé que una cosa descarta a la otra, pero es que no se me ocurre otra forma mejor para definirlo; por una parte es violación porque no me gustan un pelo ese tipo de pruebas, y por otra consentida porque tengo que admitir que si voy es por voluntad propia.
Una vez hecho esto te vistes y te descubres de cintura para arriba…, ale! boca arriba otra vez con los brazos tras la cabeza a toquetear un rato.
Y es que lo peor de todo no es el trámite. En mi caso, mi ginecóloga me tiene embobada desde la primera vez que pasé por su consulta.
A veces dudo de que mi orientación sexual sea más bien bisexual por este y otros casos más.
A ver, no es que vaya babeando por las tías por la calle, pero no me desagrada verlas desnudas en los vestuarios de un gimnasio, es más, me gusta mirar sus cuerpos desnudos.
A veces he sentido cierta atracción por personas de mi mismo sexo que va más allá de la símple amistad.
Y esto es lo que me pasa con mi ginecóloga.
Encima ayer me tocó el pecho por primera vez…., y no sé si llegué a casa en coche o en una nube…
Menos mal que sólo la veo una vez al año…, sino esto sería una especie de atracción fatal, jajaja.
Ginecóloga en este caso.
Ayer tuve cita, así que me fui antes del trabajo para poder llegar a tiempo, ya que la consulta está en una de las calles más problemáticas del metropolitano Madrid.
Total que cogí mi coche y allá que me dirigí. Sin atascos, con mi musiquita, en mi cochecito leré…., más feliz que una lombriz pensando que hoy llegaría antes a casita.
Cuando me estoy aproximando a mi destino (o al menos así lo creía), encontré un parking que me vino de fábula para dejar el coche y no adentrarme más en la urbe.
Meto el coche en el parking, encuentro sitio a la primera y en el primer piso (juer, qué tarde más buena), sin tener que esperar cola, ni nada…
Como llegué con media hora de antelación, pues pensé que hasta podría darme una vuelta y mirar algún que otro escaparate. Pero no, primero tengo que mirar a qué altura está la clínica. Meto la mano en el bolso, saco el papel y verifico que está a la altura del número 153. Perfecto, vamos a ver a qué altura me encuentro yo……
No puede ser…., espera que no me he puesto las gafas…..
NO, NO PUEDE SER!!!!
Sí, sí que podía ser sí…, estaba ni más mi menos que a la altura del número 388 !!!!!!!!
Madre mía!..., miré el reloj y pensé que no me daría tiempo a llegar!
Así que aunque la madre naturaleza no me ha dotado de una gran altura y piernas largas para dar zancadas importantes, sí que la falta de centímetros tiene otra ventaja: la rapidez para esquivar a la gente…, vamos que cualquier calle concurrida se puede convertir en una carrera de obstáculos, jejejeje….
Así que al final llegué con 10 min. de retraso (alguna que otra vieja con su paso penitente se me resistió por el camino).
Cuando por fín me tocó el turno, entro y le digo que me voy a hacer la revisión anual. “Bien, pues desvístete de cintura para abajo y túmbate en la camilla.”
Ale, postura más deshonrosa no la he visto yo en mi vida, parece que estás pidiendo a gritos: “señores, aquí estoy yo para que examinen ustedes hasta la glotis si hace falta…"
Ella llega, se sienta a la altura de tu horizontal y entre tus piernas te dice que te eches más hacia ella, lo haces, “no, no, más aún..”, te echas más para abajo, echas una mirada no sea que le des con todo tu c(píiiiiiiip)o en toda la boca, jajajajajaja, parecería un morreo en toda regla (por diossssss qué cosa más obscena!!!!, jajajaja).
Bien, terminada esa prueba que paso de describir porque es un poquito desagradable, pasamos a la ecografía, sí, sí, como lo que hacen con las embarazadas pero en este caso desde dentro. Para ello utilizan un aparatejo que es lo más parecido a un consolador, al que claro, por razones de higiene, pues visten con preservativo. Y ala, adentro….
Una violación consentida en toda regla,
Ya sé que una cosa descarta a la otra, pero es que no se me ocurre otra forma mejor para definirlo; por una parte es violación porque no me gustan un pelo ese tipo de pruebas, y por otra consentida porque tengo que admitir que si voy es por voluntad propia.
Una vez hecho esto te vistes y te descubres de cintura para arriba…, ale! boca arriba otra vez con los brazos tras la cabeza a toquetear un rato.
Y es que lo peor de todo no es el trámite. En mi caso, mi ginecóloga me tiene embobada desde la primera vez que pasé por su consulta.
A veces dudo de que mi orientación sexual sea más bien bisexual por este y otros casos más.
A ver, no es que vaya babeando por las tías por la calle, pero no me desagrada verlas desnudas en los vestuarios de un gimnasio, es más, me gusta mirar sus cuerpos desnudos.
A veces he sentido cierta atracción por personas de mi mismo sexo que va más allá de la símple amistad.
Y esto es lo que me pasa con mi ginecóloga.
Encima ayer me tocó el pecho por primera vez…., y no sé si llegué a casa en coche o en una nube…
Menos mal que sólo la veo una vez al año…, sino esto sería una especie de atracción fatal, jajaja.
La Grapa.
¿Alguna vez os habeis dado cuenta de la importancia de ciertas partes de nuetro cuerpo?
No seais mal pensados que la cosa no va por ahí…mentescalenturientas…
A lo que iba. El otro día me grapé un dedo.., sí, sí, a conciencia…, algo raro le pasaba al aparatito y decidí investigar, así que aquello que parecía entorpecer el funcionamiento lógico del instrumento, terminó clavado en mi dedo.
La verdad es que es una sensación rara, porque en el mismo instante en el que te estás dando cuen de que tienes un 99,9% (periódico puro) de que termines con un elemento extraño “adherido” a tu dedo, zas! ocurre como a cámara lenta…, y aunque tu cerebro termina por reaccionar, ya es demasiado tarde: estás gritando como una posesa.
La primera impresión es muy extraña, algo así como: “¿qué demonios hace eso en mi dedo?”.
Así que decides extraerlo. Yo no sé al resto, pero a mí sólo el hecho de que tenía que sacar la grapa clavada en mi dedo, me puso un pulso como para robar panderetas.
Bueno, me armo de valor y engancho lo poco que puedo de la grapa; empiezo a sudar..., me digo a mí misma: “venga va…, a la de 3…, 1…, 2…., 3!!!!!”. Grapa fuera.
En ese momento, ni antes ni después, nada más salir la sangre, empieza el dolor insoportable…, aaaarggg!!!!!, te retuerces de dolor mientras en tu cabeza repite una y otra vez: “¿es grave doctor?, ¿tendrán que amputarme el dedo?”. Te chupas el dedo, notas cómo se hincha y calienta al mismo tiempo, “mierda, mierda, al final me lo amputan fijo…”.
Parece que deja de sangrar..., te tranquilizas y decides seguir trabajando como si nada…, manchas las hojas de sangre, mierda!!!, pero esto no había parado ya?!?!?!?!.
Decides que lo mejor es que te pongas una tirita, y te diriges al botiquín con cara de perrito degollado. Te la pones. Y a partir de ahí el dedo se te pone tieso como una vela. A cada cosa que haces, el dedo aparece el primero..., amén de lo medio inútil que se te vuelve la mano: te llaman por teléfono, vas a cogerlo y se te resbala el auricular (“mierda de tirita”). Escribes en el ordenador y te sale un tvxto domo esge…, (“mierda otra vez!!!”).
Decides quitarte la tirita, pero la sensación de dedo inservible sigue presente.
Además, todos los golpes que te pudieras dar ese día los recibe el pobrecillo…, te vuelve a sangrar, decides volver a ponerte una tirita mientras estás anhelando en tu fuero interno algo así como “dios mío que termine pronto el día!!!!”….
No hay desgracia que dure 100 años, y cuando estás de vuelta a casita, de repente escuchas algo así como: “ooooh!! Mira eso, yo no sabía que las flores caminaran…”
“Ni yo que los capullos hablaran…”
Povaser que todavía me duele un pelín…
No seais mal pensados que la cosa no va por ahí…mentescalenturientas…
A lo que iba. El otro día me grapé un dedo.., sí, sí, a conciencia…, algo raro le pasaba al aparatito y decidí investigar, así que aquello que parecía entorpecer el funcionamiento lógico del instrumento, terminó clavado en mi dedo.
La verdad es que es una sensación rara, porque en el mismo instante en el que te estás dando cuen de que tienes un 99,9% (periódico puro) de que termines con un elemento extraño “adherido” a tu dedo, zas! ocurre como a cámara lenta…, y aunque tu cerebro termina por reaccionar, ya es demasiado tarde: estás gritando como una posesa.
La primera impresión es muy extraña, algo así como: “¿qué demonios hace eso en mi dedo?”.
Así que decides extraerlo. Yo no sé al resto, pero a mí sólo el hecho de que tenía que sacar la grapa clavada en mi dedo, me puso un pulso como para robar panderetas.
Bueno, me armo de valor y engancho lo poco que puedo de la grapa; empiezo a sudar..., me digo a mí misma: “venga va…, a la de 3…, 1…, 2…., 3!!!!!”. Grapa fuera.
En ese momento, ni antes ni después, nada más salir la sangre, empieza el dolor insoportable…, aaaarggg!!!!!, te retuerces de dolor mientras en tu cabeza repite una y otra vez: “¿es grave doctor?, ¿tendrán que amputarme el dedo?”. Te chupas el dedo, notas cómo se hincha y calienta al mismo tiempo, “mierda, mierda, al final me lo amputan fijo…”.
Parece que deja de sangrar..., te tranquilizas y decides seguir trabajando como si nada…, manchas las hojas de sangre, mierda!!!, pero esto no había parado ya?!?!?!?!.
Decides que lo mejor es que te pongas una tirita, y te diriges al botiquín con cara de perrito degollado. Te la pones. Y a partir de ahí el dedo se te pone tieso como una vela. A cada cosa que haces, el dedo aparece el primero..., amén de lo medio inútil que se te vuelve la mano: te llaman por teléfono, vas a cogerlo y se te resbala el auricular (“mierda de tirita”). Escribes en el ordenador y te sale un tvxto domo esge…, (“mierda otra vez!!!”).
Decides quitarte la tirita, pero la sensación de dedo inservible sigue presente.
Además, todos los golpes que te pudieras dar ese día los recibe el pobrecillo…, te vuelve a sangrar, decides volver a ponerte una tirita mientras estás anhelando en tu fuero interno algo así como “dios mío que termine pronto el día!!!!”….
No hay desgracia que dure 100 años, y cuando estás de vuelta a casita, de repente escuchas algo así como: “ooooh!! Mira eso, yo no sabía que las flores caminaran…”
“Ni yo que los capullos hablaran…”
Povaser que todavía me duele un pelín…
The History Repeating.
Probablemente uno pueda pensar que las cosas que me pasan sean insignificantes.
En parte es verdad, todo depende del cristal con el que se mire.
A mí no se me ha muerto mi padre, ni mi madre, ni un hermano; núnca un novio me ha dejado por otra, ni me ha sido infiel; tampoco me han dejado embarazada y abandonada a mi suerte; núnca me han despedido de un trabajo y me he quedado en la calle tirada y sin poder pagar las letras; tampoco se me ha muerto un buen amig@ sin poder haberle dado un último abrazo…
Pero desgraciadamente, sí que he perdido mucha gente en mi camino, y núnca por causas que podríamos llamar “naturales”. Siempre a la fuerza.
La primera vez que sentí el desgarro de la separación de gente a la que tenía mucho apego, como es normal, fue con tan sólo 9 añitos de edad.
Un cambio de residencia. En el origen me dejé los amig@s de la infancia y muchas, muchas raíces.
La segunda vez que me ocurrió algo semejante (es decir, igual) fue a los dos años posteriores: otro cambio de residencia.
La historia se me empezaba a repetir.
Una vez ubicados aquí en Madrid, un tercer cambio de residencia se interpuso en mi vida. Aunque este no fue tan drástico como para no mantener la relación con las que fueron en aquel tiempo mis amig@s.
El cambio se realizó en pleno curso de 3º de BUP, y el camino diario era 1h. en transporte público.
Sin embargo, a mí no me importaba.
Sí que me importaba el hecho de que al siguiente año, ese trayecto no lo realizaría más.
A parte de eso, había que añadirle el hecho de que yo no tenía edad para conducir, y mucho menos para ir sola en el tren a altas horas de la noche.
Así que la relativa distancia que podía haber entre ell@s y yo se me hizo infinita.
La p(iiiiiiip)a historia se me volvía a repetir.
A partir de ahí, núnca fui capaz (o no me dejaron) de tener “mi gente”. A ciertas edades se hace difícil, ya que los círculos están muy cerrados alrededor de aquellos que han pasado unos cuantos añitos juntos.
Ni siquiera cuando decidí empezar a trabajar, tuve la suerte de “caer” en empresas donde pudiera forjar buenas amistades, bien porque eramos muy pocos y cada uno con una vida más que asentada, bien porque la gente con la que me tocaba compartir el territorio laboral no fuera de mi misma “época”.
Aquí en mi actual trabajo, pensé que la historia me había cambiado, pero no…., todavía no me convenzco que a mí la historia se me repetirá hasta el fin de mis días (aunque yo creo que con canas y la reúma me tomaré las cosas de otra manera, digoyo...).
O eso…, o moriré a base de disgustos.., y como que no me ape(tece).
Dicho todo esto, uno podría pensar que ya debería de estar más que acostumbrada a perder gente..., pero me resisto, aunque sé que al final el sufrimiento es el doble, porque desgraciadamente la historia se acaba repitiendo.
En parte es verdad, todo depende del cristal con el que se mire.
A mí no se me ha muerto mi padre, ni mi madre, ni un hermano; núnca un novio me ha dejado por otra, ni me ha sido infiel; tampoco me han dejado embarazada y abandonada a mi suerte; núnca me han despedido de un trabajo y me he quedado en la calle tirada y sin poder pagar las letras; tampoco se me ha muerto un buen amig@ sin poder haberle dado un último abrazo…
Pero desgraciadamente, sí que he perdido mucha gente en mi camino, y núnca por causas que podríamos llamar “naturales”. Siempre a la fuerza.
La primera vez que sentí el desgarro de la separación de gente a la que tenía mucho apego, como es normal, fue con tan sólo 9 añitos de edad.
Un cambio de residencia. En el origen me dejé los amig@s de la infancia y muchas, muchas raíces.
La segunda vez que me ocurrió algo semejante (es decir, igual) fue a los dos años posteriores: otro cambio de residencia.
La historia se me empezaba a repetir.
Una vez ubicados aquí en Madrid, un tercer cambio de residencia se interpuso en mi vida. Aunque este no fue tan drástico como para no mantener la relación con las que fueron en aquel tiempo mis amig@s.
El cambio se realizó en pleno curso de 3º de BUP, y el camino diario era 1h. en transporte público.
Sin embargo, a mí no me importaba.
Sí que me importaba el hecho de que al siguiente año, ese trayecto no lo realizaría más.
A parte de eso, había que añadirle el hecho de que yo no tenía edad para conducir, y mucho menos para ir sola en el tren a altas horas de la noche.
Así que la relativa distancia que podía haber entre ell@s y yo se me hizo infinita.
La p(iiiiiiip)a historia se me volvía a repetir.
A partir de ahí, núnca fui capaz (o no me dejaron) de tener “mi gente”. A ciertas edades se hace difícil, ya que los círculos están muy cerrados alrededor de aquellos que han pasado unos cuantos añitos juntos.
Ni siquiera cuando decidí empezar a trabajar, tuve la suerte de “caer” en empresas donde pudiera forjar buenas amistades, bien porque eramos muy pocos y cada uno con una vida más que asentada, bien porque la gente con la que me tocaba compartir el territorio laboral no fuera de mi misma “época”.
Aquí en mi actual trabajo, pensé que la historia me había cambiado, pero no…., todavía no me convenzco que a mí la historia se me repetirá hasta el fin de mis días (aunque yo creo que con canas y la reúma me tomaré las cosas de otra manera, digoyo...).
O eso…, o moriré a base de disgustos.., y como que no me ape(tece).
Dicho todo esto, uno podría pensar que ya debería de estar más que acostumbrada a perder gente..., pero me resisto, aunque sé que al final el sufrimiento es el doble, porque desgraciadamente la historia se acaba repitiendo.
Casi, casi...
El otro día no salimos ardiendo por los pelillos de las orejas.
Sí, sí, como lo cuento. Últimamente me ha dado por besar el suelo cada vez que me levanto y todo…, cosas más raras se han visto.
Estabamos en casita tan a gustito preparando la comida (arroz al horno, que me sale de chuparse los dedos, jejeje) cuando de repente el horno pegó un petardazo.
Imaginaos: la puerta del horno abierta, la menda echandole un vistazo a la fuente de barro donde se estaba preparando la susodicha comida.., culo en pompa por cierto; y de repente aquello pega un petardazo que saltaron chispas y todo…
Saltaron los plomos.
Mi pareja se acerca a la cocina y me vé con la fuente entre las manos, las gafas llenas de vaho, y el corazón que se me salía del pecho a modo de “looney tune”…
Claro, el piso donde yo habito tendrá unos 30 años de antigüedad, y tal y como se lo dieron a mi abuela ella no lo ha tocado, con lo cual, la potencia eléctrica es mucho menor de lo que hoy en día tienen las construcciones modernas.
Así que:
Horno + ordenador = petardazo.
Horno + portátil = petardazo.
Horno + televisor = petardazo.
Horno + radiador (tampoco hay calefacción) = petardazo.
Pero es que la fórmula matemática de ese fatídico suceso fue algo así:
Horno + radiador + portátil + ordenador = Requetepetardazo.
Pabernosmatao…
Encima, el otro día el del primer piso se dejó el aceite en el fuego, las llamas subieron y explotó el extractor de humo….
Tenemos un olor horroroso a perros muertos por todo el bloque que no véas…
Por cierto, ¿alguien sabe a qué huelen los perros muertos?.
Sí, sí, como lo cuento. Últimamente me ha dado por besar el suelo cada vez que me levanto y todo…, cosas más raras se han visto.
Estabamos en casita tan a gustito preparando la comida (arroz al horno, que me sale de chuparse los dedos, jejeje) cuando de repente el horno pegó un petardazo.
Imaginaos: la puerta del horno abierta, la menda echandole un vistazo a la fuente de barro donde se estaba preparando la susodicha comida.., culo en pompa por cierto; y de repente aquello pega un petardazo que saltaron chispas y todo…
Saltaron los plomos.
Mi pareja se acerca a la cocina y me vé con la fuente entre las manos, las gafas llenas de vaho, y el corazón que se me salía del pecho a modo de “looney tune”…
Claro, el piso donde yo habito tendrá unos 30 años de antigüedad, y tal y como se lo dieron a mi abuela ella no lo ha tocado, con lo cual, la potencia eléctrica es mucho menor de lo que hoy en día tienen las construcciones modernas.
Así que:
Horno + ordenador = petardazo.
Horno + portátil = petardazo.
Horno + televisor = petardazo.
Horno + radiador (tampoco hay calefacción) = petardazo.
Pero es que la fórmula matemática de ese fatídico suceso fue algo así:
Horno + radiador + portátil + ordenador = Requetepetardazo.
Pabernosmatao…
Encima, el otro día el del primer piso se dejó el aceite en el fuego, las llamas subieron y explotó el extractor de humo….
Tenemos un olor horroroso a perros muertos por todo el bloque que no véas…
Por cierto, ¿alguien sabe a qué huelen los perros muertos?.





