El auriga muerto
Sangre en el suelo, mi cuerpo destrozado. Yazco desmembrada por dos caballos: mi deseo de que sea para siempre y la voz que me dice que no me durarás más que estos zapatos que llevo puestos.
El auriga ha muerto
El auriga ha muerto
Angustia
Oí a los médicos decir que el estado de "angustia" sólo se produce ante dos abismos: la muerte y la locura.
Yo no tengo miedo a la muerte. La locura pasó por mis venas como una coche por una autopista desierta a medianoche. Pero... tú, tú me has hecho saber qué es ese sentimiento que te corta el aliento, que te entrecorta la respiración para hacerte espectador de tu propio calvario.
Muerte, locura ... Los médicos deberían conocerte. No hay angustia mayor que la de perderte.
Yo no tengo miedo a la muerte. La locura pasó por mis venas como una coche por una autopista desierta a medianoche. Pero... tú, tú me has hecho saber qué es ese sentimiento que te corta el aliento, que te entrecorta la respiración para hacerte espectador de tu propio calvario.
Muerte, locura ... Los médicos deberían conocerte. No hay angustia mayor que la de perderte.
Encuesta
Pasé un día por delante de tu ventana. Llovía fuera, no en tu casa. Hacía meses que no te veía. No pude llegar antes. Te vi por la ventana, pero después que a ella.
No llamé al timbre.
Sí me mojé en aquella calle.
No sabría decirte si lloré y la lluvia se tragó mis lágrimas.
En realidad, nunca estuve allí. Pero era lo que imaginé durante años.
¿Te vale?
Ahora soy yo el sueño que nunca fue y que no por eso hay que dejar de olvidarlo.
No llamé al timbre.
Sí me mojé en aquella calle.
No sabría decirte si lloré y la lluvia se tragó mis lágrimas.
En realidad, nunca estuve allí. Pero era lo que imaginé durante años.
¿Te vale?
Ahora soy yo el sueño que nunca fue y que no por eso hay que dejar de olvidarlo.
Harakiri
Qué crueldad: estallar su mundo y el mío, por hacer lo que no debo. Porque todo son deudas que crecen como los intereses en el banco de un Debería a plazo fijo.
Y siento que desear me hiciera indeseable mientras crecían mis deudas. Por eso son tan peligrosos los deseos, contraes con ellos la obligación de intentar hacerlos realidad. Y yo realmente hago el intento de no desear más para dañar menos.
¡Qué me descuelguen la espada de Damocles! Con ella sellaré el harakiri que me solicitan.
Encargo
Tengo una sed insaciable de vida y busco beber de pieles distintas. Es el contenido que se desliza por mis cavidades y que se derrama por mis vacíos.
Me descuelgo de unos labios a otros, pero duermo sola marcando mi territorio.
Tú no lo sabes, pero eres el próximo plan que le he encargado al destino.