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Los ángeles no dejan de llorar
La realidad es bruta y la vida PUTA. Crónicas de vidas ansiosas.
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¿Llorar? ¡Sí, pero de pie y trabajando! --Alejandro Casona --
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LA ETERNA INSATISFECHA
Advertencia: Este cuento crea autorreflexión, y aunque elementos subliminales hayan podido salir a flote, no me siento identificada con la desafortunada princesa.

Había una vez una chica que se creía una princesa. Sabía que no era muy guapa, pero también sabía que tenía un halo que la recubría haciéndola bella a los ojos de los demás. Sabía que la veían como una chica inteligente, de gran sonrisa que a todos encandilaba como el famoso flautista del cuento. Allá por donde iba, cosechaba corazones y miradas y todos los hombres que había deseado habían caído rendidos a sus pies.

Sin embargo, en la soledad y oscuridad de su cuarto, la inseguridad la atemorizaba. Porque sabía que todo era una maravillosa y perfecta…fachada. Sabía que no era guapa, y de hecho se acercaba más a la fealdad que a la belleza. Se sabía inteligente para algunas cosas, pero para otras extremadamente tonta y torpe. Y sobre todo, sabía que su única salvación era estar con personas que jamás descubrieran ni quisieran descubrir qué había detrás de su mirada. Sus amigos, se contaban con los dedos de la mano amputada de un manco. Sólo tenía conocidos, compañeros y familiares.

Tenía un hermoso palacio y un carruaje lujoso, todo para ella sola. Era la primogénita de la familia y también la más mimada. Pero nada de lo que tenía, sentía habérselo ganado. Sentía que ella no era ella, sino todo lo que tenía y la ocultaba el paso.

Se comprometió con un consejero del reino, que llegó a ser muy poderoso, quizás por el azar más que por trabajo. A los ojos ajenos, eran la pareja perfecta, pues él además era guapo. En ocasiones, pensaba en romper el compromiso, pues en el fondo ella estaba insatisfecha. Demasiados desplantes y desprecios, demasiados reproches y lamentos, para una relación que apenas había levantado el vuelo. Sin embargo, todo compromiso, otorga cierta seguridad, aunque sea con el mismo diablo. Y el caso no era tan extremo.

--¿Y ahora por qué estás mal? – le preguntaba el consejero
-- Lo único que he querido lo he perdido
--¡Pues deja ya de llorar y arranca! ¿No ves que estás haciendo un mundo de esto y yo sí que tengo verdaderos problemas? Esta noche cenamos con mis amigos
--No me apetece
--Si no vienes, ahí te quedas
--¡Por favor, quédate conmigo!
--Ya hablaremos por la mañana – y la conversación acababa con el ruido de la puerta y las bisagras

Hacía tiempo un príncipe se le había cruzado en su camino. Viejo amigo, de la aristocracia, siempre habían tenido una especial relación, siempre solo como amigos. De su insatisfacción surgió la idea de cómo sería su vida si un día se enamoraran. Imaginaba una vida tranquila, llena de esas pequeñas cosas que se viven de día para volver a soñarlas sobre la almohada. Imaginó el paso del tiempo sobre sus cuerpos y cómo les irían apareciendo canas. Imaginó cómo serían sus hijos y les puso nombres y les puso cara. Y después, rompió el ensueño, pinchando la burbuja con su propia espada.

Ya era tarde para ella, eterna insatisfecha, que no se sentía nada; que sentía miedo cuando pensaba que alguien pudiera quererla por lo que ocultaba bajo la fachada. El príncipe era de esos que amaba las almas y las desnudaba. Demasiado riesgo vivir desnuda en un mundo frío que detestaba. Echó al príncipe de sus sueños y puso punto y final a un párrafo sin palabras.

Siguió con su consejero, con días pares e impares, repartiéndose pie izquierdo y derecho, alternando las mañanas.

--¿Por qué no nos vamos juntos a algún lado apartado? Me apetece estar sola y tranquila, juntos – preguntaba casi rogando
--Eres una egoísta. Tú no sabes lo que es tener amigos, pero yo tengo muchos y no voy a descuidarlos por tus bobadas. ¡Con todo lo que hago por ti y lo que te aguanto…! – le contestaba el consejero escupiendo palabras

Y siguió sintiéndose incompleta, sola y desamparada todas las noches en las que dormía sola en su cama. Soñaba con nuevos caminos y siempre acababa pensando, que eligiera el que eligiera, siempre sería una desgraciada. Conservaba a su príncipe cerca, por si algún día nacía de ella el valor de vivir en lugar de dejarse vivir. Pero ella misma se condenada a estar eternamente insatisfecha porque no tenía valor de luchar por alguien, porque se hacía limitada a ser sólo objeto de lucha, amante no amada.

--No valoras nada de lo que hago por ti – le reprochaba el consejero – parece mentira que me desprecies y desprecies como te cuido, con lo que yo te quiero…Aguanto hasta a tu familia y ni siquiera me quejo.. – y ella aguantaba las lágrimas pero no le aguantaba la mirada.

Y cuando ya no podía más, cuando sentía el abismo tan cerca que quería tirarse…

--Venga, princess, ponte guapa, que te llevo a cenar al sitio más caro del reino y te regalo besos y te abrazo como en tus sueños – reculaba el consejero.

Pero ella seguía siendo la eterna insatisfecha, porque quizás el secreto de la felicidad es arriesgar de vez en cuando y luchar por lo que se ama, perdiendo todo lo que se tiene, que, en realidad, no vale nada.
 
LA VIDA ES PASAR
Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Antonio Machado


He pasado, de un blog a otro, pero con la misma historia. Con la misma de Machado, Antonio. Porque nunca perseguí la gloria, sólo la felicidad y mi felicidad no pasa por dinero, trabajo, reconocimiento, fama ni nada análogo o similar. Mi felicidad consiste en algo muy simple, en unos cuantos libros, en un poco de soledad, de esa que se elige, y de alguien que me cuide y seque mis lágrimas cuando me canse de mi soledad.

La mayor de todas las penas es darse cuenta de que nunca te quisieron, que todo fue una ilusión, una válvula de escape, un deslumbramiento, que no quieren o no te quieren bien. La felicidad pasa, y vuelve a pasar, cuando encuentras a alguien que te ama, en la desnudez de las sábanas donde no caben monedas, trabajo o belleza en la oscuridad.