INTELIGENCIA FRACASADA ("2ª parte de "Elegir tu infierno")
Tu recuerdo endulza mis sueños, pero envenena mis días, cargados de nostalgia. No se me ha olvidado que tengo que olvidarte. No te quiero en mi vida, pequeña inteligencia fracasada.
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(Inspiración cortesía de una conversación de la aquí presente tras un examen de muchas horas)
-- “La inteligencia fracasada” Es uno de los libros de J.A. Marina que más me ha gustado – comenta la Dra. Albright
-- No lo he leído, pero lo entiendo. La inteligencia es una virtud que puede tenerse y no poner en práctica, como un preservativo que se guarda en la cartera y uno no se acuerda de utilizar, cometiendo un error fatal…
-- ¿Qué se hace con una inteligencia fracasada?
-- ¡Huir de ella! – contesta Víctor rápidamente de una manera exaltada
-- ¿Huir? ¿Cómo si fuera un leproso? ¿Marginarla? ¿Encarcelarla como a Galileo, de por vida? – dice con sorna su mentora
-- Galileo… -- sonríe – ya sabes lo que pone en su tumba: “Sin honor y con lágrimas”. Así acaban las inteligencias fracasadas, y así acaba todo aquel que se acerca a ellas. Es como cuando alguien se ahoga, vas en su auxilio, pero para salvarse es capaz de apoyarse en ti y mandarte al fondo del océano. No lo hacen por maldad, sino por una cuestión de supervivencia. Enseñarles el verdadero camino de la salvación es algo que les asusta…
-- Viven con miedo
-- Viven EN el miedo
-- Pero ¿cómo reconocerlas…?
--Ay… después de un par, las ves venir de lejos
--¿Un par?
--Sí, exactamente… dos
--Joder – y pronuncia la palabra deleitándose en el verbo
--------------------------------------------------------------------------------------------------
Me pones nervioso cuando me escribes, Nuria. El corazón se me acelera y me encuentro en un estado de inquietud que me es desagradable. Entonces pienso en mi bicho, el pequeño ser con el que ahora duermo. Con su cuerpo pequeño y frágil, agarrado a mi como un bebé. Recuerdo el tacto de su piel, tan suave… respiro y recupero la calma, que poco a poco comienza a invadirme como una ola de calor en una noche fría de invierno. Tú recuerdo me atemoriza. El de ella me relaja.
------------------------------------------------------------------------------------------------------
-- Después de esta conversación procedería que te invitara a tomar unas cervezas, Víctor, sin embargo – continúa Madelaine Allbrigh– es terriblemente tarde
-- Me parece bien
Víctor regresa a casa y en el silencio de su cuarto de baño se masturba, imaginando cuerpos indefinidos que se le ofrecen a su antojo. No quiere pensar en su “bicho”, es demasiado dulce para hacerla protagonista de sus fantasías más lascivas. Piensa en Nuria y la erección comienza a bajarle. El dolor no es para él un aliciente sexual. Piensa en su profesora y tras un rato estalla en mil partículas de placer cuántico.
-- Está divorciada – dice Alberto – y se rumoreaba que estuvo saliendo con un estudiante.
-- ¿Qué? – dice Víctor sin poder creerlo -- ¿Quién?
-- No sé como se llamaba, se sentaba cerca de mi en el curso del doctorado del profesor Diéz-Torres. Era uno que siempre iba con ropa de la que marca musculito
-- ¡No jodas! No puedo ser el que estoy pensando…
Víctor sigue con su día, pero un residuo de esa conversación se repite una y otra vez en su cabeza. Recuerda al estudiante. Alberto, cree que se llamaba. Si no fuera porque estaba en esa clase, habría dicho que era un portero de discoteca unineuronal y hasta arriba de quetamina.
Abre el grifo de la bañera y desnudo ante el espejo piensa:
--No quiero estar donde ha estado ese…
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(Inspiración cortesía de una conversación de la aquí presente tras un examen de muchas horas)
-- “La inteligencia fracasada” Es uno de los libros de J.A. Marina que más me ha gustado – comenta la Dra. Albright
-- No lo he leído, pero lo entiendo. La inteligencia es una virtud que puede tenerse y no poner en práctica, como un preservativo que se guarda en la cartera y uno no se acuerda de utilizar, cometiendo un error fatal…
-- ¿Qué se hace con una inteligencia fracasada?
-- ¡Huir de ella! – contesta Víctor rápidamente de una manera exaltada
-- ¿Huir? ¿Cómo si fuera un leproso? ¿Marginarla? ¿Encarcelarla como a Galileo, de por vida? – dice con sorna su mentora
-- Galileo… -- sonríe – ya sabes lo que pone en su tumba: “Sin honor y con lágrimas”. Así acaban las inteligencias fracasadas, y así acaba todo aquel que se acerca a ellas. Es como cuando alguien se ahoga, vas en su auxilio, pero para salvarse es capaz de apoyarse en ti y mandarte al fondo del océano. No lo hacen por maldad, sino por una cuestión de supervivencia. Enseñarles el verdadero camino de la salvación es algo que les asusta…
-- Viven con miedo
-- Viven EN el miedo
-- Pero ¿cómo reconocerlas…?
--Ay… después de un par, las ves venir de lejos
--¿Un par?
--Sí, exactamente… dos
--Joder – y pronuncia la palabra deleitándose en el verbo
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Me pones nervioso cuando me escribes, Nuria. El corazón se me acelera y me encuentro en un estado de inquietud que me es desagradable. Entonces pienso en mi bicho, el pequeño ser con el que ahora duermo. Con su cuerpo pequeño y frágil, agarrado a mi como un bebé. Recuerdo el tacto de su piel, tan suave… respiro y recupero la calma, que poco a poco comienza a invadirme como una ola de calor en una noche fría de invierno. Tú recuerdo me atemoriza. El de ella me relaja.
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-- Después de esta conversación procedería que te invitara a tomar unas cervezas, Víctor, sin embargo – continúa Madelaine Allbrigh– es terriblemente tarde
-- Me parece bien
Víctor regresa a casa y en el silencio de su cuarto de baño se masturba, imaginando cuerpos indefinidos que se le ofrecen a su antojo. No quiere pensar en su “bicho”, es demasiado dulce para hacerla protagonista de sus fantasías más lascivas. Piensa en Nuria y la erección comienza a bajarle. El dolor no es para él un aliciente sexual. Piensa en su profesora y tras un rato estalla en mil partículas de placer cuántico.
-- Está divorciada – dice Alberto – y se rumoreaba que estuvo saliendo con un estudiante.
-- ¿Qué? – dice Víctor sin poder creerlo -- ¿Quién?
-- No sé como se llamaba, se sentaba cerca de mi en el curso del doctorado del profesor Diéz-Torres. Era uno que siempre iba con ropa de la que marca musculito
-- ¡No jodas! No puedo ser el que estoy pensando…
Víctor sigue con su día, pero un residuo de esa conversación se repite una y otra vez en su cabeza. Recuerda al estudiante. Alberto, cree que se llamaba. Si no fuera porque estaba en esa clase, habría dicho que era un portero de discoteca unineuronal y hasta arriba de quetamina.
Abre el grifo de la bañera y desnudo ante el espejo piensa:
--No quiero estar donde ha estado ese…
Etiquetas: fracasada inteligencia
ELEGIR TU INFIERNO
Víctor trabajaba en el departamento de Física de la universidad más grande de Europa, que aunque parezca imposible, está en España. Durante sus estudios hizo diversos proyectos que gustaron y enlazando uno con otro se vio formando parte del equipo que le había estado formando durante esos años. La profesora Wright era su ídolo. Americana de origen, residía en España y hablaba un castellano casi perfecto, con un acento, eso sí, que desvelaba su procedencia.
Madelaine Wright había pasado los cincuenta años, aunque su piel aterciopelada luchaba duramente para ocultarlo. Tenía unos enormes ojos azul oscuros, siempre perfilados con un color negro que le daba un aspecto especialmente exótico acompañado de su pelo rubio cano.
Víctor que no llegaba a la treintena, se embelesaba escuchándola hablar de las posibilidades de la física cuántica, de los átomos, de la materia y del vacío del universo.
-- Los átomos son vacío, son tendencias. Toda una vida es un vacío, indeterminación pura y ¿sabes lo que es la indeterminación pura, Victor?
-- Libertad...
-- Sí. Es libertad – y tras una pausa continuó -- Las tendencias se fijan cuando las fijamos con la mirada… ¿Dónde habré puesto mis notas? Aquí. Cuando el cerebro humano no está procesando la realidad concreta. Es decir, cuando no estás mirando lo único que existen son ondas de posibilidad. Cuando miras, fijas las ondas convirtiéndolas en partículas.
-- Mirar es escoger.
-- ¿Cómo? – preguntó la profesora
-- Cuando miras el cerebro fija tendencias, escoge la forma de fijar y entender la realidad. En cada mirada hay elección. Mirar es escoger.
--Brillante, Victor, brillante. Pero no es suficiente. ¿Qué vas a hacer con la física cuántica?
Y mientras Victor miraba a la señora Wright, notaba que ella le trataba como un hijo, y él se sentía Edipo, porque su fascinación iba hasta tal punto que su cuerpo reaccionaba con una erección con cada uno de los desafíos que ella le lanzaba.
Esa tarde había quedado con Nuria. Él sabía a lo que venía. Venía a fijar una tendencia, venía a poner fin a su historia de amor.
--Lo siento, Víctor – dijo ella – mirándole a los ojos.
En ese instante, recordó que cuando era pequeño le preguntó a su padre cómo se pegaba un buen puñetazo a un niño que siempre le andaba pegando. Su padre se arrodilló a su altura y le dijo: “Apunta hijo, aquí, a los ojos. ¿Y ahora? – preguntó el niño – Ahora baja el puño y dile la verdad, eso duele más que cualquier otra cosa, sobre todo cuando se hace mirando a los ojos.”
-- Mírame a los ojos y dime que no me quieres
-- No puedo hacer eso, yo sí te quiero pero no puedo. No puedo dar marcha atrás, enfrentarme a otro fracaso, a otro paso hacia atrás. Simplemente no puedo
Él retrocedió unos pasos y miró a su alrededor. Era un aparcamiento gris, le llevaría tan sólo unos segundos calcular cuántos coches había aparcados y con un cálculo estadístico podía hacer incluso una aproximación de la media de años que tenían y del tanto por ciento por colores.
-- Me asusta tu mirada, ¿qué vas a hacer? – repuso ella, sin duda asustada porque sabía que Víctor podía enfrentarse a los enigmas del universo, pero no podía enfrentarse a sus sentimientos.
-- Voy a elegir, como tú ya has elegido tu propio infierno.
Y se dio media vuelta. Y dejó de ver a Nuria sabiendo que así la convertía en una tendencia y estaba creando multitud de mundos paralelos, esperando que uno de ellos o varios cumplieran con el devenir universal. Y sintió en la nuca el movimiento, como si le clavara una mirada o mil, sintió las ondas de posibilidad libres, absolutamente libres.
-- ¿No vas a mirarme?
-- No
Madelaine Wright había pasado los cincuenta años, aunque su piel aterciopelada luchaba duramente para ocultarlo. Tenía unos enormes ojos azul oscuros, siempre perfilados con un color negro que le daba un aspecto especialmente exótico acompañado de su pelo rubio cano.
Víctor que no llegaba a la treintena, se embelesaba escuchándola hablar de las posibilidades de la física cuántica, de los átomos, de la materia y del vacío del universo.
-- Los átomos son vacío, son tendencias. Toda una vida es un vacío, indeterminación pura y ¿sabes lo que es la indeterminación pura, Victor?
-- Libertad...
-- Sí. Es libertad – y tras una pausa continuó -- Las tendencias se fijan cuando las fijamos con la mirada… ¿Dónde habré puesto mis notas? Aquí. Cuando el cerebro humano no está procesando la realidad concreta. Es decir, cuando no estás mirando lo único que existen son ondas de posibilidad. Cuando miras, fijas las ondas convirtiéndolas en partículas.
-- Mirar es escoger.
-- ¿Cómo? – preguntó la profesora
-- Cuando miras el cerebro fija tendencias, escoge la forma de fijar y entender la realidad. En cada mirada hay elección. Mirar es escoger.
--Brillante, Victor, brillante. Pero no es suficiente. ¿Qué vas a hacer con la física cuántica?
Y mientras Victor miraba a la señora Wright, notaba que ella le trataba como un hijo, y él se sentía Edipo, porque su fascinación iba hasta tal punto que su cuerpo reaccionaba con una erección con cada uno de los desafíos que ella le lanzaba.
Esa tarde había quedado con Nuria. Él sabía a lo que venía. Venía a fijar una tendencia, venía a poner fin a su historia de amor.
--Lo siento, Víctor – dijo ella – mirándole a los ojos.
En ese instante, recordó que cuando era pequeño le preguntó a su padre cómo se pegaba un buen puñetazo a un niño que siempre le andaba pegando. Su padre se arrodilló a su altura y le dijo: “Apunta hijo, aquí, a los ojos. ¿Y ahora? – preguntó el niño – Ahora baja el puño y dile la verdad, eso duele más que cualquier otra cosa, sobre todo cuando se hace mirando a los ojos.”
-- Mírame a los ojos y dime que no me quieres
-- No puedo hacer eso, yo sí te quiero pero no puedo. No puedo dar marcha atrás, enfrentarme a otro fracaso, a otro paso hacia atrás. Simplemente no puedo
Él retrocedió unos pasos y miró a su alrededor. Era un aparcamiento gris, le llevaría tan sólo unos segundos calcular cuántos coches había aparcados y con un cálculo estadístico podía hacer incluso una aproximación de la media de años que tenían y del tanto por ciento por colores.
-- Me asusta tu mirada, ¿qué vas a hacer? – repuso ella, sin duda asustada porque sabía que Víctor podía enfrentarse a los enigmas del universo, pero no podía enfrentarse a sus sentimientos.
-- Voy a elegir, como tú ya has elegido tu propio infierno.
Y se dio media vuelta. Y dejó de ver a Nuria sabiendo que así la convertía en una tendencia y estaba creando multitud de mundos paralelos, esperando que uno de ellos o varios cumplieran con el devenir universal. Y sintió en la nuca el movimiento, como si le clavara una mirada o mil, sintió las ondas de posibilidad libres, absolutamente libres.
-- ¿No vas a mirarme?
-- No
"MORIR DE AMOR NO ES PROPIO DE MI EDAD"
Simona llega y me abre las puertas a una obra de teatro y descubro:
"Pues si quiero aprendo a quererte
y te hago feliz y te llevo al parque
los domingos, que si que si yo quiero
te hago feliz, pues si quiero...
tal vez mañana, abrázame como si me
quisieras, hazme daño, por dios que
pase algo, que se acabe esta nada,
no soporto cuando el tiempo
se queda en pause, no puedo más
con esta huelga de miocardio..."
La compañía de teatro es "Lo perros lo gato", lo siento... no recuerdo la escritora-directora, Tengo un folleto por ahí.... pero por ahí cuando se trata de mi... puede ser cualquier lado.
Me gusta pasear de noche, entre semana, cuando no hay nadie, rumiando frases o escenas, óperas, películas, poemas, no tengo fin. En esos momentos no tengo que esconderme, no tengo que disimular y no tengo que ser más que yo (a secas). Me gusta cuando empieza a llover y dejo que las gotas caigan sobre mi pelo, se descuelguen por mi cara y las recojo con mis manos. En ese momento dejo salir mi debilidad y me siento pequeña y vulnerable... entonces sonrío, con una sonrisa que me delata. Ni soy tan pequeña ni soy tan vulnerable y tengo un pasado envidiable escrito por las personas que he querido que lo escribieran.
-- ¿Por qué no acabas ya con eso? -- dice V
-- No sé... ¿por qué habría de hacerlo? Sería cerrar puertas -- contesta Sil
-- Jooooder.... la misma puta filosofía de vida... -- replica V
-- Hangelus, hangelus... -- Sil me levanta la mano para que la choque
--Ueeeeeeeeeeeeeeee -- Sil y yo al unísono
Soy sensible, pero no, no soy pequeña, ni una santa, ni muy vulnerable. Me duelo, pero me levanto, camino y tiro hacia delante. No me rindo, aunque a veces hago cálculos de desgaste y elimino lo que no me reporta beneficios.
Estas navidades he paseado bajo el sol, la luna, la niebla y los cerezos, he estado con mi familia, he dormido, leído tanto como he podido, he jugado a la nintendo ds, he leído manga, mis comics de superman, poesía, filosofía y me he fundido en mil abrazos, mi pasatiempo favorito. Han sido unas navidades grandes.
--Sé lo que he parido -- dice mi madre -- hija, tú eres distinta y ni lo digo como halago, ni soy subjetiva, que no eres mi único hijo. Vive, que hemos luchado mucho para que vivas y... dame algún nieto algún día, que me has salido rompecorazones. Demuestra la educación que te he dado, que es lo que te diferencia de aquellos que te hacen daño. Tú tienes mucha clase. Y no te olvides, que el daño que sufres, tú misma lo has causado, que no eres tonta y sabes siempre donde te metes. ¿Te lo has pasado bien? Pues sigue así.
Menuda charla navideña.
Me meto en mis sueños y sueño con muchos cuerpos, a cada cual más caro. Y empiezo a hablar seminconsciente: "Fuiste protagonista de mis labios y único inquilino de mis brazos". Me despierto. ¡Tengo que escribirlo! Me doy media vuelta y tropiezo con algo. No lo escribo. Me duermo y sigo soñando.
Me voy a dormir, a ver que aventura vivo. Ayer soñé con Bélgica y que vivan los belgas. Hoy... próxima estación tus sueños. Una cosa clara tengo, "morir de amor... no es propio de mi (edad)" y si he de morir, será matando, porque estoy harta de "pauses" silencios mentirosos y cobardes y "huelgas de miocardio".
"Pues si quiero aprendo a quererte
y te hago feliz y te llevo al parque
los domingos, que si que si yo quiero
te hago feliz, pues si quiero...
tal vez mañana, abrázame como si me
quisieras, hazme daño, por dios que
pase algo, que se acabe esta nada,
no soporto cuando el tiempo
se queda en pause, no puedo más
con esta huelga de miocardio..."
La compañía de teatro es "Lo perros lo gato", lo siento... no recuerdo la escritora-directora, Tengo un folleto por ahí.... pero por ahí cuando se trata de mi... puede ser cualquier lado.
Me gusta pasear de noche, entre semana, cuando no hay nadie, rumiando frases o escenas, óperas, películas, poemas, no tengo fin. En esos momentos no tengo que esconderme, no tengo que disimular y no tengo que ser más que yo (a secas). Me gusta cuando empieza a llover y dejo que las gotas caigan sobre mi pelo, se descuelguen por mi cara y las recojo con mis manos. En ese momento dejo salir mi debilidad y me siento pequeña y vulnerable... entonces sonrío, con una sonrisa que me delata. Ni soy tan pequeña ni soy tan vulnerable y tengo un pasado envidiable escrito por las personas que he querido que lo escribieran.
-- ¿Por qué no acabas ya con eso? -- dice V
-- No sé... ¿por qué habría de hacerlo? Sería cerrar puertas -- contesta Sil
-- Jooooder.... la misma puta filosofía de vida... -- replica V
-- Hangelus, hangelus... -- Sil me levanta la mano para que la choque
--Ueeeeeeeeeeeeeeee -- Sil y yo al unísono
Soy sensible, pero no, no soy pequeña, ni una santa, ni muy vulnerable. Me duelo, pero me levanto, camino y tiro hacia delante. No me rindo, aunque a veces hago cálculos de desgaste y elimino lo que no me reporta beneficios.
Estas navidades he paseado bajo el sol, la luna, la niebla y los cerezos, he estado con mi familia, he dormido, leído tanto como he podido, he jugado a la nintendo ds, he leído manga, mis comics de superman, poesía, filosofía y me he fundido en mil abrazos, mi pasatiempo favorito. Han sido unas navidades grandes.
--Sé lo que he parido -- dice mi madre -- hija, tú eres distinta y ni lo digo como halago, ni soy subjetiva, que no eres mi único hijo. Vive, que hemos luchado mucho para que vivas y... dame algún nieto algún día, que me has salido rompecorazones. Demuestra la educación que te he dado, que es lo que te diferencia de aquellos que te hacen daño. Tú tienes mucha clase. Y no te olvides, que el daño que sufres, tú misma lo has causado, que no eres tonta y sabes siempre donde te metes. ¿Te lo has pasado bien? Pues sigue así.
Menuda charla navideña.
Me meto en mis sueños y sueño con muchos cuerpos, a cada cual más caro. Y empiezo a hablar seminconsciente: "Fuiste protagonista de mis labios y único inquilino de mis brazos". Me despierto. ¡Tengo que escribirlo! Me doy media vuelta y tropiezo con algo. No lo escribo. Me duermo y sigo soñando.
Me voy a dormir, a ver que aventura vivo. Ayer soñé con Bélgica y que vivan los belgas. Hoy... próxima estación tus sueños. Una cosa clara tengo, "morir de amor... no es propio de mi (edad)" y si he de morir, será matando, porque estoy harta de "pauses" silencios mentirosos y cobardes y "huelgas de miocardio".
DE LA PÁGINA 123 A LA NÚMERO 1
Recojo el envite de caperucita y… descubro el velo que se extiende por la página 123, párrafo cuarto de uno de los libros que estoy leyendo…
Y perdernos a lo lejos, en lo hondo
de un beso – como nunca se ha besado –
por la senda sin fin de la ternura
Es un antología de la poesía de Manuel Machado.
Me entra la curiosidad de saber cual es el cuarto párrafo de la página 123 del otro libro en mi mesilla y leo… “Sé que el cielo está muerto, despoblado, y la tierra, que antes desbordaba de hermosa vida humana, se ha vuelto casi como un hormiguero. Pero aún hay un lugar donde el antiguo cielo y la tierra antigua me sonríen. En ti olvido a todos los dioses del cielo y a todos los hombres divinos de la tierra”
Y paso al quinto párrafo, sencillamente porque no puedo resistirme: “¡Qué me importa el naufragio del mundo; de lo único que sé es de mi isla bienaventurada””. (Hyperion o el Eremita en Grecia, de Hölderlin)
Y de las páginas 123 paso a la número 1 del libro de este año, del que ya llevamos tres escritas. Las últimas horas del antiguo año me abrieron los ojos, despertándome del sueño de diciembre, a la nueva vida de Enero, porque la vida, a pesar de lo que dijera Calderón, no es sueño, aunque haya de vivirse parecido. Por fin comprendí.
--La palabra que lo define es infeliz – me dice Reynolds, compañera mía que había marchado a Francia y ha vuelto por navidad, como vuelven sus palabras a mi mente antes de las campanadas.
--Hija – me dijo mi madre -- ¡vive! – me exhorta, y las palabras de nuevo me alcanzan.
Suenan las campanadas, consigo terminar como siempre incluso antes de tiempo. Y después 12 besos. Y después corro a por mi pluma y escribo en hojas los momentos malos y buenos vividos en este año que ya ha muerto. Descubro algo inquietante, este año, que yo pensaba nefasto, tiene el triple de momentos buenos que malos.
Se ha roto el hechizo, la maldición ya no surte efecto. Comprendo la raíz de todos mis males, pero no puedo expresarlo.
Días después.
Por fin he recordado que adoro las navidades. No hay motivo para detestarlas. Son maravillosas. Entro en una librería y retomo una vieja tradición. Abrimos un libro de frases y aforismos y leo por donde se abre: “Tú eres tu dueño”. Ya puedo expresar lo que comprendí el otro día. Me había perdido por el camino, porque yo me había perdido en mi misma. Se me había olvidado quien era. Al fin consigo recordarlo. Sonrío, sonrío, sonrío. Soy feliz. Al fin lo entiendo TODO.
Feliz año… y de verdad.
PD. Hermana de Lucía, no se si recuerdas. Hace más de un año me regaleste un poster, y por detrás escribiste, "me ha durado diez años, a ver cuánto te dura a ti...". Me lo diste al marcharte. El otro día yo me marché de allí, con el poster en la mano, y en mi nuevo rincón, ya luce pegado en la pared, lo primero y único que me he llevado. Todos los días, algo tuyo me está mirando y me siento acompañada por ti y todos los compañeros que allí un día estábamos...
Y perdernos a lo lejos, en lo hondo
de un beso – como nunca se ha besado –
por la senda sin fin de la ternura
Es un antología de la poesía de Manuel Machado.
Me entra la curiosidad de saber cual es el cuarto párrafo de la página 123 del otro libro en mi mesilla y leo… “Sé que el cielo está muerto, despoblado, y la tierra, que antes desbordaba de hermosa vida humana, se ha vuelto casi como un hormiguero. Pero aún hay un lugar donde el antiguo cielo y la tierra antigua me sonríen. En ti olvido a todos los dioses del cielo y a todos los hombres divinos de la tierra”
Y paso al quinto párrafo, sencillamente porque no puedo resistirme: “¡Qué me importa el naufragio del mundo; de lo único que sé es de mi isla bienaventurada””. (Hyperion o el Eremita en Grecia, de Hölderlin)
Y de las páginas 123 paso a la número 1 del libro de este año, del que ya llevamos tres escritas. Las últimas horas del antiguo año me abrieron los ojos, despertándome del sueño de diciembre, a la nueva vida de Enero, porque la vida, a pesar de lo que dijera Calderón, no es sueño, aunque haya de vivirse parecido. Por fin comprendí.
--La palabra que lo define es infeliz – me dice Reynolds, compañera mía que había marchado a Francia y ha vuelto por navidad, como vuelven sus palabras a mi mente antes de las campanadas.
--Hija – me dijo mi madre -- ¡vive! – me exhorta, y las palabras de nuevo me alcanzan.
Suenan las campanadas, consigo terminar como siempre incluso antes de tiempo. Y después 12 besos. Y después corro a por mi pluma y escribo en hojas los momentos malos y buenos vividos en este año que ya ha muerto. Descubro algo inquietante, este año, que yo pensaba nefasto, tiene el triple de momentos buenos que malos.
Se ha roto el hechizo, la maldición ya no surte efecto. Comprendo la raíz de todos mis males, pero no puedo expresarlo.
Días después.
Por fin he recordado que adoro las navidades. No hay motivo para detestarlas. Son maravillosas. Entro en una librería y retomo una vieja tradición. Abrimos un libro de frases y aforismos y leo por donde se abre: “Tú eres tu dueño”. Ya puedo expresar lo que comprendí el otro día. Me había perdido por el camino, porque yo me había perdido en mi misma. Se me había olvidado quien era. Al fin consigo recordarlo. Sonrío, sonrío, sonrío. Soy feliz. Al fin lo entiendo TODO.
Feliz año… y de verdad.
PD. Hermana de Lucía, no se si recuerdas. Hace más de un año me regaleste un poster, y por detrás escribiste, "me ha durado diez años, a ver cuánto te dura a ti...". Me lo diste al marcharte. El otro día yo me marché de allí, con el poster en la mano, y en mi nuevo rincón, ya luce pegado en la pared, lo primero y único que me he llevado. Todos los días, algo tuyo me está mirando y me siento acompañada por ti y todos los compañeros que allí un día estábamos...