De mares
En otro tiempo recurrí a las palabras. Tuve que enamorarme a través de ellas, la realidad era demasiado inhóspita. Ahora las tengo miedo, no por enamorarme, sno por menospreciar mis sentimientos utilzándolas de nuevo, para algo que con el mismo nombre no puede ser más distinto.
El mar no es el mismo. No tiene el sabor amargo de la sal enmohecida; no está bravo ni ruge; parece más hondo, pero es cierto, que da el mismo miedo, quizás hasta más. Temí el naufragio en una travesía tumultuosa, lo temo ahora más que he descubierto un mar que está en calma.
¿Has llegado a tierra firme? A veces me lo pregunto y me obligo a contestarme que sí.





