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Me siento partícula, sólo eso
Sindicación
 
Goteo nocturno

De mi jarra helada de cerveza se precipita una gota al vacío. La gota encuentra el obstáculo de mi otra mano a medio camino. Alguien dirá, con razón, que tengo fijación con las gotas, pero tengo que decir a mi favor que muchas veces son las gotas las que se fijan en mí. Ésta en concreto se posa en el dorso de mi mano haciéndose la valiente, como si la caída no fuera con ella y su movimiento fuera más bien un descenso planeado de antemano. Giro despacio la mano y ella se desliza con disimulo camino de la palma. La he visto, ella cree que no, pero yo estoy viendo cómo pretende coronar ese espacio. Alguien a mi lado también se esfuerza por conquistar otro espacio mío, mi oreja derecha, pero su voz es un rastro que se pierde conforme se va acercando a la entrada; cuando por fin llega no es más que un susurro, pero no tan inaudible como para no identificar su sexo. Me giro para ponerle nombre a ese susurro femenino. Es Inma, y dice que lleva un rato hablándome. A mí me gustaría decirle que ha escogido el peor momento para hacerme volver al mundo, me gustaría decirle que sólo una bola de fuego que cruzara la barra, se incrustara entre las botellas, se abriera en dos mitades y de su interior saliera disparada una luz cegadora en dirección a mi pecho, repito, sólo esa bola-luz-disparo podría hacerme volver al mundo. Eso y una gota. Por eso lo único que se me ocurre es levantar mi mano con cuidado y mostrarle sonriendo la gota que se aferra a ella. Su cara de desconcierto añade el resto.

 
Recordó todas las veces en que había bajado


Hablo de la belleza.

Hay miles de sombras a mi acecho cuando dejas de mirarme. Con sólo hacer el ejercicio automático de dormir, cierras tus ojos al mundo, te vas, te dispersas, desapareces, y reapareces en ese lugar al que no puedo ir si tú no me llevas contigo: tus sueños.

Eres tan bello cuando estás cerca…
Y cuando estás lejos,
tanta belleza se encierra en tus párpados cuando se abaten sobre las sombras,
tanto es lo que se escapa a través del tamiz que amarra tus pupilas,
que se forma un arco de luz sobre la cabeza
y el cabello se alborota como nunca antes lo había hecho,
rizos y espirales
te recorren y se esparcen
sobre tus hombros, sobre la frente, alrededor del cuello.
Me asomo a tu oleaje de plata con la nariz en alto,
olisqueando tu horizonte,
la antigüedad de tu mapa de agua,
tus cicatrices,
tanto es lo que se divisa en el balcón de tus ojos cerrados,
entre las pestañas y las piedras,
sobre las cejas,
en la meseta de tu frente,
que cierro los ojos yo también
porque no me cabe tu diversidad,
no al menos en un único parpadeo,
en un rápido batir de alas,
tanta belleza te acompaña mientras duermes
que quisiera no despertarte nunca,
quisiera alentar tu sueño para que perdure,
para poder remar siempre en tus ojos,
en tu mar de plata
subida en mi pequeña,
pequeña,
cáscara de nuez.