Mudanza
Esta hoja ha caducado definitivamente, o lo que es lo mismo, este blog se ha llenado.
Sigo en: La hoja caduca II
Y también en: Lengua de gato
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Juego nº 5: Puzzle

Cada vez que encaje estas dos piezas tocará el cielo. Diviértase haciéndolo una y otra vez.
Juego nº 4: Laberinto

Intente guiar a este personaje hasta la salida impidiendo que muerda todas las manzanas.
Juego nº 3: Sopa de letras

Encuentre en esta sopa de letras los siguientes ingredientes vitales:
SAL
AZUCAR
CANELA
LIMON
Juego nº 2: Las 7 diferencias

Encuentre las diferencias que distinguen a estos dos suicidas.
NOTA: No se preocupe si no encuentra ninguna.
Juego nº 1: Adivinanza

Aquí hay alguien que se equivoca.
Y no es ningún pajarillo.
Tomando impulso
A veces me dan ganas de salir corriendo. Pero no en el sentido estricto de echar a correr (menos mal, porque es sabido que tengo la capacidad pulmonar de una mosca, de una mosca pequeñita). Me dan ganas como de volcar la mesa de repente y ver cómo todo se hace trizas en unos segundos. Lo haría si no tuviera que pasar por el coñazo de recogerlo todo después, porque habría un después aunque yo me crea que no, y me pone muy nerviosa tener que dar explicaciones mientras recojo los errores, creo que es porque tengo la conciencia en el cuarto de la escoba y la escoba en el cuarto de la conciencia, y claro, es fácil que me equivoque y acabe usando la conciencia para barrer y la escoba para salir volando. Y así, ¿cómo vas a dar explicaciones?Lo de las ganas será porque necesito una pausa en esta peli japonesa. Me gusta, pero me deja las manos libres, y así es imposible. Siempre pienso que necesitan tener el tacto ocupado. Si no les doy otra opción, acaban sudando, por el mero hecho de hacer algo. Lo que son las manos…
Volviendo a lo de las ganas…
Magia

Cuando uno se da cuenta de que el hueco que forman las manos al juntarlas es suficiente para contener el planeta entero, entonces existe la posibilidad de hacerse pequeño, de triunfar en el arte de la miniatura, en el detalle, en lo exquisito de las cosas simples. El triunfo de la luz está en los rubores de unas mejillas, por ejemplo (si no me crees, fíjate bien la próxima vez que te mires en el espejo), igual que el triunfo de la palabra está en el primer balbuceo de un bebé. Hay millones de satélites orbitando alrededor de los ojos, pero sólo unos pocos consiguen merecer otras miradas; es el triunfo de la esperanza sobre la indiferencia. O el triunfo de la voz cuando se hace patente en el eco, y alcanza un límite cada vez más lejano…
Todo esto sucede entre las doce del mediodía y las doce del día siguiente, justo al lado de donde tienes aparcado tu reloj.
La verdad

No tenemos alma de destierro,
por eso vuelven las palomas cuando se cansan de los parques,
de las manos que arrojan maíz o píldoras de pan,
del mediodía de los domingos y las campanas;
vuelven los individuos bajo sospecha
cuando se desploman los tejados en plena calle
y todo es polvo que se desprende de la madera,
y niebla que asciende ocultando puertas.
Si lo piensas, hay algo de siniestro,
como si llegar costara toda una vida,
o la vida fuera, en realidad, una puerta que casi nadie abre.
La costumbre

Nadie te advirtió que soy de mentira fácil,
disimulo primaveras y elaboro inviernos obedientes.
Habrás de cerrar las puertas como si temieras la avalancha de los días,
ese alud de vida inacabada que se parece tanto a la muerte.
Yo, animal hambriento de historia, sólo quiero robar, mendigarte,
o incorporar tu pulso a mi reloj de arena.
La noche es un murmullo de nostalgias,
y tú traes el silencio contenido en una botella.
Se inundarán los parques próximos a tu casa,
como si tu lágrima fuese la botella,
y la botella un río de ginebra.
A buenas horas...
Hace tiempo que me habla desde la distancia, como si lo que de verdad quisiera es que yo únicamente lo pudiera ecolocalizar. Para agravarlo -porque él es de los de agravar, no de los de aligerar-, las escasas veces que consigo estar con él, en ese breve espacio de tiempo que supone siempre su compañía, saca su pizarra y sus tizas (del borrador nunca se acuerda) y en esa pizarra que sólo yo veo, anota tres o cuatro frases magistrales que él supone me abrirán las puertas de una maravillosa y nueva dimensión, y a veces, incluso, hace una breve pausa mirándome a los ojos, como si esperara ver salir de ellos chispitas, colorines o un cuco saludando, yo qué sé. No sé con qué intención lo hace, pero lo que sí sé es que la mayoría de sus conclusiones hace ya mucho tiempo que yo ya las saqué, les dí la vuelta, las disfracé cada día de una cosa, unas me las comí, otras las digerí, y otras las… pues eso, y estoy tan segura de ello que me da palo decirle nada, porque no quiero arruinarle su aprendizaje, porque eso es en realidad lo que pienso que hace: aprender mientras intenta que yo aprenda lo que él quiere tener claro.
En fin, todo sea por una enseñanza libre...
En fin, todo sea por una enseñanza libre...





