Fotos
Ayer miraba fotos que tenía por ahí desperdigadas (iba a decir guardadas, como si no nos conociéramos) y observé un montón de cosas curiosas. Lógico. Si uno mira fotos, es inevitable que vea cosas curiosas. Pero a lo que me refiero es a esas curiosidades que enlazan unas fotos con otras; fotos que no son de las mismas personas ni de los mismos lugares, sin embargo, algo tienen en común que las hace muy parecidas. Descubrí que me gustaba fotografiar a la gente de espaldas, por ejemplo. Y que como resultado de esta afición, tengo una curiosa colección de omóplatos observados desde todas las distancias, algunos difícilmente reconocibles. Entre ellos, vi uno con un doble lunar cercano al hombro, justo al lado de un fino tirante blanco. No recuerdo este omóplato, ni mucho menos el doble lunar, y no me lo explico, porque lo cierto es que es un lunar doblemente llamativo. Cuanto más lo miraba, más doble era (y no estaba bizqueando, que conste).
Todavía estaba con lo del lunar cuando me topé con otra foto que nada tenía que ver con los omóplatos, pero sí con las pecas. Enlacé el doble lunar con varias pecas que estaban encaramadas a unas mejillas jóvenes. Y buscando ese rasgo en otras fotos, encontré un rastro de lentejuelas plateadas cosidas a una camiseta. Esta sí la recuerdo. Me volví a reír como entonces. Tanto que se me acabaron humedeciendo los ojos, aunque para entonces ya no me estaba riendo. Esto me llevó a clavar las pupilas en un rostro que se repetía en varias fotos, una carita de ángel recién caído, con sus pequeñas heriditas todavía recientes. Eutanasia. Eso es lo que hice con las fotos de este ángel. Les di la vuelta. Y vi que no tenían omóplatos.
Seguí buscando entre la cadena de fotos, me di cuenta de que en algunas de ellas se hacía necesaria una tercera dimensión, y encontré una que aparentaba tener claramente esta condición; pero la puerta era tan pequeña que ni siquiera pude entrar, aunque recuerdo que antes cabía entera y que, una vez dentro, aún quedaba espacio para otras muchas cosas. Entonces jugué a encajar cosas ajenas en fotos predispuestas para ello. Así fue como conseguí colocar una de mis vísceras en una foto sin corazón.
Estando en esto llamaron al timbre. Antes de abrir, no pude evitar fantasear sobre el tamaño de mi puerta y de mi dimensión doméstica.

Todavía estaba con lo del lunar cuando me topé con otra foto que nada tenía que ver con los omóplatos, pero sí con las pecas. Enlacé el doble lunar con varias pecas que estaban encaramadas a unas mejillas jóvenes. Y buscando ese rasgo en otras fotos, encontré un rastro de lentejuelas plateadas cosidas a una camiseta. Esta sí la recuerdo. Me volví a reír como entonces. Tanto que se me acabaron humedeciendo los ojos, aunque para entonces ya no me estaba riendo. Esto me llevó a clavar las pupilas en un rostro que se repetía en varias fotos, una carita de ángel recién caído, con sus pequeñas heriditas todavía recientes. Eutanasia. Eso es lo que hice con las fotos de este ángel. Les di la vuelta. Y vi que no tenían omóplatos.
Seguí buscando entre la cadena de fotos, me di cuenta de que en algunas de ellas se hacía necesaria una tercera dimensión, y encontré una que aparentaba tener claramente esta condición; pero la puerta era tan pequeña que ni siquiera pude entrar, aunque recuerdo que antes cabía entera y que, una vez dentro, aún quedaba espacio para otras muchas cosas. Entonces jugué a encajar cosas ajenas en fotos predispuestas para ello. Así fue como conseguí colocar una de mis vísceras en una foto sin corazón.
Estando en esto llamaron al timbre. Antes de abrir, no pude evitar fantasear sobre el tamaño de mi puerta y de mi dimensión doméstica.

Comentario:
Jo, sabelilla,
desde las "espatarrás" no te leía y me estoy dando un pequeño atranconcillo de textos tuyos.
Escribes eliciosamente, sabelilla, eres magnífica, de verdad, me das mucha, mucha vidilla.
Este texto es sencillamente genial, y no lo digo por decir. Es la pequeña obra de un genio, de tu genio, Sab, y yo, qué quieres que te diga, me alegro de saber que en este sitio pueden leerse maravillas tan buenas como esta.
El otro día hablaba de ti con nuestra común amiga sureña y los dos coincidimos en que este mundo es idiota si no se da cuenta de que eres absolutamente devina.
Muchos besos, Sab, llenos de admiración rendida y cariño lejano.
Y Felicidades.
desde las "espatarrás" no te leía y me estoy dando un pequeño atranconcillo de textos tuyos.
Escribes eliciosamente, sabelilla, eres magnífica, de verdad, me das mucha, mucha vidilla.
Este texto es sencillamente genial, y no lo digo por decir. Es la pequeña obra de un genio, de tu genio, Sab, y yo, qué quieres que te diga, me alegro de saber que en este sitio pueden leerse maravillas tan buenas como esta.
El otro día hablaba de ti con nuestra común amiga sureña y los dos coincidimos en que este mundo es idiota si no se da cuenta de que eres absolutamente devina.
Muchos besos, Sab, llenos de admiración rendida y cariño lejano.
Y Felicidades.
Comentario:
Impresionante y con esa dulzura tan tuya.
Bikos!
Bikos!