La lluvia...
Se ha pasado todo el día lloviendo. Mi sombra no puede salir a correr y me mira resignada porque quiere mas de lo justo, pero no puede ser. Y mirando por la ventana me entretengo viendo las gotas morir en los charcos. Me gustan los días de lluvia. Su olor, el sonido del agua al caer, la paz que me transmite.
Y me da por recordar tantos momentos vividos bajo la lluvia. Como aquel verano que una tarde decidimos salir a pasear y a merendar al lago. Nos pilló una tormenta de camino y decidimos refugiarnos bajo un porche con unos cuantos excursionistas mas. Todos mirando al cielo y haciendo bromas como un gran grupo de amigos. Había un niño pequeño que lloraba porque le daba miedo la tormenta y los truenos. Y le empezamos a contar cuentos llenos de magia, mientras compartíamos la merienda con todos. No llegamos al lago. Permanecimos allí rodeados de duendes y hadas, hablando con Dioses que riegan montañas y escuchando árboles que cuentan secretos cuando sopla el viento. Me acuerdo de la expresión del niño al oír las historias, la mirada atenta y la boca abierta. Ya no temía a la tormenta porque ya sabía lo que era...
El olor al monte mojado, el cantar de los pajarillos cuando la lluvia esta empezando a cesar...cómo lo echo de menos... Y mirando a través de mi ventana decido volver a la realidad. Hay que seguir adelante.

Hoy es el día. Hoy emprendes un largo viaje. Si todo sale bien, volverás en 4 meses. Si algo sale mal, regresaras antes. Yo desde aquí te mandaré fuerzas para que nada te pase.
Mucha suerte y vuelve...
Y me da por recordar tantos momentos vividos bajo la lluvia. Como aquel verano que una tarde decidimos salir a pasear y a merendar al lago. Nos pilló una tormenta de camino y decidimos refugiarnos bajo un porche con unos cuantos excursionistas mas. Todos mirando al cielo y haciendo bromas como un gran grupo de amigos. Había un niño pequeño que lloraba porque le daba miedo la tormenta y los truenos. Y le empezamos a contar cuentos llenos de magia, mientras compartíamos la merienda con todos. No llegamos al lago. Permanecimos allí rodeados de duendes y hadas, hablando con Dioses que riegan montañas y escuchando árboles que cuentan secretos cuando sopla el viento. Me acuerdo de la expresión del niño al oír las historias, la mirada atenta y la boca abierta. Ya no temía a la tormenta porque ya sabía lo que era...
El olor al monte mojado, el cantar de los pajarillos cuando la lluvia esta empezando a cesar...cómo lo echo de menos... Y mirando a través de mi ventana decido volver a la realidad. Hay que seguir adelante.

Hoy es el día. Hoy emprendes un largo viaje. Si todo sale bien, volverás en 4 meses. Si algo sale mal, regresaras antes. Yo desde aquí te mandaré fuerzas para que nada te pase.
Mucha suerte y vuelve...