Lagrimas de sangre
Caminaba sola, vagando como alma en pena por las sombras de la noche. Hacía un aire frío, todo estaba desierto, pero no me importaba.
Buscaba la soledad, la quería y la deseaba, la ansiaba tanto...soñaba con poder apartarme de todo el mundo...
De todos, casi.
Alcé la vista hacia las estrellas que se alzaban casi invisibles a mis débiles y cansados ojos. Los cerré y respiré el aire contaminado de la ciudad profundamente, llenando mis vulnerables pulmones mortales con él.
Entonces lo vi claro, ahí en la penumbra, más claro que nunca. Siempre había creído desearlo, y lo hacía pero siempre en secreto.
Pues, ¿cómo podía hacerse realidad un sueño inconfesado, un deseo oculto? nadie podría concedérmelo, no podía hacerlo si no sabía y oía de mis propios labios que lo deseaba más que nada.
Nunca me había atrevido a pedirlo.
Hasta entonces.
Abrí los ojos y lo deseé con todas mis fuerzas, le llamé, pronuncié su nombre en la oscuridad, una y otra vez.
Sabía que él me oíria por muy lejos que estuviera.
"Ven a mi, te lo ruego" mis palabras eran lo único que se oía en la noche a parte del viento.
"Llévame contigo, lo deseo, quiero estar solo a tu lado, y estaré ahí hasta el fin de nuestros días, inmortal, tuya por siempre, para jamás dejarte, y ninguno de los dos volverá a estar nunca solo. Te lo prometo"
Silencio. Nada a parte del viento.
Nada además de los sonidos de la noche, ninguna respuesta.
Creo que lloré, sentí las lágrimas frías sobre mi piel, el aire helado me hacía daño al dar con mi frágil piel mortal.
Me di la vuelta y regresé a casa.
A casa...cómo deseaba poder encontrar ese lugar algún día.
Abrí la puerta y entré. La oscuridad reinaba también allí.
Algo frío como el mármol me agarró la mano, me giré y no me costó descubrir su silueta inconfundible en las tinieblas.
Sonreí. Lloré. Pero eran lágrimas dulces...
Como las suyas.
Alargué la mano y las tomé sobre mis dedos.
"Ya estás en casa y nada nos separará" ni siquiera movió los labios.
Miré mi mano...
...lágrimas de sangre.
Buscaba la soledad, la quería y la deseaba, la ansiaba tanto...soñaba con poder apartarme de todo el mundo...
De todos, casi.
Alcé la vista hacia las estrellas que se alzaban casi invisibles a mis débiles y cansados ojos. Los cerré y respiré el aire contaminado de la ciudad profundamente, llenando mis vulnerables pulmones mortales con él.
Entonces lo vi claro, ahí en la penumbra, más claro que nunca. Siempre había creído desearlo, y lo hacía pero siempre en secreto.
Pues, ¿cómo podía hacerse realidad un sueño inconfesado, un deseo oculto? nadie podría concedérmelo, no podía hacerlo si no sabía y oía de mis propios labios que lo deseaba más que nada.
Nunca me había atrevido a pedirlo.
Hasta entonces.
Abrí los ojos y lo deseé con todas mis fuerzas, le llamé, pronuncié su nombre en la oscuridad, una y otra vez.
Sabía que él me oíria por muy lejos que estuviera.
"Ven a mi, te lo ruego" mis palabras eran lo único que se oía en la noche a parte del viento.
"Llévame contigo, lo deseo, quiero estar solo a tu lado, y estaré ahí hasta el fin de nuestros días, inmortal, tuya por siempre, para jamás dejarte, y ninguno de los dos volverá a estar nunca solo. Te lo prometo"
Silencio. Nada a parte del viento.
Nada además de los sonidos de la noche, ninguna respuesta.
Creo que lloré, sentí las lágrimas frías sobre mi piel, el aire helado me hacía daño al dar con mi frágil piel mortal.
Me di la vuelta y regresé a casa.
A casa...cómo deseaba poder encontrar ese lugar algún día.
Abrí la puerta y entré. La oscuridad reinaba también allí.
Algo frío como el mármol me agarró la mano, me giré y no me costó descubrir su silueta inconfundible en las tinieblas.
Sonreí. Lloré. Pero eran lágrimas dulces...
Como las suyas.
Alargué la mano y las tomé sobre mis dedos.
"Ya estás en casa y nada nos separará" ni siquiera movió los labios.
Miré mi mano...
...lágrimas de sangre.