Un día en...mi calle
Ayer mi calle amaneció sobre las 7:30h. Amaneció para mi, claro, porque mi calle supongo que se queda toda la noche, pero al no verla, no sabemos si, en verdad, sigue allí cuando nadie pasea por ella.
Aun así, yo no bajé a verla hasta pasadas las 8h...solo la vi por mi ventana, mientras desayunaba. Y vi, como cada día, como descargaban la fruta de la tienda de abajo y como los primeros coches se iban también, dejando el asfalto vacío y libre para el sol.
Mi calle se llama como se llama en honor a un escritor, nacido en Cuenca en 1800 y que, por lo visto, estudió en Madrid, donde terminó como profesor de Universidad de varias materias. Es un nombre bonito, para una calle bonita. Nunca nos fijamos en nuestras calles, y eso que los que vivimos en una ciudad, pasamos mucho tiempo en ellas. Igual es que estos días y últimamente estoy algo más triste...y decaido y claro, en estos días somos especialmente sensibles a todo lo que pasa a nuestro alrededor...
En mi calle no hay grandes atascos, ni demasiado tráfico, por suerte. Mi calle está en una zona bastante tranquila, por el Norte de Madrid. Con muchos arbolitos y jardines. Y eso me encanta!
En mi calle hay tiendas, de las de toda la vida. Tenemos todo lo necesario para sobrevivir sin andar demasiado (farmacia, panadería, super y cajeros) así que mi calle me gusta. También tiene una iglesia, de estas de estilo más moderno, donde los domingos por la mañana, cuando uno va a comprar el pan con cara de sueño, pelos de león y chandal de toda la vida, es fácil encontrarse a todas las personas mayores del barrio, con nietos y familiares, vestidos con trajes y joyas para ir a la iglesia. No entiendo, a veces, porqué tanta ostentación para acudir a la iglesia...pero tampoco buscaré razones...mejor no polemizar.

Volviendo a esta mañana, mi calle me acompaña hasta el final cuando me voy a trabajar, porque la recorro , casi entera, todos los días. En mi calle no hay metro, pero si a 15 minutos de ella. En mi calle hay varias lineas de Bus. Pero lo más normal es, como decía, recorrerla andando, por las mañanas. Yo, como casi siempre, hoy me crucé con todas las madres que acuden a la compra y/o a trabajar. Con niños rezagados que juegan y corren, maleta a cuestas, para ir al colegio del barrio y con algún que otro señor de traje que, maletín en mano, busca su coche para acudir a la oficina.
Dejo mi calle, siguiendo mi andar, para acudir al trabajo.
Y vuelvo a ella cuando termino. Y allí está siempre.
La vida en mi calle es diferente por la tarde. Y no es que sea más tranquila, pero si se fueron los agobios y prisas de por la mañana, así que ahora acudimos a ella, de nuevo, pero para pasear, para ir al gimnasio, para bajar a la frutería de 'la Tere' o, simplemente, para volver a casa.
Mi calle desaparece para mi pronto, por la noche, cuando subo a casa. Me queda su sonido, alguna sirena vecina y algún pitido de los coches. Algunas veces, normalmente en fin de semana, la visito también de noche, para acudir a algún bar de la zona. Por la noche la gente es diferente también, sonrie más, más tranquila, más animada incluso. A veces, tarde ya, te cruzas a algún señor de traje cabizbajo que te mira cuando pasas a su lado, para bajar la cabeza de nuevo cuando te vas. Gente que saldrá de trabajar tarde, muy tarde, que se arrastra por la acera en busca del descanso. Gente que mi calle encamina y distribuye hacia sus casas y que mañana, posiblemente, amanezca pronto para ellos. Esta gente no ve mi calle, solo mira la acera. Pero mi calle les ve, nos ve, a todos. O a ninguno.
Yo, por si caso, hoy paseare con la cabeza bien alta, mirando para todos los lados, por si acaso se da cuenta, por si me mira también.
Y mañana, cuando amanezca, cuando el camión de fruta se vaya, cuando los niños bajen de nuevo con sus mochilas, yo volveré a visitarla también.
Aun así, yo no bajé a verla hasta pasadas las 8h...solo la vi por mi ventana, mientras desayunaba. Y vi, como cada día, como descargaban la fruta de la tienda de abajo y como los primeros coches se iban también, dejando el asfalto vacío y libre para el sol.
Mi calle se llama como se llama en honor a un escritor, nacido en Cuenca en 1800 y que, por lo visto, estudió en Madrid, donde terminó como profesor de Universidad de varias materias. Es un nombre bonito, para una calle bonita. Nunca nos fijamos en nuestras calles, y eso que los que vivimos en una ciudad, pasamos mucho tiempo en ellas. Igual es que estos días y últimamente estoy algo más triste...y decaido y claro, en estos días somos especialmente sensibles a todo lo que pasa a nuestro alrededor...
En mi calle no hay grandes atascos, ni demasiado tráfico, por suerte. Mi calle está en una zona bastante tranquila, por el Norte de Madrid. Con muchos arbolitos y jardines. Y eso me encanta!
En mi calle hay tiendas, de las de toda la vida. Tenemos todo lo necesario para sobrevivir sin andar demasiado (farmacia, panadería, super y cajeros) así que mi calle me gusta. También tiene una iglesia, de estas de estilo más moderno, donde los domingos por la mañana, cuando uno va a comprar el pan con cara de sueño, pelos de león y chandal de toda la vida, es fácil encontrarse a todas las personas mayores del barrio, con nietos y familiares, vestidos con trajes y joyas para ir a la iglesia. No entiendo, a veces, porqué tanta ostentación para acudir a la iglesia...pero tampoco buscaré razones...mejor no polemizar.

Volviendo a esta mañana, mi calle me acompaña hasta el final cuando me voy a trabajar, porque la recorro , casi entera, todos los días. En mi calle no hay metro, pero si a 15 minutos de ella. En mi calle hay varias lineas de Bus. Pero lo más normal es, como decía, recorrerla andando, por las mañanas. Yo, como casi siempre, hoy me crucé con todas las madres que acuden a la compra y/o a trabajar. Con niños rezagados que juegan y corren, maleta a cuestas, para ir al colegio del barrio y con algún que otro señor de traje que, maletín en mano, busca su coche para acudir a la oficina.
Dejo mi calle, siguiendo mi andar, para acudir al trabajo.
Y vuelvo a ella cuando termino. Y allí está siempre.
La vida en mi calle es diferente por la tarde. Y no es que sea más tranquila, pero si se fueron los agobios y prisas de por la mañana, así que ahora acudimos a ella, de nuevo, pero para pasear, para ir al gimnasio, para bajar a la frutería de 'la Tere' o, simplemente, para volver a casa.
Mi calle desaparece para mi pronto, por la noche, cuando subo a casa. Me queda su sonido, alguna sirena vecina y algún pitido de los coches. Algunas veces, normalmente en fin de semana, la visito también de noche, para acudir a algún bar de la zona. Por la noche la gente es diferente también, sonrie más, más tranquila, más animada incluso. A veces, tarde ya, te cruzas a algún señor de traje cabizbajo que te mira cuando pasas a su lado, para bajar la cabeza de nuevo cuando te vas. Gente que saldrá de trabajar tarde, muy tarde, que se arrastra por la acera en busca del descanso. Gente que mi calle encamina y distribuye hacia sus casas y que mañana, posiblemente, amanezca pronto para ellos. Esta gente no ve mi calle, solo mira la acera. Pero mi calle les ve, nos ve, a todos. O a ninguno.
Yo, por si caso, hoy paseare con la cabeza bien alta, mirando para todos los lados, por si acaso se da cuenta, por si me mira también.
Y mañana, cuando amanezca, cuando el camión de fruta se vaya, cuando los niños bajen de nuevo con sus mochilas, yo volveré a visitarla también.
¿Porqué ...

A medida que voy conociendo gente...a medida que esa gente me va conociéndome a mi también, casi siempre surge la misma pregunta :
- ¿Porqué?
Los que me conocen saben que vivo en Madrid. Saben, asimismo, que no soy de aquí, que soy de mar, de isla, de una isla pequeña...y a raiz de eso surge la pergunta.
¿Porque, siendo de allí, te fuiste a Madrid?

Madrid y mi isla se parecen poco. En mi isla la carretera más larga no supera los 25km...en Madrid he llegado a hacer el doble de distancia solo para ir a trabajar. Allí estamos rodeados de mar (playas, tranquilidad,...) y aquí ni tenemos mar y, ni mucho menos tranquilidad... Pero que quede claro, con eso no estoy criticando esta ciudad...que tienes sitios muy bonitos también, solo hay que buscarlos un poquito y pasear por todos ellos para darse cuenta que, también aquí, puedes sentirte acogido.

Eran las navidades del 2000, cuando yo estaba en casa, justo antes de cenar. Mi madre me decía :
- ¿Se lo has dicho a tu padre?
- No, se lo diré en la cena...
Y así pasó, más o menos :
- Dejo mi trabajo aquí. Me voy a Madrid.
- ¿A Madrid? ¿Tienes trabajo allí? ¿Casa?¿Amigos?¿Conoces a nadie?
- No...de eso se trata. No tengo trabajo allí (todavía) ni casa, ni conozco a nadie...(bueno sí, una amiga que estudió allí y allí sigue). Pero de eso se trata. De cambiar.
Y así fue como me decidí, por el cambio. Algunos de mis amigos no se lo podían creer, me preguntaban si no me gustaba mi isla, mi casa ... Siempre, cuando dejas algún sitio, la gente tiende a pensar que es porque no te gusta lo que dejas. En verdad, yo tenía algunos problemas por allí, historias que prefería no recordar, algún que otro desengaño amoroso que me invitaba a huir...pero no solo fue eso. No fue una huida.

Mi isla es preciosa. Mi isla me gusta y mi isla sigue allí. Nunca la abandoné antes, y no la abandonaré ahora. Pero necesitaba cambiar, por mi trabajo, por mi. Allí no tenía mucho futuro y claro, o te amoldas a las circunstancias o las dejas atrás. Los que sois de sitios pequeños y pueblos me entendereis también. En todo el mundo hay sitios preciosos, y podría pasarme horas y días tumbado en la playa, viendo todos los días salir el sol...y ver todas las veces que se pone en el mar, pero eso, por mucho que nos guste, no nos da la vida...y si queremos trabajar en algo que nos guste o en algo que (creemos) que nos dara futuro, tenemos que cambiar.

Nunca deberiamos estancarnos. A veces surgen cosas, bien por reflexiones personales, bien por circunstancias externas, que nos inducen a decisiones, a veces, drásticas. Nos inducen al cambio.
Y a veces el cambio es una necesidad que nos permite luchar contra 'soy así y así son las cosas y que le vamos a hacer'. Cada día cambiamos un poquito, evolucionamos, y de nosotros depende no estancarnos, de seguir evolucionando y manteniendo el ritmo de 'cambios' necesario y acorde con nuestra vida y nuestras circunstancias.
Y así fue como, después de fiestas, despues de Navidades, en Enero de 2001 me vine a Madrid. Estuve los primeros días viviendo en el salón de una amiga, para despues recorrer con mi maleta diversas pensiones de la ciudad. Fueron días duros, de madrugones sin ver el sol, de paseos y currículums, de visitas y búsquedas, de coladas en baños de hostales...pero tenía tanta ilusión, tantas ganas de venir aquí, de cambiar, que no me importó ni madrugar, ni no dormir, ni tener que vivir en una habitación, de desesperarme buscando piso y de emocionarme echando curriculums.
Pero tuve suerte y, sobretodo, valió la pena. En unas semanas encontré trabajo. Casa me costó más, casi un mes. Y así empecé, sin conocer a nadie ni a nada. Hubo días muy duros, mucho. Noches muy solo, demasiado solo. Y semanas seguidas así. Y meses. Y lágrimas. Y después de estos años, volvería a hacerlo, volvería a hacer las maletas y volvería a marcharme.
Podría alargarme mucho en todos esos primeros meses y en todos estos años, pero ya habrá tiempo. Ahora trabajo, conozco mucha gente, no tengo piso propio...pero espero que algún día lo tenga y, sobretodo, no me asusta cambiar.
Y a ti, tampoco debería asustarte...
- ¿Porqué?
Los que me conocen saben que vivo en Madrid. Saben, asimismo, que no soy de aquí, que soy de mar, de isla, de una isla pequeña...y a raiz de eso surge la pergunta.
¿Porque, siendo de allí, te fuiste a Madrid?

Madrid y mi isla se parecen poco. En mi isla la carretera más larga no supera los 25km...en Madrid he llegado a hacer el doble de distancia solo para ir a trabajar. Allí estamos rodeados de mar (playas, tranquilidad,...) y aquí ni tenemos mar y, ni mucho menos tranquilidad... Pero que quede claro, con eso no estoy criticando esta ciudad...que tienes sitios muy bonitos también, solo hay que buscarlos un poquito y pasear por todos ellos para darse cuenta que, también aquí, puedes sentirte acogido.

Eran las navidades del 2000, cuando yo estaba en casa, justo antes de cenar. Mi madre me decía :
- ¿Se lo has dicho a tu padre?
- No, se lo diré en la cena...
Y así pasó, más o menos :
- Dejo mi trabajo aquí. Me voy a Madrid.
- ¿A Madrid? ¿Tienes trabajo allí? ¿Casa?¿Amigos?¿Conoces a nadie?
- No...de eso se trata. No tengo trabajo allí (todavía) ni casa, ni conozco a nadie...(bueno sí, una amiga que estudió allí y allí sigue). Pero de eso se trata. De cambiar.
Y así fue como me decidí, por el cambio. Algunos de mis amigos no se lo podían creer, me preguntaban si no me gustaba mi isla, mi casa ... Siempre, cuando dejas algún sitio, la gente tiende a pensar que es porque no te gusta lo que dejas. En verdad, yo tenía algunos problemas por allí, historias que prefería no recordar, algún que otro desengaño amoroso que me invitaba a huir...pero no solo fue eso. No fue una huida.

Mi isla es preciosa. Mi isla me gusta y mi isla sigue allí. Nunca la abandoné antes, y no la abandonaré ahora. Pero necesitaba cambiar, por mi trabajo, por mi. Allí no tenía mucho futuro y claro, o te amoldas a las circunstancias o las dejas atrás. Los que sois de sitios pequeños y pueblos me entendereis también. En todo el mundo hay sitios preciosos, y podría pasarme horas y días tumbado en la playa, viendo todos los días salir el sol...y ver todas las veces que se pone en el mar, pero eso, por mucho que nos guste, no nos da la vida...y si queremos trabajar en algo que nos guste o en algo que (creemos) que nos dara futuro, tenemos que cambiar.

Nunca deberiamos estancarnos. A veces surgen cosas, bien por reflexiones personales, bien por circunstancias externas, que nos inducen a decisiones, a veces, drásticas. Nos inducen al cambio.
Y a veces el cambio es una necesidad que nos permite luchar contra 'soy así y así son las cosas y que le vamos a hacer'. Cada día cambiamos un poquito, evolucionamos, y de nosotros depende no estancarnos, de seguir evolucionando y manteniendo el ritmo de 'cambios' necesario y acorde con nuestra vida y nuestras circunstancias.
Y así fue como, después de fiestas, despues de Navidades, en Enero de 2001 me vine a Madrid. Estuve los primeros días viviendo en el salón de una amiga, para despues recorrer con mi maleta diversas pensiones de la ciudad. Fueron días duros, de madrugones sin ver el sol, de paseos y currículums, de visitas y búsquedas, de coladas en baños de hostales...pero tenía tanta ilusión, tantas ganas de venir aquí, de cambiar, que no me importó ni madrugar, ni no dormir, ni tener que vivir en una habitación, de desesperarme buscando piso y de emocionarme echando curriculums.
Pero tuve suerte y, sobretodo, valió la pena. En unas semanas encontré trabajo. Casa me costó más, casi un mes. Y así empecé, sin conocer a nadie ni a nada. Hubo días muy duros, mucho. Noches muy solo, demasiado solo. Y semanas seguidas así. Y meses. Y lágrimas. Y después de estos años, volvería a hacerlo, volvería a hacer las maletas y volvería a marcharme.
Podría alargarme mucho en todos esos primeros meses y en todos estos años, pero ya habrá tiempo. Ahora trabajo, conozco mucha gente, no tengo piso propio...pero espero que algún día lo tenga y, sobretodo, no me asusta cambiar.
Y a ti, tampoco debería asustarte...
De vuelta...
Bueno, ya estamos por aquí de nuevo. Al menos, el viaje de vuelta fue menos ajetreado que el de ida y no tuvimos problemas ni retrasos con el avión. Eso sí, según el piloto, nos informaron que 'cruzaremos un frente de turbulencias al sobrevolar la península que harán el viaje un poco incomodo. En ningún caso se verá afectada la seguridad del vuelo'. Pues eso...tuvimos un poquito de movimiento, pero ayudó a hacer el trayecto más 'ameno' ...

Por lo demás, por mi isla genial. Allí no se celebra tanto la semana Santa, no hay tanta tradición de procesiones y , aunque se celebran, son mucho más pequeñas, así que como yo tampoco fui a ninguna, de eso si que no os cuento nada. Pero si me traigo cosas, me he traido un poco de color (si, al fin un poco más morenito), me he traido mucho sueño, bastante cansancio...muchos kilos de más (esto de comer en casa...ya se sabe, todo los días a hartarse!!) y me he traido también muchas fotos que ya iré publicando o enviando si alguien quiere.
Ahora voy a intentar ponerme de nuevo al día, volver a acostumbrarme al ajetreo de la capital y a mentalizarme de nuevo de que estoy en la ciudad. De momento, el madrugón de hoy lunes ya lo he superado, las prisas y carreras por Madrid a primera hora de la mañana también lo llevo bien, me queda acelerarme un poco, integrarme de nuevo en el clima de aquí y, en breve, vuelvo a ser un isleño en la ciudad...

Os dejo con el anochecer...
Ah, si...se me olvidaba... por supuesto, os he echado de menos!

Por lo demás, por mi isla genial. Allí no se celebra tanto la semana Santa, no hay tanta tradición de procesiones y , aunque se celebran, son mucho más pequeñas, así que como yo tampoco fui a ninguna, de eso si que no os cuento nada. Pero si me traigo cosas, me he traido un poco de color (si, al fin un poco más morenito), me he traido mucho sueño, bastante cansancio...muchos kilos de más (esto de comer en casa...ya se sabe, todo los días a hartarse!!) y me he traido también muchas fotos que ya iré publicando o enviando si alguien quiere.
Ahora voy a intentar ponerme de nuevo al día, volver a acostumbrarme al ajetreo de la capital y a mentalizarme de nuevo de que estoy en la ciudad. De momento, el madrugón de hoy lunes ya lo he superado, las prisas y carreras por Madrid a primera hora de la mañana también lo llevo bien, me queda acelerarme un poco, integrarme de nuevo en el clima de aquí y, en breve, vuelvo a ser un isleño en la ciudad...

Os dejo con el anochecer...
Ah, si...se me olvidaba... por supuesto, os he echado de menos!
Adaptándome ...
Si, ya estoy aquí, ya estoy en casa...aunque como viene siendo habitual en estas fechas, me costó bastante...y perdí un día en el viaje. Debería haber salido el viernes al mediodía, pero por problemas con la compañía aérea en Barajas...tuvimos ¡¡¡ 6 horas de retraso !!! Eso significa que salimos ya por la noche, que me obligó a hacer noche en otra isla antes de llegar a la mia (no había barcos a esas horas...), pero bueno, ya estoy en casa !
Al principio, como siempre, cuesta de nuevo habituarse a los ritmos que marca cada lugar. Nada más llegar, dejar la maleta, salir a ver gente, quedar aquí y allá, ir a ver el mar, pasear por el pueblo, hablar,pararse, saludar,correr, miraratodoslados verquetodotesuena pero todo es diferente saber que estan alli igual que siempre pero que la vida no se para y sigue y que la gente te reconoce y te pregunta y te para por la calle preguntar por todos saber que estan bien y seguir corriendo mirando sonriendo hablando saludando andando hacia todos lados sin ir a ningun sitio pero verlo todo sonriendo asistiendo viviendo recordando hasta oir unos gritos porque tu amigo te esta gritando desde la terraza del bar y te dice que :
¡Para!
Y te despiertas. Aunque no estaba dormido.
Me mira y me dice que no corra, que no es necesario. Y, de repente, te paras y miras a tu alrededor y ves como todo pasa como a cámara lenta, ves un pajaro volando, bajo, cerca de ti y te da tiempo hasta ver como él también te mira, por un instante, para alzar luego el vuelo. Y oir un llanto de un niño, desde su carrito, y ver a su madre como lo pasea, lentamente. Al lado, una pareja habla, se miran y deduces que se acarician la mano, despacio, por debajo de la mesa. Todo el mundo va acompasado, siguiendo el mismo ritmo y, de repente, tu también empiezas a moverte y te giras, también despacio, hacia tu amigo y le sonries, y ahora el mundo te acoge de nuevo y te adaptas a su ritmo.
El pajarito se va, volando. La señora que paseaba el niño ya pasó y la pareja se están besando...pero ahora tu también formas parte del nuevo pasiaje de tu isla. Pero el cambio de ritmo siempre es así, aunque no nos demos cuenta. Llegamos de la gran ciudad corriendo, andando con prisas de un sitio a otro, empujándonos, gritándonos. Aquí está todo más tranquilo, por eso me gritaba mi amigo, para que me relajara.
- Ya no estás en Madrid, me dice.
Y me doy cuenta que es verdad y todo cambia, estás mucho más tranquilo y empiezas a andar de nuevo, pero con el nuevo ritmo, sin gritar, sin empujar, sin correr...

Así que hoy, después de levantarme, me voy a seguir paseando y mirando, a ver si hago mas fotos de la costa, para iros enseñando. De momento solo contaros que el sábado hicimos una paella casi todos (para unas 20 personas) en el campo, debajo de un pino, al ladito del mar...

Al principio, como siempre, cuesta de nuevo habituarse a los ritmos que marca cada lugar. Nada más llegar, dejar la maleta, salir a ver gente, quedar aquí y allá, ir a ver el mar, pasear por el pueblo, hablar,pararse, saludar,correr, miraratodoslados verquetodotesuena pero todo es diferente saber que estan alli igual que siempre pero que la vida no se para y sigue y que la gente te reconoce y te pregunta y te para por la calle preguntar por todos saber que estan bien y seguir corriendo mirando sonriendo hablando saludando andando hacia todos lados sin ir a ningun sitio pero verlo todo sonriendo asistiendo viviendo recordando hasta oir unos gritos porque tu amigo te esta gritando desde la terraza del bar y te dice que :
¡Para!
Y te despiertas. Aunque no estaba dormido.
Me mira y me dice que no corra, que no es necesario. Y, de repente, te paras y miras a tu alrededor y ves como todo pasa como a cámara lenta, ves un pajaro volando, bajo, cerca de ti y te da tiempo hasta ver como él también te mira, por un instante, para alzar luego el vuelo. Y oir un llanto de un niño, desde su carrito, y ver a su madre como lo pasea, lentamente. Al lado, una pareja habla, se miran y deduces que se acarician la mano, despacio, por debajo de la mesa. Todo el mundo va acompasado, siguiendo el mismo ritmo y, de repente, tu también empiezas a moverte y te giras, también despacio, hacia tu amigo y le sonries, y ahora el mundo te acoge de nuevo y te adaptas a su ritmo.
El pajarito se va, volando. La señora que paseaba el niño ya pasó y la pareja se están besando...pero ahora tu también formas parte del nuevo pasiaje de tu isla. Pero el cambio de ritmo siempre es así, aunque no nos demos cuenta. Llegamos de la gran ciudad corriendo, andando con prisas de un sitio a otro, empujándonos, gritándonos. Aquí está todo más tranquilo, por eso me gritaba mi amigo, para que me relajara.
- Ya no estás en Madrid, me dice.
Y me doy cuenta que es verdad y todo cambia, estás mucho más tranquilo y empiezas a andar de nuevo, pero con el nuevo ritmo, sin gritar, sin empujar, sin correr...

Así que hoy, después de levantarme, me voy a seguir paseando y mirando, a ver si hago mas fotos de la costa, para iros enseñando. De momento solo contaros que el sábado hicimos una paella casi todos (para unas 20 personas) en el campo, debajo de un pino, al ladito del mar...

El mar que nos une
Bueno, cada vez me queda más poquito para irme a casita, de vacaciones...
Pero antes de irme, quería escribir este post, para hablaros de mi isla, del mar. Posiblemente, si tengo tiempo, también escribiré desde mi isla...así os cuento que tal las cosas por allí. Aunque no podré escribir ni visitaros tanto como quisiera...así que estoy seguro que de os echaré de menos.
(A**a ya se que me lees...y ya sabes que te echaré de menos también. Pero sé que seguiremos en contacto, sabes que no te olvido, sabemos que no hay distancias)
No recuerdo (¿alguien si?) cuándo aprendí a caminar, ni cuando aprendí a hablar...pero si tengo recuerdos de cuándo aprendí a nadar...era muy pequeño todavía, eso sí, pero cuando vives en una isla, andar, hablar, nadar...son todas imprescindibles.
Recuerdo que cuando llegué aquí, a Madrid, la gente que empecé a conocer y que conté de dónde era y de donde venía, se asombraba mucho, puesto que esto es una ciudad enorme y mi isla es, más bien, pequeñita. No se hacían (no se hacen, todavía) a la idea de que alguien pueda vivir allí puesto que, me dicen, les agobiaría mucho verse rodeados por el mar, verse 'encerrados' en una isla.
Yo les digo (es mi opinión, y seguro que muchos isleños la compartirán) que, para nosotros, el mar no es una barrera, es más bien todo lo contrario. El mar no nos agobia, nos da tranquilidad, nos calma.
Ya se que muchos de vosotros también teneis el mar cerca (Choi, tu puedes ir a la playa siempre que quieras...así que no nos des envidia!!) por eso entendereis porqué, al estar lejos, se le echa tanto de menos.
Recuerdo que, en mis primeros viajes por la península veia asombrado como (en mi isla eso sería imposible...dada su corta extensión) después de horas y horas de coche para visitar algún pueblo, no veía mar por ningún lado. Montañas, campos llanos y enormes, bosques, paisajes preciosos, sin duda, pero nunca se llegaba al mar. Eso sí que me agobiaba, mi mente no estaba acostumbrada a tanto campo junto y que, al final, no dieras con la costa...
De echo, cuando vemos el mar, cuando veo el mar, me tranquiliza... digo ahí está... y te entra una calma por dentro que es difícil de explicar. El mar, para los isleños, forma parte de nuestra vida. He nadado en verano y en invierno, he nadado de día y de noche, he nadado en innumerables puestas de sol y ha amanecido estando yo en el mar. También salía mucho de pesca...recuerdo que, de pequeño, los fines de semana mi padre se iba siempre a pescar, con el barco. De eso dependía el menú de ese día y, por suerte, nunca volvía de vacío.

No recuerdo tampoco la primera vez que yo salí de pesca, pero han sido muchas, también amaneceres, también puestas de sol, también madrugones de fin de semana, también volver de noche, con las luces del barco y las estrellas...pero siempre en el mar, desde el mar.
Tiene también sus inconvenientes, claro. En mi isla, había una lancha ambulancia (ahora helicóptero), no teniamos (se está construyendo ahora) hospital. Tengo amigos que han nacido en el mar, en el barco que los llevaba a una clínica. Tengo otros muchos que ni eso, que debido al mal tiempo o al poco tiempo...nacieron en sus casas (mis hermanos...), hemos estado con el puerto cerrado más de un día en invierno, y eso significa que nadie entra ni sale de la isla. (Natalia, tú sabrás bien también lo que es depender de un barco...). Aquí, en vez de autobuses o horarios de trenes, tenemos horarios de barcos. Sabemos a qué hora salen y llegan, cual es el último que puedes coger por la noche si vienes de fuera y cuál es el primero de por la mañana, si tienes que viajar o madrugar... pero si tuviera que hacer balance, sería siempre positivo, sin duda.
Por eso, cuando penseis en una isla, en mi isla o en cualquiera de ellas, no penseis que el mar separa, nos encierra. El mar, para nosotros, es un medio y una ventaja.
Mi mar no me aisla, es el mar que nos une...

Pero antes de irme, quería escribir este post, para hablaros de mi isla, del mar. Posiblemente, si tengo tiempo, también escribiré desde mi isla...así os cuento que tal las cosas por allí. Aunque no podré escribir ni visitaros tanto como quisiera...así que estoy seguro que de os echaré de menos.
(A**a ya se que me lees...y ya sabes que te echaré de menos también. Pero sé que seguiremos en contacto, sabes que no te olvido, sabemos que no hay distancias)
No recuerdo (¿alguien si?) cuándo aprendí a caminar, ni cuando aprendí a hablar...pero si tengo recuerdos de cuándo aprendí a nadar...era muy pequeño todavía, eso sí, pero cuando vives en una isla, andar, hablar, nadar...son todas imprescindibles.
Recuerdo que cuando llegué aquí, a Madrid, la gente que empecé a conocer y que conté de dónde era y de donde venía, se asombraba mucho, puesto que esto es una ciudad enorme y mi isla es, más bien, pequeñita. No se hacían (no se hacen, todavía) a la idea de que alguien pueda vivir allí puesto que, me dicen, les agobiaría mucho verse rodeados por el mar, verse 'encerrados' en una isla.
Yo les digo (es mi opinión, y seguro que muchos isleños la compartirán) que, para nosotros, el mar no es una barrera, es más bien todo lo contrario. El mar no nos agobia, nos da tranquilidad, nos calma.
Ya se que muchos de vosotros también teneis el mar cerca (Choi, tu puedes ir a la playa siempre que quieras...así que no nos des envidia!!) por eso entendereis porqué, al estar lejos, se le echa tanto de menos.
Recuerdo que, en mis primeros viajes por la península veia asombrado como (en mi isla eso sería imposible...dada su corta extensión) después de horas y horas de coche para visitar algún pueblo, no veía mar por ningún lado. Montañas, campos llanos y enormes, bosques, paisajes preciosos, sin duda, pero nunca se llegaba al mar. Eso sí que me agobiaba, mi mente no estaba acostumbrada a tanto campo junto y que, al final, no dieras con la costa...
De echo, cuando vemos el mar, cuando veo el mar, me tranquiliza... digo ahí está... y te entra una calma por dentro que es difícil de explicar. El mar, para los isleños, forma parte de nuestra vida. He nadado en verano y en invierno, he nadado de día y de noche, he nadado en innumerables puestas de sol y ha amanecido estando yo en el mar. También salía mucho de pesca...recuerdo que, de pequeño, los fines de semana mi padre se iba siempre a pescar, con el barco. De eso dependía el menú de ese día y, por suerte, nunca volvía de vacío.

No recuerdo tampoco la primera vez que yo salí de pesca, pero han sido muchas, también amaneceres, también puestas de sol, también madrugones de fin de semana, también volver de noche, con las luces del barco y las estrellas...pero siempre en el mar, desde el mar.
Tiene también sus inconvenientes, claro. En mi isla, había una lancha ambulancia (ahora helicóptero), no teniamos (se está construyendo ahora) hospital. Tengo amigos que han nacido en el mar, en el barco que los llevaba a una clínica. Tengo otros muchos que ni eso, que debido al mal tiempo o al poco tiempo...nacieron en sus casas (mis hermanos...), hemos estado con el puerto cerrado más de un día en invierno, y eso significa que nadie entra ni sale de la isla. (Natalia, tú sabrás bien también lo que es depender de un barco...). Aquí, en vez de autobuses o horarios de trenes, tenemos horarios de barcos. Sabemos a qué hora salen y llegan, cual es el último que puedes coger por la noche si vienes de fuera y cuál es el primero de por la mañana, si tienes que viajar o madrugar... pero si tuviera que hacer balance, sería siempre positivo, sin duda.
Por eso, cuando penseis en una isla, en mi isla o en cualquiera de ellas, no penseis que el mar separa, nos encierra. El mar, para nosotros, es un medio y una ventaja.
Mi mar no me aisla, es el mar que nos une...

Cuenta atrás ...
Querido diario :
Después de un fin de semana soleado en la gran ciudad, de alguna que otra cerveza en las terrazas que, poco a poco, empiezan a abrir ya y de los colores que empiezan a surgir por primavera, empieza mi cuenta atrás.
Ha sido un invierno largo, mi primer invierno sin 'ella' y mi primer invierno contigo, diario, y con vosotros/as, si estáis ahí. Y aunque ha habido noches largas y días cortos, también ha habido días sin noche y soles de madrugada, así que, sintetizando, lo damos por bueno.
Y ha llegado la primavera, y han pasado ya 4 meses sin estar por mi isla, así que juntando días de vacaciones, horas de trabajo, minutos de añoranza y muchos segundos melancólico...me voy este viernes, día 7, a mi isla !!
Pues eso, que desde Navidades que no voy por casa, así que imaginaos las ganas del isleño ya de volver a pisar la playa, meter los pies en el mar, salir con el barquito, etc, etc...
Echaré de menos mis visitas casi a diario en vuestras vidas virtuales y posiblemente tampoco, durante la semana que viene, podré escribir, pero estoy seguro que ni vosotros me echaréis tanto de menos ni yo podré olvidaros, o lo que es lo mismo, si alguno de vosotros echa de menos mis letras, es porque yo no os olvido. Y es que aunque este diario, como todos, sea personal y solo yo y mis circunstancias decidimos qué escribir y cuando, también se que si fuese un diario privado no sería publicado, por lo que, como ya escribí una vez, este diario existe porque tú lo lees y porque vosotros, nosotros ya, lo hacéis, lo hacemos, posible.
Lo que me queda de semana volveré para seguir contando qué tal sigo, antes de irme...y cuando vuelva, seguiré contando, con más ganas espero, para escribir y describir una semana en el mar después de un invierno en la ciudad.
Quedan, como referencia, mis azules : El mar que rodea mi isla y el cielo que rodea mi mar.

Después de un fin de semana soleado en la gran ciudad, de alguna que otra cerveza en las terrazas que, poco a poco, empiezan a abrir ya y de los colores que empiezan a surgir por primavera, empieza mi cuenta atrás.
Ha sido un invierno largo, mi primer invierno sin 'ella' y mi primer invierno contigo, diario, y con vosotros/as, si estáis ahí. Y aunque ha habido noches largas y días cortos, también ha habido días sin noche y soles de madrugada, así que, sintetizando, lo damos por bueno.
Y ha llegado la primavera, y han pasado ya 4 meses sin estar por mi isla, así que juntando días de vacaciones, horas de trabajo, minutos de añoranza y muchos segundos melancólico...me voy este viernes, día 7, a mi isla !!
Pues eso, que desde Navidades que no voy por casa, así que imaginaos las ganas del isleño ya de volver a pisar la playa, meter los pies en el mar, salir con el barquito, etc, etc...
Echaré de menos mis visitas casi a diario en vuestras vidas virtuales y posiblemente tampoco, durante la semana que viene, podré escribir, pero estoy seguro que ni vosotros me echaréis tanto de menos ni yo podré olvidaros, o lo que es lo mismo, si alguno de vosotros echa de menos mis letras, es porque yo no os olvido. Y es que aunque este diario, como todos, sea personal y solo yo y mis circunstancias decidimos qué escribir y cuando, también se que si fuese un diario privado no sería publicado, por lo que, como ya escribí una vez, este diario existe porque tú lo lees y porque vosotros, nosotros ya, lo hacéis, lo hacemos, posible.
Lo que me queda de semana volveré para seguir contando qué tal sigo, antes de irme...y cuando vuelva, seguiré contando, con más ganas espero, para escribir y describir una semana en el mar después de un invierno en la ciudad.
Quedan, como referencia, mis azules : El mar que rodea mi isla y el cielo que rodea mi mar.






