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7 vidas tiene un gato
---- Y la curiosidad una a una se las va quitando ----
Bienvenido a mi morada. Entre libremente,por su propia voluntad,y deje parte de la felicidad que trae. Contador Gratis
Sindicación
 
Reencuentro
El mismo ambiente. La misma amabilidad. El mismo acento inglés. El mismo bar. Sí: lo he encontrado. Y esta vez he anotado el nombre, la dirección, la parada de metro y la página web. Para que no se me vuelva a escapar.

Fue el lunes pasado cuando, mirando un tablón de anuncios en la escuela de idiomas, el corazón me dio un brinco y entré en clase con una sonrisa que a duras penas podía disimular. El tablón mostraba información sobre bares donde se hacen intercambios de idiomas y, de todos ellos, el último llamó mi atención. "Café y libros", decía. Mi mente saltó en el tiempo y en mi cabeza apareció la imagen de aquel bar de nombre nunca conocido y paradero olvidado. ¿Sería el mismo?

Llegué a casa y me puse inmediatamente a intentar averigarlo. Escribí en Google el nombre del bar del tablón, me metí en su página web y, tras leer la información y ver un par de fotos, pocas dudas me quedaron. Algo en mi interior me decía que sí, que era el mismo. Pero tenía que corroborarlo, y sólo había una manera de hacerlo.

Yo hubiera ido hasta allí el mismo lunes, aunque ya fuera tarde, pero logré contenerme. Hablé con unos amigos y quedamos cuatro en ir el domingo. Al final fuimos tres. Hoy me desperté y pasé toda la mañana y el principio de la tarde con una única inquietud: ¿será el mismo bar? ¿será mi bar?

Llegó la hora de la verdad y nos reunimos las tres, un poco más tarde de lo previsto. Viaje en tren, transbordo al metro. Nos bajamos una parada antes para pasar por la Fnac. Andamos por la Gran Vía, giramos a la derecha, luego a la izquierda, y a la derecha otra vez. Ya se ve el letrero a lo lejos. Ya casi estamos. Sólo unos pasos más. Ya hemos llegado. El camarero nos saluda en inglés, sonriente y amable. Más que un bar inglés, parece un cachito de Inglaterra puesto en mitad de Madrid. Aunque en realidad, más que inglés, es estadounidense. Pero da igual. Al principio sigo teniendo mis dudas: no recordaba la escalera ahí, esa estantería antes no estaba. Pero es lógico que note cambios; en más de tres años, mi memoria y los dueños han modificado algunas cosas. Al cabo de un rato, con una certeza ya absoluta, sonrío y abrazo la pared: es el mismo bar. He conseguido volver. Lo he encontrado. Ni siquiera la conversación con mis amigas, que en un momento dado se pone tan tensa que llega a rozar el enfado, consigue empañar la felicidad que ahora siento. Quizá exagero, al fin y al cabo, sólo es un bar... pero no lo es. Es algo más para mí. No puedo explicarlo con palabras y probablemente mucha gente no lo comprenda, pero da igual. Es mi bar. Lo he encontrado. Y esta vez, volveré. Muy pronto. Y con la sonrisa puesta.
 
Vacío
Aunque llevaba bastante tiempo con la curiosidad, fue ayer cuando oficialmente me adentré en el "mundo Drexler". Mucho mejor en directo, pero así también me gusta mucho:

 
El uno, el dos, el tres...
1. He decidido por unanimidad que la próxima vez que quiera contar algo pero a la vez no quiera, o no quiera contarlo del todo, o no pueda, simplemente no diré nada. Porque no tiene sentido escribir aquí algo que nadie va a entender.

2. ¿Por qué nunca consigo salir del Corte Inglés por la misma puerta por la que he entrado?

3. Lo que sí quiero contar del todo es que el sábado pasado vi, por segunda vez, el musical Hoy no me puedo levantar. Y no sé qué tiene, que me temo que al menos habrá una tercera. Mira que a mí Mecano nunca me gustó tanto, ni siquiera los conocí en su etapa de mayor apogeo (yo era un bebé) sino algo después, y no sé qué pasa, si son las canciones, las puestas en escena, los actores, los bailarines, el teatro o qué, que entro allí y me transporto a un mundo diferente del que luego me cuesta salir. La obra me volvió a encantar, aunque los actores principales eran otros y algunas actuaciones en concreto las hicieron un poco peor. Pero aún así, salí encantada :)
 
¿Está claro?
Es algo que no puedo contar;
aunque lo haga, no me van a escuchar.
Pero mi cabeza está a punto de estallar
y este malestar ya no lo puedo ocultar.

Si quiero hablar, no me dejan,
y de que estoy molesta luego se quejan.
Si quiero callar, me instan a que algo cuente,
pero alguien me interrumpe aún de manera inconsciente.

No me siento bien apreciada
debido a que a veces no atraigo ni una mirada.
Si les escribo, no hay contestación
aún cuando por favor les ruego un poco de atención.

Por todas estas razones y alguna más que me dejo
desde hoy me he propuesto seguir mi propio consejo.
Si ellos no me quieren, yo no les voy a querer,
y aunque ahora no se den cuenta, son los que llevan las de perder.