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La imaginación es la LOCA de la casa
... Mi mente me estruja, me impide, me atrapa.. y a veces me salva...
Acerca de
El mundo es tan grande, la vida tan corta, tantas las obligaciones y tan ansiosas mis ganas de viajar y conocer...por eso emprendo esta aventura y la comparto con todos vosotros. Salud!
Sindicación
 
Candela está harta
Se acuerda Candela de su compañero de antaño y no sabe si reir o llorar.
Se acuerda en instantes concretos y no la apetece pensar. Porque si piensa mucho reflexiona sobre lo sinuoso de su tiempo juntos y en el maltrato a su suave corazón.
La pobre Candelita cambió sin querer y se hizo mejor persona.
Pero la baten las sienes fuertes cual martillo un domingo por la mañana.
Ella huye hacia delante y muchos la intentan atrapar.
Es una experta al zafarse.
Pensaba que iba desnuda y se avergonzaba. Cuando realmente, lo que la ocurría, es que se había despojado de un vestido que en fondo no la quedaba bien.
Y de repente un ángel.
Y de repente una vida.
Y de repente el precipicio.
Y al final el miedo.
Todos la esperan abajo formando una red con sus brazos para que se tire sin pensarlo y arrullarla.
Candela ya no se fía de nadie.
Pobre Candelita.



 
Cambio de planes
Hoy, como ya comenté, tenía pensado salir de jarana con unas amigas y mis muletas; pero un imprevisto nos ha forzado a postponerlo hasta nueva orden, así que me he quedado en casa.

En vez de tomarme unas cerves, me he tragado todos los reportajes, galas, películas y demás que había en la televisión con motivo del día en contra de la violencia de género.
Me he aterrorizado de sólo verlo, he llorado siete mares y me he enervado hasta límites insospechados.
No puedo imaginarme el dolor que sienten aquellas mujeres que son maltratadas, vilipendiadas, humilladas, infravaloradas, manipuladas, desesperanzadas, enfermas y llenas de secuelas.
No puedo entender cómo no hay leyes y soluciones rápidas para atajar el problema y frenar a tal calaña, porque yo, aquí, me quito el traje de psicóloga y me dejo llevar por mi cerebro visceral: malditos cabrones todos aquellos que se atreven a herir mínimamente a alguien.

Sé que los maltradores son gente enferma, con un perfil de rasgos de personalidad muy característico que conforma una psicopatología en toda regla, pero también nos comentaron en su día que son gente de muy difícil tratamiento y casi imposible reinserción.

También sé que una vez que te embaucan es tortuoso el escape.

Se podría hablar sobre este tema horas y horas sin parar y todavía quedarían cosas que decir...

Sólo me gustaría que no volvamos la cabeza al otro lado si se nos presenta un caso de este tipo.
... Y no hace falta que te estampen la cara contra la pared. Con un desprecio están minando nuestra autoestima de la misma manera. No lo dejemos pasar como un acto normal. Yo no lo vuelvo a dejar pasar.

Vivir en libertad es un derecho.

Salud!
 
Patachuleando
Hoy hace dos semanas que salí con las psicólogas del mañana a darlo todo y que me lo pasé en grande, os acordáis?
Bueno, pues un día después, no sé si a causa del pegote de salsa aquel, o qué, me ocurrió lo siguiente:
Estaba tan tranquila tomándome algo con mis amigas en un bar del centro, cuando, de repente, di un paso y me desplomé al suelo como si fuera un muñeco de trapo. Así, sin más.
Mis amigas se empezaron, cómo no, a reir de mí, y un chico con el que estuve hablando gran parte de la noche me dijo "Cómo molas!". (Pedazo de gilipollas, ¿cómo que ¡cómo molo!? ¿¿¿¿¿qué te piensas, que me tiro al suelo en un garito lleno de gente un sábado por hacer la gracia?????)
Yo, a todo esto, yacía en el suelo con una confusión muy grande, porque no sabía qué me había ocurrido para caerme y encima me dolía la rodilla a más no poder.

Por fin, se dignaron a levantarme, pero no podía dar ni un paso, así que había una ambulancia en la puerta esperándome para llevarme a ese lugar tan odiado para mí como es el hospital.
Me hicieron radiografía y me dijeron que no había nada roto y que me fuera para casita. Ni unas muletitas me dieron ni nada que tomar para aliviarme.
Así que llegué a mi casa a las 8: 30 de la mañana con un dolor indescriptible.

A las 11:00 llamé a mi padre y le dije que por favor me llevara a un hospital decente que no fuera de nuestra querida Seguridad Social.
Me escayolaron toda la piernecita y me dieron el diagnóstico que los otros queridos no se dignaron a emitir el día anterior: rotura de ligamentos anteriores cruzados de la rodilla derecha.

Chúpate eso.

¿Resultado? Pues me he tenido que hacer una resonancia (por cierto, qué agobio de aparato, por Dios!) para ver por qué sitio están rotos mis queridos ligamentos y comprobar si necesito pasar por quirófano o no. Eso será el jueves que viene.

Estoy más amargada que un limón, sin salir de casa para nada, viendo cómo mis amigas se van de fiesta y hacen planes sin pasar ni siquiera a visitarme para darme un beso o ánimos.
Tengo unos dolores que ríete tú de la regla (JURO que no me quejaré nunca más), unas heridas en las manos en carne viva y en los codos de caminar con las muletas arrastrando el pedazo tocho de yeso éste y un insomnio para alucinar porque no sé cómo coño ponerme para que no me estorbe ni duela.

Desde luego que no es una desgracia pero sí una putada y ya he dicho que para resarcirme de todos mis males, el próximo viernes, sea el diagnóstico que sea y mientras tenga manos para desplazarme, me voy de fiesta con mis psicos preferidas. A darlo todo en la pista o donde haga falta. Ya está bien de enclaustramiento y restricción social. Dos semanas para mí es excesivo!
Así que, ya sabéis, si véis a una pelirroja con muletas por la calle, saludadme y no me hagáis la zancadilla :)
Un beso a todos desde la mayor de mis meteduras de pata!
Salud!


 
Y no comentes nada...
Probablemente no exista una postura para pensar.

Tú no lo sabes, pero no me gusta estar boca arriba.

Después de nuestra conversación me rodearon una serie de circunstancias especiales.
Me vi boca arriba tumbada en el sofá.
La luz era tenue y comenzó a llover. Primero despacito, después más fuerte. Golpeaba la ventana y mis pensamientos fluían.
Mi cabeza estaba ladeada ligeramente hacia la derecha. Llevaba el pelo suelto y los rizos se habían desplazado recogiéndose entre ellos como caracoles.
Rodeé mi cara con el brazo y toqué con la punta de mis dedos la parte del cuello que quedaba libre.
Ese suave roce me hizo estremecer.

Sonreí.
Recordé nuestro intercambio de palabras.
Nuevo. Sencillo. Bonito.
Me inundaron la ternura y la relajación.

El movimiento de la persiana provocado por el viento y las miles de gotas indiscretas me abrieron los ojos.
Se acabó la brevedad del sueño. Del momento especial.

Ya tengo postura para pensar.
La voy a necesitar.

...Y, ya sabes, ... no comentes nada...
 
Oh, what a night!
Como sabéis, llevo varios fines de semana intentando salir para pasármelo bien, relacionarme y olvidarme un poco de mi estado apático.
Intención se ponía, pero finalmente las cosas salían un poco rana y me volvía a casa peor que estaba antes de haber salido.
Ayer, quedé con mis compis, las psicólogas del mañana porque teníamos pendiente una juerguita de estas que hacen época.
Me sequé el pelo, me pinté los ojos, me puse una mini falda vaquera, unas botas planas, una camiseta rollo vintage, collares varios y un foulard. Me lancé a disfrutar de la noche.
Empezamos en un sitio donde los cubatas son de dudosa calidad pero baratísimos, y la cosa fue degradándose en una sesión de fotos que dejó a la gente un poco descolocada. También dejamos patente nuestra aficción por los baños y todo lo que los rodea con unas cuantas instantáneas más.
Salimos de ahí y Rakel, mi compañera de cervezas insustituible, tuvo la genial idea de hacer fotos artísticas. Así que me subí a una ventana llena de rejas, nos metimos en una escombrera, en un cubo de basura... Todo con la intención de hacer un reportaje urbano en el que no salieran caras.
No dimos ni dos pasos cuando Bea se topó con un sitio asturiano donde se podía escanciar la sidra. Con nuestra habilidad característica la pasamos el testigo y empezamos a beber. La gente alucinaba con nosotras. Seguíamos con la sesión de fotos intentando que cayera algo de sidra en el vaso, porque claro, había que hacerlo de espaldas para que no se nos vieran las caras.
Pasó un hombre de los que venden rosas y me hice un par de fotos con él para nuestro documento gráfico. Conocimos a un pseudo francés que se despidió llamándonos "Coleguís" e intenté pasar a la zona oscura de la gente bien con la que no me suelo llevar muy allá.
Nada más salir del sitio éste, se cruzó otro garito en nuestro camino, así que para allá que entramos. Comimos unos trozos de pizza y no sé cuántos litros de cerveza. Intentamos que la gente nos invitara a todo siendo simpáticas, incluso desvelando mis raíces, pero no coló. (Cachisssss!!!).
Al salir, justo en la puerta, había un pegote de salsa de vete tú a saber qué que todo el mundo vio menos yo, por lo que me resbalé y me abrí de piernas en un intento de hacer Annie, are you ok? de Michael Jackson. Allí tirada, mientras mis amigas se partían de la risa mirándome y señalándome, un caballero de los pocos que quedan, me cogió y me ayudó. Gracias, Lázaro, lástima que seas gay ( y que seguramente esto no lo vayas a leer nunca).
Cambiando de tercio decidimos ir a Chueca donde había más psicólogos del mañana. Nos colamos en un sitio, me pedí una copa a pachas con uno que no conocía de nada, un chico me contó su vida y me empezó a hablar en árabe, otro me besó asegurándome que era gay mientras San me decía que estaba celosa.
Jorge me acompañó al autobús porque ya no podía más. Solté una lagrimilla, mandé algunos mensajitos nocturnos y recibí una llamada medio inesperada de alguien del pasado.
Me acosté a las 5 y media de la madrugada y me he levantado a las 9.
Os podéis imaginar cómo me encuentro.
Esto de expresar mi extraversión neurótica me está llevando a la ruina :)

Salud!