Cerro blanco “La colina de los muertos”
Junto al Santa Lucia y al San Luis, El blanco es uno de los tres “cerros islas” de Santiago. Delincuentes arranchados por décadas en sus escondrijos le dieron pésima fama en el pasado cercano, indiferentes que es un monte de piedad y devoción desde los tiempos de Pedro de Valdivia.
Al Cerro Blanco se lo relaciona por lo general con historias escalofriantes. No tanto por la esporádica presencia de los inquilinos de la vecina casa de orates, que de vez en cuando se arrancaban cerro arriba, sino más bien por la ralea delictual que alguna vez hizo de este antiguo santuario su morada. Hasta hace poco, en efecto, los estupros y los asaltos eran ahí la actividad primordial. Como promedio, la policía debería retirar un cadáver a la semana: internarse en los vericuetos cerriles era un error que podría costarles al despistado la bolsa y la vida.
Durante muchos años el cerro estuvo semiabandonado, sin luminarias ni vigilancias. Patotas de delincuentes vivían emboscadas en sus laderas y dominaban las cuevas de las antiguas canteras. Se trataban de sujetos espantosos, pertenecientes a los grados inferiores del escalafón lumpenesco. Salían de sus ranchos de fonolas pata atacar lo que se moviera y se cuenta que cada vez que algún camión con fruta de la estación se aventuraba por la vecina calle Unión- que flanquea el cementerio-, los malacatosos se lazaban al abordaje del vehículo en marcha de cualquier peñón para robar la mercadería.
Hoy día el Cerro Blanco esta enrejado, como primer paso de un aplazado plan de recupuperación y hermoseamiento. La municipalidad de Recoleta iluminó el entorno y erradicó a los cogoteras. La idea alcaldicia es plantar árboles, construir plazas y convertir el lugar en un paseo comunal.
Hubo anteriormente otros proyectos. Alguna vez se consideró la posibilidad de extender hasta allá el teleférico de San Cristóbal, pero no pasó nada. Más interesante fue la proposición de Vicuña Mackenna que, inspirado en necrópolis europeas como la del Pére Lachaise, soñó con extender al cerro Blanco el Cementerio Metropolitano. Imaginaba “coronándose de blancos túmulos la alta planicie de el montículo y trocándose sus profundas canteras en osarios".
La relación de los cerros con los muertos es atávica. O'Higgins pensó en su momento en instalar el cementerio santiaguino en el Santa Lucía. De hecho, hasta comienzos del siglo XIX, ése era el sitio donde se enterraba a los disidentes del catolicismo.
La historia del Cerro Blanco es antiguas como la conquista. En su cumbre, Inés de Suárez levantó una de las primeras ermitas capitalinas consagradas al culto de la virgen de Montserrat y dedicada “a la redención de los indios infieles". La ofrenda indicaba una misa cada tres viernes y una procesión al año. Posteriormente, la ermita se trasladó al pie del cerro, "entre hermosos huertos de naranjos y a la cabeza de una viña."
En 1822, el rito anual ya se había desgastado con los siglos y al cerro no llegaban sino los colegiales para hacer la cimera y jugar a los piedrazos con los chimberos. En la ermita solo quedaba un capellán dominico, encargado de cuidar las naranjas, podar los parrones, recoger las escasas dádivas y administrar la misa semanal. Ese año, sin embargo, un "conocido notario" revivió el antiguo culto y difundió la especie de que, en mitad de una procesión en que se suplicaba por lluvia, la virgen de la viñita había hecho llover. El viejo fervor se reanimó de inmediato. Un vecino entusiasta donó -en la esquina de las actuales Recoleta y Santos Dumont - un terreno para la construcción de la capilla definitiva.
Ésta que sigue en pie hasta hoy, fue en parte diseñada por Eusebio Celli- el refinado arquitecto italiano- y se inauguró el 23 de noviembre de 1834 con pompa y regocijo de medio Santiago.
Horas perdidas en Santiago
Roberto Merino

Al Cerro Blanco se lo relaciona por lo general con historias escalofriantes. No tanto por la esporádica presencia de los inquilinos de la vecina casa de orates, que de vez en cuando se arrancaban cerro arriba, sino más bien por la ralea delictual que alguna vez hizo de este antiguo santuario su morada. Hasta hace poco, en efecto, los estupros y los asaltos eran ahí la actividad primordial. Como promedio, la policía debería retirar un cadáver a la semana: internarse en los vericuetos cerriles era un error que podría costarles al despistado la bolsa y la vida.
Durante muchos años el cerro estuvo semiabandonado, sin luminarias ni vigilancias. Patotas de delincuentes vivían emboscadas en sus laderas y dominaban las cuevas de las antiguas canteras. Se trataban de sujetos espantosos, pertenecientes a los grados inferiores del escalafón lumpenesco. Salían de sus ranchos de fonolas pata atacar lo que se moviera y se cuenta que cada vez que algún camión con fruta de la estación se aventuraba por la vecina calle Unión- que flanquea el cementerio-, los malacatosos se lazaban al abordaje del vehículo en marcha de cualquier peñón para robar la mercadería.
Hoy día el Cerro Blanco esta enrejado, como primer paso de un aplazado plan de recupuperación y hermoseamiento. La municipalidad de Recoleta iluminó el entorno y erradicó a los cogoteras. La idea alcaldicia es plantar árboles, construir plazas y convertir el lugar en un paseo comunal.
Hubo anteriormente otros proyectos. Alguna vez se consideró la posibilidad de extender hasta allá el teleférico de San Cristóbal, pero no pasó nada. Más interesante fue la proposición de Vicuña Mackenna que, inspirado en necrópolis europeas como la del Pére Lachaise, soñó con extender al cerro Blanco el Cementerio Metropolitano. Imaginaba “coronándose de blancos túmulos la alta planicie de el montículo y trocándose sus profundas canteras en osarios".
La relación de los cerros con los muertos es atávica. O'Higgins pensó en su momento en instalar el cementerio santiaguino en el Santa Lucía. De hecho, hasta comienzos del siglo XIX, ése era el sitio donde se enterraba a los disidentes del catolicismo.
La historia del Cerro Blanco es antiguas como la conquista. En su cumbre, Inés de Suárez levantó una de las primeras ermitas capitalinas consagradas al culto de la virgen de Montserrat y dedicada “a la redención de los indios infieles". La ofrenda indicaba una misa cada tres viernes y una procesión al año. Posteriormente, la ermita se trasladó al pie del cerro, "entre hermosos huertos de naranjos y a la cabeza de una viña."
En 1822, el rito anual ya se había desgastado con los siglos y al cerro no llegaban sino los colegiales para hacer la cimera y jugar a los piedrazos con los chimberos. En la ermita solo quedaba un capellán dominico, encargado de cuidar las naranjas, podar los parrones, recoger las escasas dádivas y administrar la misa semanal. Ese año, sin embargo, un "conocido notario" revivió el antiguo culto y difundió la especie de que, en mitad de una procesión en que se suplicaba por lluvia, la virgen de la viñita había hecho llover. El viejo fervor se reanimó de inmediato. Un vecino entusiasta donó -en la esquina de las actuales Recoleta y Santos Dumont - un terreno para la construcción de la capilla definitiva.
Ésta que sigue en pie hasta hoy, fue en parte diseñada por Eusebio Celli- el refinado arquitecto italiano- y se inauguró el 23 de noviembre de 1834 con pompa y regocijo de medio Santiago.
Horas perdidas en Santiago
Roberto Merino

Pasamos por tantos lugares sin saber cuantos sueños hubieron y que tanto de ellos se cumplieron. Cada uno tiene su barrio y en él una vida, posiblemente giramos entre caminos pero es imposible no mirar el recuerdo y sonreir por las experiencias de aquellos lugares, lugares de sueños
No dejes de escribir:
cuando busque fonolas antiguas te encontre si me podes explicar mejor que tiene que ver con tu pagina que copie porque me interesó
gracias marga
29/ 08/ 05
gracias marga
29/ 08/ 05
No dejes de escribir:
cuando busque fonolas antiguas te encontre si me podes explicar mejor que tiene que ver con tu pagina que copie porque me interesó
gracias marga
29/ 08/ 05
gracias marga
29/ 08/ 05
No dejes de escribir:
cuando busque fonolas antiguas te encontre si me podes explicar mejor que tiene que ver con tu pagina que copie porque me interesó
gracias marga
29/ 08/ 05
gracias marga
29/ 08/ 05
No dejes de escribir:
Que extraordinario lo que pusiste, me impresiona lo fácil con que se olvida la historia que guardan los lugares que solemos transitar.
Muchas gracias por el link, yo tb ya te linkeé.
Cariños!
Petra
Muchas gracias por el link, yo tb ya te linkeé.
Cariños!
Petra
No dejes de escribir:
Que extraordinario lo que pusiste, me impresiona lo fácil con que se olvida la historia que guardan los lugares que solemos transitar.
Muchas gracias por el link, yo tb ya te linkeé.
Cariños!
Petra
Muchas gracias por el link, yo tb ya te linkeé.
Cariños!
Petra
No dejes de escribir:
Que extraordinario lo que pusiste, me impresiona lo fácil con que se olvida la historia que guardan los lugares que solemos transitar.
Muchas gracias por el link, yo tb ya te linkeé.
Cariños!
Petra
Muchas gracias por el link, yo tb ya te linkeé.
Cariños!
Petra
No dejes de escribir:
Gracias por tu visita. Puedes coger lo k gustes de mi blog.
(tienes un blog precioso)
(tienes un blog precioso)