Neorrealismo Italiano
Vittorio de Sica, cineasta italiano, presenta en 1949 su largometraje más conocido: “Ladrón de bicicletas”. Película perteneciente al neorrealismo italiano. Esta corriente empieza en 1945 con “Roma ciudad abierta” de Rossellini. Nació después de veinte años de opresión, el fascismo de Mussolini se acaba tras la Segunda Guerra Mundial, dejando tras de si un país en plena miseria.

Lo que caracteriza principalmente los filmes de este movimiento es una vuelta a lo real, al mundo, a los hombres y sus dramas reales. Después de la censura de la guerra y del fascismo, el neorrealismo italiano pretende mostrar la realidad social. Es un compromiso social que pretende influir en la conciencia de los espectadores, en la sociedad en general para terminar con los problemas vigentes de la época.
El “Ladrón de bicicletas” cuenta la historia de un obrero en paro, Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani) que encuentra después de dos años un puesto como fijador de carteles. Para poder aceptar el empleo necesita una bicicleta. El problema es que empeñó la suya para poder comer. María (Lianella Carell), su mujer, decide empeñar esta vez las sábanas para recuperar la bicicleta. Ricci, su mujer y su hijo Bruno (Enzo Staiola) preparan felizmente el primer día de trabajo. La desgracia ocurre cuando Ricci pega su primer cartel y le roban su vital medio de transporte.
Ayudado por algunos amigos y por Bruno intentará recuperar la bicicleta, primero en la mercado, donde verá al ladrón pero se le escapará. Gracias a un viejo que conoce al ladrón dará con su dirección. Aparece allí, pero es insultado por los vecinos y aunque interviene un agente de policía, al no encontrar la bicicleta, tiene que abandonar la zona con resignación. Sin saber que hacer, decide robar una bicicleta, distanciándose de Bruno. Fracasa y casi es enviado a la comisaría.
Empezaré el análisis situando la película en la corriente neorrealista. Esta vuelta a todo lo real se traduce por el rodaje en exteriores. Los pocos momentos en los que aparecen habitaciones cerradas, son reales, no son decorados de un estudio de grabación. La mayor parte de la película es rodada en las calles de Roma: Ricci acompañado de su hijo, recorre el laberinto de las vías romanas. Otra razón de la grabación en calles es el bajo presupuesto de Vittorio de Sica, ya que estamos en plena posguerra.
Otra característica es la elección de actores no profesionales. De Sica se recorrió las calles de Roma en busca de posibles actores. Lianella Carell, periodista radiofónica, se acercó al director para pedirle una entrevista. Le hicieron una prueba para María y quedó perfecta para el papel. Lamberto Maggiorani era un parado en el mundo de la construcción. Nuestro cineasta se fijó en él cuando éste se aproximó a las cámaras para curiosear. Y el último de los protagonistas, Enzo Staiola, lo encontró con una banda de niños, jugando en la calle. En palabras de Vittorio de Sica, era un niño con “cara redonda, nariz cómica y ojos vivísimos”. Gracias a esta elección, la película presenta unos personajes mucho más reales, no están contaminados por la academia de cine, contra lo que lucha la corriente neorrealista.
Aunque el protagonista escape de la comisaría al final de la película, no tenemos final feliz, y el drama continúa. Ese problema sigue en nosotros, y ahí es donde reside el aspecto moral del neorrealismo. El guionista Zavattini dijo en una ocasión: “los personajes reclaman más la solidaridad del público que la de los demás personajes de la película. Esta es la razón por la cual estos no encuentran en la trama la solución a sus problemas. El público debe sentir la responsabilidad y el deber de encontrar una solución concreta al problema ocasionado por tal hecho”.
Los filmes neorrealistas como el “Ladrón de bicicletas” no proponen soluciones, sólo muestran los problemas sociales del momento para atormentar conciencias y hacerlas actuar. Eso sí, nos ayuda a entender mejor los hombres, lo que mejora nuestra comprensión y nuestro amor hacia el prójimo.


Lo que caracteriza principalmente los filmes de este movimiento es una vuelta a lo real, al mundo, a los hombres y sus dramas reales. Después de la censura de la guerra y del fascismo, el neorrealismo italiano pretende mostrar la realidad social. Es un compromiso social que pretende influir en la conciencia de los espectadores, en la sociedad en general para terminar con los problemas vigentes de la época.
El “Ladrón de bicicletas” cuenta la historia de un obrero en paro, Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani) que encuentra después de dos años un puesto como fijador de carteles. Para poder aceptar el empleo necesita una bicicleta. El problema es que empeñó la suya para poder comer. María (Lianella Carell), su mujer, decide empeñar esta vez las sábanas para recuperar la bicicleta. Ricci, su mujer y su hijo Bruno (Enzo Staiola) preparan felizmente el primer día de trabajo. La desgracia ocurre cuando Ricci pega su primer cartel y le roban su vital medio de transporte.
Ayudado por algunos amigos y por Bruno intentará recuperar la bicicleta, primero en la mercado, donde verá al ladrón pero se le escapará. Gracias a un viejo que conoce al ladrón dará con su dirección. Aparece allí, pero es insultado por los vecinos y aunque interviene un agente de policía, al no encontrar la bicicleta, tiene que abandonar la zona con resignación. Sin saber que hacer, decide robar una bicicleta, distanciándose de Bruno. Fracasa y casi es enviado a la comisaría.
Empezaré el análisis situando la película en la corriente neorrealista. Esta vuelta a todo lo real se traduce por el rodaje en exteriores. Los pocos momentos en los que aparecen habitaciones cerradas, son reales, no son decorados de un estudio de grabación. La mayor parte de la película es rodada en las calles de Roma: Ricci acompañado de su hijo, recorre el laberinto de las vías romanas. Otra razón de la grabación en calles es el bajo presupuesto de Vittorio de Sica, ya que estamos en plena posguerra.
Otra característica es la elección de actores no profesionales. De Sica se recorrió las calles de Roma en busca de posibles actores. Lianella Carell, periodista radiofónica, se acercó al director para pedirle una entrevista. Le hicieron una prueba para María y quedó perfecta para el papel. Lamberto Maggiorani era un parado en el mundo de la construcción. Nuestro cineasta se fijó en él cuando éste se aproximó a las cámaras para curiosear. Y el último de los protagonistas, Enzo Staiola, lo encontró con una banda de niños, jugando en la calle. En palabras de Vittorio de Sica, era un niño con “cara redonda, nariz cómica y ojos vivísimos”. Gracias a esta elección, la película presenta unos personajes mucho más reales, no están contaminados por la academia de cine, contra lo que lucha la corriente neorrealista.
Aunque el protagonista escape de la comisaría al final de la película, no tenemos final feliz, y el drama continúa. Ese problema sigue en nosotros, y ahí es donde reside el aspecto moral del neorrealismo. El guionista Zavattini dijo en una ocasión: “los personajes reclaman más la solidaridad del público que la de los demás personajes de la película. Esta es la razón por la cual estos no encuentran en la trama la solución a sus problemas. El público debe sentir la responsabilidad y el deber de encontrar una solución concreta al problema ocasionado por tal hecho”.
Los filmes neorrealistas como el “Ladrón de bicicletas” no proponen soluciones, sólo muestran los problemas sociales del momento para atormentar conciencias y hacerlas actuar. Eso sí, nos ayuda a entender mejor los hombres, lo que mejora nuestra comprensión y nuestro amor hacia el prójimo.






