De Lanzarote a Salamanca: un corto viaje a la península.
El Alcalde de Salamanca se apellida "Lanzarote", pero no hay mucho más en común que tenga esa ciudad con nuestra isla, ya que entramos en un panorama totalmente diferente y por cierto muy interesante.Nos alojamos en un hotel centro Salamanca, el Rona Dalba Salamanca, muy cerca de la Plaza Mayor y de la Universidad Pontificia.
No encontramos un vuelo directo de Lanzarote a Salamanca, de modo que vía Madrid, llegamos en tres horas y aprovechamos una oferta especial de invierno en el hotel, con desayuno continental incluído por la que pagamos 56 Euros. Sí hay vuelos directos desde Tenerife.
El día que llegamos, desde la recepción del hotel Salamanca Rona Dalba nos invitaron a una tertulia cultural que tendría lugar a las cinco de la tarde. Todos los martes en el Rona Dalba realizan reuniones a las que asisten como ponentes prestigiosos profesionales de la Universidad de Salamanca y se tocan diversos temas científicos de actualidad.
Nos gustó el nivel de las conferencias y la interactividad: nos preguntamos por qué en Lanzarote no invitamos a los genios que viven en nuestra isla como Saramago, (o a los vulcanólogos y arqueólogos que conocen tan bien sus secretos) a que hablen sobre la isla en nuestros hoteles, en vez de ofrecer siempre al turista los mismos shows tropicales que se encuentran en cualquier destino turístico.
Por las tardecitas paseamos por la Plaza Mayor, que tiene una iluminación maravillosa cuando cae la noche, y caminamos por las baldosas rojizas del Paseo de Las Carmelitas, recorriendo una ciudad que mezcla como muchas la historia con la globalización, pero con una importante conservación de su arquitectura tradicional y un gran trabajo de estética en las zonas verdes.
Se respira un aire intelectual y cultural en toda la ciudad, muy lejos de lo que estamos acostumbrados aquí en Lanzarote, una isla en la que la oferta cultural es impulsada a pulmón por el ciudadano de a pie con limitadísimos recursos y un apoyo institucional casi nulo.
A algunos funcionarios parecen asustarle la gran cantidad de proyectos interesantísimos que les proponen los nuevos residentes, y lamentablemente siquiera los cuestionan: bien por ignorar por completo cómo se lleva a cabo una gestión cultural económicamente productiva para la isla, o simplemente porque innovar les resulta un riesgo para su puesto: así como estamos llegué aquí, no sea cosa que por innovar algo me salga mal...
En nuestra opinión, visitar Salamanca nos abrió los ojos en ese sentido: aquí faltan actividades culturales y los gestores aún no se han dado cuenta que bien llevadas pueden resultar un buen filón para las arcas institucionales: si le propones a un ayuntamiento cualquier proyecto cultural, sólo lo ven como un gasto, mientras en otros destinos turísticos hacen negocio con ello.
Por lo demás, Salamanca es una ciudad preciosa en la que de terrazas cableadas y con antenas satelitales emergen sorprendentes estructuras góticas que nos transportan de un tiempo al otro en apenas un instante.





