LA MUERTE: MI IMPULSO DE VIDA
Con el domingo como día libre, día de censo, entre aburrimiento y estudio, empecé a tratar de darle valor a mi vida. Todo esto porque la noche anterior, en esas conversaciones con vino y pizza con mis buenas amigas, empecé a querer “agarrar el toro por las astas”. Además al día siguiente luego de las siete de la noche, cuando por fin pude salir de casa, fui a unas cabinas y me di con la grata sorpresa de que un amigo me había mandado unos videos de Steve Jobs en Standford, que me confirmaron lo que siempre tenia en la cabeza pero nunca lo manifestaba… el pensamiento de la muerte es el impulso más fuerte para obtener lo que siempre se desea o sueña.
Siempre la idea de la muerte ha rondado mi cabeza, no como un escape o como refugio de una depresión; sino más bien como el común denominador de todos nosotros, porque seamos ricos o pobres; blancos, cholos o negros; mujeres, hombres o homosexuales, todos absolutamente todos, morimos.
Y esto no debe ser un agente depresivo masivo, ni de sufrimiento; sino más bien de entender que cada acción que realizamos formará parte de la lápida sobre nuestras tumbas. Que debemos vivir como si fuera el último de nuestros días, que cada impulso que tengamos será el último, cada deseo que queramos satisfacer puede ser el último que se dibuje en nuestro rostros, que cada llanto será el último, cada carcajada será el último sonido que escuchemos, que cada amanecer será el último que veamos y que cada noche será el último manto celestial que observemos.
De tal manera que todo lo hagamos de la mejor manera, que todo lo realicemos pensando en la herencia no económica sino moral y de meta que dejemos a nuestros herederos. Ya sean hijos, hermanos, padres, amigos o simplemente compañeros.
Esto lo voy a implantar, empezando por mí. Empezaré donde es más difícil, en mí. Porque como dijo una de mis amigas: vive ahora, no vivas tu vida en la de otros ni por los otros, vívela por ti.
Eso haré porque la vida de otros no es la mía, porque lo que vivo por ellos no será parte de la lápida de mi tumba. Quiero que el lugar donde descanse mi cuerpo inanimado, este conformado por las rocas de los cimientos de mi vida, por los ideales que deje, por las acciones que ennoblezca, por las sonrisas de mis propias satisfacciones y por las perturbaciones que no haya podido controlar.
Quiero mi vida de vuelta, y el riesgo que conlleva vivirla.
Quiero empezar a salir de mi capullo de romanticismos limitados, quiero explorar, quiero encontrar el amor lejos de las fronteras que conozco. Darme la oportunidad de conocer a nuevas personas y no buscar a mi media naranja donde ya busqué y no obtuve respuesta.
Ha llegado mi momento, mi momento de riesgo, mi momento de mirar sólo mi camino, de dejar de ver que los demás no se desvíen. Además también quiero desviarme por momentos, de repente mi camino sea otro y no el que siempre creí tener.
Entonces me arriesgaré a caminar entre el campo llano sin límites, sin un camino, sino más bien lleno de sólo huellas de mis pies andantes.
Siempre la idea de la muerte ha rondado mi cabeza, no como un escape o como refugio de una depresión; sino más bien como el común denominador de todos nosotros, porque seamos ricos o pobres; blancos, cholos o negros; mujeres, hombres o homosexuales, todos absolutamente todos, morimos.
Y esto no debe ser un agente depresivo masivo, ni de sufrimiento; sino más bien de entender que cada acción que realizamos formará parte de la lápida sobre nuestras tumbas. Que debemos vivir como si fuera el último de nuestros días, que cada impulso que tengamos será el último, cada deseo que queramos satisfacer puede ser el último que se dibuje en nuestro rostros, que cada llanto será el último, cada carcajada será el último sonido que escuchemos, que cada amanecer será el último que veamos y que cada noche será el último manto celestial que observemos.
De tal manera que todo lo hagamos de la mejor manera, que todo lo realicemos pensando en la herencia no económica sino moral y de meta que dejemos a nuestros herederos. Ya sean hijos, hermanos, padres, amigos o simplemente compañeros.
Esto lo voy a implantar, empezando por mí. Empezaré donde es más difícil, en mí. Porque como dijo una de mis amigas: vive ahora, no vivas tu vida en la de otros ni por los otros, vívela por ti.
Eso haré porque la vida de otros no es la mía, porque lo que vivo por ellos no será parte de la lápida de mi tumba. Quiero que el lugar donde descanse mi cuerpo inanimado, este conformado por las rocas de los cimientos de mi vida, por los ideales que deje, por las acciones que ennoblezca, por las sonrisas de mis propias satisfacciones y por las perturbaciones que no haya podido controlar.
Quiero mi vida de vuelta, y el riesgo que conlleva vivirla.
Quiero empezar a salir de mi capullo de romanticismos limitados, quiero explorar, quiero encontrar el amor lejos de las fronteras que conozco. Darme la oportunidad de conocer a nuevas personas y no buscar a mi media naranja donde ya busqué y no obtuve respuesta.
Ha llegado mi momento, mi momento de riesgo, mi momento de mirar sólo mi camino, de dejar de ver que los demás no se desvíen. Además también quiero desviarme por momentos, de repente mi camino sea otro y no el que siempre creí tener.
Entonces me arriesgaré a caminar entre el campo llano sin límites, sin un camino, sino más bien lleno de sólo huellas de mis pies andantes.
Comentario:
Esta vez escribiste pájaros, Veru. No los has elegido. Sólo los viste picoteando, y decidiste poner boca abajo esta espera, como el apostador cuando voltea la carta para no verla. Desanudaste las amarras y una bandada de palabras se remontaron con alas abiertas... no hubieron despedidas porque las esperas sin respuestas no tienen metamorfosis. Tampoco nombres cifrados, vigilias, ni falanges, ni cabello. Sí, Veru: el tiempo es una camisa mal planchada, un recuento interminable, un cariño que toma asiento con los pies adoloridos. Y sucede que mientras el tiempo pasa, no podemos morir porque ya estamos un poco muertos. Vuelvo a verte y te encuentro siempre entre el ir y devenir de ese rincón oscuro llamado muerte, que tanto, pero que tanto te gusta humedecer con la punta de la lengua.... así que verte sentada escribiendo pájaros, es sólo verte reconciliada con esa palabra. Es como buscar una moneda en la oscura memoria, es como estar en casa.





