Ya son las dos de la mañana...
... Y no he acabado de hacer lo que tenía que hacer para mañana a las 10. Tocará madrugar una vez más.
Día raro. En cuanto empiezas a creerte algo, a desdibujar tus límites, vuelves a toparte con ellos. La rutina se repite, apoyas en varias patas, las consolidas firmemente, y entonces piensas, ¿por qué no otra más? Y te das cuenta de que sigue débil, y que encima al pasar el peso a ella, se tambalea todo el edificio. A lo mejor es que reparto mal las cargas. Equilibro, siempre equilibrio. Pero tan difícil de obtener...
El caso es que me doy cuenta de que el camino que quería emprender no me va a llevar a nada bueno. He pasado el día nervioso, tratando de raspar frialdad con la que aplacar la zozobra, tratando de decidir lo que no puedo tener claro nunca. A lo mejor es verdad que hay que hacerlo y luego créerselo (en el fondo, siempre es así) pero no sé. Simplemente, no sé.
Tal vez conocerla, invitarla a tomar algo, descubrir si somos compatibles y poder descansar el uno el el otro fuese maravilloso, o tal vez no. Pero me doy cuenta de que la mera idea de intentarlo desata una serie de malignos resortes psicológicos en mí que me bloquean y desestabilizan. Todos los fantasmas vuelven a aflorar y amenazan con encantar no sólo la hipotética relación sino también todo lo demás. Un campo sembrado de minas por mí mismo. Cualquier idea, cualquier iniciativa, se convierte en una partida de ajedrez perdida en tres, a lo sumo cuatro, movimientos. Una partida jugada dentro de mi cabeza, por mí contra mí. Mover las piezas es superfluo. Intentar otra jugada es imposible. Vencer no existe.
Por tanto, he decidido seguir adelante como si nada hubiese pasado, ni siquiera (especialmente) por mi mente. Seguiré adelante mi camino, mirando de reojo este oasis al que me podría haber acercado, sin saber si era real o pura ilusión.
Y por lo demás, todo bien, salvo que a veces me veo incapaz de mantener mis planes, mis pensamientos, mis ideas, coherentes con mis actos innatos. Siempre jugando contra mí mismo.
¡Eh! ¡Templanza! ¡Sentido común! ¡Prudencia! ¿Estáis por ahí? ¡Volved!
P.D.: En medio del terremoto, eché de menos a una persona y no pude resistir decírselo, al menos que hubiese querido siquiera chatear con ella esta noche. Y aunque era imposible, ella misma lo dijo, al final acudió a la cita. Quería hablarle de lo que he dicho antes... pero no quise estropearlo todo. No lo hice. Cada vez me cuesta más sacar mis sentimientos a la superficie... ¿pero acaso no es eso lo que siempre había anhelado?
Además, sé lo que me habría dicho... la verdad... ¡justo lo que no quería oir!
Día raro. En cuanto empiezas a creerte algo, a desdibujar tus límites, vuelves a toparte con ellos. La rutina se repite, apoyas en varias patas, las consolidas firmemente, y entonces piensas, ¿por qué no otra más? Y te das cuenta de que sigue débil, y que encima al pasar el peso a ella, se tambalea todo el edificio. A lo mejor es que reparto mal las cargas. Equilibro, siempre equilibrio. Pero tan difícil de obtener...
El caso es que me doy cuenta de que el camino que quería emprender no me va a llevar a nada bueno. He pasado el día nervioso, tratando de raspar frialdad con la que aplacar la zozobra, tratando de decidir lo que no puedo tener claro nunca. A lo mejor es verdad que hay que hacerlo y luego créerselo (en el fondo, siempre es así) pero no sé. Simplemente, no sé.
Tal vez conocerla, invitarla a tomar algo, descubrir si somos compatibles y poder descansar el uno el el otro fuese maravilloso, o tal vez no. Pero me doy cuenta de que la mera idea de intentarlo desata una serie de malignos resortes psicológicos en mí que me bloquean y desestabilizan. Todos los fantasmas vuelven a aflorar y amenazan con encantar no sólo la hipotética relación sino también todo lo demás. Un campo sembrado de minas por mí mismo. Cualquier idea, cualquier iniciativa, se convierte en una partida de ajedrez perdida en tres, a lo sumo cuatro, movimientos. Una partida jugada dentro de mi cabeza, por mí contra mí. Mover las piezas es superfluo. Intentar otra jugada es imposible. Vencer no existe.
Por tanto, he decidido seguir adelante como si nada hubiese pasado, ni siquiera (especialmente) por mi mente. Seguiré adelante mi camino, mirando de reojo este oasis al que me podría haber acercado, sin saber si era real o pura ilusión.
Y por lo demás, todo bien, salvo que a veces me veo incapaz de mantener mis planes, mis pensamientos, mis ideas, coherentes con mis actos innatos. Siempre jugando contra mí mismo.
¡Eh! ¡Templanza! ¡Sentido común! ¡Prudencia! ¿Estáis por ahí? ¡Volved!
P.D.: En medio del terremoto, eché de menos a una persona y no pude resistir decírselo, al menos que hubiese querido siquiera chatear con ella esta noche. Y aunque era imposible, ella misma lo dijo, al final acudió a la cita. Quería hablarle de lo que he dicho antes... pero no quise estropearlo todo. No lo hice. Cada vez me cuesta más sacar mis sentimientos a la superficie... ¿pero acaso no es eso lo que siempre había anhelado?
Además, sé lo que me habría dicho... la verdad... ¡justo lo que no quería oir!
Un remolino de ida y vuelta
Todo sigue bien, bajo control. Los indicadores dan las lecturas correctas, el tiempo es soleado, alguna nube pasajera, pero a esta altura no tiene mucha importancia. Los mandos, algo duros (siempre lo han sido) responden, apenas se nota la vibración de un motor que tal vez ya no es tan explosivo como antes, que seguramente ya no quema el queroseno como en los viejos tiempos, pero que a cambio funciona más suavemente, tiene más autonomía y, en realidad, es más potente y fiable.
Es bonito hacer cosas que sabes hacer, aunque las variaciones de cada día las hagan siempre nuevas. Es un reto mantener a raya el estrés de cada día oponiendo sangre fría, coraje y un poco de la tan duramente ganada experiencia.
Aguantar el tirón, ese ha sido siempre el pensamiento con el que he hecho opacos los otros más negativos. Aguantar, hasta que despegas de tierra, dejas de pesar, planeas y a veces parece que vayas a adelantar al remolcador.
Y ahora atrapado entre dos corrientes: una que me dice que todo en la idea de conocerla es incorrecto: es exponer mi equilibrio, mi espada y mi escudo, forjados a fuego y martillazos, al fragor de la batalla, de la lucha a brazo partido, sin saber si serán tan resistentes como ahora parecen, al brillo de la luna y la serenidad de la noche. Esta corriente me dice que todo es incorrecto y recogeré como astillas lo que ahora es sólido.
Y la otra que me recuerda que de nada sirve armarse para la batalla del día a día si no luchas por lo que quieres. Y que sólo sabemos lo que valemos y lo queremos cuando nos ponemos a prueba por ello. Y que lo sé, porque lo he hecho en otros campos, pero en éste no me atrevo. Y que si no lo hago, sabré que fue porque no me atreví.
En cualquier caso, sé que pensaré que por uno u otro lado me dejé arrastrar y que al hacerlo me expuse a perder o el fin de la locura o el remedio de la soledad.
Salvo que por una vez tome una decisión y la lleve a cabo, y por tanto no me arrastre, sino que decida y dirija yo...
¡Sería todo un cambio! Primero habría que hacerlo, luego creérselo... ¿O al revés?
Es bonito hacer cosas que sabes hacer, aunque las variaciones de cada día las hagan siempre nuevas. Es un reto mantener a raya el estrés de cada día oponiendo sangre fría, coraje y un poco de la tan duramente ganada experiencia.
Aguantar el tirón, ese ha sido siempre el pensamiento con el que he hecho opacos los otros más negativos. Aguantar, hasta que despegas de tierra, dejas de pesar, planeas y a veces parece que vayas a adelantar al remolcador.
Y ahora atrapado entre dos corrientes: una que me dice que todo en la idea de conocerla es incorrecto: es exponer mi equilibrio, mi espada y mi escudo, forjados a fuego y martillazos, al fragor de la batalla, de la lucha a brazo partido, sin saber si serán tan resistentes como ahora parecen, al brillo de la luna y la serenidad de la noche. Esta corriente me dice que todo es incorrecto y recogeré como astillas lo que ahora es sólido.
Y la otra que me recuerda que de nada sirve armarse para la batalla del día a día si no luchas por lo que quieres. Y que sólo sabemos lo que valemos y lo queremos cuando nos ponemos a prueba por ello. Y que lo sé, porque lo he hecho en otros campos, pero en éste no me atrevo. Y que si no lo hago, sabré que fue porque no me atreví.
En cualquier caso, sé que pensaré que por uno u otro lado me dejé arrastrar y que al hacerlo me expuse a perder o el fin de la locura o el remedio de la soledad.
Salvo que por una vez tome una decisión y la lleve a cabo, y por tanto no me arrastre, sino que decida y dirija yo...
¡Sería todo un cambio! Primero habría que hacerlo, luego creérselo... ¿O al revés?
El fin de los años de plomo
Llueve a cántaros y el cielo se rompe en relámpagos y truenos sobre Barcelona. Los tres días de fiesta se han esfumado haciendo turismo y descansando, trabajando y vagueando, pensando y recordando. Ha llegado el vértice de la semana, la próxima apunta por levante, llegando desde el mar, pero ya no tengo miedo a los lunes.
Ya he escrito sobre cómo ha pasado el tiempo desde un año hasta hoy, y cómo todo ha girado sobre su propio eje, y lo que antes era negro ahora es blanco. De la soledad, el desconocimiento, el sentimiento de inutilidad, de no poder seguir el ritmo, de luchar contra el océano, ahora me veo rodeado de gente, habituado a mi ambiente, feliz en mi trabajo, capaz de sobreponerme a las dificultades.
Hasta ahora, han sido meses, incluso diría años, de luchar en una trinchera llena de lodo, de navegar bajo la lluvia helada, de atravesar desiertos, sólo con algunas pocas treguas, algo de sol, algún oasis aislado.
Sin embargo, en los últimos días me han llovido las felicitaciones, he tenido planes para dar y tomar, me he sorprendido a mí mismo disfrutando de lo que hago... Algo que, acertaba una amiga, quién me lo iba a decir hace un año. Y dudo que ella pueda hacerse idea de lo perdido y atrapado por las dudas que llegué a estar. Tal vez ahora empiece a vislumbrar el puerto que buscaba cuando decidí partir, sin brújula, ni cartas, ni pertrechos, ni experiencia.
Ahora ya no tengo miedo a los lunes, ni a las oportunidades perdidas, ni a los fantasmas del pasado. Algunos siguen ahí, como cicatrices sobre mi piel, pero ya no duelen. Ahora viene lo mejor. El pasado sólo es el borrador de lo que haremos en el futuro. Tanto por recorrer todavía...
Por primera vez en mucho tiempo (tal vez en siete años) siento que el viento sopla a mi favor. Han sido muchos días de andar contra él, de cobijarme, de retroceder, de querer cambiar de rumbo. Ahora he creado mi espacio donde estoy cómodo, a gusto, donde todo funciona como es debido. Ha sido una tarea ardua. Ha merecido la pena. Y lo cierto es que apenas lo he visto llegar.
Por supuesto, todo tiene sus efectos colaterales. De un tiempo a esta parte la idea de seguir vagando por el mundo no me parece tan imprescindible. Tal vez por fin haya empezado a encontrar algo a lo que pertenecer, un sitio donde estar, algo de lo que sentirme orgulloso. Pero creo que, al menos hoy por hoy, no tendré que decidir entre seguir andando o quedarme donde estoy. Todo llegará. Y será decidido a su debido tiempo.
Pero en el fondo, me temo que es inevitable: creado un círculo de seguridad, un espacio de tranquilidad, nos adocenamos y no queremos que nada cambie en él. No queremos acercar a él nada que pueda alterarlo, amenazarlo, destruirlo. Sabemos que las cosas no permanecen como son ahora indefinidamente, y que obstinarse en no aceptar la necesidad del cambio sólo sirve para impedir que nos adaptemos y perdamos lo que tenemos, como arena entre los dedos.
Por eso, habrá que seguir en movimiento. Por eso, habrá que estar dispuesto a recoger los trastos y marcharse cuando haya que hacerlo. Y a no dormirse en los laureles. Y a decidir con corazón y cabeza qué es lo que necesito, e ir a por ello, aunque tenga que abandonar la comodidad de mi palacio de seguridades y adentrarme en la jungla de la duda y el riesgo a la derrota...
Toda esta filosofía... simplemente porque no me decido a invitarla a cenar...
Y es que, con lo bien que se está en mi Partenon, ¿quién querría salir y exponerse a la lluvia y los rayos, con la que está cayendo?
Ya he escrito sobre cómo ha pasado el tiempo desde un año hasta hoy, y cómo todo ha girado sobre su propio eje, y lo que antes era negro ahora es blanco. De la soledad, el desconocimiento, el sentimiento de inutilidad, de no poder seguir el ritmo, de luchar contra el océano, ahora me veo rodeado de gente, habituado a mi ambiente, feliz en mi trabajo, capaz de sobreponerme a las dificultades.
Hasta ahora, han sido meses, incluso diría años, de luchar en una trinchera llena de lodo, de navegar bajo la lluvia helada, de atravesar desiertos, sólo con algunas pocas treguas, algo de sol, algún oasis aislado.
Sin embargo, en los últimos días me han llovido las felicitaciones, he tenido planes para dar y tomar, me he sorprendido a mí mismo disfrutando de lo que hago... Algo que, acertaba una amiga, quién me lo iba a decir hace un año. Y dudo que ella pueda hacerse idea de lo perdido y atrapado por las dudas que llegué a estar. Tal vez ahora empiece a vislumbrar el puerto que buscaba cuando decidí partir, sin brújula, ni cartas, ni pertrechos, ni experiencia.
Ahora ya no tengo miedo a los lunes, ni a las oportunidades perdidas, ni a los fantasmas del pasado. Algunos siguen ahí, como cicatrices sobre mi piel, pero ya no duelen. Ahora viene lo mejor. El pasado sólo es el borrador de lo que haremos en el futuro. Tanto por recorrer todavía...
Por primera vez en mucho tiempo (tal vez en siete años) siento que el viento sopla a mi favor. Han sido muchos días de andar contra él, de cobijarme, de retroceder, de querer cambiar de rumbo. Ahora he creado mi espacio donde estoy cómodo, a gusto, donde todo funciona como es debido. Ha sido una tarea ardua. Ha merecido la pena. Y lo cierto es que apenas lo he visto llegar.
Por supuesto, todo tiene sus efectos colaterales. De un tiempo a esta parte la idea de seguir vagando por el mundo no me parece tan imprescindible. Tal vez por fin haya empezado a encontrar algo a lo que pertenecer, un sitio donde estar, algo de lo que sentirme orgulloso. Pero creo que, al menos hoy por hoy, no tendré que decidir entre seguir andando o quedarme donde estoy. Todo llegará. Y será decidido a su debido tiempo.
Pero en el fondo, me temo que es inevitable: creado un círculo de seguridad, un espacio de tranquilidad, nos adocenamos y no queremos que nada cambie en él. No queremos acercar a él nada que pueda alterarlo, amenazarlo, destruirlo. Sabemos que las cosas no permanecen como son ahora indefinidamente, y que obstinarse en no aceptar la necesidad del cambio sólo sirve para impedir que nos adaptemos y perdamos lo que tenemos, como arena entre los dedos.
Por eso, habrá que seguir en movimiento. Por eso, habrá que estar dispuesto a recoger los trastos y marcharse cuando haya que hacerlo. Y a no dormirse en los laureles. Y a decidir con corazón y cabeza qué es lo que necesito, e ir a por ello, aunque tenga que abandonar la comodidad de mi palacio de seguridades y adentrarme en la jungla de la duda y el riesgo a la derrota...
Toda esta filosofía... simplemente porque no me decido a invitarla a cenar...
Y es que, con lo bien que se está en mi Partenon, ¿quién querría salir y exponerse a la lluvia y los rayos, con la que está cayendo?
Al otro extremo
En realidad sí habían coincido en la misma ciudad, aunque no fue durante mucho tiempo. Él sólo llevaba unas semanas, ella toda la vida, pero más o menos cuando él había decidido quedarse ella había dado el paso que la habría de llevar lejos. Incluso habían hablado, siempre por teléfono, motivos profesionales, o tal vez no, sólo habían intercambiado uno de esos e-mails tan formales y asépticos de los que cada uno envíaba y recibía cientos al día.
Aunque lo cierto es que ni toda la frialdad del mundo, aplicada a un teclado de ordenador, puede evitar que un poco de nosotros se vaya con nuestros mensajes, sean del tipo que sea. Las palabras no se eligen al azar, los signos de admiración no se cuelan inadvertidos, los puntos no se multiplican solos para dejar abierta y soñadora una frase que debería ser cerrada y segura de sí misma... Eso les había llamado la atención al uno sobre el otro.
Eso fue antes de que ellos se separaran sin haber estado nunca juntos.
Después, pasó el tiempo, hasta que un día, hubo una llamada. Profesional, como todos aquellos otros e-mails. Pero de lo profesional saltaron a una broma, a un qué tal, a un qué haces trabajando a estas horas, a un qué harás en vacaciones... salpicados de bromas cómplices, de giros levemente descarados, de algún que otro comentario que parecía querer ir un poco más lejos. Incluso dejaban escapar algún silencio en el que los dos parecían quedarse pesando, ensimismados, juntos pero distantes, contemplando un mismo punto invisible en la distancia.
Pero, tal vez todo esto sólo era producto de la imaginación, de la falta de datos, de realidad, de unos ojos a los que mirar, unos gestos que intepretar, una presencia frente a la que reaccionar. Tal vez los puntos eran muy pocos y la linea que los unía, demasiado libre y caprichosa.
Además, estaban lejos. No se conocían, ni se conocerían, ni harían nada para hacerlo. Eso conllevaría preguntas tontas, problemas innecesarios, preocupaciones que no deseaban. ¿Para qué preguntarle qué te alejó de aquí? ¿Por qué querer saber qué te empujó hasta allí?
Así, podían permitirse soñar, aunque sólo fuese diez minutos cada uno o dos meses, siempre con una excusa profesional, con esa voz trasparente y lo que tras ella se ocultaba...
Aunque lo cierto es que ni toda la frialdad del mundo, aplicada a un teclado de ordenador, puede evitar que un poco de nosotros se vaya con nuestros mensajes, sean del tipo que sea. Las palabras no se eligen al azar, los signos de admiración no se cuelan inadvertidos, los puntos no se multiplican solos para dejar abierta y soñadora una frase que debería ser cerrada y segura de sí misma... Eso les había llamado la atención al uno sobre el otro.
Eso fue antes de que ellos se separaran sin haber estado nunca juntos.
Después, pasó el tiempo, hasta que un día, hubo una llamada. Profesional, como todos aquellos otros e-mails. Pero de lo profesional saltaron a una broma, a un qué tal, a un qué haces trabajando a estas horas, a un qué harás en vacaciones... salpicados de bromas cómplices, de giros levemente descarados, de algún que otro comentario que parecía querer ir un poco más lejos. Incluso dejaban escapar algún silencio en el que los dos parecían quedarse pesando, ensimismados, juntos pero distantes, contemplando un mismo punto invisible en la distancia.
Pero, tal vez todo esto sólo era producto de la imaginación, de la falta de datos, de realidad, de unos ojos a los que mirar, unos gestos que intepretar, una presencia frente a la que reaccionar. Tal vez los puntos eran muy pocos y la linea que los unía, demasiado libre y caprichosa.
Además, estaban lejos. No se conocían, ni se conocerían, ni harían nada para hacerlo. Eso conllevaría preguntas tontas, problemas innecesarios, preocupaciones que no deseaban. ¿Para qué preguntarle qué te alejó de aquí? ¿Por qué querer saber qué te empujó hasta allí?
Así, podían permitirse soñar, aunque sólo fuese diez minutos cada uno o dos meses, siempre con una excusa profesional, con esa voz trasparente y lo que tras ella se ocultaba...
¿Tenis, alguien?
Mientras oigo por la radio la retranmisión de la final masculina del US Open (como no tengo Eurosport, es lo único que me queda... ¡Qué desgracia!), pongo un poco al día el blog. No mucho que contar, pero al menos todo es bueno.
Teoría de la relatividad
Es curioso lo subjetivo que es el tiempo. Siete horas de tren pueden hacerse cortísimas; media hora de taxi, larguísima. El caso es que mientras volvía a Barcelona después de mis vacaciones, que me pareció que habían durado años, el tiempo corría rapidísimo. Y cuando cruzaba las calles que ahora me son tan familiares, me pareció que nunca había ido. Pero todo estaba bien. Eso era lo importante.
¿Opa hostil? ¡Y tanto!
Llegar a casa y encontrar que Endesa te ha cortado la luz es una jugarreta fea, y no tiene mucha gracia como "fiesta de bienvenida". Descubrir que el error fue suyo (cuando entré en mi piso, de alquiler, y cambié la domiciliación se equivocaron y me apuntaron como si estuviese pagando la luz del piso de abajo) es bastante irritante. Pasado el primer momento de cabreo XXL (me veía meses y meses sin luz, enfrentándome a una gymkana de obstáculos burocráticos), me puse a solucionarlo todo apelando a la sangre fría que un año de trabajo a doscientas pulsaciones por minuto me ha hecho desarrollar. Unas horas después la luz se hizo. Pero lo que es justo es justo: ellos me cortan la luz, yo les suspendo la cotización en Bolsa. Y eso que no tengo gas natural...
Sin noticias del SPV
Vuelta al trabajo, pero todo va despacio... al menos durante dos días. En cualquier caso, y sabiendo que es una declaración que se puede volver contra mí y que en cualquier caso podría ser entendida como síntoma de una clase aún más peligrosa de locura, estoy contento de volver. Al fin y al cabo, y pese a que mi trabajo me obliga a estar tenso como una cuerda de violín y a que me obliga a esfuerzos dignos de un nav egante surcando en solitario el Atlántico (no en vano pasé cincuenta horas seguidas - sin dormir, va de suyo - trabajando justo antes de irme de vacaciones), me encanta mi trabajo y darme cuenta de que, en la medida de lo posible, he aprendido a controlarlo un poco o al menos a no dejar que me supere. Así que el Síndrome Post-Vacacional no es para mí... ¡salvo que lo esté incubando y me ataque en unos días!
Configure su vida... antes de que se la configure otro
A lo largo de la vida, uno va conociendo gente, buena y mala, pero - por mal que suene - hay que aprender a elegir con quién queremos estar según lo que nos aporte y lo que les podamos aportar. Conozco algunas personas en BCN que me parecen del primer grupo (buena gente) pero que sin embargo no tengo claro que quiera tener como amigos o al menos como muy amigos. Más que nada me molesta que sean muy cerrados, poco sociables o "paraditos", y por otra parte absorbentes, axfisiantes. No me importa pasar tiempo con ellos de vez en cuando, salir alguna vez que otra con ellos, etc.; pero si eso hipoteca mi tiempo libre, haciéndome gastarlo todo con ellos, cerrándome así las puertas a conocer otras gente, hay que dar un paso al frente y hacerse a un lado. Entiendo que hay que echar una mano a la gente que le cuesta más abrirse y encontrar un hueco (si no hubiese gente que hiciera eso, lo habría pasado fatal en mis idas y venidas por el mundo), pero si esa gente no te sigue y se quedan en su rincón, no puedes quedarte con ellos. Al final, cada uno hace lo que quiere hacer, y no puedes empujar permanentemente a los demás, incluso cuando es por su propio bien.
En realidad, es más sencillo que todo ese rollo: todo está bien... en su justa medida.
Cumpleaños muy feliz
Que te frían a e-mails y llamadas y no te dejen trabajar puede ser una pesadez; ¡que sean felicitaciones de cumpleaños es otra cosa! El viernes lo pasé más que distraido pero mereció la pena. Por primera vez en mucho tiempo, le ví la gracia a eso de celebrar mi cumpleaños. Está claro que la distancia nos ayuda a darle valor a cosas que, cuando estamos cómodamente en casita, no les vemos tanta gracia.
El día-da
Además, como los años naturales pueden acabar siendo menos significativos que los "cursos", "temporadas" o como se les quiera llamar, en realidad son estos días de septiembre los que permiten calibrar cómo las cosas van cambiando año a año. Puedo tomar mi cumpleaños, o puedo tomar la Diada, que al fin y al cabo son casi el mismo día. Hace tres cumpleaños, estaba haciendo un examen de Derecho Financiero (puag). Hace dos, me recuerdo recorriendo un caminillo de baldosas en medio de Varsovia, camino de mi residencia de estudiantes preguntándome (más con sorpresa que con preocupación o arrepentimiento) que qué diantres hacía yo allí y qué me había llevado hasta ese lugar; la pasada Diada, un día gris y triste, intenté infructuosamente llenar la vacía nevera de mi vacío piso, sin conocer a nadie, rodeado de dudas e incertidumbres.
Este año, un amigo me ha llamado para ir a comer; el mismo con el que anoche estuvimos "quemando las calles" (tranquilamente, simplemente degustando garrafón en un par de bares supuestamente "cool" de Santaló) hasta las seis de la mañana. Y después, otro me ha invitado a ir con él a ver el Barça...
...
Hoy por hoy no me puedo quejar de nada... Una sensación rara... A la que no tengo problema alguno en acostumbrarme, si hace falta.
¡Pero estaré preparado para los malos e inevitables tiempos! Y si créeis que no, tenéis mi permiso para abofetearme.
¡No es broma!
Teoría de la relatividad
Es curioso lo subjetivo que es el tiempo. Siete horas de tren pueden hacerse cortísimas; media hora de taxi, larguísima. El caso es que mientras volvía a Barcelona después de mis vacaciones, que me pareció que habían durado años, el tiempo corría rapidísimo. Y cuando cruzaba las calles que ahora me son tan familiares, me pareció que nunca había ido. Pero todo estaba bien. Eso era lo importante.
¿Opa hostil? ¡Y tanto!
Llegar a casa y encontrar que Endesa te ha cortado la luz es una jugarreta fea, y no tiene mucha gracia como "fiesta de bienvenida". Descubrir que el error fue suyo (cuando entré en mi piso, de alquiler, y cambié la domiciliación se equivocaron y me apuntaron como si estuviese pagando la luz del piso de abajo) es bastante irritante. Pasado el primer momento de cabreo XXL (me veía meses y meses sin luz, enfrentándome a una gymkana de obstáculos burocráticos), me puse a solucionarlo todo apelando a la sangre fría que un año de trabajo a doscientas pulsaciones por minuto me ha hecho desarrollar. Unas horas después la luz se hizo. Pero lo que es justo es justo: ellos me cortan la luz, yo les suspendo la cotización en Bolsa. Y eso que no tengo gas natural...
Sin noticias del SPV
Vuelta al trabajo, pero todo va despacio... al menos durante dos días. En cualquier caso, y sabiendo que es una declaración que se puede volver contra mí y que en cualquier caso podría ser entendida como síntoma de una clase aún más peligrosa de locura, estoy contento de volver. Al fin y al cabo, y pese a que mi trabajo me obliga a estar tenso como una cuerda de violín y a que me obliga a esfuerzos dignos de un nav egante surcando en solitario el Atlántico (no en vano pasé cincuenta horas seguidas - sin dormir, va de suyo - trabajando justo antes de irme de vacaciones), me encanta mi trabajo y darme cuenta de que, en la medida de lo posible, he aprendido a controlarlo un poco o al menos a no dejar que me supere. Así que el Síndrome Post-Vacacional no es para mí... ¡salvo que lo esté incubando y me ataque en unos días!
Configure su vida... antes de que se la configure otro
A lo largo de la vida, uno va conociendo gente, buena y mala, pero - por mal que suene - hay que aprender a elegir con quién queremos estar según lo que nos aporte y lo que les podamos aportar. Conozco algunas personas en BCN que me parecen del primer grupo (buena gente) pero que sin embargo no tengo claro que quiera tener como amigos o al menos como muy amigos. Más que nada me molesta que sean muy cerrados, poco sociables o "paraditos", y por otra parte absorbentes, axfisiantes. No me importa pasar tiempo con ellos de vez en cuando, salir alguna vez que otra con ellos, etc.; pero si eso hipoteca mi tiempo libre, haciéndome gastarlo todo con ellos, cerrándome así las puertas a conocer otras gente, hay que dar un paso al frente y hacerse a un lado. Entiendo que hay que echar una mano a la gente que le cuesta más abrirse y encontrar un hueco (si no hubiese gente que hiciera eso, lo habría pasado fatal en mis idas y venidas por el mundo), pero si esa gente no te sigue y se quedan en su rincón, no puedes quedarte con ellos. Al final, cada uno hace lo que quiere hacer, y no puedes empujar permanentemente a los demás, incluso cuando es por su propio bien.
En realidad, es más sencillo que todo ese rollo: todo está bien... en su justa medida.
Cumpleaños muy feliz
Que te frían a e-mails y llamadas y no te dejen trabajar puede ser una pesadez; ¡que sean felicitaciones de cumpleaños es otra cosa! El viernes lo pasé más que distraido pero mereció la pena. Por primera vez en mucho tiempo, le ví la gracia a eso de celebrar mi cumpleaños. Está claro que la distancia nos ayuda a darle valor a cosas que, cuando estamos cómodamente en casita, no les vemos tanta gracia.
El día-da
Además, como los años naturales pueden acabar siendo menos significativos que los "cursos", "temporadas" o como se les quiera llamar, en realidad son estos días de septiembre los que permiten calibrar cómo las cosas van cambiando año a año. Puedo tomar mi cumpleaños, o puedo tomar la Diada, que al fin y al cabo son casi el mismo día. Hace tres cumpleaños, estaba haciendo un examen de Derecho Financiero (puag). Hace dos, me recuerdo recorriendo un caminillo de baldosas en medio de Varsovia, camino de mi residencia de estudiantes preguntándome (más con sorpresa que con preocupación o arrepentimiento) que qué diantres hacía yo allí y qué me había llevado hasta ese lugar; la pasada Diada, un día gris y triste, intenté infructuosamente llenar la vacía nevera de mi vacío piso, sin conocer a nadie, rodeado de dudas e incertidumbres.
Este año, un amigo me ha llamado para ir a comer; el mismo con el que anoche estuvimos "quemando las calles" (tranquilamente, simplemente degustando garrafón en un par de bares supuestamente "cool" de Santaló) hasta las seis de la mañana. Y después, otro me ha invitado a ir con él a ver el Barça...
...
Hoy por hoy no me puedo quejar de nada... Una sensación rara... A la que no tengo problema alguno en acostumbrarme, si hace falta.
¡Pero estaré preparado para los malos e inevitables tiempos! Y si créeis que no, tenéis mi permiso para abofetearme.
¡No es broma!
Establecido
Bueno, al fin he podido juntar los minutos necesarios para colgar la dirección de este blog en el antiguo y además dejaros "invitaciones" en los de mis poquillas lectoras habituales.
Ahora estoy a punto de salir a tomar una o más copas, pero mañana pondré el blog al día.
Mientras tanto, ¡espero que hayáis regresado bien de las vacaciones! Las mías... ¡Ya os contaré!
Ahora estoy a punto de salir a tomar una o más copas, pero mañana pondré el blog al día.
Mientras tanto, ¡espero que hayáis regresado bien de las vacaciones! Las mías... ¡Ya os contaré!
Un nuevo comienzo
Comienzo este weblog que en realidad es heredero de otro anterior. después de haber aprovechado este verano para, entre otras cosas, echar la vista atrás y haberme dado cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas en estos últimos meses (ni qué decir años). Pues bien, las cosas han cambiado... y yo mismo también. Desde que mi antiguo blog nació, han cambiado tanto que a veces me cuesta (un poco) reconocerme.
Dice el proverbio que cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse. De momento, creo que las cosas han ido a mejor, pero todo se verá, con el tiempo y con objetividad. Lo cierto es que estoy contento con la evolución que veo y noto. He cambiado el escenario de mi vida un par de veces seguidas y me he adaptado bien. Me he visto al límite de mis fuerzas, físicas y morales, he apretado los dientes y aguantado el tirón. He abandonado la comodidad de estar con mis amigos, mi familia, en mi terreno, y me he hecho un nuevo lugar en el mundo. En definitiva, me he puesto a prueba y he salido victorioso.
Todo esto es justo lo que necesitaba para superar dudas y miedos antiguos. Y, como no, luchar contra las dificultades nos cambia, nos pule, nos templa. Queda mucho por mejorar y avanzar, pero me alegra ver que he dejado atrás algunos errores que a veces me hacían muy difícil y odioso el día a día. De pronto, me he encontrado a mí mismo disfrutando el presente y mirando hacia el futuro con alegría y optimismo, repasando el pasado muy poco y siempre buscando lo positivo. He aprendido a controlar mis estados de ánimo y a volver a la tranquilidad cuando estallan, inevitablemente, tormentas. Me encuentro bien, y quiero que siga así.
Hay mucho camino por recorrer, muchas cosas por mejorar, muchas decisiones por tomar, muchas dificultades por superar. Un reto. Pero, ¿desde cuando no me gustan los retos? ¿cuándo los he evitado? Eso no va a cambiar. Tal vez sí la forma de afrontarlos. En cualquier caso, me he buscado una nueva "piel", un nuevo blog para una nueva andadura que en realidad es continuación de otra... Como todas, en realidad.
Así que se levanta el telón (otra vez): ¡comienza el juego!
Dice el proverbio que cuidado con lo que deseas, porque puede cumplirse. De momento, creo que las cosas han ido a mejor, pero todo se verá, con el tiempo y con objetividad. Lo cierto es que estoy contento con la evolución que veo y noto. He cambiado el escenario de mi vida un par de veces seguidas y me he adaptado bien. Me he visto al límite de mis fuerzas, físicas y morales, he apretado los dientes y aguantado el tirón. He abandonado la comodidad de estar con mis amigos, mi familia, en mi terreno, y me he hecho un nuevo lugar en el mundo. En definitiva, me he puesto a prueba y he salido victorioso.
Todo esto es justo lo que necesitaba para superar dudas y miedos antiguos. Y, como no, luchar contra las dificultades nos cambia, nos pule, nos templa. Queda mucho por mejorar y avanzar, pero me alegra ver que he dejado atrás algunos errores que a veces me hacían muy difícil y odioso el día a día. De pronto, me he encontrado a mí mismo disfrutando el presente y mirando hacia el futuro con alegría y optimismo, repasando el pasado muy poco y siempre buscando lo positivo. He aprendido a controlar mis estados de ánimo y a volver a la tranquilidad cuando estallan, inevitablemente, tormentas. Me encuentro bien, y quiero que siga así.
Hay mucho camino por recorrer, muchas cosas por mejorar, muchas decisiones por tomar, muchas dificultades por superar. Un reto. Pero, ¿desde cuando no me gustan los retos? ¿cuándo los he evitado? Eso no va a cambiar. Tal vez sí la forma de afrontarlos. En cualquier caso, me he buscado una nueva "piel", un nuevo blog para una nueva andadura que en realidad es continuación de otra... Como todas, en realidad.
Así que se levanta el telón (otra vez): ¡comienza el juego!