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Bajo una palmera
La vida, contemplada a la sombra de mi palmera
Acerca de
Soy un "suresteño" desplazado (voluntariamente) a Barcelona donde llevo mi vida, sin saber bien si estoy en un fin de trayecto o en una parada más en el camino. Mientras lo decido, me siento bajo la palmera que yo mismo he plantado y construido para escribir las cosas que voy viendo, que me van pasando... ¡sin que me dé mucho el sol en la cabeza!
Sindicación
 
Día en blanco
Ya se me había olvidado lo que es pasar un día deseando ver a alguien, y que acabe, y no verla, y que el día parezca un día perdido. O mejor dicho (casi peor) verla de lejos y privarme, voluntariamente, de ir a hablar con ella, de interrumpirla y recordarle que estoy allí, deseando pasar un rato con ella. Quiero evitar errores del pasado, apresurar los pasos y saltarme estaciones. No quiero precipitarme, forzar y descarrilar. Tengo miedo de agobiar hacerme pesado e insistente.

Quiero ir poco a poco, tanteando el terreno para evitar caerme en zanjas o encontrarme, como tantas otras veces, corriendo a algún sitio sin saber a dónde voy. Sé que debo ser paciente, lanzar sedal y recoger sedal, conocer y dejarme conocer, ir y dejar venir. Ya son muchas batallas, casi todas perdidas, y sé que las cosas bellas son fruto de la dedicación cuidadosa y artesanal, no del mazazo y la presión.

Con todo y con eso, me siento... no me atrevo a expresarlo con mis palabras, especialmente cuando hoy me he reencontrado en el blog de Isla Perdida (http://blogs.ya.com/islaperdida), con las de un maestro y con las que hoy me identifico totalmente. Con perdón y sin permiso y sin excusa, plagio:

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupacion de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oirte
alegria de oirte
buena suerte de oirte
y temores de oirte.

O sea,
resumiendo
estoy jodido y radiante
quizas mas lo primero
que lo segundo
y tambien
viceversa.


Mario Benedetti
 
¿Será posible?
¿De verdad? ¿Es posible? De nuevo el teléfono, ese instrumento de doble filo, me ha hecho conocer a alguien que parece diferente... Una compañera (esta vez de la misma ciudad) que desde el primer momento me llamó la atención: ¡alguien que se ríe! Sí sí, trabajamos, hablamos, comentamos cosas profesionales, ¡y se ríe! Y no parece que sea por cumplir, ni porque yo haga bromas... Simplemente, parece alegre, en general. ¿Cómo no me va a llamar la atención?

Pese a que siempre me refugio en mi parapeto, cerrando la puerta a la posibilidad de fracasar (y a la de triunfar), esta vez no he podido dejar de hacer una de mis especialidades: inventarme una excusa ridícula para acabar tomando un café con ella. Y lo mejor es que ella se prestó, hasta me lo recordó... Y tomamos el café, y fue bien... Cara a cara confirmé y aumenté mi sensación de que es un encanto...

Ahora estoy deseando encontrar la próxima excusa que me permita pasar y tomar un café con ella de nuevo, sin prisas, sin acelerar los plazos, disfrutando del tiempo que paso con ella, bromeando y hablando, conociéndola. No sé si estoy disparándome demasiado rápido, pensando cosas que no pueden ser pero... habrá que intentarlo.

¿Y si al final resulta ser tan maravillosa como parece? ¿Será posible?
 
Ahí va otro espejismo
Sigo adelante, dejando atrás el patinazo del que hablaba la semana pasada. Al final no fue para tanto, es decir, esperaba una reprimenda más violenta, más encarnizada, más visceral, pero todo se redujo a una conversación seria sobre la gravedad del fallo y la importancia de que no se vuelva a repetir.

Sigo adelante, pero ahí me he dejado un girón de prestigio, de confianza, de capacidad. Un amigo y compañero me dice que no es para tanto, que no cargue con culpas que son excesivas o injustas. Creo que el compañerismo inclina la balanza hacia mi lado (me disculpa un fallo que sé que en otra persona le habría parecido una aberración). Para bien o para mal, es lo que tienen los amigos (algunos): siempre eligen la opción más benévola, aunque no siempre sea la más realista ni la más justa.

Sigo adelante, a través del enrarecido ambiente en el trabajo, de los malos rollos, cada vez más preocupantes. Estamos en tinieblas sobre nuestros futuro, que seguramente no será tan lúgubre como creemos. Pero el ambiente está cargado y nadie abre las ventanas. Pese a todo, me encuentro criticando a gente y después tomando cervezas con esas mismas personas y dándome cuenta de que no son tan malas. Siempre me pasa lo mismo: puedo ser muy duro en la larga distancia, desde la atalaya, pero cuando me acerco al plano personal dejo la dureza y me fijo en la parte buena (aunque sólo sea mínima) de las personas. Si quiero ser duro, inflexible, implacable, debo mantenerme lejos.

Sigo adelante y me doy cuenta de que el pasado queda ya muy lejos, y el presente también. Hace unos meses pensaba que había superado mi atávica manía a alcanzar algo, medio dominarlo y, cuando ya lo consideraba "superado" (que era más o menos cuando ya estaba sintiendo cómodo, aunque no hubiese llegado a rematar la faena), aburrirme y empezar a pensar en cambiar de aires. Me pasó en el colegio, me pasó en el instituto, me pasó en la universidad, me pasó en el Máster (tiempo, record, un año y a los cuatro meses ya estaba deseando largarme de ahí) y ahora en el curro he atravesado una fase similar. Sin apenas haber empezado a vislumbrar la cima, haber conocido a unos cuantos amigos y haberme hecho (minimamente) a la ciudad, ya estaba sintiendo el picor que me hace echarme a la carretera otra vez, volver a barajar las cartas sin haberlas acabado de jugar, empezar de cero cuando ya estaba llegado al uno. Ahora lo tengo más o menos controlado, pero veo inevitable un cambio de escenario a corto o medio plazo, aunque sea sólo por una época. Antes miraba al futuro y veía el presente. Ahora miro al presente y quiero que el futuro sea distinto al presente. Pese a todo, pese a las puertas que se entreabren un poco más adelante en este pasillo que es la vida (Madrid, Nueva York, Brasil...) y a que más de una vez me sorprendo pensando en liar el petate y meterme en un avión, me debo de de estar volviendo mayor y (más) conservador, porque creo que irme ahora sería dejar a medio esta experiencia; y las experiencias a medias cuentan como cero. Si, por ejemplo, me dejara llevar por los cantos de sirena que me llegan de Madrid, me encontraría en el mismo sitio que hace quince meses: nuevo en la ciudad, nuevo en el trabajo, sin un bagaje que me pusiera a un nivel más allá o, peor aún, fingiendo estar un nivel más allá de aquél en el que estoy (lo cual conlleva bofetada segura).

Sigo adelante, y me encuentro pensando hora sí y hora también en otra chica (la enésima de la temporada, me olvido de que quemé mi cartucho de este año en la Nochevieja pasada y hasta el uno de enero próximo estoy maldito y nada me va a salir bien en este tema). Ahora es una compa de trabajo, pero de otro departamento. No sé si he escrito sobre ella antes; me llamó un día por un tema en el que fuimos a trabajar juntos. Su foto en la web interna del trabajo me pareció (perdonad la palabra) adorable (bueno, ella, no la foto). Su voz al teléfono, mejor todavía (no es aquella chica con la que ya quedé). Sobre todo porque siempre que hablamos se ríe, a la mínima bobada que digo, y claro, me incita a decir más y más bobadas. Sólo la ví un momento, una vez, de pasada. En realidad ella estaba despachando con un jefe y yo fui a darle un papel. Luego me metí en una conversación con el jefe sobre un tema. Mientras hablaba con él pensaba "no la mires, vas a parecer un lelo si lo haces, mantén la mirada en el jefe, haz como que escuchas...". Así, me privé de verla durante cinco minutos o así, pero los diez segundos que la ví me parecio estupenda. Ayer hablamos y hoy también. La llamé por una excusa estúpida que medio me inventé; ella me llamó por trabajo. Yo siempre intento hacerla reir. No sé otra forma de acercarme a ella (ni a nadie). A mi ex, la chica más maravillosa del mundo, y ahora mi gran confidente, le parece que es mi mejor valor; también dice que soy un cenizo y que me pierde mi pesimismo. Que vaya poco a poco, paso a paso, y veamos lo que pasa. No lo tengo nada claro, aunque diferencio entre cuando digo "no verlo claro" y "no verlo claro": hay muros de mármol, y muros de ladrillo. Los muros de mármol son fríos e impenetrables. Los muros de ladrillo siempre tienen resquicios, se pueden horadar, o escalar, o deshacer ladrillo a ladrillo... Es cuestión de ponerse a ello. Es cuestión de querer ponerse a ello.

Sigo adelante, y me planteo si debo hacerlo, o si debo desviarme de mi ruta a ninguna parte para ver si, efectivamente, éste no es más que un espejismo o si hay una realidad detrás; o incluso si, a fuerza de querer, puedo convertir un espejismo en realidad... No sería la primera vez, pero sí la segunda. Y por estúpido que parezca, tengo sensaciones parecidas a las de aquella vez...

Si has llegado hasta aquí, tómate una copa. ¡Invito yo!
 
Patética soledad
Mañana me va a caer una bronca en el curro de las que hacen impresión. ¿Eximentes? Ninguna. ¿Atenuantes? Que, en diez minutos, todo se ha solucionado. Pero a quien le importa (el jefe) no le vale que el final haya sido feliz; ha sido un trabajo mal hecho, un error grave, y habrá que apechugar con él.

¿Excusas? Sí, una, pero no la voy a blandir: que cuando hice aquel trabajo iba desbordadísimo de curro y aún no había aprendido una de las reglas más importantes de mi trabajo: no hagas más cosas de las que puedes hacer BIEN. Porque irás loco, despejando balones, y todo el mundo estará encantado de que hagas lo que te piden, y de que no les digas que no... hasta que un día te equivoques. Y ese día, el día que metas la pata hasta la rodilla (o más allá) a nadie le importará que ese día llevaras 48 horas sin dormir, o 5 veces más temas de los que puedes (y debes) asumir, o que nadie haya revisado tu trabajo pese a que seas un novato que, a tu nivel, no deberías asumir ninguna responsabilidad... A nadie le importa cuando la sangre llega (o casi llega) al río.

Y en esos momentos, cuando te han dicho "mañana hablaremos", no hay nada ni nadie en que te puedas amparar. Da igual a quién se lo cuentes, o a quién le pidas consejo... Sólo queda enfrentarse, poner la cara, que te la partan y aprender la lección. No basta desear los fines: hay que poner los medios. Y en eso aún me queda mucho camino por hacer.

Pero no: ante nuestras responsabilidades estamos solos. Ir a hablar con otros, contárselo a otros, buscar alivio en otros, es estéril. Os lo digo yo, sé de lo que hablo... En ciertos momentos, esta vida es un páramo bajo una tormenta; y los árboles (excusas) sólo atraen a los rayos que caen. Por eso, hemos de hacer lo necesario para no exponernos a la lluvia. Aunque conlleve decir "no" y ser egoista. Ésa es la única verdad.
 
Envidia
Si hay algo que me molesta de mí mismo es mi incapacidad para pensar de cara al futuro, prever, organizar, planear, en definitiva, todo lo que conlleve una cierta estrategia dirigida a obtener un fin. Ya sé que suena exagerado y rebuscado, pero es así. La gente con dos dedos de frente tiene claro qué quiere y qué hacer para conseguirlo. O al menos tienen claro un plan, aunque no siempre fructifique. Y ese plan no siempre consiste en ir directamente a por lo que quieres, a veces es más sinuoso, pero también (o precisamente por eso) funciona.

Sin embargo, yo no soy capaz de sentarme dos minutos (ni uno solo) a pensar, diseñar, medir, considerar. No tengo en cuenta las repercusiones de mis actos en los demás ni en mí mismo, salvo las más obvias e inmediatas. No fijo objetivos ni fines, y si lo hago no es por reflexión sino por puro instinto. Y entonces, esos objetivos son fácilmente matizables y obviables, porque no están arraigados ni cimentados.

Y por supuesto, no soy capaz de idear un plan de acción que incluya más de dos o tres pasos y que tenga en cuenta los factores externos, los elementos que le han de afectar, y menos aún si en ellos intervienen otras personas. Y si hago un plan, me dura lo que un estornudo, por lo mismo que no me duran los objetivos: no tienen una buena base.

Es por ello que envidio a los jugadores de ajedrez, a los tenistas, a los estrategas, a cualquier persona con un poco de mente, un poco de capacidad de reflexión y la paciencia para sentarse a pensar y planear. Nunca la he tenido y no sé si alguna vez la tendré. Pero está claro que sólo llegaré tan lejos como se pueda llegar en dos zancadas; y sólo conseguiré objetivos que pueda alcanzar de forma frontal, sin imaginación ni creatividad.

No sé a cuento de qué viene este auto-chorreo (o sí) pero es lo que se me ha ocurrido escribir hoy... sin ningún objetivo ni que obedezca a ningún plan ;)
 
Cumbres borrascosas
Para evitar soltar un nuevo ladrillazo pormenorizando mis andanzas, trataré de ir al grano (sabéis que no se me da muy bien). Las últimas dos semanas han sido de trabajo frenético, como siempre, pero con una diferencia. Las jornadas de 18-20 horas, empezando a las 9 y acabando a las 3-4 de la mañana cada día, han empezado a pasar factura de muy diversas maneras. Admito que estoy exhausto, cada vez con menos fuerzas y menos capacidad de recuperación. Obviamente eso repercute en la calidad de mi trabajo, en mis ganas, en mi salud física y mental, en mi capacidad para asumir nuevos temas y resolverlos.

Está claro que ha llegado el momento de bajar el ritmo, es decir, bajar a un ritmo normal-alto, como debe ser, no el superlativo-exagerado que llevo hasta ahora. Todavía más claro cuando yo, el día que más pronto vuelvo a casa, nunca es antes de medianoche, y otra gente a las 21 (como tarde) se enfunda en la americana y hace mutis por el foro. Esto ocurre porque los de arriba prefieren darle trabajo a los que ya conocen, a los que ya saben que responden (y la manera en que lo hacen) que los nuevos, en muchos de los cuales brillan (por su ausencia) el compromiso, el compañerismo y el espíritu de sacrificio, y brillan (por su presencia) el escaqueo, la queja, el divismo y la "listeza". Todo ello, sin acompañarlo de ninguna virtud, aparente u oculta, en su trabajo. Al contrario.

Pero, obviamente, mientras unos hagamos el trabajo de dos (o tres), esos dos o tres quedarán a la sombra y podrán permitirse el lujo de salirse con la suya, yéndose a casa a dormir temprano porque su novia está esperándoles o porque están acostumbrados a dormir muchas horas, como si los demás hubiésemos elegido el celibato o dormir nos pareciese una actividad aburrida y poco provechosa.

Así que esto debe cambiar porque lo que es seguro es que nadie va a preocuparse por uno, sólo uno mismo. Las cosas no cambian solas sino que las hacemos cambiar. Y hay que saber decir "no", hay que saber decir "esto no está bien", y "esto así no se hace".

Hablé con un compañero y amigo que puso el dedo en otra llaga. Me decía que, pese a que obviamente ahora estoy más integrado en la vida en Barcelona, a que ya tengo amigos dentro y fuera del trabajo, no acaba de ver que rompa con el círculo vicioso de dedicarme sólo al trabajo. Sí, salgo de fiesta, sí, voy al fútbol, pero sin llegar a desconectar. Me decía, si tú eres un tío con muchas inquietudes... Y tiene razón en que tengo muchas inquietudes y en que de un año a esta parte las tengo descuidadas: no leo, no pienso, no estudio... nada que no tenga que ver con el trabajo. Lo que hago cuando no estoy currando son meros entretenimientos que no suelen ir más allá de salir el sábado hasta las 6 o las 7, ir a un partido del Barça, de ir a cenar con algunos colegas. Pero sin ir más allá, sin que eso sea más que unos breves intermedios, sin que configure "la otra cara de la moneda". Hoy por hoy me dedico exclusivamente a mi trabajo y no acabo de enganchar una vida más allá del mismo.

Mi amigo siempre me dice que a ver cuando me echo una novia catalana que me distraiga del trabajo y me obligue a bajar el ritmo. No lo dice sólo por eso, claro, lo dice porque sería signo de que no estoy aquí (en Barcelona y en esta vida) para currar sino también para algo más, para desarrollar ese lado de la vida de una persona que no tiene nada que ver con el trabajo. Además, le molesta cuando le respondo que no tengo tiempo para eso ni quiero distracciones que hagan peor mi trabajo. Esto es una verdad a medias. No es cierto que rechace la idea de tener pareja, pero sí es cierto que me cuesta mucho planteármela ahora (sobre todo porque no hay una persona por la cual plantearse nada). Pero sí es cierto que el lavado de cerebro que nos imponen y nos autoimponemos a veces nos hace pensar "oh, vaya, he quedado a cenar en una hora, pero si en vez de irme a cenar me quedase trabajando, acabaría esto y aquello...". Dice él que este pensamiento es un síntoma muy grave de workaholismo avanzado. Seguramente tiene trazón. Pero es que siempre es más fácil apostarlo todo a un número, concentrarnos exclusivamente en algo, y eso mismo nos da la excusa para descuidar otras cosas, otros aspectos que nos cuestan más. No es fácil alcanzar el equilibrio.

Pero el equilibro es, como decía una persona a quien conocí ahora hace una semana, la clave, lo que hay que buscar.

Se alcanzan unas cumbres y entonces hay que poner la vista en las siguientes, que siempre son más altas y complicadas. Me he ganado un respeto en mi trabajo pero ahora hay que buscar hacerlo bien, sin tener que demostrar mi capacidad de sacrificio, sólo preocupándome de hacerlo bien y de manera que me permita disfrutar una cierta calidad de vida. Y fuera de las paredes de la oficina, dar un paso más allá. Ya tengo amiguetes, ya tengo entretenimientos, pero mi modo de vida los fines de semana no puede limitarse a salir el viernes, salir el sábado y dormir y ver la tv el resto del tiempo. Hoy he salido a la calle y se me ha hecho extraño ver el sol. Nunca antes esto me había pasado... Porque recuento las cosas que hago a lo largo de una semana y no me salen más de tres... Y ninguna de ellas responde a mis inquietudes "meta-profesionales", es decir, más allá del trabajo.

Equilibrio, equilibrio, equilibrio... Tal vez de tanto buscar el equilibrio en algunas facetas otras se han ido al carajo. Y tal vez de tantos hachazos sin descanso el hacha se haya quedado sin filo.

Equilibrio, sí, pero... ¿cómo? ¿dónde? ¿Cuál es la rehabilitación para eso?

P.D.: No he podido evitar que me salga un ladrillo... Ya me perdonaréis.