¡Feliz 2006!
Os deseo a todos un feliz 2006, lleno de "cosas buenas" y con pocas "cosas malas"...
Yo, por mi parte, tengo buenas vibraciones para el próximo año... ¡Pero igual es que hay un terremoto y no me he dado cuenta!
Yo, por mi parte, tengo buenas vibraciones para el próximo año... ¡Pero igual es que hay un terremoto y no me he dado cuenta!
Seré breve
En fin, como cualquiera con dos dedos de frente que hubiese estado en mi lugar habría supuesto, hemos pasado de "un, dos, tres, ¡splash!" a "crash boom bang". Como la historia es bastante tonta y bastante más humillante todavía, la resumo:
- El viernes por la mañana me llevé el regalo al curro;
- Tuve una firma con un cliente superimportante que fue fenomenal y me felicitaron por la misma:
- Después de la firma, fui a buscar a la musa para darle su regalo;
- Llegué, estaba reunida, así que decidí esperar fuera de su sitio;
- Pasó un cuarto de hora, media hora, tres cuartos; mi situación como pasmarote era más que llamativa e inexplicable;
- A la hora de esperar decidí dejarle el regalo junto con una nota;
- Cuando ya me iba (hora y cuarto) salió de su reunión, me vio y pasó como un bólido frente a mí sin pararse más que para decir "no tengo tiempo"... pese a que le dije que estaba allí para felicitarla. Le dí el regalo, me dijo seis mil veces (o más) lo mal que le hacía sentir y después me dijo que se tenía que ir porque la estaban esperando para comer. Le dije que la acompañaba a la puerta, lo cual fue algo así como ir un metro detrás de ella. Después nos despedimos gélidamente (sobre todo ella).
- Aquí iría cuando os debería contar el cabreo que pillé, primero conmigo mismo, luego con ella, pero os lo ahorro. Cabreo que retrasmití en directo (uno es así de capullo) por teléfono a Selene, mi amiga (mi ex de la que hablaba hace poco).
- Fin de semana de Navidad.
- Martes, vuelta al curro, recibo un email de la musa diciendo que no va a tener tiempo de mirarse aquella nómina que le pasé hace... dos meses (más o menos) y que me la devuelve por mensajero interno.
Y hasta aquí llega la hecatombe. Como soy la clase de persona que se toma las nimiedades muy a la tremenda y los golpes duros los capea sin darles tanta importancia, ahora estoy mejor que nunca, surfeando sobre la ola.
Lo que está claro es que algo fue estrepitósamente mal, pero me asombra mi capacidad de superación en el desastre, es decir, de superar el desastre anterior con uno aún mayor. Y, vaya, algo tengo que estar haciendo muy mal para que las cosas sean así. A ver, que no soy el maldito monstruo del pantano. No soy un ligón, ni un casanova, pero no espanto a la gente en general ni a las chicas en particular. Honestamente creo que mi ex del máster era una de las chicas más guapas y simpáticas del mismo, y hace ya algo más de tiempo estuve con una modelo de Channel (ya, ya, yo tampoco lo entiendo, pero eso es lo de menos), Ali y Virginia tampoco estaban mal (y fui yo el que cortó en ambas ocasiones), por no hablar de Selene, que no se dedica a hacer pases de modelo precisamente porque es demasiado inteligente y tiene demasiado sentido común como para eso (no digo que las modelos sean tontas, sino que las mejores virtudes de Selene, que por cierto no se llama así en realidad, a ver, sus mejores virtudes no son las físicas, ni lo que ella quiere hacer es eso; pero cada dos por tres la llaman de agencias y esas cosas para que desfile).
En fin, que, como decía, el problema no es que yo sea un quasimodo o la masa o algo así. Tiene que estar en otro lugar, por tanto. Se me ocurre que puede ser o bien en el "objetivo" o bien en el "modus operandi".
En cualquier caso no le voy a dedicar a este tema ni cinco ni tres ni un minuto de mi tiempo; tengo cosas más importantes en las que pensar como, por ejemplo, qué diantres quiero hacer con mi vida de aquí a medio y largo plazo, y empezar a aferrarme al timón y dejar de que me arrastre la corriente (por muy bonitos que sean los lugares a que me pueda llevar). Es hora de poner metas, trazar planes... y seguirlos. ¡Casi nada! Y en este aspecto, el que la pava de la musa pase de mí de forma tan... directa no me afecta en absoluto, y en general el tema de una eventual pareja es accesorio a otros temas mucho más importantes, hoy por hoy, para mí. A esos sí les quiero dedicar tiempo y esfuerzo. Lo otro son pérdidas de tiempo, y más después de ver lo despistado que voy últimamente.
Por cierto, no os he felicitado la Navidad... ¡Felicidades! Ahora se acerca el año nuevo... La Nochevieja me da tanta pereza que me quedaría en casa durmiendo. Y ojo que no está descartada esa opción...
P.D.: He hablado con Selene, que está pasando un momento muy malo (diría que crítico, pero no soy muy bueno haciendo pronósticos) con su novio, por culpa de su novio y que puede acabar muy mal. Mi comentario al respecto es: hay gente que es TONTA porque no se da cuenta de lo que tiene entre las manos (hasta que se le ha escapado). Si de verdad el novio se carga (si es que no lo ha hecho ya) una relación de nosecuantos años con ella... En fin, se habrá buscado su propio infierno.
Y sé de lo que hablo: yo lo hice antes que él, y ni siquiera fue por otra chica... Fue por... ¿orgullo? ¿autosuficiencia? ¿inmadurez? ¿estupidez concentrada? Todo agitado y servido bien caliente. En fin, que si él tiene una licenciatura en estupidez, yo tengo el máster.
Pero creo sinceramente que Selene es de una pasta especial, una chica como seguramente no hay otra (ya, pensáis que exagero, pero no lo hago), y que arrastra la (hasta cierto punto lógica e inevitable) maldición de encontrarse con chicos que no le merecen ni de lejos (de nuevo, yo el primero, o de los primeros), principalmente aquejados por el mal de los celos crónicos (casualmente, yo no lo tuve, o al menos nada comparado con lo suyo) y sobre todo por el mal de no saber apreciarla (ahí sí me apunto).
Ella que se merece lo mejor, no lo encuentra. Así va este mundo...
O igual sí, si mañana todo lo que les ha pasado ha sido un malentendido y todo sigue su curso. Cosas más raras se han visto...
En cualquier caso, siempre me da la sensación de que ella me da más apoyo del que yo le sé o le puedo dar. Me veo como un pedigüeño tacaño, y ni siquiera sé qué hacer al respecto. ¿Yo dando consejos? ¿Yo dando ánimos? No sé hacer ni una ni otra cosa...
¿Qué me queda, pues?
Por hoy, irme a dormir...
P.D.2.: No he sido breve, ya lo sé.
P.D.3.: No borro el post "back on track" por... No sé por qué no, la verdad.
- El viernes por la mañana me llevé el regalo al curro;
- Tuve una firma con un cliente superimportante que fue fenomenal y me felicitaron por la misma:
- Después de la firma, fui a buscar a la musa para darle su regalo;
- Llegué, estaba reunida, así que decidí esperar fuera de su sitio;
- Pasó un cuarto de hora, media hora, tres cuartos; mi situación como pasmarote era más que llamativa e inexplicable;
- A la hora de esperar decidí dejarle el regalo junto con una nota;
- Cuando ya me iba (hora y cuarto) salió de su reunión, me vio y pasó como un bólido frente a mí sin pararse más que para decir "no tengo tiempo"... pese a que le dije que estaba allí para felicitarla. Le dí el regalo, me dijo seis mil veces (o más) lo mal que le hacía sentir y después me dijo que se tenía que ir porque la estaban esperando para comer. Le dije que la acompañaba a la puerta, lo cual fue algo así como ir un metro detrás de ella. Después nos despedimos gélidamente (sobre todo ella).
- Aquí iría cuando os debería contar el cabreo que pillé, primero conmigo mismo, luego con ella, pero os lo ahorro. Cabreo que retrasmití en directo (uno es así de capullo) por teléfono a Selene, mi amiga (mi ex de la que hablaba hace poco).
- Fin de semana de Navidad.
- Martes, vuelta al curro, recibo un email de la musa diciendo que no va a tener tiempo de mirarse aquella nómina que le pasé hace... dos meses (más o menos) y que me la devuelve por mensajero interno.
Y hasta aquí llega la hecatombe. Como soy la clase de persona que se toma las nimiedades muy a la tremenda y los golpes duros los capea sin darles tanta importancia, ahora estoy mejor que nunca, surfeando sobre la ola.
Lo que está claro es que algo fue estrepitósamente mal, pero me asombra mi capacidad de superación en el desastre, es decir, de superar el desastre anterior con uno aún mayor. Y, vaya, algo tengo que estar haciendo muy mal para que las cosas sean así. A ver, que no soy el maldito monstruo del pantano. No soy un ligón, ni un casanova, pero no espanto a la gente en general ni a las chicas en particular. Honestamente creo que mi ex del máster era una de las chicas más guapas y simpáticas del mismo, y hace ya algo más de tiempo estuve con una modelo de Channel (ya, ya, yo tampoco lo entiendo, pero eso es lo de menos), Ali y Virginia tampoco estaban mal (y fui yo el que cortó en ambas ocasiones), por no hablar de Selene, que no se dedica a hacer pases de modelo precisamente porque es demasiado inteligente y tiene demasiado sentido común como para eso (no digo que las modelos sean tontas, sino que las mejores virtudes de Selene, que por cierto no se llama así en realidad, a ver, sus mejores virtudes no son las físicas, ni lo que ella quiere hacer es eso; pero cada dos por tres la llaman de agencias y esas cosas para que desfile).
En fin, que, como decía, el problema no es que yo sea un quasimodo o la masa o algo así. Tiene que estar en otro lugar, por tanto. Se me ocurre que puede ser o bien en el "objetivo" o bien en el "modus operandi".
En cualquier caso no le voy a dedicar a este tema ni cinco ni tres ni un minuto de mi tiempo; tengo cosas más importantes en las que pensar como, por ejemplo, qué diantres quiero hacer con mi vida de aquí a medio y largo plazo, y empezar a aferrarme al timón y dejar de que me arrastre la corriente (por muy bonitos que sean los lugares a que me pueda llevar). Es hora de poner metas, trazar planes... y seguirlos. ¡Casi nada! Y en este aspecto, el que la pava de la musa pase de mí de forma tan... directa no me afecta en absoluto, y en general el tema de una eventual pareja es accesorio a otros temas mucho más importantes, hoy por hoy, para mí. A esos sí les quiero dedicar tiempo y esfuerzo. Lo otro son pérdidas de tiempo, y más después de ver lo despistado que voy últimamente.
Por cierto, no os he felicitado la Navidad... ¡Felicidades! Ahora se acerca el año nuevo... La Nochevieja me da tanta pereza que me quedaría en casa durmiendo. Y ojo que no está descartada esa opción...
P.D.: He hablado con Selene, que está pasando un momento muy malo (diría que crítico, pero no soy muy bueno haciendo pronósticos) con su novio, por culpa de su novio y que puede acabar muy mal. Mi comentario al respecto es: hay gente que es TONTA porque no se da cuenta de lo que tiene entre las manos (hasta que se le ha escapado). Si de verdad el novio se carga (si es que no lo ha hecho ya) una relación de nosecuantos años con ella... En fin, se habrá buscado su propio infierno.
Y sé de lo que hablo: yo lo hice antes que él, y ni siquiera fue por otra chica... Fue por... ¿orgullo? ¿autosuficiencia? ¿inmadurez? ¿estupidez concentrada? Todo agitado y servido bien caliente. En fin, que si él tiene una licenciatura en estupidez, yo tengo el máster.
Pero creo sinceramente que Selene es de una pasta especial, una chica como seguramente no hay otra (ya, pensáis que exagero, pero no lo hago), y que arrastra la (hasta cierto punto lógica e inevitable) maldición de encontrarse con chicos que no le merecen ni de lejos (de nuevo, yo el primero, o de los primeros), principalmente aquejados por el mal de los celos crónicos (casualmente, yo no lo tuve, o al menos nada comparado con lo suyo) y sobre todo por el mal de no saber apreciarla (ahí sí me apunto).
Ella que se merece lo mejor, no lo encuentra. Así va este mundo...
O igual sí, si mañana todo lo que les ha pasado ha sido un malentendido y todo sigue su curso. Cosas más raras se han visto...
En cualquier caso, siempre me da la sensación de que ella me da más apoyo del que yo le sé o le puedo dar. Me veo como un pedigüeño tacaño, y ni siquiera sé qué hacer al respecto. ¿Yo dando consejos? ¿Yo dando ánimos? No sé hacer ni una ni otra cosa...
¿Qué me queda, pues?
Por hoy, irme a dormir...
P.D.2.: No he sido breve, ya lo sé.
P.D.3.: No borro el post "back on track" por... No sé por qué no, la verdad.
Addendum
Por cierto, se me olvidaba... Contesto a vuestros comentarios a mis últimos posts. Muchas gracias por los ánimos... Y siento no haberlo hecho antes, pero entre el exceso de trabajo y la ausencia de conexión a Internet en casa, ¡lo he tenido crudísimo!
De nuevo, ¡mil gracias!
De nuevo, ¡mil gracias!
Back on track
Hola de nuevo... Siento haber estado unos cuantos días desaparecido pero Telefónica me castigó con un "apagón mediático" que ha evitado que pudiera seguir volando en Internet mi pesimismo habitual y haya podido dedicar las noches a reflexionar sin soltar prenda, salvo a una gran amiga con la que, a falta de messenger, he asaltado telefónicamente.
La verdad es que esa chica es sin duda alguna la persona más excepcional que conozco y se merece un homenaje o cien. Simpática, inteligente, divertida, guapísima, trabajadora, buena, positiva, buena amiga... Creo que ya hace mucho que no hablo de ella, seguramente no desde que este blog está en su ubicación actual. Pero siempre me alegraré de conocerla y de poder llamarla con mis tonterías y mis chaladuras sabiendo que un minuto o una hora más tarde colgaré el teléfono con una sonrisa nueva y una visión más positiva de la vida; sigue llamándome "cenizo" (es su forma de decir que soy muy pesimista, aunque ella sabe que es mitad pesimismo mitad victimismo provocado para recibir un poco de ánimo externo) y empujándome suave y sutilmente para que saque lo mejor de mí mismo y disfrute la vida.
Cómo es posible que esa chica tan maravillosa y yo saliéramos durante un año (hace ya unos cuantos) es uno de esos misterios del universo que probablemente queden inexplicados eternamente; cómo me cargué yo solito y de un plumazo una relación que funcionaba a las mil maravillas (¡nunca nos llegamos a pelear! y éramos, sobre todo, el mejor amigo del otro), se explica fácilmente en mi estupidez soberana.
Pero eso, como dicen en EE.UU., "is a whole different story"...
El caso es que en estos días que he estado alejado del blog las cosas han girado un poco. La última vez que escribí me había llevado un par de mazazos que, realmente, me busqué por tonto y por engreido. Me pasé un fin de semana caminando por el fondo y luego decidí que un poco de reflexión y vuelta a los orígenes no me vendría mal. De pronto las cosas empiezan a funcionar de nuevo, poquito a poquito, paso a paso. Ladrillo a ladrillo.
Y de pronto, cuando pensaba que no sabria nada más de mi Musa, recibo cuatro llamadas "profesionales" suyas... en dos días. Y después la encuentro (vale, la busco) en la cena de Navidad del curro, hablamos, me comenta que pronto será su cumpleaños, que me debe muchos cafés... Y de pronto me veo pensando que no es posible, que parece que tal vez ella también quiera arriesgarse (en su caso es, en efecto, un riesgo) a conocerme... No lo entiendo, pero diría que es eso.
Después han venido días duros, en los que sólo la he podido ver minutos sueltos, hablar con ella segundos, porque está agobiadísima. Me entristece oirla tan estresada, me gustaría que tuvieramos el tiempo de tomar esos cafés, de dar un paseo, me da miedo que lo profesional ahogue a lo que pudiera venir en el futuro... Y ahí tengo a mi amiga, de la que hablaba antes, recordándome lo duro que fue mi inicio, cuando trabajaba hasta veinte horas al día... Y me doy cuenta de que así son las cosas en este mundo que hemos elegido vivir.
Y de pronto me doy cuenta de que estoy en una de esas encrucijadas en las que me veo de vez en cuando, y que básicamente siempre se resuelven de la misma manera. De un lado, la opción "con la música otra parte": no te lances, déjalo pasar, el riesgo es demasiado alto, tápate y sigue tu camino. Del otro, la opción "a las trincheras": ser paciente, insistente pero no pesado, estar allí aunque las cosas se compliquen y las nubes cubran el sol... sabiendo que detrás puede estar el éxito... o el fracaso más estrepitoso.
Y en estas encrucijadas sé que casi siempre elijo el camino que me aleja del reto... Pero no siempre. Y de hecho veo que las veces que en un reto mi instinto no ha sido el de huir sino el de plantar cara, dar batalla, luchar hasta el final, ha sido porque lo que había detrás merecía la pena. Mirad, a la chica que me llamó y a la que invité al cine (y me dió largas...) no la he vuelto a ver, ni la he vuelto a llamar... Y me da igual, por guapa y maja que sea. No es mi guerra, no quiero que la sea.
Y sin embargo, esta vez... Esta vez es distinta. Ahí está ella, la Musa, y quiero conocerla, quiero mirarle a los ojos y perderme en ellos, quiero saber qué piensa y cómo lo piensa, y que el tiempo pase a nuestro alrededor. Esta vez tiene que ser distinta. No puede resolverse en un instante, en un día, en que todo se decide y de pronto encontrarme a doscientos por hora en una autopista que desconozco y sin ni siquiera saber si voy en dirección contraria... Así me he estrellado tantas veces... y con chicas estupendas, algunas, y terribles, otras. Pero en todas, el tejado se nos ha venido encima por no poner cimientos a la casita.
En todas menos una, hace muchos años, la amiga de la que hablaba antes. Aquella vez funcionó hasta que decidí que tanta felicidad no podía ser para mí. Pero tal vez lo que funcionó aquella vez no sea lo que funcione ahora. Hoy hay que ir despacio, poquito a poquito, paso a paso. Ladrillo a ladrillo. Disfrutando del camino. Conquistando metro a metro, palmo a palmo. Aunque de ésta salga cafeinómano, aunque piense mil veces que no le intereso porque soy aburrido y pedante (que lo soy) y aunque piense mil veces que ella es demasiado guapa y buena para mí (que lo es).
Mañana es su cumpleaños y el domingo fui a comprarle un regalito... Ya os contaré qué pasó... Sólo de pensar en dárselo me estoy poniendo malo de los nervios...
La verdad es que esa chica es sin duda alguna la persona más excepcional que conozco y se merece un homenaje o cien. Simpática, inteligente, divertida, guapísima, trabajadora, buena, positiva, buena amiga... Creo que ya hace mucho que no hablo de ella, seguramente no desde que este blog está en su ubicación actual. Pero siempre me alegraré de conocerla y de poder llamarla con mis tonterías y mis chaladuras sabiendo que un minuto o una hora más tarde colgaré el teléfono con una sonrisa nueva y una visión más positiva de la vida; sigue llamándome "cenizo" (es su forma de decir que soy muy pesimista, aunque ella sabe que es mitad pesimismo mitad victimismo provocado para recibir un poco de ánimo externo) y empujándome suave y sutilmente para que saque lo mejor de mí mismo y disfrute la vida.
Cómo es posible que esa chica tan maravillosa y yo saliéramos durante un año (hace ya unos cuantos) es uno de esos misterios del universo que probablemente queden inexplicados eternamente; cómo me cargué yo solito y de un plumazo una relación que funcionaba a las mil maravillas (¡nunca nos llegamos a pelear! y éramos, sobre todo, el mejor amigo del otro), se explica fácilmente en mi estupidez soberana.
Pero eso, como dicen en EE.UU., "is a whole different story"...
El caso es que en estos días que he estado alejado del blog las cosas han girado un poco. La última vez que escribí me había llevado un par de mazazos que, realmente, me busqué por tonto y por engreido. Me pasé un fin de semana caminando por el fondo y luego decidí que un poco de reflexión y vuelta a los orígenes no me vendría mal. De pronto las cosas empiezan a funcionar de nuevo, poquito a poquito, paso a paso. Ladrillo a ladrillo.
Y de pronto, cuando pensaba que no sabria nada más de mi Musa, recibo cuatro llamadas "profesionales" suyas... en dos días. Y después la encuentro (vale, la busco) en la cena de Navidad del curro, hablamos, me comenta que pronto será su cumpleaños, que me debe muchos cafés... Y de pronto me veo pensando que no es posible, que parece que tal vez ella también quiera arriesgarse (en su caso es, en efecto, un riesgo) a conocerme... No lo entiendo, pero diría que es eso.
Después han venido días duros, en los que sólo la he podido ver minutos sueltos, hablar con ella segundos, porque está agobiadísima. Me entristece oirla tan estresada, me gustaría que tuvieramos el tiempo de tomar esos cafés, de dar un paseo, me da miedo que lo profesional ahogue a lo que pudiera venir en el futuro... Y ahí tengo a mi amiga, de la que hablaba antes, recordándome lo duro que fue mi inicio, cuando trabajaba hasta veinte horas al día... Y me doy cuenta de que así son las cosas en este mundo que hemos elegido vivir.
Y de pronto me doy cuenta de que estoy en una de esas encrucijadas en las que me veo de vez en cuando, y que básicamente siempre se resuelven de la misma manera. De un lado, la opción "con la música otra parte": no te lances, déjalo pasar, el riesgo es demasiado alto, tápate y sigue tu camino. Del otro, la opción "a las trincheras": ser paciente, insistente pero no pesado, estar allí aunque las cosas se compliquen y las nubes cubran el sol... sabiendo que detrás puede estar el éxito... o el fracaso más estrepitoso.
Y en estas encrucijadas sé que casi siempre elijo el camino que me aleja del reto... Pero no siempre. Y de hecho veo que las veces que en un reto mi instinto no ha sido el de huir sino el de plantar cara, dar batalla, luchar hasta el final, ha sido porque lo que había detrás merecía la pena. Mirad, a la chica que me llamó y a la que invité al cine (y me dió largas...) no la he vuelto a ver, ni la he vuelto a llamar... Y me da igual, por guapa y maja que sea. No es mi guerra, no quiero que la sea.
Y sin embargo, esta vez... Esta vez es distinta. Ahí está ella, la Musa, y quiero conocerla, quiero mirarle a los ojos y perderme en ellos, quiero saber qué piensa y cómo lo piensa, y que el tiempo pase a nuestro alrededor. Esta vez tiene que ser distinta. No puede resolverse en un instante, en un día, en que todo se decide y de pronto encontrarme a doscientos por hora en una autopista que desconozco y sin ni siquiera saber si voy en dirección contraria... Así me he estrellado tantas veces... y con chicas estupendas, algunas, y terribles, otras. Pero en todas, el tejado se nos ha venido encima por no poner cimientos a la casita.
En todas menos una, hace muchos años, la amiga de la que hablaba antes. Aquella vez funcionó hasta que decidí que tanta felicidad no podía ser para mí. Pero tal vez lo que funcionó aquella vez no sea lo que funcione ahora. Hoy hay que ir despacio, poquito a poquito, paso a paso. Ladrillo a ladrillo. Disfrutando del camino. Conquistando metro a metro, palmo a palmo. Aunque de ésta salga cafeinómano, aunque piense mil veces que no le intereso porque soy aburrido y pedante (que lo soy) y aunque piense mil veces que ella es demasiado guapa y buena para mí (que lo es).
Mañana es su cumpleaños y el domingo fui a comprarle un regalito... Ya os contaré qué pasó... Sólo de pensar en dárselo me estoy poniendo malo de los nervios...
Un, dos, tres, ¡splash!
Pues sí, splash por el jarro (mejor dicho, dos) de agua fría del viernes... Uno de esos días en los que te das cuenta de la degradación que estás sufriendo. Y uso la palabra degradación sin haberla mirado en el diccionario para ver si tiene el significado que quiero darle en este momento.
Estoy pensando en un cambio lento pero progresivo, en este caso a peor. Básicamente, el fenómeno consiste en que un día abres los ojos (o te los abren) y te das cuenta de que virtudes que antes tenías y que dabas por hecho se han esfumado. Me parece que todo lo que tiene que ver con la personalidad (virtudes, defectos, hábitos, constumbres, vicios) es dinámico y cambiante, y no se mantiene por inercia sino por voluntad, y si no avanza retrocede. Es un arma de doble filo: un buen hábito puede desarrollarse; uno puede volverse más seguro, o más simpático, intentándolo una y otra vez, pensando y actuando, puliendo defectos. Seguro que ya he contado alguna vez lo que me decía mi profesora de tenis: cualquier pelota es buena para practicar. Tanto si estás jugando un partido como si simplemente estás pasándola a tu rival por encima de la red para que saque, o arrinconándolas en una esquina de la pista para recogerlas, cada golpe que le des a una pelota es una oportunidad de practicar.
El otro filo es, claro, el malo, y es que las cosas buenas también se echan a perder. Un buen día puedes darte cuenta de que te cuesta mantener una conversación (que no sea de trabajo, o de fútbol) con alguien, que no sabes mostrar interés en los demás (ni generarlo), nio mostrarte interesante, que has perdido el hábito de la concentración, que en los últimos meses apenas has leido, que escribes tan mal y rápido que tu caligrafía es ilegible, que eres más desordenado que nunca. Porque al fin y al cabo eres una cosa hasta que dejas de serla. Y ese "dejar de serla" no es de un día para otro, es el producto de muchos días remando en la dirección equivocada o simplemente no remando en la dirección correcta. Mientras tanto, vivimos confiados en que las cosas no son tan malas, nada es tan grave, todo sigue igual.
Pero el caso es que no. El viernes me llevé dos pelotazos en plena cara, entre otros motivos por ser un impaciente y un irreflexivo, por dejarme llevar por mis sentimientos y no por mis pensamientos, por no darme cuenta de que las cosas ya no son lo que eran y no puede darse lo que no se tiene. Me pasó el viernes pero me pasa a diario. Entonces te miras y dices, "uy, si aquí antes hubo..." pero te fijas bien y no queda ni rastro. Y te das cuenta de que lo que hubo no importa, lo que importa es lo que hay y, simétricamente, lo que no hay.
Entonces te hundes y dices, bah, pues me dejo llevar por la corriente, total, llegados a este punto... Y así un día o un día y medio. Vas a mandarlo todo a tomar viento, pasar de todo y de todos, otra vez más. Lees las citas de Napoleon Hill (no Napoleon Bonaparte) [http://www.brainyquote.com/quotes/authors/n/napoleon_hill.html] y todas te parecen absolutamente ciertas y absolutamente estúpidas:
Don't wait. The time will never be just right.
Effort only fully releases its reward after a person refuses to quit.
Every adversity, every failure, every heartache carries with it the seed on an equal or greater benefit.
Man, alone, has the power to transform his thoughts into physical reality; man, alone, can dream and make his dreams come true.
Most great people have attained their greatest success just one step beyond their greatest failure.
No man is ever whipped until he quits in his own mind.
Persistence is to the character of man as carbon is to steel.
The majority of men meet with failure because of their lack of persistence in creating new plans to take the place of those which fail.
Your big opportunity may be right where you are now.
Y al final la única que te parece cierta es la que dice:
Before success comes in any man's life, he's sure to meet with much temporary defeat and, perhaps some failures. When defeat overtakes a man, the easiest and the most logical thing to do is to quit. That's exactly what the majority of men do.
Y ya sabes que cuando dice "lo más fácil y lógico" está haciendo una crítica, pero aprovechas y te das la razón, te dices "no eres ni peor ni mejor que la mayoría", que es el consuelo de los tontos, pero consuelo al fin y al cabo.
Pero bueno, luego dices, vale, ¿qué voy a hacer? Empiezo poco a poco y a ver hasta donde llego. Te das cuenta de que llevas una semana sin fumar y aunque el sábado te morías de ganas no quisiste bajar a por un paquete (o a lo mejor es que simplemente eres demasiado vago como para bajar y hacerlo, pero el caso es que resististe) ni te fumaste el cigarrillo que dejaste en la última cajetilla, el que dijiste que sería el cigarrillo de la derrota. Y al día siguiente quieres que todo empiece de nuevo y desde el principio, te das cuenta del tiempo que has perdido en los últimos 25 años y dónde podrías estar y qué cosas podrías haber hecho si lo hubieses aprovechado.
Entonces tienes dos alternativas: pensar en aprovecharlo mejor los próximos 25 años o lamentarte por haberlo perdido los 25 anteriores. Porque como decía Napoleon (esta vez sí, Bonaparte), "podemos recuperar el espacio pero nunca el tiempo", y dicho así parece una declaración de intenciones a futuro pero también puede interpretarse como un lamento a pasado. No creo que un tipo que sometió a Europa midiendo menos de 1'70 fuese un depresivo sino más bien lo contrario, una fuerza de la Naturaleza guiada por la convicción en sí mismo y en sus ideas, pero yo tengo muchos años de entrenamiento en darle vueltas a las tortillas y ver en negro lo que debería ser blanco.
Pero al fin y al cabo no queda más remedio que seguir adelante, porque el tiempo sólo va en esa dirección. Esto no es un juego de ordenador que puedes reiniciar y reiniciar; o sí, en el sentido de que cada día es una nueva oportunidad para no cometer los mismos errores del día anterior, aunque casi siempre acabemos cometiéndolos.
Por eso he intentado poner a cero algunos marcadores y ver si a partir de mañana, de ya, soy capaz de volver a sumar puntos en ellos. Pero al mismo tiempo aún estoy muy quemado y los pelotazos en la cara me siguen doliendo. Lo sé porque sigo viendo que da igual las veces que lo intente, siempre acabo en el mismo lugar: el suelo. Cada vez que me parece estar cerca de la cima, me doy cuenta de que estoy a la misma altura, pero en la montaña equivocada, y que he de desandar lo andado, porque aunque creía que estaba cerca, había un valle de por medio. No sé para qué sirve todo esto, lo hago casi de forma automática.
Tal vez ése sea el fallo: tanto mi decisión de emprender un camino (el que sea) como la de dejarlo (el que sea) nunca es una decisión meditada ni sirve a un fin. Es el viento del momento. Por eso mi convicción de hacer algo siempre es tan débil como la de dejar de hacerlo, sea algo bueno o malo.
Como véis, soy la cobaya en la que se estudiaría al hombre des-idealizado, es decir, sin ideas, ni ideales, ni planes que seguir. "Un objetivo es un sueño con un plazo" dice Napoleon Hill. Pues ni una cosa, ni la otra, ni la otra. Vivo al dia, al bandazo, a lo que venga. Mientras tanto, sufro los síntomas, intento curar los síntomas, pero nunca llego a tratar la enfermedad.
Y hablando de síntomas, son las 3.24, mañana debería levantarme a las 7, lo cual indica dos cosas: que mañana será un día horrible y que he caido en uno de mis defectos más comunes, que es perder el tiempo y no dar prioridad a lo importante (en este caso, mi descanso).
El camino a la redención es cuesta arriba... y helado.
P.D.: He decidido dejar de pensar (y de actuar hacia) la Musa, por una razón muy sencilla (creo que no tengo nada que pueda interesarle ni ofrecerle) apoyada en una sensación aún más sencilla (creo que no está ni remotamente interesada en mí). Creo que antes de poder llegar a esa fase (if that ever happens) tengo que resolver muchas cosas conmigo mismo. Y seguramente para cuando esto ocurra ella estará... ¿jubilada?
La dejo en paz, pobre chiquilla, no se merece eso (yo). Y lo sabe.
Estoy pensando en un cambio lento pero progresivo, en este caso a peor. Básicamente, el fenómeno consiste en que un día abres los ojos (o te los abren) y te das cuenta de que virtudes que antes tenías y que dabas por hecho se han esfumado. Me parece que todo lo que tiene que ver con la personalidad (virtudes, defectos, hábitos, constumbres, vicios) es dinámico y cambiante, y no se mantiene por inercia sino por voluntad, y si no avanza retrocede. Es un arma de doble filo: un buen hábito puede desarrollarse; uno puede volverse más seguro, o más simpático, intentándolo una y otra vez, pensando y actuando, puliendo defectos. Seguro que ya he contado alguna vez lo que me decía mi profesora de tenis: cualquier pelota es buena para practicar. Tanto si estás jugando un partido como si simplemente estás pasándola a tu rival por encima de la red para que saque, o arrinconándolas en una esquina de la pista para recogerlas, cada golpe que le des a una pelota es una oportunidad de practicar.
El otro filo es, claro, el malo, y es que las cosas buenas también se echan a perder. Un buen día puedes darte cuenta de que te cuesta mantener una conversación (que no sea de trabajo, o de fútbol) con alguien, que no sabes mostrar interés en los demás (ni generarlo), nio mostrarte interesante, que has perdido el hábito de la concentración, que en los últimos meses apenas has leido, que escribes tan mal y rápido que tu caligrafía es ilegible, que eres más desordenado que nunca. Porque al fin y al cabo eres una cosa hasta que dejas de serla. Y ese "dejar de serla" no es de un día para otro, es el producto de muchos días remando en la dirección equivocada o simplemente no remando en la dirección correcta. Mientras tanto, vivimos confiados en que las cosas no son tan malas, nada es tan grave, todo sigue igual.
Pero el caso es que no. El viernes me llevé dos pelotazos en plena cara, entre otros motivos por ser un impaciente y un irreflexivo, por dejarme llevar por mis sentimientos y no por mis pensamientos, por no darme cuenta de que las cosas ya no son lo que eran y no puede darse lo que no se tiene. Me pasó el viernes pero me pasa a diario. Entonces te miras y dices, "uy, si aquí antes hubo..." pero te fijas bien y no queda ni rastro. Y te das cuenta de que lo que hubo no importa, lo que importa es lo que hay y, simétricamente, lo que no hay.
Entonces te hundes y dices, bah, pues me dejo llevar por la corriente, total, llegados a este punto... Y así un día o un día y medio. Vas a mandarlo todo a tomar viento, pasar de todo y de todos, otra vez más. Lees las citas de Napoleon Hill (no Napoleon Bonaparte) [http://www.brainyquote.com/quotes/authors/n/napoleon_hill.html] y todas te parecen absolutamente ciertas y absolutamente estúpidas:
Don't wait. The time will never be just right.
Effort only fully releases its reward after a person refuses to quit.
Every adversity, every failure, every heartache carries with it the seed on an equal or greater benefit.
Man, alone, has the power to transform his thoughts into physical reality; man, alone, can dream and make his dreams come true.
Most great people have attained their greatest success just one step beyond their greatest failure.
No man is ever whipped until he quits in his own mind.
Persistence is to the character of man as carbon is to steel.
The majority of men meet with failure because of their lack of persistence in creating new plans to take the place of those which fail.
Your big opportunity may be right where you are now.
Y al final la única que te parece cierta es la que dice:
Before success comes in any man's life, he's sure to meet with much temporary defeat and, perhaps some failures. When defeat overtakes a man, the easiest and the most logical thing to do is to quit. That's exactly what the majority of men do.
Y ya sabes que cuando dice "lo más fácil y lógico" está haciendo una crítica, pero aprovechas y te das la razón, te dices "no eres ni peor ni mejor que la mayoría", que es el consuelo de los tontos, pero consuelo al fin y al cabo.
Pero bueno, luego dices, vale, ¿qué voy a hacer? Empiezo poco a poco y a ver hasta donde llego. Te das cuenta de que llevas una semana sin fumar y aunque el sábado te morías de ganas no quisiste bajar a por un paquete (o a lo mejor es que simplemente eres demasiado vago como para bajar y hacerlo, pero el caso es que resististe) ni te fumaste el cigarrillo que dejaste en la última cajetilla, el que dijiste que sería el cigarrillo de la derrota. Y al día siguiente quieres que todo empiece de nuevo y desde el principio, te das cuenta del tiempo que has perdido en los últimos 25 años y dónde podrías estar y qué cosas podrías haber hecho si lo hubieses aprovechado.
Entonces tienes dos alternativas: pensar en aprovecharlo mejor los próximos 25 años o lamentarte por haberlo perdido los 25 anteriores. Porque como decía Napoleon (esta vez sí, Bonaparte), "podemos recuperar el espacio pero nunca el tiempo", y dicho así parece una declaración de intenciones a futuro pero también puede interpretarse como un lamento a pasado. No creo que un tipo que sometió a Europa midiendo menos de 1'70 fuese un depresivo sino más bien lo contrario, una fuerza de la Naturaleza guiada por la convicción en sí mismo y en sus ideas, pero yo tengo muchos años de entrenamiento en darle vueltas a las tortillas y ver en negro lo que debería ser blanco.
Pero al fin y al cabo no queda más remedio que seguir adelante, porque el tiempo sólo va en esa dirección. Esto no es un juego de ordenador que puedes reiniciar y reiniciar; o sí, en el sentido de que cada día es una nueva oportunidad para no cometer los mismos errores del día anterior, aunque casi siempre acabemos cometiéndolos.
Por eso he intentado poner a cero algunos marcadores y ver si a partir de mañana, de ya, soy capaz de volver a sumar puntos en ellos. Pero al mismo tiempo aún estoy muy quemado y los pelotazos en la cara me siguen doliendo. Lo sé porque sigo viendo que da igual las veces que lo intente, siempre acabo en el mismo lugar: el suelo. Cada vez que me parece estar cerca de la cima, me doy cuenta de que estoy a la misma altura, pero en la montaña equivocada, y que he de desandar lo andado, porque aunque creía que estaba cerca, había un valle de por medio. No sé para qué sirve todo esto, lo hago casi de forma automática.
Tal vez ése sea el fallo: tanto mi decisión de emprender un camino (el que sea) como la de dejarlo (el que sea) nunca es una decisión meditada ni sirve a un fin. Es el viento del momento. Por eso mi convicción de hacer algo siempre es tan débil como la de dejar de hacerlo, sea algo bueno o malo.
Como véis, soy la cobaya en la que se estudiaría al hombre des-idealizado, es decir, sin ideas, ni ideales, ni planes que seguir. "Un objetivo es un sueño con un plazo" dice Napoleon Hill. Pues ni una cosa, ni la otra, ni la otra. Vivo al dia, al bandazo, a lo que venga. Mientras tanto, sufro los síntomas, intento curar los síntomas, pero nunca llego a tratar la enfermedad.
Y hablando de síntomas, son las 3.24, mañana debería levantarme a las 7, lo cual indica dos cosas: que mañana será un día horrible y que he caido en uno de mis defectos más comunes, que es perder el tiempo y no dar prioridad a lo importante (en este caso, mi descanso).
El camino a la redención es cuesta arriba... y helado.
P.D.: He decidido dejar de pensar (y de actuar hacia) la Musa, por una razón muy sencilla (creo que no tengo nada que pueda interesarle ni ofrecerle) apoyada en una sensación aún más sencilla (creo que no está ni remotamente interesada en mí). Creo que antes de poder llegar a esa fase (if that ever happens) tengo que resolver muchas cosas conmigo mismo. Y seguramente para cuando esto ocurra ella estará... ¿jubilada?
La dejo en paz, pobre chiquilla, no se merece eso (yo). Y lo sabe.
Un hervíboro en tierra de nadie
Caca de tierra batida... Está claro que soy jugador de hierba: así todo se dirime rápidamente. Ace o doble falta; volea ganadora o passing shot; smash o globo. Pero claro, me mandas a jugar en arcilla, donde la pelota bota alta, se frena, el rival llega sin esfuerzo a tus mejores golpes. Sólo es peor el pádel, deporte en el que cuando tu oponente te supera de un golpe rompedor lo único que tienes que hacer es parar y esperar a que rebote en una pared y te vuelva, y así una y cien veces.
Me desvío... Hablaba de la tierra batida y sus miserias. Un jugador de pista rápida como yo se desespera en el "polvo de ladrillo". Pim, pelota a una esquina, corre, golpea, pam, pelota a la otra esquina, corre, espera, espera, golpea, pum, pelota a la otra esquina... Y así de lado a lado. Al tercer "pam" me canso y suelto el brazo. Y claro, cuando la pelota viene blanda, lenta, fofa, sin fuerza que aprovechar, entonces el esfuerzo tienes que hacerlo tú; y para darle fuerza a la bola, hay que hacer un movimiento muy largo, muy potente y controlado al mismo tiempo; y para eso hace falta calidad y sangre fría...
Pim, una bola se ha ido larga, pam, la otra se ha ido a la red. Pum... He roto la raqueta y he dejado el partido. Que les zurzan.
Me retiro de esas canchas donde sólo he de encontrar sufrimiento, derrota y humillación. Me dedicaré a deportes donde sí puedo triunfar.
¿Acaso no es lógico?
Me desvío... Hablaba de la tierra batida y sus miserias. Un jugador de pista rápida como yo se desespera en el "polvo de ladrillo". Pim, pelota a una esquina, corre, golpea, pam, pelota a la otra esquina, corre, espera, espera, golpea, pum, pelota a la otra esquina... Y así de lado a lado. Al tercer "pam" me canso y suelto el brazo. Y claro, cuando la pelota viene blanda, lenta, fofa, sin fuerza que aprovechar, entonces el esfuerzo tienes que hacerlo tú; y para darle fuerza a la bola, hay que hacer un movimiento muy largo, muy potente y controlado al mismo tiempo; y para eso hace falta calidad y sangre fría...
Pim, una bola se ha ido larga, pam, la otra se ha ido a la red. Pum... He roto la raqueta y he dejado el partido. Que les zurzan.
Me retiro de esas canchas donde sólo he de encontrar sufrimiento, derrota y humillación. Me dedicaré a deportes donde sí puedo triunfar.
¿Acaso no es lógico?
Out of control
Jo, menudo día el miércoles... Llamo a la Musa, empiezo a bromear (¿a solas? ¿Me sigue o está también está ahí? y de pronto me dice "tengo que colgar"... Voy tan empanado que ni me doy cuenta de que es en serio, no una broma, y de pronto me encuentro hablando solo. Genial. Rienda suelta al mal humor (no he aprendido a controlar mis emociones, agarrarme a mis pensamientos, adaptarme a los acontecimientos).
Una hora y media después me llama, "lo siento, tuve que colgar...". Bromeo, intentando salvar la (mi) cara, que de tan estúpido se me cae. "Jo, he pasado el tiempo pensando... me sentía fatal"... Bueno, creo que no fue tan explícita, pero algo así dijo. "Bueno, te llamaba para tomar un café, pero se ha hecho tarde, mejor el viernes", propongo. "Vale, el viernes...". Y de pronto me veo a mí mismo preguntándole qué va a hacer este día suelto de fiesta, me dice "nada, nada"... "nada...", "descansar", "nada"... ¿Nada? Vale, yo tampoco he hecho nada, pero ¿nada? ¿Qué es nada? ¿No voy a hacer nada? ¿Propón algo? ¿No es asunto tuyo?
Nada. Y una vez más en tres minutos, me veo a mí mismo diciéndole que pasaré a tomar un café con ella, que así me puede explicar una cosa de derecho que le pedí... Pero que el café no era tanto para pagarle el favor como por el gusto de hablar con ella...
Abandonen el barco, se está yendo a pique.
Una hora y media después me llama, "lo siento, tuve que colgar...". Bromeo, intentando salvar la (mi) cara, que de tan estúpido se me cae. "Jo, he pasado el tiempo pensando... me sentía fatal"... Bueno, creo que no fue tan explícita, pero algo así dijo. "Bueno, te llamaba para tomar un café, pero se ha hecho tarde, mejor el viernes", propongo. "Vale, el viernes...". Y de pronto me veo a mí mismo preguntándole qué va a hacer este día suelto de fiesta, me dice "nada, nada"... "nada...", "descansar", "nada"... ¿Nada? Vale, yo tampoco he hecho nada, pero ¿nada? ¿Qué es nada? ¿No voy a hacer nada? ¿Propón algo? ¿No es asunto tuyo?
Nada. Y una vez más en tres minutos, me veo a mí mismo diciéndole que pasaré a tomar un café con ella, que así me puede explicar una cosa de derecho que le pedí... Pero que el café no era tanto para pagarle el favor como por el gusto de hablar con ella...
Abandonen el barco, se está yendo a pique.
Poniendo orden
He vuelto de este fin de semana de cuatro días en casa con ganas de orden, orden, orden. Poner orden, ser práctico, hacer las cosas como se debe, tomar iniciativas útiles. Así que me he puesto a cambiar muebles de sitio. Me he traido una mesilla de noche, de las dos que tenía, de mi habitación a la salita de estar, para que sirva de mesa de apoyo. He deshecho la marabunta de cables que había tras la tele. He recolocado jerseis, camisas, camisetas... He puesto al día la agenda, he hecho la lista de la compra para el sábado, he puesto en marcha mi nueva y chulísima cafetera.
Me encanta hacer estas cosas. Lástima que no las haga más a menudo... Es como una necesidad atávica, interna, que casi nunca sale a la superficie, pero que cuando lo hace me hace sentir bien.. "armónico".
También, un poco dramático, ¡dándole tanta importancia a estas chorradas!
Me encanta hacer estas cosas. Lástima que no las haga más a menudo... Es como una necesidad atávica, interna, que casi nunca sale a la superficie, pero que cuando lo hace me hace sentir bien.. "armónico".
También, un poco dramático, ¡dándole tanta importancia a estas chorradas!
La noche de los tópicos
Esta noche he ido a una cena con una pareja de amigos a los que quiero mucho, pero lo cierto es que la compañía ha sido bastante menos interesante que ellos: tres amigas, una con el futuro marido, la otra con el novio en otro sitio y la última, a la sazón residente en BCN, soltera.
Qué maldito coñazo. Reconozco que hay días en que estoy más y mejor habilitado que en otros para capear un temporal como el de esta noche, y hoy yo no estaba muy por la labor. De hecho no sé cuál es el huevo y cuál es la gallina: si hay cierta gente soporífera que despierta mi falta de sociabilidad en ciertas ocasiones o si es mi falta de sociabilidad la que me hace verles soporíferos.
Como dato diré que en estas ocasiones desarrollo una rápida intolerancia a todo lo que podría hacerme pasar la velada de forma más divertida: el alcohol, el tabaco, la comida, los dulces... Así, he rechazado tomar postre, he rechazado un mojito, apenas he tomado vino, no he fumado... Vamos, van a pensar que soy un monje tibetano pero con el pelo (un poco) más largo.
Bueno, la cosa no iba demasiado mal hasta que el vino a empezado a correr... por las venas de la concurrencia. La conversación se ha vuelto todavía más absurda, el nivel de las voces más alto, los desvaríos de vergüenza ajena. A esas alturas ya estaba deseando que, como a Rambo en la selva vietnamita, un helicóptero apareciese de detrás de cualquier colina y me sacase de allí.
Además, mi falta de habilidades sociales conlleva que el supino aburrimiento sea patente incluso para los más desinhibidos y/o borrachos. ¿Será por mi silencio, mi mirada perdida, mi constante búsqueda de nuevos sms que en realidad no han llegado? Cuando empiezo a ser francamente maleducado, entonces la gente trata de llenar los espacios con tópicos (de ahí el título de este post). Podría hacer un bingo y tachar los que oigo, por ejemplo, tres veces. Seguro que muchos los tachaba cada dos o tres cenas o copas con gente que no conozco; con algunos, incluso, puedo hacer "doble bingo" en una sola noche.
Reconozco que, llegado un punto, echo gasolina al fuego y opto por ser más aburrido que la competencia: entonces comienzo a hablarles de mi trabajo, de la cantidad de horas que paso currando, de las cosas que hago en el trabajo, de lo importante que es la firma para la que me cuezo a trabajar, las machadas que he hecho... Lo cierto es que es un discurso que, con la práctica, ya me sale muy bien.
Al final, de la conjunción del "elemento ambiental" y del interesantísimo tema de conversación que deslizo poco a poco cuando inevitablemente te preguntan que quién eres y qué haces allí, surgen esos interesantísimos tópicos a los que me refería. Os doy una muestra:
"Ah... ¿Y qué tal con los catalanes?" (éste sólo fuera de Cataluña, claro)
"¿De verdad tantas horas trabajas?"
"Pues no dejes que te exploten"
"Vives para trabajar, y tienes que trabajar para vivir"
(estos tres úlitmos me encantan especialmente porque demuestran que hay una creencia generalizada y universalmente aceptada de que hay gente a la que, por uno u otro motivo, se le pueden dar recomendaciones, órdenes e incluso demostrar lo absurdo de su modo de vida sin necesidad de confianza, amistad, parentesco o estrecha relación similar. Es una especie de obligación moral de salvarte de tí mismo que se desarrolla en todo el mundo con quien hablas).
Más:
"Estás labrándote tu futuro"
"puf, y así, ¿cómo haces amigos?"
"yo no podría"
"los abogados, siempre tan ambiguos, no os mojáis ni bajo la ducha"
"yo no podría ser como tú, es decir, abogado, imagina si tuviera que defender a pederastas y violadores" (?????)
De todas formas, no os creáis que soy tan lerdo como aparento. La experiencia tiene su fruto y, después de exponer de forma superficial las miserias de mi trabajo, doy el giro que más me gusta, y explico las oficinas internacionales que tenemos, cuento cómo se me disputan para llevarme a NY o a Brasil, y dejo entrever lo importantísimos que son nuestros clientes (todo verdades a tres cuartos más o menos, pero verdades al fin y al cabo, además, ¿qué más les da a ellos?). Así, si las proporciones son las adecuadas, las palabras se dicen en el orden y con la entonación adecuada y la cadencia requerida, se logra escuchar el mejor de todos los tópicos:
"Entonces, ¡haces lo mismo que Richard Gere en Pretty Woman!".
En ese instante ya me puedo ir contento a casa, convencido de que Goebbels era un sincero y honesto padre de familia a mi lado. Si he conseguido conducir el subconsciente de una persona hasta buscarme un punto de comparación con Richard Gere, no necesito más. Puedo irme y pensar "he aquí un gran manipulador de la mente humana. Has conseguido convencer a alguien de que tu trabajo, pese a sacrificado, es chulo, lleno de reuniones de alto nivel, clientes glamourosos, eventos sociales aún más glamourosos y sobre todo, pagado a espuertas. Creen que vives en una de las ciudades más guays de Europa, pero además con un pié en cada continente... ¡Cuando en realidad no tiene nada de eso! Y todo, claro, sin mentir, sólo dando los datos justos, ocultando otros y dejando jugar a la imaginación del colectivo...". Y sigo echándome flores: "Afortunadamente para el mundo, has decidido inhibir tus instintos políticos, no lanzarte a conquistar y cautivar a las masas, que enfervorecidas gritarían tu nombre y morirían por tí, otorgándote la dominación total del planeta".
Si, obviamente me he aburrido un huevo si son las 2.54 y estoy contando estas chorradas, y que más patético aún es dedicarse a ellas, pero en algo hay que entretenerse cuando las cosas se ponen así de coñazo. ¿Y qué mejor que jugar a ser más aburrido primero, menos aburrido después, dejar a la gente que se monte su propia película y verla?
P.D.: ¿He parecido tonto, pretencioso o arrogante? Si os lo he parecido, en mi descargo preguntaos cómo os sentiríais en una cena en la que todo el mundo (desconocidos, para más inri) te dice que tu trabajo es un maldito coñazo, que te explotan, que lo dejes, que te estás equivocando, que estás echando tu vida a perder... Y para coronarlo todo me dice el autoproclamado "macho alfa" de la mesa "pobre, cómo se está aburriendo vuestro amigo"(lo dice a los amigos, no a mí directamente), "él, que había venido a ver si ligaba algo...".
En fin, decidme si no merezco al menos una atenuación de la pena...
Qué maldito coñazo. Reconozco que hay días en que estoy más y mejor habilitado que en otros para capear un temporal como el de esta noche, y hoy yo no estaba muy por la labor. De hecho no sé cuál es el huevo y cuál es la gallina: si hay cierta gente soporífera que despierta mi falta de sociabilidad en ciertas ocasiones o si es mi falta de sociabilidad la que me hace verles soporíferos.
Como dato diré que en estas ocasiones desarrollo una rápida intolerancia a todo lo que podría hacerme pasar la velada de forma más divertida: el alcohol, el tabaco, la comida, los dulces... Así, he rechazado tomar postre, he rechazado un mojito, apenas he tomado vino, no he fumado... Vamos, van a pensar que soy un monje tibetano pero con el pelo (un poco) más largo.
Bueno, la cosa no iba demasiado mal hasta que el vino a empezado a correr... por las venas de la concurrencia. La conversación se ha vuelto todavía más absurda, el nivel de las voces más alto, los desvaríos de vergüenza ajena. A esas alturas ya estaba deseando que, como a Rambo en la selva vietnamita, un helicóptero apareciese de detrás de cualquier colina y me sacase de allí.
Además, mi falta de habilidades sociales conlleva que el supino aburrimiento sea patente incluso para los más desinhibidos y/o borrachos. ¿Será por mi silencio, mi mirada perdida, mi constante búsqueda de nuevos sms que en realidad no han llegado? Cuando empiezo a ser francamente maleducado, entonces la gente trata de llenar los espacios con tópicos (de ahí el título de este post). Podría hacer un bingo y tachar los que oigo, por ejemplo, tres veces. Seguro que muchos los tachaba cada dos o tres cenas o copas con gente que no conozco; con algunos, incluso, puedo hacer "doble bingo" en una sola noche.
Reconozco que, llegado un punto, echo gasolina al fuego y opto por ser más aburrido que la competencia: entonces comienzo a hablarles de mi trabajo, de la cantidad de horas que paso currando, de las cosas que hago en el trabajo, de lo importante que es la firma para la que me cuezo a trabajar, las machadas que he hecho... Lo cierto es que es un discurso que, con la práctica, ya me sale muy bien.
Al final, de la conjunción del "elemento ambiental" y del interesantísimo tema de conversación que deslizo poco a poco cuando inevitablemente te preguntan que quién eres y qué haces allí, surgen esos interesantísimos tópicos a los que me refería. Os doy una muestra:
"Ah... ¿Y qué tal con los catalanes?" (éste sólo fuera de Cataluña, claro)
"¿De verdad tantas horas trabajas?"
"Pues no dejes que te exploten"
"Vives para trabajar, y tienes que trabajar para vivir"
(estos tres úlitmos me encantan especialmente porque demuestran que hay una creencia generalizada y universalmente aceptada de que hay gente a la que, por uno u otro motivo, se le pueden dar recomendaciones, órdenes e incluso demostrar lo absurdo de su modo de vida sin necesidad de confianza, amistad, parentesco o estrecha relación similar. Es una especie de obligación moral de salvarte de tí mismo que se desarrolla en todo el mundo con quien hablas).
Más:
"Estás labrándote tu futuro"
"puf, y así, ¿cómo haces amigos?"
"yo no podría"
"los abogados, siempre tan ambiguos, no os mojáis ni bajo la ducha"
"yo no podría ser como tú, es decir, abogado, imagina si tuviera que defender a pederastas y violadores" (?????)
De todas formas, no os creáis que soy tan lerdo como aparento. La experiencia tiene su fruto y, después de exponer de forma superficial las miserias de mi trabajo, doy el giro que más me gusta, y explico las oficinas internacionales que tenemos, cuento cómo se me disputan para llevarme a NY o a Brasil, y dejo entrever lo importantísimos que son nuestros clientes (todo verdades a tres cuartos más o menos, pero verdades al fin y al cabo, además, ¿qué más les da a ellos?). Así, si las proporciones son las adecuadas, las palabras se dicen en el orden y con la entonación adecuada y la cadencia requerida, se logra escuchar el mejor de todos los tópicos:
"Entonces, ¡haces lo mismo que Richard Gere en Pretty Woman!".
En ese instante ya me puedo ir contento a casa, convencido de que Goebbels era un sincero y honesto padre de familia a mi lado. Si he conseguido conducir el subconsciente de una persona hasta buscarme un punto de comparación con Richard Gere, no necesito más. Puedo irme y pensar "he aquí un gran manipulador de la mente humana. Has conseguido convencer a alguien de que tu trabajo, pese a sacrificado, es chulo, lleno de reuniones de alto nivel, clientes glamourosos, eventos sociales aún más glamourosos y sobre todo, pagado a espuertas. Creen que vives en una de las ciudades más guays de Europa, pero además con un pié en cada continente... ¡Cuando en realidad no tiene nada de eso! Y todo, claro, sin mentir, sólo dando los datos justos, ocultando otros y dejando jugar a la imaginación del colectivo...". Y sigo echándome flores: "Afortunadamente para el mundo, has decidido inhibir tus instintos políticos, no lanzarte a conquistar y cautivar a las masas, que enfervorecidas gritarían tu nombre y morirían por tí, otorgándote la dominación total del planeta".
Si, obviamente me he aburrido un huevo si son las 2.54 y estoy contando estas chorradas, y que más patético aún es dedicarse a ellas, pero en algo hay que entretenerse cuando las cosas se ponen así de coñazo. ¿Y qué mejor que jugar a ser más aburrido primero, menos aburrido después, dejar a la gente que se monte su propia película y verla?
P.D.: ¿He parecido tonto, pretencioso o arrogante? Si os lo he parecido, en mi descargo preguntaos cómo os sentiríais en una cena en la que todo el mundo (desconocidos, para más inri) te dice que tu trabajo es un maldito coñazo, que te explotan, que lo dejes, que te estás equivocando, que estás echando tu vida a perder... Y para coronarlo todo me dice el autoproclamado "macho alfa" de la mesa "pobre, cómo se está aburriendo vuestro amigo"(lo dice a los amigos, no a mí directamente), "él, que había venido a ver si ligaba algo...".
En fin, decidme si no merezco al menos una atenuación de la pena...
Running to stand still
De vuelta en casa y en mi ciudad, aunque a veces no me da esa sensación sino otra distinta. Usaré un símil tenístico, sabéis que me encantan. Recuerdo cuando empecé a ir a clases de tenis hace ya algunos años. Como el ser humano medio, mi idea de golpear la bola de revés era pegarle cortado, dando un hachazo de arriba abajo, con el que más o menos conseguía devolver la bola de un lado al otro de la pista sin que fuese demasiado lejos. Mi profe, Cristina, tenía una idea distinta de cómo se debe golpear de revés (lo mejor que dijo nunca del cortado fue "golpe de dominguero") y me prohibió usarlo. Desde entonces, sólo tenía el liftado, mucho más agresivo, elegante y útil. Pues, durante el periodo de transición, no tenía ni uno ni otro, ni cortado ni liftado, y básicamente no podía golpear la bola de revés. Después, con tiempo y dedicación, llegué a tener un práctico y bastante efectivo revés liftado, incluso recuperé el cortado (hay que usarlo según qué situación) y hasta en ocasiones el revés fue mi golpe "fuerte" (lo cual habla a las claras de lo patética que es mi derecha, claro).
Bueno, esos tiempos pasaron y ahora, tras dos años sin jugar al tenis, puedo decir que soy igual de malo con una que con otra. Desgraciadamente, el nivelazo que cogí jugando cada tres o cuatro días en Varsovia se ha hundido en el mar como el Titanic. Así es la vida.
Tanta palabrería y ni siquiera he empezado a hablar de lo que quiero hablar... He vuelto a mi casa, a mi ciudad, con la mitad de mi familia, todos mis amigos y hasta "el" perro (no le llamo "mi" por honradez, ya que es de mi hermana, quien le cuida, y yo sólo le veo ocasionalmente, aunque nos lo pasamos pipa> jugando). Por supuesto, mis amigos, mi (ahora ya no tanto) guardia pretoriana, se lanzaron en picado sobre la carnaza que venía prometiéndoles desde hace un par de semanillas. Al fin y al cabo, ahora mismo sólo hay tres personas a las que les cuento libremente éstas y otras cosas, aunque seguramente si estos “dos más uno” se juntaran se darían cuenta de que las versiones que les llegan a unos y a la otra difieren ligeramente, no tanto en el fondo como en el enfoque.
A lo que iba, les hablé de las dos chicas que actualmente ocupan mis pensamientos. Ya lo sé, suena deleznable decir esto porque suena a que estoy jugando a dos bandas, cuando en realidad no es así, o al menos me digo que no es así (votos a favor y en contra, usad la caja de comentarios, ¡gracias!). El caso es que tenemos a la Musa, de quien ya he hablado bastante estos días (ver los posts anteriores para más información). Pero es que, además, la última semana apareció en escena otra chica. ¿Quién? Pues (como no) otra compañera de trabajo. Empezó a currar en mi oficina en septiembre y cuando entró lo cierto es que causó sensación, porque es muy guapa. A primera vista, me pareció guapa y algo estirada. Después, había hablado con ella algunas veces y mi percepción fue cambiando: ya no me parece tan atractiva en términos estrictamente físicos pero a cambio ya no creo que sea estirada, al contrario, diría que es muy maja, inteligente y buena persona. Claro que apenas había hablado con ella cuatro o cinco veces, lo más curioso es que más de una de esas ocasiones fue a iniciativa suya.
Pues bien, el finde pasado salí con unos amigos y me la encontré en un bar. Mis amigos ya iban más que pasados de vueltas y se encaramaron a una tarima a bailar, lo cual aproveché para hablar con ella y con otros compañeros de la oficina con los que estaba. Mis amigos se disgregaron y a las 5 am no quedaba ni rastro de la expedición, así que decidí volver a casa. Ella también y, dado que somos casi vecinos, compartimos taxi y de paso la acompañé hasta su portal. Estuvimos hablando animadamente (todo lo animadamente que se puede a esas horas, vamos), y después nos despedimos cuando un colega, taja perdido, me llamó para contarme cómo le había ido la noche (práctica habitual entre la panda de vampiros a la que pertenezco - ¡viva la era de las telecomunicaciones!).
El caso es que no le di ni una vuelta al tema porque tenía la cabeza en otras cosas y de hecho aquel día ni se me pasó por la cabeza “atacar”, así que ni busqué excusa para pedirle el número ni para quedar otro día ni nada parecido. Igualmente, ni el lunes ni el martes supe nada de ella ni yo tomé iniciativa alguna. Y aquí es cuando viene la sorpresa: el miércoles, espontáneamente, me mandó un e-mail para saber qué es de mi vida, qué iba a hacer el finde y darme las gracias por haberla acompañado a casa.
Vale, un e-mail así no tiene por qué significar nada pero sería bobo descartarlo como una posible señal de que puede haber un “posible interés” y, por qué no, una invitación a conocernos un poquillo más y ver qué pasa. Ni más ni menos. No soy un creído ni un flipado (creo) pero tampoco nací ayer. El caso es que esta posibilidad, que yo jamás había concebido por inverosímil y (no lo negaré) porque la chica nunca me había “convencido” demasiado (al margen de lo dicho, que es guapa y simpática…), pues ahora se ha planteado, y no precisamente a iniciativa mía.
Total, que, expuestos los hechos a mis amigachos, su veredicto fue el que sigue: la Musa no se entera de nada, tiene pinta de estar cero interesada o de no enterarse de que no es casualidad que la esté “buscando” e inventándome excusas para tomar cafés con ellas con los pretextos más peregrinos. De lo cual ellos deducen que o bien la chica no está por la labor o bien la chica es tan tímida y/o “naif” que una eventual relación con ella sería de lo más aburrido (la teoría de mis amigotes se asienta sobre la base de que, con lo movidas que han sido mis relaciones pasadas, salir con una chica a la que la invito a café dos veces y no parece enterarse de qué va el tema me va a decepcionar por puro aburrida). Sin embargo, la otra compañera les parece mucho más interesante: una chica maja, guapa, inteligente y con la iniciativa suficiente como para dar un primer paso pese a mi falta de interés. Según ellos no es tanto por lo que aquel “contacto” pueda tener de “bengala” sino por lo que dice de la chica en sí.
En resumen, éstas son las aportaciones de mis dos mejores amigos, quienes obviamente no ven por mis ojos ni oyen por mis oídos, ni mucho menos sienten por mi corazón ni piensan por mi cabeza, pero que son gente en la que confío y que sé que, con mayor o menor acierto, me dan su opinión de forma desinteresada y sincera.
Lo cierto es que le he dado unas cuantas vueltas al tema y no he cambiado mucho mi opinión: con lo poco que conozco a una y a otra, la Musa me sigue pareciendo más interesante y “el cuerpo” (vale, el corazón) me pide más conocerla a ella. No sé si la chica es tan ingenua o tan aburrida como ellos la ven (sin conocerla) y al fin y al cabo es mi vida y debo tomar mis decisiones, basadas en datos y elementos que no es posible explicar ni transferir a otra gente. Pero puede que tengan una parte de razón, aunque aún no veo claro en qué.
Y ésta (la del párrafo anterior) es mi conclusión. Las cosas siguen igual, y el miércoles o el viernes me gustaría ir a tomar un café con ella y conocerla un poquito más, aunque todo indique que ella ni se acerca ni se aleja, y que seré yo quien deba dar todos los pasos, por su timidez, su desinterés o lo que sea. Y, al mismo tiempo, me parecería bobo dejar pasar la oportunidad de conocer a la otra, ver qué hay más allá de las cuatro o cinco conversaciones que hemos tenido y de ese e-mail repentino y sorprendente.
La otra persona en quien más confío, y cuyos consejos suelen ser más certeros y ajustados que los de los otros dos, me decía hace unos días que cuando alguien te llama la atención has de salir de tu refugio e ir a conocerla, porque podrías perderte grandes cosas. Además, conocer a una persona es un camino que nunca sabemos a dónde nos acabará llevando: tal vez invitas a alguien a café pensando que puede ser el amor de tu vida y acabas encontrando a ese gran amor, o a una buena amiga, o una persona francamente aburrida; y al revés: una persona que nos deja indiferentes de primeras puede esconder alguien a quien amar… o, por qué no, alguien que nos caiga mal. ¿Quién se atreve a leer el futuro?
Así que aquí estoy, contándoos estas cosas y contándomelas a mí mismo, dándole vueltas a unas bobadas para acabar en el mismo punto en que empecé. Por supuesto, vuestras opiniones (y sé que el contenido de este post puede suscitarlas no muy favorables) son siempre bienvenidas… porque a veces uno tiene la sensación de perder la objetividad, y entonces es como verse arrastrado por un río… sin darse cuenta de lo que está pasando en realidad.
Iba a contar más cosas, principalmente sobre mi alarmante falta de personalidad, voluntad y capacidad para estar a la altura de las expectativas que despierto en la gente (imagino que muchos de estos detalles ya los habréis notado, simplemente leyendo este post) pero creo que eso ya sería crueldad intolerable. ¡El ladrillazo de hoy ya ha sido suficiente castigo!
Bueno, esos tiempos pasaron y ahora, tras dos años sin jugar al tenis, puedo decir que soy igual de malo con una que con otra. Desgraciadamente, el nivelazo que cogí jugando cada tres o cuatro días en Varsovia se ha hundido en el mar como el Titanic. Así es la vida.
Tanta palabrería y ni siquiera he empezado a hablar de lo que quiero hablar... He vuelto a mi casa, a mi ciudad, con la mitad de mi familia, todos mis amigos y hasta "el" perro (no le llamo "mi" por honradez, ya que es de mi hermana, quien le cuida, y yo sólo le veo ocasionalmente, aunque nos lo pasamos pipa> jugando). Por supuesto, mis amigos, mi (ahora ya no tanto) guardia pretoriana, se lanzaron en picado sobre la carnaza que venía prometiéndoles desde hace un par de semanillas. Al fin y al cabo, ahora mismo sólo hay tres personas a las que les cuento libremente éstas y otras cosas, aunque seguramente si estos “dos más uno” se juntaran se darían cuenta de que las versiones que les llegan a unos y a la otra difieren ligeramente, no tanto en el fondo como en el enfoque.
A lo que iba, les hablé de las dos chicas que actualmente ocupan mis pensamientos. Ya lo sé, suena deleznable decir esto porque suena a que estoy jugando a dos bandas, cuando en realidad no es así, o al menos me digo que no es así (votos a favor y en contra, usad la caja de comentarios, ¡gracias!). El caso es que tenemos a la Musa, de quien ya he hablado bastante estos días (ver los posts anteriores para más información). Pero es que, además, la última semana apareció en escena otra chica. ¿Quién? Pues (como no) otra compañera de trabajo. Empezó a currar en mi oficina en septiembre y cuando entró lo cierto es que causó sensación, porque es muy guapa. A primera vista, me pareció guapa y algo estirada. Después, había hablado con ella algunas veces y mi percepción fue cambiando: ya no me parece tan atractiva en términos estrictamente físicos pero a cambio ya no creo que sea estirada, al contrario, diría que es muy maja, inteligente y buena persona. Claro que apenas había hablado con ella cuatro o cinco veces, lo más curioso es que más de una de esas ocasiones fue a iniciativa suya.
Pues bien, el finde pasado salí con unos amigos y me la encontré en un bar. Mis amigos ya iban más que pasados de vueltas y se encaramaron a una tarima a bailar, lo cual aproveché para hablar con ella y con otros compañeros de la oficina con los que estaba. Mis amigos se disgregaron y a las 5 am no quedaba ni rastro de la expedición, así que decidí volver a casa. Ella también y, dado que somos casi vecinos, compartimos taxi y de paso la acompañé hasta su portal. Estuvimos hablando animadamente (todo lo animadamente que se puede a esas horas, vamos), y después nos despedimos cuando un colega, taja perdido, me llamó para contarme cómo le había ido la noche (práctica habitual entre la panda de vampiros a la que pertenezco - ¡viva la era de las telecomunicaciones!).
El caso es que no le di ni una vuelta al tema porque tenía la cabeza en otras cosas y de hecho aquel día ni se me pasó por la cabeza “atacar”, así que ni busqué excusa para pedirle el número ni para quedar otro día ni nada parecido. Igualmente, ni el lunes ni el martes supe nada de ella ni yo tomé iniciativa alguna. Y aquí es cuando viene la sorpresa: el miércoles, espontáneamente, me mandó un e-mail para saber qué es de mi vida, qué iba a hacer el finde y darme las gracias por haberla acompañado a casa.
Vale, un e-mail así no tiene por qué significar nada pero sería bobo descartarlo como una posible señal de que puede haber un “posible interés” y, por qué no, una invitación a conocernos un poquillo más y ver qué pasa. Ni más ni menos. No soy un creído ni un flipado (creo) pero tampoco nací ayer. El caso es que esta posibilidad, que yo jamás había concebido por inverosímil y (no lo negaré) porque la chica nunca me había “convencido” demasiado (al margen de lo dicho, que es guapa y simpática…), pues ahora se ha planteado, y no precisamente a iniciativa mía.
Total, que, expuestos los hechos a mis amigachos, su veredicto fue el que sigue: la Musa no se entera de nada, tiene pinta de estar cero interesada o de no enterarse de que no es casualidad que la esté “buscando” e inventándome excusas para tomar cafés con ellas con los pretextos más peregrinos. De lo cual ellos deducen que o bien la chica no está por la labor o bien la chica es tan tímida y/o “naif” que una eventual relación con ella sería de lo más aburrido (la teoría de mis amigotes se asienta sobre la base de que, con lo movidas que han sido mis relaciones pasadas, salir con una chica a la que la invito a café dos veces y no parece enterarse de qué va el tema me va a decepcionar por puro aburrida). Sin embargo, la otra compañera les parece mucho más interesante: una chica maja, guapa, inteligente y con la iniciativa suficiente como para dar un primer paso pese a mi falta de interés. Según ellos no es tanto por lo que aquel “contacto” pueda tener de “bengala” sino por lo que dice de la chica en sí.
En resumen, éstas son las aportaciones de mis dos mejores amigos, quienes obviamente no ven por mis ojos ni oyen por mis oídos, ni mucho menos sienten por mi corazón ni piensan por mi cabeza, pero que son gente en la que confío y que sé que, con mayor o menor acierto, me dan su opinión de forma desinteresada y sincera.
Lo cierto es que le he dado unas cuantas vueltas al tema y no he cambiado mucho mi opinión: con lo poco que conozco a una y a otra, la Musa me sigue pareciendo más interesante y “el cuerpo” (vale, el corazón) me pide más conocerla a ella. No sé si la chica es tan ingenua o tan aburrida como ellos la ven (sin conocerla) y al fin y al cabo es mi vida y debo tomar mis decisiones, basadas en datos y elementos que no es posible explicar ni transferir a otra gente. Pero puede que tengan una parte de razón, aunque aún no veo claro en qué.
Y ésta (la del párrafo anterior) es mi conclusión. Las cosas siguen igual, y el miércoles o el viernes me gustaría ir a tomar un café con ella y conocerla un poquito más, aunque todo indique que ella ni se acerca ni se aleja, y que seré yo quien deba dar todos los pasos, por su timidez, su desinterés o lo que sea. Y, al mismo tiempo, me parecería bobo dejar pasar la oportunidad de conocer a la otra, ver qué hay más allá de las cuatro o cinco conversaciones que hemos tenido y de ese e-mail repentino y sorprendente.
La otra persona en quien más confío, y cuyos consejos suelen ser más certeros y ajustados que los de los otros dos, me decía hace unos días que cuando alguien te llama la atención has de salir de tu refugio e ir a conocerla, porque podrías perderte grandes cosas. Además, conocer a una persona es un camino que nunca sabemos a dónde nos acabará llevando: tal vez invitas a alguien a café pensando que puede ser el amor de tu vida y acabas encontrando a ese gran amor, o a una buena amiga, o una persona francamente aburrida; y al revés: una persona que nos deja indiferentes de primeras puede esconder alguien a quien amar… o, por qué no, alguien que nos caiga mal. ¿Quién se atreve a leer el futuro?
Así que aquí estoy, contándoos estas cosas y contándomelas a mí mismo, dándole vueltas a unas bobadas para acabar en el mismo punto en que empecé. Por supuesto, vuestras opiniones (y sé que el contenido de este post puede suscitarlas no muy favorables) son siempre bienvenidas… porque a veces uno tiene la sensación de perder la objetividad, y entonces es como verse arrastrado por un río… sin darse cuenta de lo que está pasando en realidad.
Iba a contar más cosas, principalmente sobre mi alarmante falta de personalidad, voluntad y capacidad para estar a la altura de las expectativas que despierto en la gente (imagino que muchos de estos detalles ya los habréis notado, simplemente leyendo este post) pero creo que eso ya sería crueldad intolerable. ¡El ladrillazo de hoy ya ha sido suficiente castigo!
Un claro en medio de la tormenta
El viernes, hasta las dos de la tarde, fue uno de esos días en que felizmente habría echado la llave a mi puesto de trabajo para no volver jamás. Uno de esos días en que todo el mundo parece volverse loco, los minutos corren, sabes que tienes que tomar un tren a las tres, llueve y el tráfico está imposible, la opción del taxi descartada, el metro no es fiable... Y mientras tanto, el resto de la gente, los jefes, los clientes, los compañeros, parecen conjurarse para robarte el tiempo que tienes para hacer mil cosas a las que se van añadiendo otras dosmil a lo largo de la mañana.
Llamadas, e-mails, revisa este contrato, díme si esto está bien, archiva estas copias, envíame la escritura ya, necesito que hagas estos cambios, esto es urgente, estoy esperando que... A cada mirada al reloj, los minutos que quedan se han reducido peligrosamente, han pasado dos pero se han llevado tres más consigo...
Sin embargo, la adrenalina y el estrés a veces sacan lo mejor de nosotros, o nos dan ese plus de inconsciencia y precipitación que nos empuja a hacer las cosas que no nos atrevemos normalmente. Llegados a ese punto, repentinamente nos encontramos haciendo aquello a lo que le habíamos dado vueltas sin saber cómo hacerlo, aquello que queríamos planificar cuidadosamente. No hemos podido, nos vemos abocados a improvisar, a tirar de inspiración, a parar en medio de la vorágine y aparentar calma y resolución cuando sólo hay precipitación, nervios y dudas.
Así, a las dos menos cuarto, cuando ya empezaba a dudar de que llegaría a tiempo y me veía pasando el puente en BCN en vez de en mi tierra natal con mi familia y amigos, cuando todavía tenía cosas por resolver, miré el reloj, busqué su número en la web y la llamé. No había tiempo para rodeos ni vacilaciones.
"¡Hola! ¿Te habías olvidado de mí?" "Iba a llamarte esta tarde" "No estoy esta tarde... Me voy... ¿Qué tal la semana que viene?" "Claro, te mando un e-mail con lo que me pediste..." "No, mejor me paso y te invito a un café a cambio del favor, y me cuentas" "Como quieras, pero no hace falta..." "Bueno, es justo, tengo que devolverte el favor... y además salgo ganando, sólo es un café" "Como quieras, pero no lo hagas por obligación, yo lo hago encantada..." "De obligación nada, al contrario... Entonces, ¿te llamo la semana que viene y me explicas?" "Claro, llámame, te mandaré un e-mail de todas formas" "Como quieras, el miércoles hablamos y tomamos ese café" "Vale" "Buen puente, descansa" "Igualmente, pásalo bien" "¿Qué harás?" "Nada... Nada especial... Estar en casa..." "Es un buen puente para pasarlo mirando por la ventana, viendo llover..."...
Me mordí la lengua para no preguntarle si no tiene un novio con el que pasar cuatro días seguidos sin trabajo... Menos mal.
El caso es que sigo avanzando, poco a poco, sin saber a dónde voy, pero con una extraña intuición de fondo que me dice que merece la pena adentrarse en este territorio desconocido, hasta peligroso, exponerse a campo abierto y ver qué se oculta tras la oscuridad del desconocimiento...
Cuando hago estas cosas (tonterías, diréis, pero no os imaginais cuánto me cuesta dar estos pasos al frente), no me reconozco a mi mismo. Y a veces sé que es mejor así... Cuando me dejo llevar por mi interior, y no por todos los sistemas de autodefensa y cautela que he tejido a lo largo de los años.
Total, gato escaldado, no le importa escaldarse una vez más...
Llamadas, e-mails, revisa este contrato, díme si esto está bien, archiva estas copias, envíame la escritura ya, necesito que hagas estos cambios, esto es urgente, estoy esperando que... A cada mirada al reloj, los minutos que quedan se han reducido peligrosamente, han pasado dos pero se han llevado tres más consigo...
Sin embargo, la adrenalina y el estrés a veces sacan lo mejor de nosotros, o nos dan ese plus de inconsciencia y precipitación que nos empuja a hacer las cosas que no nos atrevemos normalmente. Llegados a ese punto, repentinamente nos encontramos haciendo aquello a lo que le habíamos dado vueltas sin saber cómo hacerlo, aquello que queríamos planificar cuidadosamente. No hemos podido, nos vemos abocados a improvisar, a tirar de inspiración, a parar en medio de la vorágine y aparentar calma y resolución cuando sólo hay precipitación, nervios y dudas.
Así, a las dos menos cuarto, cuando ya empezaba a dudar de que llegaría a tiempo y me veía pasando el puente en BCN en vez de en mi tierra natal con mi familia y amigos, cuando todavía tenía cosas por resolver, miré el reloj, busqué su número en la web y la llamé. No había tiempo para rodeos ni vacilaciones.
"¡Hola! ¿Te habías olvidado de mí?" "Iba a llamarte esta tarde" "No estoy esta tarde... Me voy... ¿Qué tal la semana que viene?" "Claro, te mando un e-mail con lo que me pediste..." "No, mejor me paso y te invito a un café a cambio del favor, y me cuentas" "Como quieras, pero no hace falta..." "Bueno, es justo, tengo que devolverte el favor... y además salgo ganando, sólo es un café" "Como quieras, pero no lo hagas por obligación, yo lo hago encantada..." "De obligación nada, al contrario... Entonces, ¿te llamo la semana que viene y me explicas?" "Claro, llámame, te mandaré un e-mail de todas formas" "Como quieras, el miércoles hablamos y tomamos ese café" "Vale" "Buen puente, descansa" "Igualmente, pásalo bien" "¿Qué harás?" "Nada... Nada especial... Estar en casa..." "Es un buen puente para pasarlo mirando por la ventana, viendo llover..."...
Me mordí la lengua para no preguntarle si no tiene un novio con el que pasar cuatro días seguidos sin trabajo... Menos mal.
El caso es que sigo avanzando, poco a poco, sin saber a dónde voy, pero con una extraña intuición de fondo que me dice que merece la pena adentrarse en este territorio desconocido, hasta peligroso, exponerse a campo abierto y ver qué se oculta tras la oscuridad del desconocimiento...
Cuando hago estas cosas (tonterías, diréis, pero no os imaginais cuánto me cuesta dar estos pasos al frente), no me reconozco a mi mismo. Y a veces sé que es mejor así... Cuando me dejo llevar por mi interior, y no por todos los sistemas de autodefensa y cautela que he tejido a lo largo de los años.
Total, gato escaldado, no le importa escaldarse una vez más...
Buah buah buah
Buah buah buah
Desde el lunes que la ví de lejos y a través de una cristalera, no sé nada de ella.
Buah buah buah
No me ha llamado, y yo esperaba que sí... ¡le dí la excusa perfecta!
Buah buah buah
Y me apetece verla, saber qué es de su vida, invitarla a un café y, si es posible, perderme en sus ojos.
Buah buah buah
Estar un rato con ella y tratar de adivinar si ella, mínimamente, por un instante, se ha sentido como yo, se ha hecho las mismas preguntas que yo, sino cienmil veces como yo al menos mil, o cien, o una...
Buah buah buah
Pero no, no sé nada de ella, no me ha dicho nada... Y me acabará tocando saltarme mi paciencia y mi prudencia, las distancias y el disimulo, y dar otro paso al frente, salir del gris y quedar (o arriesgarme a quedar) en evidencia.
Buah buah buah
En fin, ¡esto es un asco! Espero que sea verdad que el fruto merece la pena...
Desde el lunes que la ví de lejos y a través de una cristalera, no sé nada de ella.
Buah buah buah
No me ha llamado, y yo esperaba que sí... ¡le dí la excusa perfecta!
Buah buah buah
Y me apetece verla, saber qué es de su vida, invitarla a un café y, si es posible, perderme en sus ojos.
Buah buah buah
Estar un rato con ella y tratar de adivinar si ella, mínimamente, por un instante, se ha sentido como yo, se ha hecho las mismas preguntas que yo, sino cienmil veces como yo al menos mil, o cien, o una...
Buah buah buah
Pero no, no sé nada de ella, no me ha dicho nada... Y me acabará tocando saltarme mi paciencia y mi prudencia, las distancias y el disimulo, y dar otro paso al frente, salir del gris y quedar (o arriesgarme a quedar) en evidencia.
Buah buah buah
En fin, ¡esto es un asco! Espero que sea verdad que el fruto merece la pena...





