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Bajo una palmera
La vida, contemplada a la sombra de mi palmera
Acerca de
Soy un "suresteño" desplazado (voluntariamente) a Barcelona donde llevo mi vida, sin saber bien si estoy en un fin de trayecto o en una parada más en el camino. Mientras lo decido, me siento bajo la palmera que yo mismo he plantado y construido para escribir las cosas que voy viendo, que me van pasando... ¡sin que me dé mucho el sol en la cabeza!
Sindicación
 
Cuerdas rotas
Vengo de jugar al fútbol, esta vez nos han pulido y ha sido (¿casi?) humillante. Yo estoy bastante descontento, hacía tiempo que no jugaba tan mal, no sólo en este partido sino en los que he jugado. Sé que no tiene mayor importancia, sé que lo contrario sería muy sorprendente, pero me molesta. Tal vez me he acostumbrado mucho a jugar solo, no en equipo, y no me gusta depender de otra gente y, sobre todo, tener pendiente de mí a otras personas, de si fallo o acierto, y eso que ninguno de mis compañeros es precisamente Maradona...

Y en el curro tampoco he tenido un día fino. En cuanto tengo un poco menos de presión, me descuido, bajo el ritmo y no pongo atención. Tengo que obligarme a llevar un ritmo, hacer las cosas de forma sistemática, mecánica, minuciosa. En algún momento perdí mi capacidad de concentración y hoy la bilbaina, que es una novata en mi área, me ha sacado los colores simplemente porque se lee los papeles hasta el final y yo no. Menuda pena de abogado.

Así que los raquetazos que pego suenan mal, raros, desacompasados. No me coloco bien, no hago los movimientos correctos, no golpeo con decisión, ni con velocidad, ni con idea de a dónde quiero mandar la bola. Igual hasta estoy jugando con el cordaje roto y ni me he dado cuenta...

Y así, a raquetazo limpio, golpeo la pelota, que cae fuera, se va larga, o se queda en la red. Mal mal mal. Y la cabeza se va a otras épocas, otros torneos, otras superficies, en las que los golpes eran limpios y precisos, en que sabía que una bola que diese en la red caería del lado correcto. Abro los ojos y las cosas no han cambiado, sigo recibiendo bolazos que no sé cómo responder. Tal vez pienso demasiado y eso es precisamente lo que me hace fallar.

Vuelvo a cerrar los ojos y pienso si aquellas épocas maravillosas existieron o si sólo son producto de mi imaginación y de una memoria subjectiva y fastidiosa. Madre mía... Fueron, en el mejor de los casos, incomprensibles. En el peor, torturas sin fin ni tregua. Entonces, sin pasado al que recurrir, con un presente que no llego a dominar ni a entender, y un futuro que no sé por donde ha de discurrir, me pregunto: ¿qué hago?

Tal vez sea cuestión de esperar en la trinchera a que vengan tiempos mejores... pero... ¿vendrán? ¿solos? No creo...

P.D.: Hoy he estado recordándote, y no entiendo por qué. No entiendo cómo tú y yo pudimos estar juntos. No entiendo como una persona tan absoluta y aplastantemente brillante y perfecta pudo fijarse en mí, y a veces hasta me da la sensación de que debería sentirme agradecido, de que me hiciste un favor, de que algo bueno debí tener para que me concedieses la gracia de fijarte en mí. Pero luego recuerdo el daño que quisiste hacerme, el que me hiciste... y, sí, porque no, todo lo malo que conseguiste sacar de mí. Ya ha pasado el tiempo, y lo que te dí puedes quedártelo. Ganas la batalla, ganas la guerra. Para tí todo. Si sólo pudiera deshacerme de los recuerdos...
 
Campeón
Roger Federer se ha embolsado un nuevo Gran Slam, y sigue adelante, con paso firme, en su camino hacia la gloria tenística. Mejor dicho, ya se ha ganado un sitio en la historia del tenis, pero no se espera otra cosa de él que alcanzar y superar a Pete Sampras y coronarse como mejor jugador de la historia.

Federer tiene algo más que calidad y estilo. Tiene algo más que es difícil de definir, o fácil, según se mire: nunca falla. No sé si se pone nervioso, si tiene dudas, si se ve perdiendo un partido. Pero el caso es que sale a jugar, y gana. Esto parece obvio, pero no lo es. En un deporte entre dos, tú o yo, mil y una veces vemos cómo la presión, los nervios, el miedo a ganar pasa factura. No recuerdo un campeón capaz de encandenar tantísimas finales ganadas consecutivas. Nunca sale y tiene un mal día, e incluso si lo tiene, se las arregla para sacar el partido adelante y pasar una ronda más. Impone su calidad, su clase, su elegancia, su efectividad, manteniendo la cabeza fría y haciendo su plan, sin importarle nada más.

Al final, Federer siempre hace lo correcto, lo que debe, como debe, y limpiamente, luchando pero sin que parezca sufrir, sigue su camino, imparable, inalcanzable, inevitable. Es una personalidad, un modo de ser, pensar y actuar, digno de estudio y admiración. Me ha llamado mucho la atención, me ha emociando, verle llorar al recibir el título. No recuerdo que lo hiciese en los últimos Gran Slams que ha ganado (tal vez en su primer o segundo Wimbledon). Y no creo que haya sido accidental. Tal vez lloró cuando ganó Wimbledon hace ya años porque ya había cumplido el sueño de cualquier tenista, aquello con lo que cualquier otro se habría dado por satisfecho y habría dado por buena una carrera. Tal vez hoy haya llorado porque se ha dado cuenta de que el sueño está todavía por delante, de que en este momento presente, está haciendo historia...

Debe de ser una sensación maravillosa, vertiginosa, reservada sólo a unos cuantos elegidos, dispersos en diversos campos de la vida. A los demás, sólo nos queda mirar, admirar... y envidiar.

P.D.: He pasado el día ordenando, ordenando, ordenando. Lo que antes eran cientos de cartas desordenadas ahora es una carpeta en la que todas mis facturas, recibos, correspondencia, etc. están separadas, fechadas, revisadas... Y en el trabajo no he llegado a tanto, pero sí que me he deshecho de muchas toneladas de papel inservible y he quitado las carpetas que me dejaban sin espacio para respirar... Ahora el armario está a reventar, pero ése es el segundo paso.

P.D.2.: Acabo de oir esta canción, y no me puedo resistir a transcribir la letra. Seguro que la conocéis...

Hay que ver
qué pronto se puede olvidar
hay que ser
un tonto para recordar
pero yo, yo no puedo evitar
pensar en tí

Un amor que pasa
otro llegará
ocupando
su lugar
pero yo no puedo evitar
pensar en tí

Tú pensabas
que lo nuestro no podría acabar
y ahora descubres
que no es verdad
pero yo, yo no puedo evitar
pensar en tí.

Una noche más en el mismo lugar
donde te conocí
no sé qué hago aquí
algo debe recordarme a tí.
 
En territorio (des)conocido
Está claro que a Selene le pasan más cosas raras de las merecidas. En la última me ha pedido que le diera asesoramiento legal... penal, lo cual se sale de mi ámbito totalmente, pero también me devuelve a la condición de abogado integral, no sólo de lo mío, sino de todo, capaz de estudiar un problema, aunque no esté familiarizado con el tema, aplicar sentido común y dar una respuesta. Y con la frialdad y objetividad que uno tiene que poner.

Por un lado es extraño no poder comportarse como amigo y dar la respuesta más reconfortante y facilona. Tengo la responsabilidad de dar una respuesta más certera, experta y desapasionada, como la tendría un médico si el problema fuese una enfermedad. Por otro, es satisfactorio poder ayudar de forma cualificada, dándole un consejo mejor y más apropiado que el que le podría dar otra persona. Y me alegra que ella confíe en mí y yo espero ser digno de su confianza.

En cualquier caso, no es para tanto, y el tema está resuelto. Ahora podemos seguir hablando de otras cosas, de tazas de café, de qué banco es mejor para depositar los ahorrillos, de qué supermercado es mejor y cuál peor, de cómo no deja de llover en Barcelona, de lo loco que está el mundo.

Mientras, la vida laboral (la única, así es... la vida) sigue. Un ascenso en el bolsillo, las perspectivas son muy favorables. Si mantengo el ritmo, sigo pedaleando con esta cadencia, no me dejo comer el terreno por los novatos (que no parece que lo vayan a hacer), las cosas no deberían ser muy diferentes en el futuro. Sin embargo, ya noto el gusanillo que me dice que debo remover las cosas. Me he puesto a disposición de la empresa para un traslado a otra oficina, de hecho dije disponibilidad ¡absoluta! Qué locura... me puedo ver en cualquier sitio, aunque de lo dicho no se deduce eso. Vamos, que me quedo. O no... Siempre queda la opción de que me busque mi propio camino. ¿Alguien quiere estudios de postgrado en EE.UU.?

Y paralelamente, pienso en otras cosas... ¿qué tal un cambio de departamento? Dejar el mercantil puro, pasar a contencioso, ir a juicio, redactar escritos, defensas, negociaciones, arbitrajes... Un tema que siempre me ha encantado y que me encantaría hacer, pero que a día de hoy no es compatible con lo que hago, ni con lo que contaba en el párrafo anterior. Más ingredientes para coctelera.

Y poco más. Vi, a lo lejos, a la Musa, que ahora lo único que me inspira en una ligera sensación de cabreo de vez en cuando. Qué lástima, podría haber estado bien conocerla, saber cómo era, ver qué pasaba. Habría jurado que ella quería lo mismo. En fin, seguramente es mejor así. Aunque en realidad lo que me cabrea es haberle permitido cabrearme, siquiera una vez. Ya le he permitido a demasiada gente demasiadas veces enfadarme. Eso se tiene que acabar.
 
Perico por un día
Hoy ha sido un día raro, por lo poco habitual: poco trabajo, pero se ha liado un tema que ya estaba controlado, mientras se avecina una "tormenta" de curro próximamente. Sin embargo, con el paso del tiempo voy ganando en serenidad y tranquilidad a cambio de insensibilidad. De lo contrario, acabaría viviendo en un ataque de nervios constante, como algún colega que tengo.

Asimilada la evaluación, la vida sigue, algo sorprendido por lo pacífica que ha sido comparada con la caña que le han dado a otros. Pero, salvo casos excepcionales, han sido unas evaluaciones bastante justas. En cualquier caso, de momento no me voy a ningún sitio, ni Manhattan ni ningún otro. Tal vez de aquí a un año... Pero no me preocupa: ni ésta es mi prioridad ahora, ni es mi única opción.

Por la noche he ejercido de perico por un día, y he ido con dos colegas a Montjuic, a pelarme de frío y ver al Espanyol sufrir para ganar 2-0 al Cádiz. Qué malos... Pero es otra cosa, y de todo hay que ver y probar. Los 9500 congelados que estábamos, los de la esquina que no paran de saltar y bailar en todo el partido, por muy aburrida que se ponga la cosa, la música tecnocutre para celebrar los goles, el sufrimiento de los aficionados, incluso en un partido fácil y de trámite... Ha sido divertido, pero me temo que mañana estaré resfriado.

Por último, he llegado a casa. Selene me había llamado y hemos estado hablando dos horas... De todo y de nada, de la evaluación, su nuevo trabajo, las historias de mi curro, las del suyo... Podría haber seguido dos horas más, si no fuera por lo mucho que me cansa oirme a mí mismo hablar tanto tiempo. No entiendo cómo es que a ella no le pasa lo mismo... Pero me alegro de que no le pase. A ver si la veo pronto, tendré que ir a Madrid, aunque me he enfriado un poco de un tiempo a esta parte. Pero a ver si en febrero, cuando tenga mi vida barcelonesa un poco más organizada... Aunque no hay mucho que organizar, y lo que hay está bastante organizado.
 
Una cosa menos
Pues ya estoy evaluado, y todo ha ido bien, me ascienden y la vida sigue igual. Nada nuevo, buen rollito, sigo mi camino sin hacer demasiado ruido pero sin dejar de moverme y de ir hacia arriba. Como debe ser, es mi forma de hacer las cosas, para bien y para mal.

Por lo demás, nada nuevo, nada que contar. Alguna anécdota suelta pero creo que no merece la pena ni reseñarla...
 
Miedo al miedo
Tal vez tenga que hacer frente al hecho de que hay cosas que nos hacen más daño del que podríamos sospechar o admitir. A lo mejor parte de las malas sensaciones que tengo cuando me relaciono con el mundo en general y con ciertas personas en particular provienen de algo en concreto y no en abstracto. Siempre he querido agradar, tal vez por una necesidad de sentirme aceptado y caer bien he forzado las situaciones y las relaciones, evitando conflictos y cediendo más y más.

Pero veo claro que el hecho de salir con una persona tan hipersensible como era Mónica, capaz de enfadarse y convertir en una tragedia cualquier palabra, gesto, omisión o el mero atisbo de cualquiera de todas las anteriores me dejó marcado. Con Mónica vivía en un estado de miedo permanente, causado por la sensación de irracionalidad de sus estados de ánimo. Cualquier cosa podía molestarla o agradarle, nunca se podía saber qué acto daría lugar a cuál reacción. No sé qué parte de culpa era suya y cual era mía: seguramente se juntaron el hambre y las ganas de comer. Tal vez una personalidad insegura y una personalidad generadora de inseguridad se combinaron de la peor forma posible.

Desde entonces, temo que cualquier cosa que haga o diga pueda molestar a los demás, a la gente con la que me relaciono, y hacerles dejarme de lado. Es como jugar al tenis pasando la bola veinte metros por encima de la red: tengo tanto miedo a que los golpes vayan a la red que salen por encima de la valla.

Tal vez ha llegado la hora de ir a mi bola, hacer lo que tenga que hacer y aceptar las reacciones de la gente, sean buenas o malas. Dejar de nadar guardando la ropa, de ir y no ir, de tener miedo al miedo. Otras veces lo he hecho: he dicho lo que pensaba francamente, sin tapujos, y eso me granjeó admiración, comprensión, también rechazo y enemistad. Aunque, curiosamente, la reacción fue, muchas veces, de un respeto e incluso un interés mucho mayor del que habría imaginado, incluso entre la gente que no compartía mis ideas.

En efecto, hubo una época así... ¡y qué época! En algunas cosas, mucho mejor que ésta... una edad dorada.

No dejo de lado otro hecho que tal vez sea explicación de mi conducta: tal vez simplemente mi miedo a la hipersensibilidad de los demás se explique en mi propia hipersensibilidad. Tengo miedo de dañar a la gente con cosas ridículas simplemente porque esas mismas cosas sí me harían daño a mí.

Por lo demás, me han vuelto a posponer la evaluación, que será, en teoría, mañana. Creo que me ofreceré para un eventual traslado a otra oficina (Nueva York, Londres), aunque seguramente no sería inmediato (tal vez un año). He pensado que la mejor oportunidad será, seguramente, la que efectivamente tenga. Y ésa será la que tenga que aprovechar...

Además, si mientras tanto surgen otras posibilidades, bienvenidas sean. Y si no, puestos a dejar el tiempo correr, que sea en Manhattan. Por pedir...
 
Sí y no
Otro fin de semana más que pasa a la historia sin dejar mucho que merezca la pena. Sí, he utilizado parte del tiempo para descansar y ordenar, pero no, no he hecho gran cosa, aparte de eso, de tirar unas bolas en el golf y de dejar que el tiempo se escurriese. Muchos más fines de semana así y me acabaré confundiendo con las nubes: gris, vaporoso y a kilómetros de altura. Y abajo, la vida seguirá pasando, pasando, pasando... Hasta que deje de hacerlo.

Al menos, he aplacado algo el ruido, o más bien he dejado de prestarle atención.

Y, sin embargo, el pensamiento que me ha venido esta tarde es que, como se decía en La princesa prometida, "la vida no es justa; sólo es más justa que la muerte". Es una frase que me viene a la cabeza a menudo, pero que hoy he visto de otra forma: no podemos sentarnos a esperar a que nos pasen las cosas buenas que creemos que nos merecemos (porque, en el fondo o en la superficie, todos creemos que nos las merecemos), porque la vida no es justa, y nada ni nadie nos va a servir lo bueno en bandeja. Nos toca a nosotros ir a por ello. Sólo es más justa que la muerte... porque mientras estemos vivos podremos seguir intentándolo.

Otra frase que he leido: "no podemos cambiar el viento pero sí podemos orientar las velas". Creo que era de Buda. Tal vez ahora no haya viento, ni la brisa que hay sea favorable. Pero, ¿estoy orientando mis velas? ¿Estaré listo para aprovecharlo cuando vuelva a soplar a mi favor?
 
Ruido
Tengo la cabeza llena de ruido... He bajado el volumen de las palabras que digo, de las palabras que oigo, de las cosas que escucho, pero creo que no es suficiente. No necesito ni quiero rumores, ecos, músicas de fondo. Quiero silencio, ausencia de sonido, inexistencia de reverberaciones, interferencias.

Si lo hago, si cierro las compuertas al mundo exterior, me encontraré con mis propios pensamientos. Ellos también están llenos de ruido. Pero con tiempo, escucha paciente, selecta, tal vez pueda descartar todos los sonidos inútiles, extraños, perturbadores, y quedarme sólo con los que importan, los que significan algo, los que merecen la pena.

Creo que aprovecharé el fin de semana para ordenar, planificar, relajarme, descansar... Para todo eso... ¡Y para jugar un rato al golf!
 
Buenas noticias
Pues aún no me han evaluado, pero me han tenido que comunicar, oficialmente, que todo irá bien y que asciendo de categoría profesional y de sueldo. Así que podéis tomaros una copa a mi salud... La noticia me la han dado al comunicarme que me cambian de sitio de trabajo. No, no me mandan a ver mundo: simplemente me pasan de la primera planta a la cuarta.

Se rompe así el "cuadrado mágico" en que venía trabajando hasta ahora. Lo cierto es que con mis compas de "cubículo" me une una muy buena relación, y arriba será mucho más aburrido. A cambio, será mucho mejor para mi orden y concentración. Perderé menos tiempo, iré más rápido, seré más eficiente. Al fin y al cabo la gente con la que compartiré espacio en adelante tampoco me cae mal, al contrario, pero habrá mucho menos colegueo. Lo cierto es que venía pensando desde hace tiempo que un cambio de este tipo me vendría bien... Y estaba a punto de pedirlo.

Por lo demás, sigo sin encontrar mi equilibrio en ciertas cosas. He pasado la tarde demasiado disperso, con la mente ida. Lo cierto es que hablar una hora con Selene esta tarde, quien me ha llamado, por el puro y duro placer de hablar (y de rajar de cosas del curro, la verdad), cuando tendría que haber estado currando, me ha descentrado totalmente (aunque bendito descentre). Luego, ha habido mucho cachondeo en el curro porque esta noche ha sido el desfile y fiesta de Custo en BCN y teníamos invitaciones para ir. Yo al final me he venido a casa después de tomar un par de copas con los compañeros en nuestro bar habitual. Los demás sí han ido. Mañana me increparan por haberles dejado "colgados". Pero no me gusta salir los jueves, no por los jueves en sí sino por los viernes que vienen después. Además, no estaba nada motivado.

Es curioso que me dé tanto la sensación de no acabar de enganchar con la gente, no digo de no enganchar, sino de no hacerlo del todo, bien pero no tan bien, y sin embargo siempre que hay plan ahí estoy yo, me llaman, quieren que participe.

Debo de ser un caso clínico: una persona a la que le encanta que cuenten con él, que se toma fatal que no lo hagan... Pero a la que, cuando alguien le incluye, cuando forma parte de un grupo, se siente incómoda, como si algo se ocultase, algo sospechoso estuviera detrás de todo. Supongo que es la piedra angular de muchos de mis líos mentales.

He llamado a Selene a darle las buenas noticias (ella estaba muy pendiente de mi evaluación) y la he pillado viendo una peli con su novio, lo cual me ha recordado, ejem ejem, cuál es mi lugar. He venido a casa y he estado hablando una hora con mi madre, contándole todas estas cosas del trabajo. Lo cierto es que llevo todo el día, toda la vida, hablando, hablando, hablando, sin parar, sin callar, sin dejar de decir nada, sin decir nada, sin mentir, sin ocultar, sin medir, sin pensar. Me harta. Me agobia. Me mata ser tan bocazas. Me gustaría callarme, no ser mi propio portavoz todo el tiempo.

No sé... Me siento desubicado. Como un tenista cazado a media pista, lejos del fondo y lejos de la red, a merced del rival. Y no es una buena sensación...
 
Pedaleando a ritmo
Y poco a poco voy a más; auque aún me faltan ritmo, velocidad, resistencia y chispa, voy remontando. Con críticas, algunas más justas que otras; con fallos, algunos más entendibles que otros.

La vida sigue. Una compañera a la que aprecio se va a Australia; otra ha recibido un (inmerecido) palo en su evaluación; los demás estamos que trinamos sabiendo que nos recortan los sueldos; pero hay poco que hacer. Toca apretarse el cinturón o largarse a otro sitio. Yo me quedaré, salvo que la evaluación no vaya bien, algo que no podría entender ni aceptar. Pero toca replantearse qué actitud tomar, qué camino seguir, y como hacerlo.

Por lo demás, poca cosa. Mucho tonteo con los compañeros (se nota que no hay demasiado trabajo), alguna cosa interesante profesionalmente, y bobadas sin importancia.

Hoy hablé con Selene, que ha sacado fenomenalmente dos exámenes en dos días. Estaba exultante y yo me he quedado exultante tras hablar con ella. He vuelto corriendo del partido (he ido a jugar al fútbol esta noche) porque habíamos quedado en hablar pero cuando la he llamado ya estaba durmiendo (espero no haberla despertado). Qué plastazo soy...

El caso es que me alegra muchísimo oirla tan alegre. Así son las cosas.
 
¡Reagrupar!
Vuelta a los fines de semana en los que el tiempo se va a granel. El viernes por la tarde fuí a jugar al fútbol-sala, donde puse de manifiesto que, de un jugador mediocre, he pasado a ser un jugador malo y en baja forma. Además, por estúpido que parezca, noto la presión que significa jugar con gente que no conoces, que juega mejor que tú, en una liguilla... Encima el debut fue "glorioso", no hice casi nada a derechas y hasta fallé un gol facilísimo. Creo que no volveré a hacerlo.

En cambio el sábado fue más agradable darme cuenta de que todavía sé darle a una bola de golf. He retomado las clases (hace dos años que no lo practico y nunca fui un buen jugador). A ver si las sigo con asiduidad. Mis padres juegan y a mí no me desagrada. Sólo por la ilusión que les hace que podamos jugar los tres juntos merece la pena. Aunque a mí me apetecería más retomar el tenis. Allí sí que disfrutaba, cuando jugaba a menudo no se me daba nada mal.

En general, como le comentaba a un amigo, no tengo facilidad natural para ningún deporte, pero si me dedico con esfuerzo y continuidad, acabo dominándolos a un nivel más que decente. Y disfrutándolo. Perseverar es la palabra, la actitud.

Por otra parte, me doy cuenta de que hay una serie de campos en los que las cosas no me están saliendo bien, principalmente de relaciones personales. No sólo me refiero a relaciones de pareja o a encontrar a esa pareja, sino también a relaciones con amigos, con compañeros de trabajo. No es que esté aislado o tenga enemistades; al contrario, me llevo bien con la gente que me rodea y con la que trabajo, y me gano su respeto y a veces la amistad. Pero en general no estoy contento con la forma en que las relaciones se desarrolla, mi actitud y la actitud que recibo. Pienso en el pasado, y en otros momentos esta sensación ha sido distinta, tal vez porque hacía las cosas de otra forma, no sé.

En cualquier caso, me queda la sensación, perdonadme el símil, del futbolista que intenta meter goles, pero que los falla, del tenista que va a por la linea pero la pelota bota diez centímetros fuera. Seguro que ya he usado esta comparación mil veces... y las que me quedan.

Dicen los "manuales" que en estas ocasiones hay que volver a las bases, a los principios elementales, hacer las cosas más sencillas, las básicas, afianzarse así y a partir de entonces construir "hacia arriba". No sé muy bien cómo se hace eso a nivel personal, pero tendré que hacerlo. Hace tiempo que no estoy "afinado" y tendré que probar hasta que todo suene bien de nuevo.

P.D.: Si hay algo que odie es que se me pase un plazo para hacer algo porque ni me he dado cuenta del plazo, y porque me ha dado pereza acometerlo pensando que me llevaría mucho tiempo, cuando en realidad se llevaba mucho menos. Pueden ser cosas importantes (la liquidación del IVA) o fácilmente reparables (ir a la compra un sábado por la tarde antes de que cierren). Pero al final, la sensación es odiosa.

Todas mis planificaciones están bien, pero aún no estoy aplicándolas con la fuerza y el esfuerzo suficientes. Leí en un libro que cambiar los hábitos es como salir al espacio en una nave: para despegar hay que romper la gravedad de la Tierra, y es ahí donde se gasta la mayor parte de la potencia y el combustible de la lanzadera. Yo todavía estoy en eso. Y si no aplico la suficiente fuerza, volveré a caer a la Tierra...
 
Rain delay
Desgraciadamente, ni soy tenista ni nunca jugaré Wimbledon, por lo que tampoco sufriré uno de esos "rain delays", retrasos por lluvia, que destrozan la programación de partidos del campeonato cada verano... Lo que si he sufrido es un nuevo cambio de fecha en mi evaluación, motivos de exceso de trabajo, tampoco me viene mal a mí porque mañana me espera un día "fino".

En realidad, no es para tanto. Salvo suprema sorpresa, la evaluación irá bien, me harán las críticas de rigor, ascenderé y punto. Eso dice todo el mundo, aunque el problema es que no me evalúa "todo el mundo". Otra cosa es que, si no subo (y visto lo visto, es decir, quien ha subido y quién no) me tendrán que oir. Por eso estoy tranquilo.

Lo de mi futuro, lo he estado hablando con un colega, que ha hecho lo que a mí me gustaría hacer, y hemos estado ordenando un poco las ideas, aunque la decisión sigue siendo mía y sigue sin estar tomada. Es más complicado decidir entre varias opciones que seguir la que te imponen... Debe ser lo que llaman "libertad". Lo cierto es que mi preocupación es tomar las decisiones que me permitan hacer lo que quiero y sin que unas cosas me obstaculicen otras. Difícil... pero no imposible.

El día, regular. Aún no he cogido ritmo de trabajo, ni concentración, ni orden, ni siquiera físicamente me encuentro a tope (y eso que pasé las Navidades entrenando). Sobre todo, me pesa la falta de efectividad. Es como nadar en gelatina. Sin embargo, el trabajo se ha ido acelerando y me está costando llegar a todos lados. Lo bueno es que, aunque ahora estoy más "lento" y menos "fuerte", soy, si no más eficiente, sí más listo para ordenarme e ir devolviéndolas a tiempo, sin grandes alardes pero cumpliendo.

Cuando me iba a casa, o a cenar, los colegas de curro que habían bajado a tomar una copa me han cazado y me he tomado una más con ellos. Ya me habían llamado un par de veces al móvil. Es curioso lo que me molesta la sensación de que pasen de mí y cómo me funde, sin solución de continuidad, que me insistan y me hagan sentir "dependiente". Está claro que uno de mis defectos es buscar la aprobación de los demás y dejarme guiar demasiado por su actitud hacia mí. He de pensar en solucionar eso de alguna manera.

De todas formas, y en un alarde de responsabilidad sin precedentes, o con pocos, me he escapado cuando los colegas se han ido a seguir la fiesta a otros bares (no negaré que me ha costado). A veces, la forma más fácil de ir a un lugar es huir de otro... Yo he huido de dejar el trabajo a medio, de encontrarme mañana resacoso, de no cumplir los plazos. Así que me he ido a currar un poco más (hasta las 2 am, ya sé que soy un freakie, ya) porque mañana se avecina tormenta de curro... desde primerísima hora.

Así que, me voy a dormir...
 
Vuelva usted mañana
Pues no, aún no me han evaluado... Será el viernes, si no pasa nada. No me sé forzar a estar "nervioso", sinceramente, pero sí debería pensar en qué me dirán, en qué diré y sobre todo darle un par de vueltas a la respuesta que daré a una más que posible pregunta sobre un cambio de aires a corto o medio plazo. Pero lo cierto es que lo tengo bastante claro...

Mientras tanto, el ritmo de trabajo sigue subiendo, aunque mi nivel de efectividad es más bajo de lo que debería. Hago dos aracosas en el tiempo en que, normalmente, hago cuatro. Un fastidio. A ver si le sé poner remedio a este problema.

Poco más que contar. Dos chicas nuevas en el trabajo, una ya ha recibido el sobrenombre (y se lo ha puesto una compañera, no alguno de los legionarios) de "Farala" (vamos, un alarde de originalidad). Farala ha tardado 24 horas (o menos) en ponerle la proa al guaperas del grupo, que a su vez me dice que por qué no le tiro los tejos yo a ella. ¿Por qué la gente no sé da cuenta de que lo único que yo quiero es trabajar y jugar al tenis?

He ido a ver al Barça meterle seis goles al Zamora y he pasado un frío perro. Lo que hace la afición... Además, estos momentos gloriosos hay que vivirlos. Y después de tantos años de fútbol sólo por televisión, ¡es hora de verlo con los propios ojos!

Mañana, curro, curro, curro, "copa informal" en el curro, y amenaza de juerga después. Tendré que escaparme, no sólo porque los burros de los colegas me harán alguna encerrona con Farala sino porque necesito un rato para pensar y sobre todo no aparecer borracho a mi evaluación. Jo con la presión socio-laboral... Aquí no hay quien pare quieto...
 
Vienen las notas, ¡como en el cole!
Pues poco a poco voy cogiendo ritmo, sube el trabajo y las cosas que hay que hacer. Y atención, que no basta con proponerse y querer ser ordenado, con desear aprovechar el tiempo y hacer mil y una cosas, con mirar positivamente los aciertos y también los fallos. Hay que arremangarse y mejorar, sin parar. Tan equivocado está el que a los cien metros de andar cree que no alcanzará los cien kilómetros, como el que a los cien metros de empezar cree que ya sólo lo quedan cien metros para llegar.

Mañana tal vez me evaluen en el trabajo, y me juego un ascenso. Lo cierto es que hasta el momento no me ha ido nada mal. Ya tuve el primero, antes de lo esperado, y fue bien. Ahora el segundo. A un colega le ha ido bastante mal, pero yo estoy bastante tranquilo (ya tendré tiempo de enfadarme y arrepentirme si al final la cosa se tuerce), contento con el trabajo hecho y consciente de que hay que mejorar; sinceramente, no creo que me destaquen fallos que yo no haya detectado, pero hay que escuchar para aprender.

Algo que podría empezar a apuntarse en esta evaluación (especialmente si tomo la iniciativa) es un eventual cambio de ciudad en el futuro, la opción de moverme a otro país durante un tiempo. Aún no he decidido si lo quiero sacar ya, si quiero esperar a otro momento para plantearlo... Es algo que debería haber planeado y estudiado algo mejor y al final se me echa el tiempo encima. Pero, lo cierto, es que si la oportunidad surge, no voy a decir que no...

Ya os contaré cómo va, si es que me evaluan, que no es nada seguro (¿y qué lo es?).
 
Vuelta a la normalidad
Pues, para bien y para mal, pero sobre todo para bien, estoy de vuelta en Barcelona, currando y viviendo (seguramente, en ese orden). Pero es lo que me estaba pidiendo el cuerpo. No prolongaría las vacaciones eternamente, por mucho que me guste el plan de dedicarme a leer, escribir, hacer deporte, hacer cosas sencillas. Creo que es un buen complemento, necesario sin duda, a la batalla del día a día; pero, al final, lo que me apetece hacer es, precisamente, esa batalla, sobre todo ahora que sigo avanzando, aprendiendo, cada día un poquito más en control, e incluso si a veces el trabajo es pesado, aburrido, estresante o incluso desagradable (aunque eso, que es muy excepcional, sea más por el trato con algunos compañeros, clientes o sus abogados que por los temas en sí).

Lo mejor es ver que las cosas avanzan, que cada vez soy más responsable de lo que hago, tengo un sello personal más claro e identificado, que hay mucho campo para mejorar pero que eso es justo lo que está en mi mano.

Tenía una planificación para hoy que no he cumplido del todo, pero sí he hecho más cosas que si no me hubiera organizado; y mañana casi está allí, otra nueva oportunidad de mejorar, de disfrutar, de dar guerra y, cuando las cosas se tuerzan, de enfrentarse a ellas, de superar los problemas, de arreglar lo que se estropee.

¿Será que, "a mis años", me va a acabar gustando enfrentarme a los obstáculos, "simplemente" por el hecho de superarlos?

De verdad, nunca dejo de sorprenderme... A veces no sé ni en qué sentido...
 
Razonemos, por favor
Tras una noche tonta y medio día aún más tonto, he hecho mis mejores esfuerzos para volver a poner las cosas en su sitio, es decir, a que la cabeza encauce y controle los sentimientos, y no al revés. Ya sé que no es políticamente correcto decir eso, ni hacerlo. Sin embargo, dejarnos arrastrar por nuestros sentimientos puede ser lo peor que hagamos para conseguir nuestros fines... Incluso si esos fines incluyen cumplir los designios de nuestros sentimientos...

Por eso, dándole vueltas al tema, razonando, he analizado lo que me pasó anoche y lo que tiene que ver con eso y he llegado a las siguientes conclusiones:

- El pasado, pasado es; sólo queda aprender de él, pero no se puede cambiar ni sirve de nada machacarse con los errores cometidos.

- El presente es, en lo personal casi el mejor de los posibles: Selene es mi mejor amiga, y yo soy uno de sus mejores amigos. Las circunstancias son algo distintas: ella tiene novio; está en Madrid, yo en Barcelona; nuestros destinos no parecen converger de momento.

- El futuro... nadie lo sabe. Creo que tanto a ella como a mí nos quedan vueltas por dar por el mundo antes de estabilizarnos. Qué puede pasar mientras que ese momento llega, es imposible saberlo.

- Y sobre el tema de fondo, que ella es la persona más maravillosa del mundo, lo tengo bastante claro... Pero eso no significa que vaya a ser MI persona más maravillosa... Quiero decir, tal vez sí, tal vez no. Tal vez en el futuro las cosas cambien y volvamos a estar juntos; tal vez sólo seamos amigos; tal vez aparezca otra persona que ocupe su lugar; hay tantos "tal vez" que es inutil desesperarse y querer mirar al futuro... porque no está escrito.

Así que he decidido hacer lo único que se puede hacer en esta situación: esperar y dejar que el tiempo y los acontecimientos se desarrollen como tengan que hacerlo, sea con ella, o sea con otra persona que pueda aparecer cualquier día de estos.

Por eso, sería tan estúpido echar a perder mi amistad con ella como cerrarme a la posibilidad de conocer otra persona.

Como decía antes, el futuro no está escrito... A nosotros nos corresponde escribirlo. De eso se trata la vida, ¿no?
 
El frio tacto del frio hielo
Reedito aquella serie de posts que en mi anterior blog se llamaban "no debería escribir cuando estoy borracho" y que ya no existe por la sencilla razón de que en este blog no sé separar mis artículos por temas. Limitadillo que es uno...

En efecto, el juego de café le ha encantado a Selene, lo cual me alegra muchísimo. Lo hemos pasado bien, como siempre, además siempre acabamos tomando más cervezas de las debidas, lo cual asegura fluidez en la conversación. El problema es que esa fluidez puede ser contraproducente; además, como desde hace tiempo he levantado algunas de las barreras que tenía con ella, las posibilidades de "desastre" son mayores (¿a quién pretendo engañar? Ah, sí, a ella y a mí. Disculpad el lapsus).

El hecho es que la conversación ha seguido un peligroso derrotero y es el de haber acabado hablando de la felicidad: qué es, y dónde encontrarla. No sé si serían las cervezas pero me he encontrado admitiendo algo tan verdadero como inconveniente: sé que puedo alcanzar las mayores cotas en mi vida profesional; sé que puedo ir a USA, hacerme abogado en NY, o dirigir mi propio despacho en España... Sé que podría ser Presidente del gobierno, Ministro de asuntos exteriores... Lo que queráis; sé que podría triunfar en esos terrenos porque sé que tengo las capacidades (otra cosa son las motivaciones, los ánimos, el carácter...) para hacerlo. E, igual que le he dicho eso, he añadido: pero sé que por mucho que alcanzara en ese campo, no sería feliz. Como decía Elton John, "is like trying to drink whiskey / from a bottle of wine".

La inmediata era inevitable. "Entonces, ¿dónde?". En lo personal. Pero, ¿dónde en lo personal?". Tenía dos opciones: la de echar tinta como un calamar y salir de ahí mareando la perdiz, que es la que he elegido: "comprender y ser comprendido". La otra era decir "me consideraría una persona feliz si tú volvieras a quererme, porque eres la persona más maravillosa del mundo". Por suerte, muchos días de entrenamiento en autocontención y las últimas gotas de sentido común me han evitado meter la pata una vez más.

Dice ella que no hay problemas sin solución. Digo yo que sí los hay. Insiste ella en que no los hay; simplemente hay problemas cuya solución no es la que queremos.

Si alguien tiene la solución al problema que supone darte cuenta de que la persona más maravillosa del mundo es la persona con la que saliste hace años y que estaba enamorada de tí pero que tú cortaste con ella sin saber porqué, y además darte cuenta de que jamás encontrarás a quien la sustituya por lo que la búsqueda es vana y la vida, como búsqueda de la felicidad, ha perdido una cantidad considerable de gracias, agradecería que me la haga saber. La estoy necesitando...

Maldición, no debería escribir cuando estoy borracho...

P.D.: Los que consideréis que la solución es hablar con ella y decirle todo lo de arriba, dejadlo. Ya pobré, y tardé tres años en volver a hablar con ella. Y ahora es mi única AMIGA, la única persona con la que puedo hablar de "casi" todo, y la persona más maravillosa del mundo, y no voy a poner en riesgo eso (ya lo he hecho suficientemente hoy).

P.D.2.: Ya sé que el pateticómetro se ha roto, pagaré uno nuevo de mi bolsillo... ¡a final de mes!

P.D.3.: Si Mecano compuso "me cuesta tanto olvidarte", es que no soy el único estúpido ser humano que ha pisado el planeta y se ha visto en la misma estúpida situación que yo.

P.D.4.: Por si os preocupais, no lo hagais: esto me pasa de vez en cuando, pero en nada me recupero (es la fuerza de la costumbre). Después, sigo andando, aunque no sepa muy bien hacia donde...

P.D.5.: Bita, ojo que tengo planeado ir para Madrid pronto (finales de mes)... No a vivir, pero sí a pasar un fin de semana... ;) ¡Pero ya sé que tengo que hacer los deberes primero!
 
Se busca lugar mágico
Espero que los Reyes hayan sido benignos y generosos con vosotros, al menos tanto como lo han sido conmigo. He tenido que ser un chico muy bueno este año, porque me han puesto un montonazo de cosas bonitas. A destacar el wok para hacer arroz y otras comidas "asiáticas", que me encantan. Ahora, ejem, sólo falta que, ejem, aprenda a utilizarlo... De momento, queda bien decir que lo tengo y seguro que es muy decorativo ;)

Después del megaencuentro familiar, tarde de reposo, que el cuerpo lo necesita, y aprovecho para releer mi blog y ver las bobadas que voy dejando de vez en cuando, los "ladrillos" con que os atizo en la cabeza (ouch) y demás. Me doy cuenta de que tenía bastantes comentarios adeudados, sobre a todo a Bita. Y, hablando de deudas, la más grave que tengo contraida es la de encontrar un lugar mágico (de hecho, ¡me he dado cuenta de que me tienes vetado de ir a Madrid hasta que lo encuentre! Y, como quiero ir pronto, tendré que darme prisa).

Lo cierto es que no sabía por donde empezar a buscarlo. Casualmente, el último día del 2005 que pasé en BCN un encargo inesperado me dio una pista. Como tenía los deberes "serios" hechos, y la perspectiva era un aburrido día en la oficina ordenando papeles, no me importó coger la moto para ir a hacer un recado (lo bueno de no llevar anillos es que no se te pueden caer). El recado era recoger unos documentos cerca de Plaza de Catalunya, en El Raval, zona que tenía "tachada". En contra de lo que me imaginaba, el paseo fue muy agradable: calles antiguas, llenas de vida, tiendas interesantes, recovecos y rincones, algún parquecillo mínimo con bancos y algún sitio donde sentarse...

No puedo decir que ya haya cumplido con mi deuda pero estoy deseando que llegue el próximo fin de semana para irme a explorarlo... Ha pasado un año y medio y no puedo decir que le haya sacado todo el jugo a BCN (como mucho, me doy un aprobado raspadillo). Pero las cosas cambian cuando tienen que cambiar, y ésta es una de ellas... Así que, Bita, espera noticias de este tema próximamente... Ah, y otras dos deudas que tengo contigo: ¡enseñarte al tenis y una copa (entiendo que no al mismo tiempo...)! Poco a poco, que la cuesta de enero pinta terrorífica...

Y mañana, como cada vez que se da la alineación planetaria correcta, es decir, que Selene, madrileña de adopción, y yo, barcelonés de adopción, coincidimos, quedamos a cenar. Y a ver si el famoso juego de café le gusta ;) Lo bueno es que, como es vieja amiga, sé que el regalo es lo de menos. Vieja amiga, y de las pocas (¿única?) que me quedan (no me refiero a "amiga", en femenino, ni en sentido pícaro, sino de "amigo" en general). La distancia, el tiempo, la soledad, la independencia, pasan factura. Andas, vives, y de pronto te paras, miras a tu alrededor y te das cuenta de que el escenario y los personajes habituales de él han quedado atrás, y de que tu ciudad ya no es tanto tu ciudad, tu gente no es tanto tu gente, de que no te encuentras tan cómodo confiando en la gente en que antes lo hacías.

Y cuando eres consciente de todo eso, alegra saber que, todavía, queda una persona con la que puedo hablar sin pensar, pensar sin hablar, hablar sin decir, decir sin hablar...

Mientras quede una persona así, una amiga de verdad, será suficiente, aunque casi no nos veamos, aunque nos hablemos poco y de lejos... ¡Y mañana es uno de esos días estupendos en que la veo!
 
Mutando en burócrata
Pues sí, se acercan los Reyes y, como en los viejos tiempos, estoy portándome muy bien a ver si me traen muchas cosas (buenas). Aunque bien pensado, un poco de carbón y una estufa a juego no me vendría nada mal, teniendo en cuenta el frío que hace en mi "descalefaccionado" piso en Barcelona. Además, siempre puedo asar castañas y venderlas, complementando así mi sueldo, con el que van a hacer "collage" este año (gracias por todo, Gobierno) de forma que tras dos ascensos voy a ganar menos que cuando entré como novato. ¡Agárrense que vienen curvas peligrosas!

Así, concienciado ante la cuesta de enero que se me viene encima, he sacado la calculadora y he empezado a sumar y restar, a "cuadrar números" (sí, números, esos garabatos que a los licenciados en derecho como yo nos producen una urticaria casi mortal) para ver si puedo o no mantener el tren de vida. Creo que con ciertos recortes seguiré comiendo caliente casi todos los días de la semana. Maldita la hora en que se me ocurrió emanciparme... Tenía que haber esperado a que me echaran, como hacen mis amigos...

Bueno, a lo hecho pecho. Como digo, los números cuadran, y seguro que el haber dejado de fumar hace ya varios meses lo va a agradecer profundamente mi sufrida economía y no sólo mi salud, la cual, por cierto, ya empieza a notar las duras sesiones de entrenamiento (bueno, durillas, tampoco exageremos) a que lo someto (dice "eh, ¿qué hay de los turrones, los jamones, los mazapanes? ¿qué hay de dormir hasta las 12 y después la siesta?", y yo respondo "¡nada! ¡eso era en 2005! Bueno, y en 2004, 2003, 2002... y todos los anteriores... ¡pero se acabó!).

Y además, ya casi he terminado todas mis compras navideñas, así que ni tendré que correr a última hora ni seré tan cutre de dejar de regalar. A Selene le voy a regalar un original juego de café, lechera y azucarera incluidas, para que vaya adecuando su nueva casa (otra que se emancipa, craso error... aunque seguro que a ella se le da mejor la vida cotidina que a mí). Espero que le guste. Yo, personalmente, me habría comprado la tienda entera, que queréis que os diga, dos años largos viviendo fuera de mi casa y ya me va apeteciendo algo más que la provisionalidad e impersonalidad de la residencia de estudiantes y el piso de alquiler...

¡Dios mío! ¿Qué me pasa? ¡El rey del "me da igual el color de las paredes", el genio del caos ordenado, el lobo solitario se está volviendo ordenado y hogareño! Peor aún: todo esto no es nada viril ni machote, ¡nada en absoluto! Llamen a... no sé a quién, ¡pero rápido, hagan algo!

Maldición, tanto hablar de la crisis de los 30 ¿y nadie advierte de la de los 25?
 
Nuevas velas para nuevos vientos
El 2006 ha comenzado y han empezado cambiando cosas aunque, en realidad, es como si viniesen queriendo cambiar desde hace tiempo. De hecho, empezaron a cambiar antes del día 31 de diciembre. Muchos años de experiencia diseñando proyectos (y fracasando al llevarlos a la práctica) me han enseñado que el mejor momento para empezarlos es ya mismo, no el 1 del mes, ni el día del cumpleaños. Estos sólo son recursos tramposos que nos llevan a aplazar, aplazar, aplazar…

Pero de pronto me he encontrado con más ganas que nunca de hacer eso de lo que ya he hablado en más de una ocasión: de organizarme, dibujar un plan y llevarlo a cabo, día a día, cumpliendo mis objetivos, marcándome metas y yendo a por ellas, aprovechando el tiempo, mirando a larga distancia… Intentando mejorar día a día y superarme, huyendo de la inercia, sacando lo mejor de mis capacidades, alcanzando todos los objetivos que estén a mi alcance y estirándome hacia los que ahora mismo quedan lejos de las puntas de mis dedos.

Ya he escrito sobre esto antes, y sé que pensaréis como Selene, que me dice que así ahogo la improvisación. Sigo sin estar de acuerdo: creo que sin una base de orden, de previsión, de planificación, no puedo desarrollar las capacidades, los hábitos que, cuando sea necesario, me darán la posibilidad de improvisar. Además, el sistema de “libre albedrío”, hasta ahora, ha dado unos resultados pobres, si los comparo con lo que podrían haber sido.

Además, de esta forma estoy canalizando positivamente algunos de los últimos trastazos que me he dado, lo cual me enorgullece. Se acabó venirse abajo con los reveses, la presión, las negativas, las críticas. Todo debe ser viento que llene las velas, incluso si viene por la proa y hay que ceñir.

Como decía, es como si estas ideas llevasen mucho tiempo germinando, y ahora me haya dado cuenta de que por fin hay que dejarse de palabras, de quejas, de excusas, y empezar a ser práctico, realista y emprendedor.

Al fin y al cabo, soñar no es la mejor manera de alcanzar los sueños, sino que hay que arremangarse y trabajárselos… ¿No estáis de acuerdo?